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lunes, 21 de diciembre de 2009

Un paleontólogo argentino halló en Bolivia un cocodrilo de la era de los dinosaurios

El Yacarerani boliviensis (“primer yacaré de Bolivia”, en guaraní) fue descubierto por el paleontólogo argentino Fernando Novas. El hallazgo confirma que los cocodrilos prehistóricos fueron mucho más variados y extraños que sus parientes actuales.

El descubrimiento, efectuado en rocas de unos 80 millones de años aflorantes en la zona central de Bolivia, fue realizado por Novas en compañía de su esposa Roxana Lo Coco y del paleontólogo uruguayo Alvaro Mones cuando exploraban afloramientos cretácicos en el Parque Nacional Amboró, ubicado a unos 50 kilómetros al oeste de la ciudad de Santa Cruz de la Sierra.

Los fósiles encontrados incluyen dos esqueletos de cocodrilo con sus cráneos y cinco huevitos que formarían parte de un nido.

Novas contó a Télam que “el hallazgo del Yacarerani fue increíble”. Era agosto de 2002 y el paleontólogo se encontraba de viaje en plena selva amazónica. Debido a la espesa cubierta vegetal, “era casi imposible identificar allí algún fósil en las rocas”, contó el especialista.

“Pero en un momento nuestro paseo atravesó el cauce seco de un arroyo en el que podía verse la capa de areniscas rojas que subyacía al resto de la selva. El tipo de roca me recordaba a las famosas ‘Capas con Dinosaurios’ de la provincia de Neuquén, con la diferencia de que a ambos lados del cauce del arroyo se encontraba la espesura de la selva”, relató Novas.

Su colega Alvaro Mones lo alentó a sacar una foto del paisaje que se apreciaba desde ese punto y al dejar su mochila en el suelo vio una pequeña mandíbula repleta de dientes que yacía empotrada en la roca.

“Los huesos eran de color crema, por lo que resaltaban nítidamente de la matriz rojiza que los contenía. Al arrodillarnos para apreciar más de cerca de qué se trataba, nos percatamos de que había más huesos alrededor. No podíamos creer la suerte que habíamos tenido: descubrir los huesos y dientes de una criatura prehistórica en plena selva, un sitio que, acostumbrado a la árida estepa patagónica, jamás hubiera elegido para buscar fósiles”, explicó.

El nuevo cocodrilo es un representante de los notosuquios, un linaje extinguido de cocodrilos que prosperó en América del Sur, Africa y Madagascar a fines de la era de los dinosaurios.

A diferencia de los cocodrilos vivientes -todos ellos de hábitos acuáticos-, los notosuquios poseían cabezas altas con los ojos orientados lateralmente y las fosas nasales proyectadas hacia delante, rasgos que revelan que se trataba de reptiles que llevaban una vida en tierra firme.

Los Yacareranis adultos no superaban los 80 centímetros de largo y, aparentemente, vivían en grupos. Es muy probable que construyeran galerías para refugiarse y depositar sus huevos.

Lo más llamativo de su anatomía era su dentición, formada por dientes de forma y disposición muy compleja, muy diferentes de los dientes cónicos y sencillos de los cocodrilos vivientes. El Yacarerani poseía en el extremo de su hocico un grupo de dientes puntiagudos y proyectados hacia adelante que recuerdan a los incisivos de un conejo. Hacia atrás, su boca estaba equipada con dientes parecidos a muelas, provistos de tubérculos aptos para cortar y triturar. Se ignora si se alimentaba sólo de pequeños animales (por ejemplo, artrópodos y crías de otros vertebrados) o si en su dieta también incluía vegetales.

Según Novas, está muy difundida la idea de que los cocodrilos son “fósiles vivientes” cuyo aspecto y costumbres variaron muy poco a lo largo de su evolución. Sin embargo, la paleontología demuestra que hacia fines de la era de los dinosaurios los cocodrilos fueron muy abundantes en tierra firme y cumplieron roles ecológicos muy dispares. Algunos fueron carnívoros que compitieron con los dinosaurios por conseguir alimento, en tanto otros tuvieron el aspecto de corpulentos armadillos.

La importancia del Yacarerani es que amplía todavía más el abanico de adaptaciones de los cocodrilos, al demostrar que también eran pequeños animales con dientes muy raros y complejos cuyas costumbres resultan difíciles de dilucidar.

Fuente: telam.com.ar

miércoles, 2 de diciembre de 2009

Encuentran un fósil de 65 millones de años cerca de El Calafate


Los restos encontrados en una propiedad de la familia Povazsan pertenecen a un plesiosaurio, un enorme reptil carnívoro que habitó los océanos entre 65 y 70 millones de años atrás.

El anuncio del hallazgo fue realizado por Fernando Novas, paleontólogo argentino reconocido a nivel mundial por la comunidad científica.

En los estudios de la radio FM Dimensión de la ciudad de El Calafate, el científico explicó que el hallazgo se produjo tiempo atrás y, por cuestiones de seguridad, se mantuvo en reserva hasta que el equipo de profesionales pudo extraerlo de la roca.

Según informó un medio local, Novas calificó como "fantástico y novedoso" el descubrimiento efectuado, ya que "no hay este tipo de hallazgo en la provincia de Santa Cruz".

Incrustado en una roca se puede observar claramente la columna articulada de un plesiosario, de considerable tamaño, que tendría entre 8 y 10 metros de largo.

Además se percibe una aleta de este animal, de un metro de largo, y las costillas, pero no así el cráneo y gran parte del extenso cuello que tenían estos reptiles.

"Es el hallazgo más austral en el continente de este tipo de dinosaurio", aseguró el paleontólogo, y destacó que "el estado de preservación es hermoso".

Novas recordó que ya se habían encontrado restos de estos animales en la península antártica, y el descubrimiento de este ejemplar podría ayudar a relacionar datos científicos.

Marcelo Isasi, técnico especializado en desenterrar fósiles y uno de los integrantes del equipo de trabajo que lidera Novas, contó que la tarea de extracción de este ejemplar fue todo un desafío.

Por un lado, por la extremada dureza de la roca en la cual está inserto, y por otro porque el esqueleto fósil se encuentra semi sumergido en el agua.

Debido a que esta época coincide con la creciente del lago Argentino, el tiempo de rescate fue escaso, ya que el fósil, de alcanzar su máximo nivel las aguas, quedaría sumergido a unos tres metros de profundidad.

Ya los restos fueron preservados y se dispuso su traslado al Museo de Ciencias Naturales "Bernardino Rivadavia", de la ciudad de Buenos Aires, con el permiso de la Subsecretaría de Cultura de la provincia de Santa Cruz, para iniciar las investigaciones correspondientes, y con el compromiso de ser devuelto una vez que culminen los trabajos de laboratorio.

fuente: 24HTinfo.com

martes, 13 de octubre de 2009

HALLAZGO DEL AUSTRORAPTOR CABAZAI EN RÍO NEGRO


Paleontólogos argentinos hallaron en Río Negro fósiles de una nueva especie de dinosaurio. Se trata de un dinosaurio depredador de seis metros de longitud al que bautizaron como Austroraptor cabazai.

Los especialistas afirman que esta región de América del Sur constituyó el hogar de un linaje de grandes cazadores, cuya historia evolutiva recién comienza a develarse.

Un equipo de paleontólogos argentinos descubrió una nueva especie de dinosaurio que pertenece a la familia de los raptores. Su nueva denominación es Austroraptor cabazai.

Hacia fines de 2002, el paleontólogo Fernando Novas dirigió una exploración financiada por la National Geographic Society a una región llamada Bajo de Santa Rosa, en la provincia argentina de Río Negro.

El Bajo de Santa Rosa es una enorme depresión natural conocida entre los paleontólogos argentinos por su gran riqueza fosilífera. Desde que las primeras expediciones al citado bajo fueran efectuadas en la década de 1920, el sitio ha venido sumando una larga lista de restos de plantas y animales que habitaron esta región de la Patagonia hace 70 millones de años, casi fines de la "Edad de Oro de los Reptiles".

“El Bajo de Santa Rosa, en particular, ha brindado numerosos huesos, dientes y huevos de dinosaurios titanosaurios, herbívoros corpulentos de andar cuadrúpedo, de cuello y cola alargados, así como restos de otro grupo de herbívoros, los hadrosaurios, informalmente llamados ‘dinosaurios pico de pato’ por la forma achatada de su hocico”, afirmó a la Agencia CyTA Novas que es doctor en ciencias naturales e investigador del Conicet del Departamento de Anatomía Comparada del Museo Argentino de Ciencias Naturales Bernardino Rivadavia, en Buenos Aires. Y agregó: “Ante tal abundancia de fósiles, sumado al entusiasmo que me manifestaba Héctor ‘Tito’ Cabaza, fundador del Museo de Ciencias Naturales de Lamarque de aquella provincia, decidí encarar una expedición y probar suerte de encontrar alguna osamenta de mis dinosaurios favoritos: los carnívoros terópodos. Poco se conocía de la región sobre estos animales depredadores, pero mis expectativas fueron ampliamente recompensadas con esa visita al Bajo de Santa Rosa.”

Búsqueda minuciosa

Además de Novas, en la expedición al Bajo de Santa Rosa participaron el técnico Marcelo Isasi, Juan Canale (discípulo de Novas), el fotógrafo Hernán Canutti, el asistente Rafael Manazzone, y "Tito" Cabaza. “Después de transcurridos algunos días de búsqueda infructuosa, descubrimos, en lo alto de un cerro amarillento, un largo hueso, bastante craquelado, que impedía reconocer con certeza de qué tipo de animal se trataba.

No obstante, esa primera evidencia brindaba un dato alentador: la capa externa del hueso era muy delgada y de superficie lisa, lo que demostraba que no se trataba de un pesado titanosaurio, ya conocidos en la zona, sino de un tipo diferente de dinosaurio”, relata Novas.

Más piezas emergieron durante el segundo día de excavación, incluyendo un fémur y una tibia, cada uno de casi 60 centímetros de largo. Al inicio de la excavación no había claridad sobre la especie a la que pertenecían, pero finalmente dieron con una garra de unos 6 centímetros que correspondía a uno de los pies. “En claro contraste con las pezuñas chatas y anchas de un hadrosaurio, esa garra que acabábamos de encontrar era de forma cónica y puntiaguda, develando que aquello que estábamos removiendo, después de 70 millones de años, eran los restos de un dinosaurio depredador”, explica Novas.

Pero ¿a qué grupo de dinosaurios carnívoros pertenecía aquel esqueleto? “Concentré mi atención en la forma de la garra, y para mi enorme sorpresa me percaté que la misma no se correspondía con la de los abelisáuridos, linaje de terópodos cuyos huesos y dientes se los halla con cierta frecuencia en las rocas de Patagonia. Era obvio que estábamos frente a un carnívoro completamente nuevo para la ciencia.”, subraya el paleontólogo.

A medida que la excavación se fue ampliando, se fueron sumando huesos del cráneo, una mandíbula con dientes, varias vértebras del cuello, y más falanges de manos y pies. “La cosecha había resultado exitosa y retornamos a casa con las osamentas de una criatura hasta entonces impensada. En el Museo Argentino de Ciencias Naturales, en Buenos Aires, nos dedicamos a extraer la roca que cubría los huesos, y tan pronto comenzamos su estudio nos dimos cuenta que se trataba de un miembro de la familia de los "raptores".

“Decidí llamar a la nueva criatura Austroraptor cabazai, el dinosaurio rapaz del sur que honra a Cabaza’", indica Novas.

A diferencia de su pariente asiático, Velociraptor de Mongolia, el Austroraptor cabazai era mucho más grande, alcanzando los 6 metros de longitud. La cabeza del raptor austral era baja y alargada, provista con numerosos dientes pequeños y cónicos. “Pero lo que nos sorprendió fueron sus brazos proporcionalmente muy cortos, rasgo que contrasta claramente con el resto de los raptores, de brazos considerablemente más alargados. Desconocemos cuales fueron las presiones de la selección natural que llevaron a la adquisición de estas peculiaridades anatómicas”, recalca Novas. El hallazgo de esta nueva especie, cuyos restos fueron presentados en el Museo de Ciencias Naturales Bernardino Rivadavia en diciembre de 2008, fue descrito en la edición impresa de 2009 de la revista científica Proceedings of the Royal Society.

Diego Pol, investigador del Conicet del Museo Paleontológico Egidio Feruglio, en Chubut, participó en el análisis de los fósiles hallados en el Bajo de Santa Rosa. “A partir del descubrimiento y del estudio del Austroraptor podemos ahora comprender que los dromaeosauridos (una familia de dinosaurios muy relacionados al origen de las aves que incluye al Velociraptor) fueron mucho más diversos que lo que suponíamos con anterioridad”, explica Pol. Y agrega: “Austroraptor pertenece a un grupo de dromaeosauridos del hemisferio sur que hasta ahora eran conocidos por formas de tamaño corporal pequeño. Pero el Austroraptor, que era bípedo, era mucho más grande que sus parientes, llegando a tamaños corporales que duplican los de sus parientes.”

Para Pol este y otros hallazgos hechos en Patagonia en la última década revelan un linaje de parientes del Velociraptor que habitó en el hemisferio sur del cual no se tenía conocimiento con anterioridad. “Esto muestra el potencial que tiene nuestro país en cuanto a la riqueza del registro fósil, y nos indica que todavía queda mucho por descubrir de la vida pasada que habitó en nuestras tierras”, afirma.

“Las nuevas evidencias indican que esta región de América del Sur constituyó el hogar de un linaje de grandes cazadores, cuya historia evolutiva recién comienza a develarse”, concluye Novas.

Fuente: rafaela.com
imagen: prehistoricpark.blogspot.com