martes, 28 de febrero de 2012

Científicos hallan fósiles antárticos de tiburones y reptiles de 70 millones de años

Expertos chilenos encontraron especies que confirmarían que Antártica fue una zona subtropical.


Joaquín Bastías (izq) con vertebras de tiburon gigante y Alexander Vargas con vertebras de plesiosaurio.

"Ojalá encontremos restos de dinosaurios. Buscamos alguno que haya habitado el continente hace 70 millones de años", contaba a La Tercera en enero pasado David Rubilar, jefe del área de Paleontología del Museo Nacional de Historia Natural (MNHN), días antes de embarcarse rumbo a la isla James Ross, en el noreste de la península antártica.

El miércoles regresó con un preciado cargamento. "Nos fue excelente. Paleontológicamente hablando, cumplimos nuestro objetivo", asegura. Luego de tres semanas en la isla junto a un equipo de siete expertos del MNHN y de la U. de Chile, regresó con una decena de fósiles, que incluyen restos de plesiosaurios y mosasaurios, dos reptiles marinos que habitaron junto a otros dinosaurios el período Cretácico, es decir, hace 70 millones de años.

En ambos casos, se rescataron restos de vértebras, huesos e incluso dientes, los que serán analizados para saber más de estos reptiles. "En el caso del mosasaurio, por ejemplo, está muy emparentado con el dragón de Komodo, pero este sería su versión marina".

Además, los investigadores encontraron los restos fosilizados de tiburones gigantes, que corresponden a los géneros Cretalamna y Centrophoroides, y que no nunca habían sido descritos en la zona antártica.

No es todo. Los expertos también hallaron fósiles de moluscos, pinzas de cangrejos, erizos, corales, e incluso un tronco petrificado.

Según el experto, una vez hecho un análisis individual, los fósiles permitirán saber más de cada especie y se podrá configurar un panorama de cómo era esa zona de la Antártica hace 70 millones de años. "Sabemos que era un ambiente marino de tipo costero. Una zona que, aparte de vertebrados, tenía muchos restos de vegetales", explica Rubilar. "Las condiciones climáticas y ecosistemas han cambiado mucho en la Antártica. Estudios previos indican que el continente se asemejaba más a una zona subtropical", dice el paleontólogo.

Caminar para explorar

La expedición formó parte de la avanzada científica que cada verano llega hasta el continente helado ayudada por el Instituto Antártico Chileno (Inach) , época ideal para investigar en el continente blanco.

De hecho, gracias al buen tiempo de los primeros días, los expertos pudieron recolectar una gran cantidad de muestras sólo por poder recorrer la isla a pie. "La técnica que se usa es la de prospección superficial", explica Rubilar. Es decir, se recorre la isla a pie, y una vez que se ubican restos que salen a la superficie por causa de la erosión natural en rocas, se empieza a excavar en el sector en busca de fósiles. "Por ejemplo, parte de los restos de los reptiles estaban en una roca de una colina, cercana al llamado Arroyo Tiburón", dice Rubilar.

Sin embargo, pese a lo exitoso de la expedición, los últimos cuatro días hubo viento blanco en la zona, lo que complicó las investigaciones, no sólo por las dificultades meteorológicas, sino porque el tiempo los obligó a resguardarse por cuatro días en sus carpas. "Hay que comprender que las condiciones que hay en la Antártica te llevan al límite de la convivencia. Entonces, tener un grupo cohesionado es fundamental", dice Rubilar.

De hecho, el equipo finalmente tuvo que ser rescatado por la Armada, a través del rompehielos Almirante Oscar Viel, ya que la tormenta rompió carpas, poniendo en peligro la expedición y el material recolectado.

Ya a salvo, los expertos ahora seguirán con su investigación en los laboratorios de la U. de Chile y el MNHN, trabajo denominado preparación, que implica sacar de la roca los fósiles. "Una vez terminada esta etapa, podemos examinar mejor el material encontrado y ahí podemos concluir nuevas cosas. Hoy sólo tenemos indicios preliminares, hasta no despejar la roca del fósil no se puede concluir nada".

Fuente: diario.latercera.com

Aparecen en el Pallars Jussà los fósiles de una nueva especie de tortuga


Restos de la tortuga prehistórica 'Polysternon isonae' hallados en el Pallars Jussà. ICP

Un equipo de paleontólogos ha descubierto en un yacimiento del municipio de Isona i Conca Dellà, en el Pallars Jussà, los restos fosilizados de una nueva especie de tortuga que convivió con los dinosaurios y que al parecer se extinguió con ellos, al final del periodo Cretáceo.

Los investigadores responsables de la excavación, procedentes del Institut Catatà de Paleontologia Miquel Crusafont en Sabadell (ICP), del Museu de la Conca Dellà (MCD) y de la Universitat Autònoma de Barcelona (UAB), han bautizado la nueva especie como Polysternon isonae. Los detalles de la investigación se han publicado en la revista Cretaceous Research.

Antigua llanura costera

Reconstrucción del aspecto que tenía la tortuga prehistórica. ICP


El Prepirineo de Lleida es una zona muy rica en fósiles de dinosaurios de hace entre 65 y 70 millones de años, tanto restos de huesos, como huevos y pisadas. Lo que hoy es un territorio montañoso era entonces una llanura costera abierta hacia el océano Atlántico, con un clima tropical mucho más cálido y una vegetación abundante en la que se podían encontrar incluso palmeras. Era un rico territorio habitado no solo por dinosaurios, sino también cocodrilos, peces y un largo sinfín de especies, cuyos restos, resguardados durante millones de años bajo la tierra y las rocas, están saliendo a la luz gracias a las campañas de excavación que desde hace varios años se llevan a cabo en la zona.

Según ha informado en una nota el ICP, loa trabajos han permitido conocer que uno de los animales habituales de estos ecosistemas eran las tortugas, cuyos restos fósiles son bastante abundantes y consisten, básicamente, en placas del caparazón aisladas o pequeños conjuntos de placas que pueden ayudar a tener una idea general de la morfología y el tamaño del animal.

Caparazones enteros

En cambio, el hallazgo de caparazones enteros es poco frecuente y aún más excepcional son aquellos que conservan partes del esqueleto en su interior. En uno de los yacimientos de Isona, el del Barranc de Torrebilles, los paleontólogos han descubierto restos bastante completos que han permitido describir una la nueva especie de tortuga.

Los restos consisten en decenas de placas aisladas derivadas de la fragmentación del caparazón, así como dos fragmentos de armazón que, sin ser del todo completos, muestran rasgos morfológicos que han permitido describir la nueva especie. Estos restos se recuperaron durante dos campañas de excavación durante los años 2008 y 2009, aunque no ha sido hasta ahora cuando se ha hecho público el descubrimiento.

Hasta ahora se conocían dos especies de tortuga del género Polysternon: la provinciale y la atlanticum, además de una posible tercera, la mechinorum. Estas tortugas habitaban la zona que actualmente corresponde al sur de Francia y la península Ibérica y eran animales adaptados a la natación que vivían en aguas dulces, en las zonas más profundas de los ríos y lagos.

Estrato de gres

Las tortugas de la nueva especie, la isonae, tenían el caparazón ovalado y medían unos 50 centímetros de largo y unos 40 de ancho. Sus restos se han conservado durante millones de años en un estrato de gres muy duro que actualmente aflora en el Barranc de Torrebilles. A diferencia de otros géneros de tortugas, parece ser que las Polysternon no sobrevivieron al final de Cretácico y se extinguieron a la vez que los dinosaurios.

Fuente: elperiodico.com

lunes, 6 de febrero de 2012

Descrita una araña de Utrillas atrapada en ámbar durante más de cien millones de años


Un nuevo artículo publicado en la revista “Palaeontology” vuelve a colocar en el foco de la paleontología internacional al yacimiento de San Just, ubicado en la localidad turolense de Utrillas. En esta publicación se describen tres arañas españolas procedentes de los yacimientos cretácicos de ámbar situados en El Soplao (Cantabria), Peñacerrada I (Burgos) y San Just (Teruel).

Estas nuevas arañas representan los miembros más antiguos descritos de la familia Oonopidae a día de hoy, y pertenecen uno de sus linajes más antiguos: el género Orchestina. Actualmente, las arañas de esta familia son pequeñas merodeadoras de distribución geográfica mundial, que viven en multitud de hábitats, como por ejemplo entre la maleza o la corteza de los árboles, o bajo piedras u hojarasca.

La araña de San Just, depositada en la Fundación Conjunto Paleontológico de Teruel-Dinópolis (Museo Aragonés de Paleontología), ha sido descrita gracias a que ha sido posible tomografiar dicho ejemplar mediante luz sincrotrón en la European Synchrotron Radiation Facility (ESRF) en Grenoble (Francia).

En este trabajo de investigación, se ha definido por primera vez un ejemplar de araña utilizando tomografías (técnica de procesado de imágenes por secciones) obtenidas mediante radiación sincrotrón, demostrándose una vez más que esta técnica supone una revolución para la Paleontología.

Las tomografías por contraste de fase mediante luz sincrotrón, permiten la obtención de un modelo tridimensional de alta resolución del insecto fosilizado que se está estudiando. Al final del proceso de reconstrucción, es posible orientar este modelo a voluntad para observar los caracteres de interés en el ejemplar e incluso realizar disecciones virtuales del mismo para acceder a información que, de otro modo, permanecería oculta en el interior. Además, la técnica resulta vital para el estudio de ámbares opacos, en los que los métodos ópticos convencionales (microscopía) no tienen utilidad.

De las tres arañas españolas, la de “El Soplao” es la única que se ha podido reconocer como nueva especie por ser macho, ya que las hembras carecen de los caracteres necesarios para designar nuevas especies en la familia de los oonópidos. En este trabajo de investigación también se describe otra de estas arañas en el ámbar opaco francés, algo más reciente que los ámbares españoles.

Los autores de este trabajo de investigación son científicos pertenecientes a la Universidad de Kansas (Estados Unidos), la Universitat de Barcelona (UB) y la ESRF (Francia). Todos ellos son miembros del equipo AMBARES, formando parte de un proyecto a cargo del Ministerio de Economía y Competitividad que estudia los ámbares del Cretácico de España. El trabajo ha contado con el apoyo, entre otros, de la Dirección General de Patrimonio Cultural del Gobierno de Aragón, del Ayuntamiento de Utrillas y de Caja Rural de Teruel.

Fuente: aragondigital.es

martes, 10 de enero de 2012

Una fecha más precisa para la Gran Extinción de hace 250 millones de años

Los investigadores examinan los sedimentos. (Foto: Charles Henderson)

Es bien sabido que la extinción masiva más grave de la Tierra ocurrió hace alrededor de 250 millones de años. Lo que no ha estado claro, hasta ahora, es el momento específico de la historia en que la aniquilación se produjo. Un equipo de investigadores ha conseguido determinar la fecha más precisa de todas las obtenidas hasta ahora, así como la velocidad a la que se desarrolló la extinción.

Esta nueva información reduce el número de posibles causas de la extinción masiva, ya que cualquier mecanismo de destrucción potencial debe coincidir con esta fecha.

Alrededor del 95 por ciento de la vida marina y el 70 por ciento de la vida terrestre se extinguieron durante la etapa final del Periodo Pérmico, una época en la cual los continentes estaban todos agrupados en una masa de tierra llamada Pangea. El medio ambiente variaba desde el de zonas típicas de desierto hasta las de bosques frondosos. Los vertebrados de cuatro extremidades se estaban diversificando, y entre ellos había anfibios, reptiles y un grupo que, tiempo después, incluiría a los mamíferos.

A través del análisis de varios tipos de técnicas de datación sobre secciones sedimentarias en buen estado de conservación y procedentes de regiones abarcando desde el sur de China hasta el Tíbet, el equipo de Charles Henderson, de la Universidad de Calgary en Canadá, ha determinado que la extinción masiva alcanzo su punto más álgido hace unos 252.280.000 años, y duró menos de 200.000 años, con el pico máximo de extinción durando sólo unos 20.000 años.

Existe desde hace tiempo un debate sobre si la aniquilación de la vida marina y la aniquilación de la terrestre coincidieron, y también acerca de cuáles fueron los mecanismos de exterminio de seres vivos.

La conclusión a la que se ha llegado en el nuevo estudio es que las aniquilaciones de la mayoría de las formas de vida marinas se produjeron al mismo tiempo que las aniquilaciones de la mayoría de las formas de vida terrestres.

Y el desencadenante, según lo sugerido por estos y otros investigadores, fue la liberación masiva de CO2 de un gigantesco mar de lava escupida por supervolcanes en Siberia.

Fuente: noticiasdelaciencia.com

Descubren primeras huellas fosilizadas de dinosaurios en Beijing


Paleontólogos chinos descubrieron centenares de huellas fosilizadas de dinosaurios en el Parque Geológico Nacional de Guihuamu, ubicado en el condado de Yanqing de esta capital.

Los rastros encontrados en la referida área, conocida por su alta concentración de bosques petrificados antiguos, datan de unos 140 a 150 millones de años y se enmarcan en el período Jurásico de la era Mesozoica.

Estas son las primeras huellas de dinosaurios halladas en la ciudad, de acuerdo con Zhang Jianping, investigador de la Universidad China de Ciencias Geológicas, citado hoy por medios de prensa.

Un grupo de expertos del referido centro, autores del hallazgo en julio de 2011, observaron siete u ocho líneas de pasos consecutivos en el lugar donde se concentra el mayor número de pisadas.

Se cree que posiblemente allí dejaron huellas diferentes grupos de dinosaurios como los tireóforos, saurópodos, terópodos y ornitópodos.

De acuerdo con Zhang, el descubrimiento será de gran beneficio para el estudio de las especies de esos animales que vivieron en China en la etapa de finales del Cretácico y comienzo del Jurásico.

Además ampliará el conocimiento en cuanto a su distribución, dijo el especialista, al precisar que es la primera vez que se encuentran en el país tireóforos, saurópodos y ornitópodos.


Fuente: prensa-latina.cu

Un estudio paleobotánico cuestiona el clima de hace 130 millones de años


Un estudio paleobotánico, realizado a partir de restos vegetales de 130 millones de años encontrados en la sierra de la Demanda burgalesa, pone en cuestión algunos aspectos del clima que los científicos consideraban que había en esa época.

El director del Museo de Dinosaurios de Salas de los Infantes (Burgos), Fidel Torcida, ha explicado detalles de un estudio que realizan desde 2008 investigadores del Colectivo Arqueológico de Salas y de universidades de Vigo, Zaragoza, México D.F. o la Universidad china de Geociencias.

Este estudio hacen pensar en que en el cretácico ya había algo parecido a las actuales estaciones.

Hasta ahora, la teoría científica más aceptada era que durante el cretácico, entre hace 144 millones y 65 millones de años, los ciclos climáticos eran muy largos y no se podía hablar de variaciones en periodos cortos.

Sin embargo, el estudio de las impresiones de tallos, hojas y las esporas de hace unos 130 millones de años, encontradas en los yacimientos de Horcajuelos y Vallazmorra, en la provincia de Burgos, han permitido deducir que las plantas estaban adaptadas a condiciones de estrés ambiental, "con ciclos estacionales, no con un clima uniforme", ha explicado Torcida.

El director del Museo de Dinosaurios de Salas de los Infantes ha indicado que los estudios concluyen que había "variabilidad de precipitaciones" según los ciclos planetarios, lo que hace pensar a los investigadores en la existencia de lo que se podría considerar "un verano y un invierno primitivos".

Otra de las conclusiones del estudio es la definición del paisaje de la zona como un conjunto de lagunas y charcas, en un ambiente muy húmedo, con vegetación abundante.

Entre los elementos que se han estudiado destacan dos impresiones litográficas de un helecho submarino del que hasta ahora sólo se habían encontrado rastros en Asia, lo que permitirá ampliar su espectro de distribución.

También se han estudiado esporas de angiospermas, que permitirán conocer más sobre la evolución de la que se considera primera especie de planta con flores, dado que los científicos estiman que surgió aproximadamente hace unos 130 millones de años, por lo que estas esporas se encontrarían entre las más antiguas.

Fidel Torcida ha añadido que en los dos últimos años las campañas de excavación estivales en el entorno de Salas de los Infantes, donde se han localizado varios restos de dinosaurios y, sobre todo, de icnitas, se ha realizado un esfuerzo especial para recoger restos de paleobotánica.

De hecho, la abundancia de restos localizados hará que se frene esta actividad para dedicar todo el esfuerzo posible a profundizar en el estudio de los materiales recogidos.

Torcida ha explicado que, de forma paralela, realizarán los preparativos para difundir la importancia de hallazgos, en forma de publicaciones y exposiciones, aunque ha reconocido que "es normal que los resultados científicos tarden mucho en llegar al gran público".

Fuente: ecodiario.eleconomista.es

viernes, 23 de diciembre de 2011

"Los Fósiles de Tomayate" Por Dr. Juan Carlos Cisneros Martinez

Doctor Juan Carlos Cisneros Martinez

Estimados amigos, tengo el privilegio de contarles que el Doctor Juan Carlos Cisneros Martinez, ha tenido el generoso gesto de permitirnos publicar su investigación " Los Fósiles de Tomayate" Publicado el 12 de diciembre 2011. Esta obra nos ofrece una visión panorámica en más de 100 fotografías e ilustraciones de la fauna del yacimiento paleontológico Tomayate, ubicado en la República de El Salvador

jueves, 8 de diciembre de 2011

El primer gran predador de los océanos veía muy bien

El hallazgo de las lentes fósiles del extraño Anomalocaris indica que tenía ojos con decenas de miles de lentes

Ilustración del gran predador marino Anomalocaris.- KATRINA KENNY/UNIVERSITY OF ADELAIDE

Unos ojos grandes y muy complejos hallados por paleontólogos en Australia han resultado pertenecer al Anomalocaris, el primer gran predador marino de la historia, que es todo un símbolo de las extrañas formas de vida del Cámbrico, hace más de 500 millones de años.

Nunca antes se habían encontrado lentes conservadas de Anomalocaris, ni en Burgess Shale ni en Chengjiang ni en Fezouata, tres de los yacimientos más importantes del mundo de esta época, indica Diego García Bellido, del CSIC y miembro del equipo de científicos que han estudiado los fósiles en el yacimiento de Emu Bay (sur de Australia). Se infería la composición compleja del ojo a partir de su tamaño y forma, lo único observable en otros fósiles, explican los investigadores, liderados por John Paterson, de la Universidad de Nueva Inglaterra, en la revista Nature.

Uno de los ojos prominentes de Anomalocaris hallados en el sur de Australia.Las flechas indican el límite con la superficie visual y (en la imagen pequeña) las complejas lentes.- JOHN PATERSON

Además, el hallazgo es espectacular porque muestra que el Anomalocaris tenía una agudeza visual extraordinaria, ya que los pares de ojos (pedunculares) tienen entre dos y tres centímetros de diámetro y al menos 16.000 lentes hexagonales cada uno. Son comparables a los ojos más complejos de los artrópodos actuales. Esta agudeza refuerza los indicios de que estos animales, de hasta un metro de longitud, eran predadores que utilizaban su buena visión para moverse rápidamente en el agua y alcanzar sus presas.


Ojo de libélula actual, con decenas de miles de lentes distintas.- ALEXIS TINDALL

"En vida, sus ojos pedunculares hubieran tenido forma similar a la de un chupachups, por lo que el fósil comprimido sólo muestra una mitad y suponemos que el número total de lentes podría ascender hasta las 30.000", añade García Bellido. Cada lente proporciona el equivalente a un píxel en una imagen digital, por lo que este nivel de resolución es comparable al de los artrópodos con la vista más aguda de la actualidad, las libélulas, con unas 28.000 lentes. La cifra es, a su vez, muy superior al de la mosca del vinagre (Drosophila melanogaster) y el cangrejo cacerola (Limulus), con entre 800 y 1.000 lentes en cada ojo. Además, el Anomalocaris es el animal más grande descubierto en el Cámbrico, y por su desarrollado par de apéndices frontales cazadores, una boca circular armada de afiladas placas y su gran capacidad visual, se le atribuye un hábito depredador: "Sería el gran tiburón blanco de los mares de aquella época" afirma García-Bellido.

Los fósiles indican que los ojos complejos evolucionaron antes que los exoesqueletos duros y confirman que estas criaturas están relacionadas con los artrópodos (como los insectos y crustáceos actuales). Curiosamente la composición de los fósiles no es única, unos ojos se preservan como óxidos de hierro y otros como fosfato cálcico.

Algunos fósiles de tipo Burgess Shale ya se habían encontrado en Emu Bay Shale en la década de los setenta, pero solo se conocían de los afloramientos de la costa (ahora protegidos por ley). A unos 400 metros tierra adentro está la nueva localidad, que ya ha producido más de 5.000 ejemplares y unas 50 especies distintas, la mayoría nuevas para la ciencia.

Fuente: www.elpais.com

domingo, 4 de diciembre de 2011

Primeros organismos que habitaron Mendoza, Argentina

Reconstrucción artística de Bathyuriscus mendozanus (dibujo realizado por Pedro Pablo Spalluto).

En los comienzos de la Era Paleozoica, hace unos 510 millones de años, durante mediados del Período Cámbrico, la mayor parte de la actual provincia de Mendoza estaba cubierta por un mar tropical, cuyas aguas cálidas y translúcidas eran como las del actual mar Caribe.

Los trilobites son una clase de invertebrados ubicada dentro del Filum Artrópoda. Estos organismos están totalmente extinguidos y hoy los conocemos por sus fósiles. Tenían un caparazón externo en posición dorsal subdividido en tres lóbulos, motivo por el cual toman el nombre de tri-lobites, llamados céfalo, tórax y pigidio.

Estos pequeños artrópodos, cuyos tamaños sólo llegaban a medir unos pocos centímetros, tenían el cuerpo segmentado y articulado y eran los dominadores de aquellos remotos fondos marinos.

Con sus múltiples apéndices y antenas removían el fango en busca de alimento microplanctónico. Vivían en comunidades segregadas en diferentes grupos o Familias adaptadas a las cambiantes condiciones ambientales que imperaban en cada sector particular del fondo marino.

Es por ello que al estudiar sus restos petrificados, se puede conocer la forma de vida y el ambiente que ocupaban estos antiguos organismos.

Los estudios paleontológicos realizados en los últimos años por investigadores del Ianigla- Conicet de Mendoza (Bordonaro y Banchig, 2007, Bordonaro et al. 2006 y Bordonaro y Fojo, 2011) permitieron hallar numerosos ejemplares de trilobites en rocas calizas de la precordillera.

Entre los restos fósiles se pudo reconocer una especie de amplia dispersión en Mendoza y San Juan. La especie llamada Bathyuriscus mendozanus, ya había sido descubierta por Rusconi en 1945, aunque en aquella oportunidad fue clasificada erróneamente y su identidad permanecía desconocida.

Los nuevos estudios paleontológicos permitieron resucitar a la especie mendocina, en base al hallazgo de cientos de ejemplares, que proceden de las localidades de San Isidro y Sierra del Alojamiento en Mendoza, como de la Sierra del Tontal en San Juan.

Esta especie estaba ampliamente dispersada por la región cuyana en un período de la Era Paleozoica que se llama Cámbrico (hace unos 510 millones de años).

Bathyuriscus mendozanus es un trilobites de unos 3 cm de largo por 1 cm de ancho, cuyo caparazón está integrado por varios segmentos articulados que le permitían enrollarse como el actual “bicho bolita”.

Una característica de la especie es la presencia de espinas en el sector dorsal central, que seguramente utilizaría como elementos de defensa ante la agresión de los depredadores.

Patrimonio paleontológico

Sin la espectacularidad que poseen los grandes fósiles, estos pequeños invertebrados marinos de la precordillera nos permiten conocer las condiciones ambientales, ecológicas y geográficas que imperaban en esta región en épocas muy antiguas.

Todos los fósiles, por pequeños que sean, son registros muy particulares de la vida pasada e historia geológica de un lugar y nos ayudan a entender la relación que siempre existió entre los organismos y su ambiente.

Por ello, es importante rescatar estas riquezas paleontológicas para que puedan ser estudiadas e incorporadas al patrimonio paleontológico de Mendoza. Los fósiles son testimonios irrefutables de la remota historia de nuestro terruño y sus restos deben ser preservados y protegidos en repositorios adecuados para que las futuras generaciones puedan conocerlos.

Los ejemplares de este estudio se hallan depositados en los repositorios del Museo de Ciencias Naturales Cornelio Moyano y del Ianigla - Conicet Mendoza.

Bibliografía

- Bordonaro, O.L., Banchig, A., 2007. Biofacies de trilobites cámbricos en la Formación Alojamiento, Precordillera de San Juan y Mendoza. Ameghiniana 44 : 91-107.

- Bordonaro, O. L. y Fojo, C.F. 2011. Bathyuriscus mendozanus (Rusconi, 1945), trilobites del Cámbrico Medio de la Precordillera argentina. Revista Española de Paleontología, 26: 11-23.

- Bordonaro, O.L., Banchig, A., Pratt, B.R., y Raviolo, M.- 2008. Trilobite-based biostratigraphic model (biofacies and biozonation) for the Middle Cambrian carbonate platform of the argentine Precordillera. Geologica Acta, 6:115-129.

- Rusconi, C. 1945. Trilobites silúricos de Mendoza. Anales de la Sociedad Científica Argentina, 139: 216-219.

Fuente: losandes.com.ar