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martes, 16 de abril de 2013

¿Habrá un cambio radical en la historia evolutiva?


Los esqueletos de una pequeña hembra de ‘Homo sapiens’ (izquierda), de un ‘A.Sediba’ (centro) y de un chimpancé (‘Pan troglodytes’). Foto: Lee R. Berger.

Dos esqueletos fosilizados, bastante completos y bien conservados, de unos extraños australopitecos que vivieron en África hace casi dos millones de años desconciertan al batallón de investigadores de 16 instituciones de todo el mundo que los han estudiado a fondo. Los Australopithecus sediba, que así se llaman, eran capaces de caminar erguidos, aunque no con tanta soltura como la especie humana, dado su talón simiesco; pero, a la vez, treparían por los árboles y las rocas con destreza. Por sus dientes, columna vertebral y mandíbula eran parecidos a los humanos primitivos, pero sus hombros y brazos eran más bien de mono, y la caja torácica superior se parece a la de los grandes simios. 

La extraña criatura tenía el cerebro pequeño. Entonces, ¿está en la línea ancestral de la especie humana o no? ¿Dónde encaja en el árbol de familia de los homínidos? Los paleontólogos siguen sin tenerlo claro. Ya apuntaban a esa indefinición hace dos años, cuando presentaron oficialmente los fósiles de A.sediba, descubiertos dos años antes en Sudáfrica. Desde entonces, los científicos, divididos en seis equipos de especialistas que se han repartido los fósiles (dientes unos, brazos otros, extremidades inferiores otros, etcétera) han analizado exhaustivamente los esqueletos descubiertos de aquellos dos misteriosos individuos (más un tercero representado solo por un fragmento de tibia). Han comparado los huesos con restos de otras especies de australopitecos y de humanos y escrito seis artículos en la revista Science con sus conclusiones.

Este exhaustivo examen “nos da una idea de una especie de homínido que parece un mosaico en su anatomía y que presenta un conjunto de complejos funcionales que son diferentes tanto de lo predicho para otros australopitecos como los del Homo primitivo”, resume Lee R.Berger, descubridor de A.sediba y líder de la investigación, en la revista Science. “La clara visión de la anatomía de esta especie de homínido primitivo tendrá claramente implicaciones a la hora de interpretar el proceso evolutivo que afecta al modo y al tiempo de la evolución de los homínidos y la interpretación de la anatomía de las especies no tan bien conocidas”.

Berger, o más bien su hijo Mathieu, de nueve años, descubrió el primer fósil de lo que luego se denominó A.sediba, en agosto de 2008, en los alrededores de Johanesburgo, en concreto en un lugar llamado Malapa. Fue el pistoletazo de salida y Berger (investigador de la Universidad de Witwateersrand, Suráfrica) inició con su equipo científico una exploración intensa. En total han salido ya a la luz los restos esqueléticos de dos individuos, una mujer y un hombre joven, más un hueso de un tercero. Medirían 1,27 metros de altura, ella pesaría unos 33 kilos y él, 27, y su cerebro rondaría los 420 o 450 centímetros cúbicos, frente a los 1.200 a 1.600 del nuestro.

En la antigua visión de la evolución, el A.sediba sería el perfecto eslabón perdido, el ejemplar oportuno que tiene unos rasgos del precedente en antigüedad y otros del siguiente. Pero los científicos saben que la cosa no funciona así, que la evolución no es una cadena, sino una intrincada ramificación de especies con ancestros comunes y parentescos más o menos próximos. La cuestión es situar este homínido con un mosaico de características en ese árbol de familia. Además, la antigüedad es clave en este caso porque hace dos millones de años existía ya en África el Homo erectus, antepasado del Homo sapiens y, seguramente, el primero que salió del continente ancestral y se expandió por el viejo mundo. A.sediba se ha datado en 1.980.000 años.

Los investigadores, en sus estudios comparativos, se han centrado sobre todo en los rasgos de aquel H.erectus y en un australopiteco anterior al A.sediba, el A.africanus. Pero entra en el debate una especie más de australopiteco, A.afarensis, a la que pertenece el célebre esqueleto Lucy, adoptado como abuela ancestral de la humanidad, aunque hay ya importantes paleoantropólogos que se inclinan por sacar a la familia de Lucy de la línea evolutiva humana. Berger sugiere “la posibilidad de que A.sediba y tal vez A.africanus no descienden del linaje de A.afarensis” y él no llega a afirmar que los fósiles de Malapa se sitúen en la línea humana, pero Science destaca que “el conjunto de análisis ahora presentado parece apuntar hacia un probable ancestro del género Homo”. El hecho de que Lucy y su familia fuesen bípedos parece complicar las cosas para los A.sediba, si estos no descienden de los A.afarensis. Pero “múltiples formas de bipedalismo fueron practicadas por nuestros ancestros primitivos homínidos”, señala el científico de Johanesburgo.

Las grandes preguntas acerca de la extraña criatura de Malapa siguen abiertas, y los científicos aspiran a contestarlas, sobre todo cuando tengan más fósiles de esta especie. El próximo verano Berger y su equipo retomarán la excavación en el yacimiento. Tal vez el A.sediba sea un antepasado remoto del Homo sapiens, o tal vez fuera un especie de homínido que acabó en un callejón sin salida de la evolución, es decir, extinguiéndose.

Fuente: cubadebate.cu

lunes, 5 de septiembre de 2011

Hallado en Tíbet el abuelo del Rinoceronte Lanudo


La enorme calavera de un rinoceronte que vivió hace más de tres millones de años acaba de aclarar uno de los grandes misterios de la paleontología. Durante miles de años, las zonas frías del norte de Eurasia y Norteamérica estuvieron dominadas por mamíferos de enormes dimensiones a los que los expertos engloban en un temible grupo conocido como megafauna.

Entre ellos estaban el mamut y el rinoceronte lanudos, cuyos cuerpos estaban cubiertos de una generosa mata de pelo para sobrevivir a la glaciación. Las pruebas actuales sugieren que los ancestros de los mamuts llegaron desde zonas cálidas de África. En cambio, la cuna de los rinocerontes era un misterio hasta hoy.

Un estudio publicado en Science mantiene que el primer hogar del rinoceronte lanudo estuvo a los pies de la montaña más alta del mundo. Allí, en el Himalaya, un grupo de investigadores de China, EEUU y Europa ha descubierto al que, por ahora, es el rinoceronte lanudo más viejo que se ha hallado nunca.

Se trata del Coelodonta thibetana, una nueva especie de unos 1.800 kilos y hasta dos metros de altura, según explica Xiamoing Wang, investigador de la Academia China de Ciencias y uno de los descubridores del fósil. Su equipo desenterró en 2007 el cráneo de este gigante en una zona del suroeste de Tíbet que está a 4.500 metros de altura. Su antigüedad, de 3,6 millones de años, pone patas arriba la hipótesis más aceptada de cómo los rinocerontes conquistaron Eurasia durante la Edad de Hielo.

Esta señala que, durante el avance de los hielos polares por las estepas de Europa y Asia que comenzó en el Pleistoceno, hace unos 2,5 millones de años, los grandes mamíferos llegados de zonas más templadas comenzaron a cubrirse de pelo y crecer en tamaño para adaptarse al frío.

Pero un millón de años antes, el nuevo rinoceronte lanudo ya había inventado ese equipamiento, incluyendo las lanas y un largo cuerno aplanado por los lados con el que removía la nieve blanda en busca de la hierba y arbustos de los que se alimentaba, según explica Xang.

En España

Tras la llegada de la glaciación, los rinocerontes lanudos dejaron el Himalaya para conquistar Eurasia. En su avance dieron lugar a otras especies posteriores cuyos restos han sido hallados desde Siberia al norte de España, explica Dick Mol, investigador del Museo de Historia Natural de Rotterdam.

Xang y sus colegas mantienen que el rinoceronte no migró solo, sino con cabras montesas, leopardos de las nieves y antílopes cuyos restos han sido desenterrados en el mismo yacimiento. "Es una hipótesis chocante pero interesante", opina Bienvenido Martínez-Navarro, investigador del Instituto de Paleontología IPHES. Al final de la glaciación, hace unos 10.000 años, los rinocerontes y el resto de la megafauna se extinguió. Martínez-Navarro no tiene dudas del porqué: "Fue la llegada del Homo sapiens desde África lo que acabó con ellos".

Fuente:Publico.es

viernes, 12 de agosto de 2011

Plantas pequeñas son la prueba más temprana de existencia de madera

Los fósiles de dos pequeñas plantas, en Francia y Canadá, constituyen la prueba más temprana de existencia de madera hasta el momento, según un informe de la universidad belga de Lttig publicado hoy por la revista "Science".

Una planta francesa de hace 407 millones de años y una canadiense, de hace 397 millones de años, muestran de acuerdo con el estudio las características células reflectoras y anillos anuales de la madera, escriben Philippe Gerrienne y sus colegas.

Ambas plantas datan del periodo Devónico de la Era Paleozoica (hace 540-250 millones de años). La francesa es al menos 10 millones de años más antigua que otras pruebas de la existencia de madera.

Según los investigadores, se trata de un resultado "inesperado" y es improbable encontrar indicios anteriores.

Se desconocen los orígenes exactos de la madera, pero su desarrollo en el Paleozoico fue decisivo para el surgimiento de plantas más grandes y con una vida más larga.

El nuevo hallazgo podría poner fin a los debates de por qué surgió la madera: si fue como apoyo mecánico para plantas que se hacían más grandes o para llevar agua a la parte superior de la planta.

Ambos fósiles apuntan con su pequeño tamaño y sus gruesas paredes celulares a la segunda opción, argumentan los investigadores.

Fuente:emol.com

domingo, 3 de abril de 2011

Rara bestia con dientes de sable


Mucho antes de la era de los dinosaurios, el Tiarajudens eccentricus estaba armado con un increíble arsenal de dientes para moler, desgarrar e incluso atemorizar. Pero el ancestro mamífero con dientes de sable recién descubierto era vegetariano, afirma un nuevo estudio.

El animal, cuyo tamaño era el de un perro grande, no sólo tenía enormes dientes caninos -tan largos como un crayón- sino que el techo de su boca parece haber estado tachonado con dientes, lo que permitía reemplazar rápido los que perdía, como los tiburones, afirman los investigadores.

Parte del suborden de los Anomodontia y del orden de los Therapsida -muchas veces llamados reptiles tipo mamíferos-, el fósil vegetariano de 260 millones de años “se ve como una combinación de distintos animales, y se lleva tiempo creerlo cuando se tiene enfrente al animal”, dice el paleontólogo Juan Carlos Cisneros, quien descubrió el fósil en Brasil.

“Tiene los incisivos de un caballo, que son muy buenos para cortar y sacar plantas; los grandes molares de un carpincho, para moler, y los caninos de un gato dientes de sable”, destaca.
El paleontólogo Jorg Frobisch dice que los dientes de sable sorprenden particularmente, considerando la dieta del animal de plantas fibrosas.

“Normalmente se esperarían dientes de sable en un carnívoro”, dice Frobisch, de la Universidad de Humboldt, en Berlin.

“Los animales más conocidos obviamente son los gatos o tigres dientes de sable, pero también hay algunas formas (extintas) entre los marsupiales, los familiares de los canguros y los osos australianos”, destaca Frobisch, quien no formó parte del estudio del Tiarajudens eccentricus, publicado en la revista Science.

Los dientes de sable del T. eccentricus pudieron haber disuadido a los depredadores o intimidado o herido a los rivales de la misma especie, especulan los autores del estudio.
“El uso de dientes de sable para exhibición o lucha entre miembros de la misma especie es algo que pensábamos que había aparecido entre los herbívoros hace menos de 60 millones de años”, subraya Cisneros, de la Universidad Federal de Piauri, en Brasil.

“Si el Tiarajudens eccentricus (los usó de esa forma), entonces es algo que apareció mucho antes, cuando las comunidades terrestres eran... dominadas por herbívoros”, considera.
Pruebas dentales: ¿secreto del éxito evolutivo?

¿Por qué el herbívoro Tiarajudens eccentricus -“el dentudo excéntrico de la región de Tiaraju”- tiene dentición idiosincrática? La respuesta podría yacer en la experimentación evolutiva.
Independientemente de su rareza, los ampliamente distintos dientes del Tiarajudens eccentricus encajaban bastante bien en una mordida, lo mejor para moler y procesar hojas y tallos fibrosos. Este ejemplo temprano de firme acoplamiento dental en un terápsido podría ofrecer pistas sobre por qué los humanos y otros mamíferos están tan equipados actualmente, dado que los mamíferos evolucionaron de los terápsidos.

“Este animal ya era capaz de comer como un rumiante moderno, y eso es muy interesante”, precisa Cisneros. Los rumiantes son animales como las vacas y cabras que mastican su rumen y tienen complejos estómagos de varias cámaras.

Estas adaptaciones dentales únicas también podrían ofrecer algunas pistas sobre el impactante éxito de los anomodontios durante el periodo Pérmico Medio, antes que los dinosaurios dominaran la Tierra.

“Los anomodontios eran el grupo más exitoso de los vertebrados terrestres, el de mayor número de especies, morfología más diversa y las principales adaptaciones ecológicas durante este tiempo”, destaca Frobisch.

“En este mismo grupo había formas que vivían en madrigueras, formas que escalaban, formas semiacuáticas, animales pequeños del tamaño de ratas y animales grandes como vacas, y esto es único en el linaje ancestral de los mamíferos”, considera.

“Estoy seguro que esta experimentación temprana con dientes distintos explica parcialmente por qué este grupo se volvió tan exitoso”, culmina.
Fuente: losandes.com.ar

sábado, 26 de marzo de 2011

Hallado un raro herbívoro primitivo con dientes de sable

Hace 260 millones de años, ni los mamíferos ni los dinosaurios habían fichado todavía en los ecosistemas terrestres. En el macrocontinente de Pangea correteaban seres que hoy se encuadran en categorías taxonómicas de nombres exóticos y de los cuales sólo salta a la vista un rasgo común: cuatro patas. Aquellos tetrápodos primitivos son el objeto de estudio del paleontólogo salvadoreño Juan Carlos Cisneros, responsable del hallazgo de la última muestra de aquella paleofauna cuyo carácter queda dicho en el apellido de la nueva especie: Tiarajudens eccentricus.

El Tiarajudens, del tamaño de un perro grande, vivió al final del Paleozoico antes de la extinción pérmica, la mayor que ha asolado el planeta y de la que resultaría el festival de dinosaurios que adornó el Mesozoico. Según escribe Cisneros hoy en Science, en aquel momento ya se había desarrollado una gran despensa de herbívoros que alimentaba a un reducido elenco de depredadores.

Y entre los primeros se contaba el Tiarajudens, cuya clasificación le sitúa como un sinápsido (algo que no es un reptil) del grupo de los terápsidos (sinápsidos no mamíferos) y, en concreto, como un anomodonto, un linaje de herbívoros que masticaban las hierbas fibrosas del suelo de Gondwana, el zócalo meridional de Pangea que más tarde se independizaría como supercontinente. El suelo que pisaba el Tiarajudens hoy forma parte de Brasil. Allí Cisneros, desde la Universidad Federal de Piauí, rastrea los depósitos del Pérmico y el Triásico en busca de fósiles.
Aberrante

Pero incluso para su clan, el Tiarajudens es el bicho raro. Según escribe en un comentario al estudio el experto de la Universidad Humboldtde Berlín Jörg Fröbisch, dentro de los anomodontos, que mostraban un "desarrollo progresivo de rasgos de mamíferos", el Tiarajudens es "aberrante" por su "dentición única y especializada". Aunque parte de su parentela vegetariana compartía la oclusión dental (la capacidad de encajar las piezas de una mandíbula con las de otra para triturar la fibra), el Tiarajudens tenía el paladar tachonado de dientes, algo único en su vecindario.

Queda la guinda: dos caninos de 12 centímetros sobresalían de su boca. Cisneros explica que no se trata de colmillos al estilo de los elefantes y de ciertos parientes del Tiarajudens, con crecimiento continuo, sección circular y sin esmalte, sino de verdaderos dientes de sable, comprimidos lateralmente y esmaltados. ¿Para qué quería tales armas un vegetariano? "Los grandes caninos de sable son inesperados en un herbívoro", escribe Cisneros. Tomando como modelo los ciervos actuales, el científico especula que tal vez los usaba "para manipular la comida antes de procesarla, disuadir a los predadores o para exhibición y combate dentro de su especie".

Fuente:publico.es

sábado, 4 de diciembre de 2010

Las margaritas, los girasoles y los cardos serian originarios de sudamérica.


El fósil de una flor, hallado en rocas Eocenas de la Provincia de Río Negro, revela que los ancestros de las margaritas, girasoles y cardos –entre otras especies de la familia Asteraceae–, habrían tenido su origen en América del Sur. Los resultados del trabajo fueron publicados en Science.

Una flor fosilizada fue hallada en rocas de una antigüedad de 47,5 millones de años en las cercanías del Río Pichileufú, 60 km al este de la ciudad de San Carlos de Bariloche, provincia de Río Negro. El descubrimiento, realizado por el director del Museo del Lago Gutiérrez, Rodolfo Corsolini, dio el puntapié a una investigación que reunió a especialistas en temáticas como geología, paleobotánica, biogeografía y filogenia, entre otras especialidades.

El hallazgo de esta flor confirma que el origen de la familia Asteraceae, a la cual pertenecen las margaritas y los girasoles, se habría producido en lo que hoy es América del Sur. “El fósil hallado corresponde a una inflorescencia (conjunto de flores) asociada a granos de polen fósiles de la familia Asteraceae”, explicó a la Agencia CyTA la autora principal del estudio, Viviana Barreda, doctora en Ciencias Geológicas y especialista en paleobotánica y paleo-palinología (disciplina de la botánica dedicada al estudio del polen) del Museo “Bernardino Rivadavia” (MACN).

Los resultados de la investigación fueron publicados en la edición de septiembre de la revista científica Science. Además de otros colegas argentinos–la mayoría investigadores del CONICET– en el estudio también participó el doctor Käre Bremer de la Universidad de Estocolmo (Suecia).

Fósil único

El fósil hallado representa el primer registro en su tipo de una inflorescencia de Asteraceae, “constituyéndose en la primera evidencia contundente que apoya hipótesis previas sobre un origen Sudamericano para la familia y una edad Eocena de diferenciación de la misma”, destacó Barreda. Y agregó que “durante el Eoceno –época durante la cual esta planta ancestral vivía – -el supercontinente de Gondwana ya se había fragmentado, pero las masas continentales estaban más cerca que actualmente y todavía se producía algún tipo de intercambio florístico, especialmente por transporte a gran distancia (por el viento o por medio de aves). El clima en la región era cálido y húmedo y se desarrollaba una vegetación exuberante de tipo subtropical.”

Y agregó que actualmente la familia Asteraceae se encuentra ampliamente distribuida en todos los continentes excepto Antártida.

Asimismo la autora principal del estudio destacó que en el fósil resultó difícil distinguir detalles de la flor como estilos (la parte reproductora femenina) y anteras (la parte reproductora masculina) y que por esa razón era complicado decir a que Asteraceae actual se parecía más. “En esta determinación jugó un rol protagónico el polen asociado. El polen -que tiene una gran capacidad de preservación- encierra valiosa información taxonómica y los granos hallados en asociación con la inflorescencia se asemejan muchísimo a sus parientes actuales considerados basales dentro de la familia, con caracteres próximos a un cardo y a algunos integrantes actuales de la flora de América del Sur, como por ejemplo los géneros de las Guayanas y los de las Yungas del norte de Argentina y Bolivia”, concluyó Barreda.

Fuente: argenpress.info / Imagen:Argentina, Ciencia - Fósil analizado por Viviana Barreda

jueves, 10 de junio de 2010

Grandes reptiles oceánicos con la sangre caliente


Diente de un ictiosaurio utilizado en el trabajo.| Science

Los grandes reptiles marinos que habitaron en los mares, hace entre 251 y 65 millones de años, eran de sangre caliente, una característica que les permitía vivir a grandes profundidades y desplazarse nadando a largas distancias para capturar sus presas.

Esta es la conclusión a la que ha llegado un equipo de investigadores de la Universidad de Lyon y otras instituciones científicas francesas, que han analizado el isótopo 18 de los dientes fosilizados de tres de los linajes más significativos de aquellos monstruos marinos.

Los científicos, según publican en la revista 'Science', comprobaron que las temperaturas oceánicas en aquella era llegaban a ser muy frías, casi a punto de la congelación. Si los reptiles de entonces hubieran tenido la sangre fría, es decir, que su organismo se hubiera adaptado a la que había a su alrededor, su supervivencia habría sido muy complicada.

Para averiguar cómo funcionaba su organismo eligieron fósiles dentales de tres linajes: los plesiosaurios, los ictiosaurios y los mosasaurios, y compararon sus isótopos de oxígeno con los dientes de peces que viven en el mismo medio ambiente para descartar desviaciones en la temperatura corporal.

El resultado fue que los plesiosaurios y los ictiosaurios tenían una temperatura corporal que oscilaba entre los 35º y los 39º C. No está tan claro si los mosasaurios también mantenían su sangre caliente, aunque es algo que no descartan.

La explicación de esta adaptación evolutiva estaría en que los dos primeros linajes de reptiles marinos iban a la captura de sus presas y tenían que recorrer grandes distancias a una velocidad muy alta, como hacen los atunes, por lo que su metabolismo requería una temperatura alta para estar activo.

En el caso de los mosasaurios, por lo que ya se sabía, eran reptiles que permanecían al acecho cuando salían de caza y, por tanto, solo puntualmente alcanzaban grandes velocidades y en distancias cortas.

Para el catedrático de Paleontología José Luis Sanz, este trabajo "es muy interesante porque confirma las hipótesis que había sobre el comportamiento y el hábitat de estos reptiles marinos".

Todos ellos fueron grandes depredadores de dimensiones gigantescas, como también eran las de sus vecinos terrestres, los dinosaurios.

Fuente:elmundo.es

viernes, 26 de marzo de 2010

Descubren el primer fósil de un tiranosaurio en el hemisferio sur

El hallazgo por primera vez en el hemisferio sur de fósiles de un tiranosaurio arroja nueva luz sobre la evolución de estos dinosaurios, los cuales hasta ahora se creía que sólo habían vivido en el norte del planeta, indicó un estudio publicado hoy.


Un hueso de la cadera de estos animales, de 30 centímetros de largo, fue descubierto en Dinosaur Cove en Victoria, sudeste de Australia, un sitio geológico que se remonta al menos a 105 millones de años.

“El hueso sin duda pertenecía a un tiranosaurio, ya que estos dinosaurios carnívoros tienen caderas muy específicas y reconocibles”, dijo Roger Benson, de la Universidad de Cambridge en el Reino Unido, uno de los autores de este estudio publicado en la revista Science de fecha 26 de marzo.

“Este descubrimiento es muy interesante porque anteriormente sólo se habían encontrado fósiles de tiranosaurios en el hemisferio norte, lo que llevó a los paleontólogos a pensar que nunca habían logrado llegar al sur”, añadió.

“Aunque tenemos un solo hueso, éste prueba que hace 110 millones de años pequeños tiranosaurios como éste podrían haber vivido en cualquier parte del planeta”, dijo Benson.

"Este hallazgo demuestra que los tiranosaurios llegaron al hemisferio sur al principio de su evolución y que podrían encontrarse otros fósiles en África, América del Sur e India”, observó por su parte Paul Barrett, paleontólogo del Museo de Historia Natural de Londres.

Los huesos fosilizados encontrados en Australia pertenecieron a un tiranosaurio de unos tres metros de largo y 80 kilos de peso. El animal debía tener una gran cabeza y brazos cortos, características distintivas de estos dinosaurios.

El nuevo espécimen, llamado “NMV P186069”, era mucho más pequeño que sus descendientes, los enormes Tiranosaurios Rex de 12 metros de largo y cuatro toneladas de peso, que domininaron el ecosistema hace unos 70 millones de años hasta el fin del período Cretácico, que comenzó hace unos 145,5 millones de años y terminó hace 65,5 millones de años).

Su pequeño ancestro australiano vivió 40 millones de años antes, en un tiempo en que el único continente terrestre, conocido como Pangea, empezó a fragmentarse para dar lugar gradualmente al actual mapa del mundo.

Este pequeño tiranosaurio viene de un tiempo en el que Sudamérica, Africa, Antártida y Australia ya se había separado de los continentes del norte, pero aún formaban un bloque entre ellos.

“Todavía nos queda saber más sobre estos primeros tiranosaurios y por qué se extinguieron, dejando lugar sólo para los gigantes T. Rex”, dijo Benson.


Fuente: lanacion.com.py

jueves, 4 de marzo de 2010

Nuevas pistas en el crimen masivo de los dinosaurios: fue un único asteroide


Hace 65,5 millones de años, los dinosaurios y el resto de criaturas que habitaban la Tierra alzaron sus cabezas a un tiempo cuando un inmenso asteroide de 15 kilómetros de diámetro cruzó el cielo a gran velocidad e impactó con una fuerza inusitada sobre la actual provincia mexicana de Yucatán.

La energía liberada en el inmenso choque fue mil millones de veces más potente que la bomba atómica de Hiroshima. Fue el comienzo del fin: terremotos de magnitud superior a 11 en el antiguo Golfo de México, colapsos de las plataformas continentales, gigantescos tsunamis... y cambios en la atmósferaque causaron un invierno global.

Los cambios provocados sobre el planeta tras la colisión desencadenaron una gran extinción masiva que afectó al 70% de las especies y terminó con la era de los dinosaurios. Ésta es la teoría más clásica sobre la hecatombe de finales del período Cretácico. Pero, ¿fue realmente así? No todos los científicos la comparten, pero ahora, un nuevo estudio en el que participan investigadores de la Universidad de Zaragoza viene a aportar nuevos datos que refuerzan la hipótesis con evidencias geológicas recabadas en varias partes del mundo.

El estudio, que se publica en la revista Science, es fruto del trabajo durante veinte años de 38 expertos en paleontología, geoquímica, geofísica y sedimentos de Europa, Estados Unidos, México, Canadá y Japón. La hipótesis de la colisión viene de lejos.

Planteada hace ya 30 años, los científicos se hicieron una idea más real de lo sucedido cuando en 1991 se descubrió enterrado bajo el Yucatán el cráter de un impacto de casi 200 kilómetros de diámetro, el de Chicxulub, cuya edad geológica coincide con la época de las extinciones.

Algunas voces se alzaron para mostrarse en desacuerdo con esta teoría, asegurando que los microfósiles del Golfo de México demuestran que el impacto sucedió bastante antes de la extinción, unos 300.000 años antes, así que no pudo provocarla. Entonces nacieron otros estudios alternativos que colocaban el gran «armagedón» prehistórico en otro escenario: una actividad volcánica inusual en la India que originó un enfriamiento global lluvia ácida.

Sedimentos «instantáneos»

Pero los científicos del Instituto Universitario de Investigación en Ciencias Ambientales de Aragón, especializados en el estudio de foraminíferos, fósiles microscópicos que ayudan a datar las rocas sedimentarias marinas que los contienen, han aportado nuevas pistas que refuerzan la hipótesis del asteroide. Aseguran que los sedimientos de Yucatán coinciden exactamente con el evento de la extinción y fueron depositados en «un tiempo geológico instantáneo» como consecuencia de los terremotos y grandes tsunamis producidos por el impacto del asteroide.

Todos los cambios significativos en los ecosistemas de la Tierra se iniciaron en este momento «y, por tanto, el impacto de un gran asteroide en los sedimentos ricos en sulfatos de la antigua plataforma de Yucatán sigue siendo la causa más plausible para explicar la extición en masa», aseguran los autores del estudio.

Preguntados por si su estudio terminará la discusión entre los científicos, los micropaleontólogos españoles señalan que «el 99% de los especialistas apoya la teoría del impacto».

Fuente: abc.es

lunes, 19 de octubre de 2009

Nuevde neandertales revela su gran diversidado censo

A la izquierda se observa el esqueleto de un neandertal; a la derecha, el de un Homo sapiens , dos especies muy similares. Max-Planck Institute para LN

Científicos han calculado que menos de 3.500 hembras neandertales fértiles vivieron en Europa al mismo tiempo entre hace 38.000 y 70.000 años, utilizando un método más rápido y potencialmente más económico que la secuencia de genomas completos.

Celebridades científicas como Craig Venter pudieron haber trazado su mapa genómico, pero los restos neandertales están demasiado fragmentados y contaminados para que la secuencia de todo su genoma sea costo-efectiva, según Adrian W. Briggs, estudiante del laboratorio de genética evolutiva de Svante Paabo, en el Instituto de Antropología Evolutiva Max-Planck de Leipzig, Alemania.

En cambio, Briggs y sus colegas de España, Croacia, Rusia y Alemania se han centrado en tramos cortos del genoma neandertal para estudiar la diversidad genética de cinco neandertales de esos países.

La técnica de secuencia, llamada “captura de detonador de extensión”, compara secuencias específicas seleccionadas de un genoma referencial –en este caso, un genoma de mitocondria neandertal previamente trazado con ADN extraído y amplificado de una nueva muestra, como un hueso de pierna de otro neandertal.

El estudio, publicado en la revista Science , también pone a prueba al nuevo método al abordar cuestiones referentes a la diversidad neandertal.

Especies cercanas. Los investigadores utilizan la diversidad genética como instrumento de medición del tiempo que los grupos o individuos han vivido separados. Cuando el grupo comparó la diversidad genética del ADN de mitocondrias (mtADN) de seis neandertales, encontró mucha menor diversidad que la esperada en comparación con seis europeos modernos similarmente distantes.

La diferencia implica que entre hace 38.000 y 70.000 años, los neandertales vivían en grupos más pequeños y aislados. El equipo de investigadores calcula que más o menos entre 270 y 3.500 mujeres fértiles habrían vivido al mismo tiempo, parte de una población total que incluiría sus familias y neandertales no fértiles. El cálculo de los investigadores sobre el número de mujeres fértiles se encuentra en un rango similar a los resultados de un cálculo previo basado en un solo genoma neandertal.

Sin embargo, la antropóloga Anna Degioanni, de la Universidad del Mediterráneo, en Marsella, Francia, señala que la región de mtADN estudiada por el grupo de Briggs no varía tanto como otras regiones, como la utilizada por su equipo para identificar distintos subgrupos de neandertales a principios de este año. Eso podría significar que el nuevo estudio subestima la diversidad genética de los neandertales, afirma Degioanni.

Tanto Degioanni como Briggs esperan que estudios futuros de ADN nuclear, más complejos y con mayor contenido de variaciones potenciales, ayuden a solucionar la cuestión de la diversidad en forma más definitoria.

Paleogenética para masas. Briggs, Paabo y sus colegas forman parte del Proyecto del Genoma Neandertal, un consorcio internacional que trabaja para trazar la secuencia de todo el genoma neandertal. Conjuntamente con otro proyecto paralelo dirigido por Edward Rubin, del Laboratorio Nacional Lawrence Berkeley, en California, los investigadores han trazado la secuencia de secciones grandes de genomas neandertales durante los últimos años, utilizando el método de “escopeta” –donde el ADN se rompe en fragmentos pequeños, se traza su secuencia y se vuelve a ensamblar buscando yuxtaposiciones–. Han calculado en qué momento divergieron los neandertales y los humanos y han examinado características físicas que pudieron haber estado codificadas en genes neandertales, como el color del cabello y la capacidad del habla.

El trazado en escopeta sigue siendo la mejor forma de obtener una secuencia de genoma completa. Pero utilizar este método para trazar secuencias de muestras ancestrales puede ser difícil porque a menudo están contaminadas con ADN externo.

Briggs afirma: “Se tiene que cernir una cantidad terrible de basura antes de obtener la secuencia de interés. Un hueso típico que utilizamos llega a tener hasta algo así como 99 por ciento de ADN de bacterias”. El ADN de los humanos modernos también puede contaminar las muestras.

Utilizando mtADN, cuyas copias son más abundantes en cada célula que el ADN nuclear, los investigadores pueden generar una secuencia consensada basada en cómo se yuxtaponen los distintos fragmentos de mtADN secuenciado, lo cual ayuda a eliminar los errores inherentes en muestras degeneradas y contaminadas.

El biólogo Tom Gilbert, de la Universidad de Copenhagen, Dinamarca, coincide con lo anterior. “(La captura de detonador de extensión) en gran parte garantiza que cada nucleótido sea secuenciado muchas veces, permitiendo, por tanto, que se obtenga una secuencia consensada precisa”, destaca. Dado que Briggs y sus colegas pudieron utilizar este método para estudiar los neandertales, Gilbert considera que se podría provocar que algunos investigadores retomen muestras previamente estudiadas en otras especies paleolíticas, como los mamuts lanudos.

Los proyectos famosos de secuencias requieren fondos importantes para pagar los costosos trazados completos de genomas. No obstante, destaca Gilbert, este método más económico de captura de detonador de extensión, junto con otros acercamientos basados en sondeos actualmente bajo desarrollo, es “un paso clave para abrir a las masas la paleogenética”.

Fuente: nacion.com

viernes, 2 de octubre de 2009

Antes de 'Lucy' fue 'Ardi', el ancestro común del hombre y el chimpancé; Ardipithecus ramidus

Portada de la revista Science, que recoge ampliamente los trabajos de investigación del homínidoSCIENCE

El Ardipithecus ramidus es una especie homínida que vivió hace 4,4 millones de años en lo que hoy es Etiopía. Su esqueleto ha sido descrito y analizado por primera vez por un equipo internacional de científicos en una investigación publicada en la revista Science.

Ardipithecus, una hembra más conocida entre los antropólogos como 'Ardi', no es el ultimo antepasado común compartido por humanos y chimpancés, aunque probablemente compartió varias de las características de este antecesor y dada su antigüedad nos acerca más a ese esquiva rama primigenia común entre ambas especies.

Lo más llamativo de 'Ardi' no son las similitudes que podamos encontrar en sus rasgos con el ser humano actual: sus manos, su cuerpo erguido, su forma de caminar... Lo sorprendente son las diferencias con los chimpancés y gorilas de hoy en día, lo que demuestra que tomamos caminos evolutivos muy diferentes.

'Ardi' pesaba alrededor de 50 kilogramos y medía unos 120 centímetros de altura y es un millón de años anterior a 'Lucy', el famoso esqueleto parcial femenino de Australopithecus afarensis.

El desenterramiento del esqueleto de este ejemplar en Etiopía terminó en 1994. Hasta el hallazgo de 'Ardi' el hito más importante en el estudio de la evolución del hombre había sido 'Lucy', encontrada en 1974 y bautizada así por la conocida canción de los Beatles Lucy in the sky with diamonds.

Los investigadores han analizado el cráneo, dientes, pelvis, manos, pies y otros huesos encontrados en Etiopía. 'Ardi' tiene una mezcla de rasgos primitivos que comparte con sus antecesores, los primates del Mioceno, y otros rasgos que se observan también en homínidos posteriores.

"En Ardipithecus tenemos una forma no especializada que no ha evolucionado mucho en la dirección de Australopithecus. Por lo que cuando vas de la cabeza a los dedos del pie, lo que ves es una criatura mosaico, que no es ni chimpancé, ni es humano. Es Ardipithecus", afirma Tim White de la Universidad de California Berkeley, uno de los principales autores de la investigación

Diferentes caminos evolutivos

Reconstrucción de cómo sería ’Ardi’, una hembra de 1,20 metros y 50 kilos de peso de hace 4,4 millones de años.JH MATTERNES

Sin embargo, varios de sus rasgos no aparecen en los simios africanos de nuestros días. Esto demuestra que es muy probable que los simios africanos hayan evolucionado ampliamente desde que compartimos ese último ancestro común, lo que los convierte en pobres modelos para entender nuestra propia evolución.

Hasta la fecha, los investigadores creían que los simios modernos conservaban rasgos del último antepasado que compartieron con los humanos. En otras palabras, se pensaba que este presunto ancestro era más tipo chimpancé que tipo humano. Por ejemplo, se habría adaptado para balancearse y colgarse de las ramas de los árboles, y quizá anduvo sobre sus nudillos mientras estaba en el suelo.

Sin embargo, 'Ardi' ha puesto patas arriba todos estos supuestos. Estos homínidos parecen haber vivido en un entorno boscoso, en donde treparon en cuatro patas a lo largo de las ramas de los árboles y caminaron, erguidos, sobre las dos patas en el suelo.

No andaban sobre sus nudillos, no se columpiaban y se colgaban en las ramas de los árboles como hacían los chimpancés.

'Ardi' nos cuenta millones de años después que los homínidos y los simios africanos siguieron cada uno senderos evolutivos diferentes y que ya no podemos considerar a los chimpancés como el 'sustituto' de nuestro último antepasado común, todavía por encontrar.

"Darwin fue muy sabio en este respecto", explica Tim White. "Dijo que tenemos que ser muy cuidadosos. La única manera en la que vamos a saber realmente a quién se parece este último antepasado común es ir y encontrarlo. Hemos encontrado algo bastante cercano, de 4,4 millones de años. Y, tal y como Darwin entendió, la evolución de los linajes de los simios y el linaje humano ha avanzado independientemente desde la época en que esas líneas se separaron, desde el último antepasado común que compartimos", concluye White.

Fuente: rtve.es