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martes, 22 de octubre de 2013

Descubierto un ancestro de las arañas de 520 millones de años


Una investigación liderada por el profesor Nick Strausfeld, de la Universidad de Arizona, en Estados Unidos, y Greg Edgecombe, del Museo de Historia Natural de Londres, en Reino Unido, y publicada en 'Nature', ha descubierto el sistema nervioso completo más antiguo conocido exquisitamente preservado en los restos fósiles de una criatura que nunca antes se había descrito y que se arrastraba o nadaba en el océano hace 520 millones de años.

   El trabajo, que se publica en la revista 'Nature', revela que los antepasados de los quelicerados (arañas, escorpiones y sus parientes) se separaron del árbol de la familia de otros artrópodos, incluyendo insectos, crustáceos y miriápodos, hace más de 500 millones de años. El hallazgo pertenece a un grupo extinto de artrópodos marinos conocidos como 'megacheirans' (del griego "grandes garras").

   "Ahora sabemos que los 'megacheirans' tenían sistemas nervioso central muy similares a los cangrejos de herradura y los escorpiones actuales", subrayó el autor principal del estudio, Nicholas Strausfeld, profesor del Departamento de Neurociencia de la Universidad de Arizona. "Esto significa que los antepasados ??de las arañas y sus parientes vivieron codo con codo con los antepasados ??de los crustáceos en el Cámbrico inferior", agregó.

   Los científicos identificaron los tres centímetros de largo de la criatura en Chengjiang, cerca de Kunming, en el suroeste de China, como representante del género extinto 'Alalcomenaeus'. Los animales de este grupo tenían un cuerpo alargado, segmentado y equipado con una docena de pares de apéndices corporales que le permitián nadar, arrastrarse o ambos. Además, tenían un par de largos apéndices en forma de tijera adjuntos a la cabeza, probablemente para agarrar o con fines sensoriales, que les dieron su nombre colectivo de 'megacheirans'.

   "Por primera vez, podemos analizar cómo los segmentos de estos artrópodos fósiles se alinean con los demás de la misma manera como sucede en las especies vivas, utilizando su sistema nervioso", destacó el coautor Greg Edgecombe. El equipo analizó el fósil mediante la aplicación de diferentes técnicas de formación y procesamiento de imágenes, aprovechando los depósitos de hierro que se habían acumulado selectivamente en el sistema nervioso durante la fosilización.

   Comparando el esquema del sistema nervioso fósil con los sistemas nerviosos de los cangrejos de herradura y los escorpiones no hubo duda de que hace 520 millones de años el 'Alalcomenaeus' fue miembro de los quelicerados. Concretamente, el fósil muestra las características típicas de los cerebros de escorpiones y arañas: tres grupos de células nerviosas conocidas como ganglios fusionados juntos como un cerebro también integrado con algunos de los ganglios del cuerpo del animal, lo que difiere de los crustáceos en que los ganglios están más separados y conectados por los nervios largos, como los peldaños de una escalera de cuerda.

   "Los apéndices prominentes que dieron a los 'megacheirans' su nombre fueron claramente utilizados para agarrar y sostener y probablemente para los estímulos sensoriales. Las partes del cerebro que proporcionan el cableado de donde surgen estos grandes apéndices son muy grandes en este fósil. Sobre la base de su ubicación, ahora podemos decir que las partes de la boca que pican en las arañas y sus familiares evolucionaron a partir de estos apéndices", subraya Strausfeld.

   "Nuestro nuevo descubrimiento es emocionante porque demuestra que los mandibulados (a los que pertenecen los crustáceos ) y quelicerados ya estaban presentes como dos trayectorias evolutivas distintas hace 520 millones de años, lo que significa que su ancestro común debe haber existido mucho antes en el tiempo", resumió Strausfeld.

Leer más:  Descubierto un ancestro de las arañas de 520 millones de años  http://www.europapress.es/ciencia/noticia-descubierto-ancestro-aranas-520-millones-anos-20131017104041.html#AqZ1CUPWeflt8TJm
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Fuente: europapress.es

miércoles, 6 de junio de 2012

El cráneo de las pájaros modernas corresponde al de dinosaurios jóvenes

El cráneo de las pájaros modernas corresponde al de dinosaurios jóvenes

La forma del cráneo aviario es un tipo adulta de los cráneos juveniles de los Terópodos, un amplio grupo de dinosaurios bípedos y carnívoros. Así lo asegura un estudio firmado por un cuadro internacional de científicos en el que participan paleontólogos de la Universidad Autónoma de Madrid (UAM).

Un estudio divulgado en la revista Nature comprueba que el cráneo de las pájaros modernas surgió a través de una secuencia de episodios asociados al acortamiento de las trayectorias de progreso en dinosaurios carnívoros (terópodos). Este fenómeno, recordado como pedomorfosis, involucra que la forma del cráneo aviario es —en términos generales— un tipo adulta de los cráneos juveniles de sus ancestros dinosaurianos.

Para arribar a esta conclusión, un cuadro multidisciplinar de científicos utilizó una serie de técnicas digitales y estadísticas de medición de la forma prestigiadas como técnicas de morfometría geométrica. Gracias a estas técnicas fue factible comparar la muestra más enteramente completa recogida hasta la fecha de embriones juveniles y adultos de dinosaurios, tanto fósiles como actuales —considerando a las pájaros como dinosaurios frescos—.

El estudio comprueba que aspectos físicos de las pájaros modernas tan familiarizados como el tamaño corporal reducido, los descomunales ojos y los intelectos globosos (encefalizados), son el resultado de como minimo cuatro episodios sucesivos de acortamiento en el progreso normal (desde el estado de embrión al estado adulto) de sus ancestros los terópodos.

Esto explica que los dinosaurios más primitivos tuvieran secuencias de progreso más largas que la de sus descendientes; acortamiento en tiempo de progreso que es enormemente evidente en las pájaros.

Cuatro etapas de transformació

Jesús Marugán, de la Unidad de Paleontología de la UAM y firmante del artículo, explica que el inicialmente de los cuatro episodios de acortamiento en el progreso de los Terópodos subraya un giro en la morfología general del cráneo: “Más cuadrangular en las especies más basales o primigenias, como el arcosauromorfo Euparkeria, hacia morfologías craneales con cráneos más ligeros y estrechos, como el tiranosaurido Guanlong”.

“La segunda etapa es ya el principio de la disminución de la secuencia de progreso asociada a un acortamiento de la cara: el emblemático Archaeopteryx, el género de pájaros más primitivo que conocemos. Al mismo tiempo de la disminución enérgica del tamaño corporal, a partir de esta etapa aparecerían los rasgos más distintivos de las pájaros: su pico, la cefalización y el progreso de las órbitas”, añade el investigador.

Como constata el artículo, son precisamente estos rasgos que se van acentuando sucesivamente hacia las pájaros modernas (reducción en talla y progreso cefálico) los que fueron decisivos en el procedimiento evolutivo que configuró el control mecánico y neuronal ineludible para perfeccionar el vuelo.

Para los investigadores este hallazgo no solamente es otra evidencia paleobiológica de que las pájaros son dinosaurios. Como resaltan, es así mismo “una demostración de que las claves para desentramar la naturaleza de los componentes evolutivos radican en estudios integrados, comparando especies extintas con sus especies descendientes vivas que habitan hoy el planeta”.

Desarrollo y transformación

La conexión entre las alteraciones en la secuencia del progreso (desarrollo embrionario) y el surgimiento de originalidades evolutivas en el tiempo, es un hecho largamente aceptado en biología. Esta conexión entre progreso y transformación queda divinamente enmarcada en la frase: “Ontogenia recapitula Filogenia”, iniciativa por el filósofo y biólogo alemán Ernst Haeckel en 1892, y conocida como “teoría de la recapitulación”.

Esta teoría sostiene que el progreso embrionario de cada especie (ontogenia) refleja la historia evolutiva de esta especie (filogenia); o, lo que es lo mismo: que cada uno de los etapas que el individuo de una especie atraviesa a lo largo de su progreso embrionario representa una de las formas adultas que apareció en su historia evolutiva.

Además de especialistas de la Unidad de Paleontología de la Universidad Autónoma de Madrid (UAM), el cuadro de investigación que firma el estudio abarca a embriólogos de la Universidad de Harvard (EE UU) y a paleontólogos de las universidades de Texas y Nueva York y del Museo Americano de Historia Natural (EE UU).

Fuente: http://www.pysnnoticias.com

jueves, 5 de abril de 2012

Encuentran en China tres esqueletos del mayor dinosaurio que tuvo plumas

Según publican en la revista Nature, el tamaño era "considerablemente menor" que el de su primo cercano, el Tiranosaurio Rex, pero cuarenta veces más grande que el mayor dinosaurio con plumas encontrado hasta ahora.

Imagen cedida por la revista 'Nature' de una recreación artística realizada por Brian Choo de un grupo de 'Yutyrannus huali'. / Efe

Tres esqueletos hallados en China han revelado que el dinosaurio más grande con plumas pesaba más de una tonelada, era más pequeño que su pariente el Tiranosaurio Rex y vivió en el Cretácico inferior, según informa la revista Nature.

Los huesos -encontrados en la provincia de Liaoning (noreste de China)- pertenecieron a un adulto y dos crías, de una especie prima de los grandes tiranosaurios, que un equipo de científicos chinos y canadienses han bautizado como 'Yutyrannus huali' ("bello tirano con plumas", en una mezcla de latín y mandarín).

Los paleontólogos saben desde hace más de una década que algunos pequeños dinosaurios tuvieron plumas parecidas a las de los pájaros gracias al hallazgo de varios fósiles en esta región china, pero el descubrimiento anunciado hoy indica que existió al menos una especie de gran tamaño que también las tenía.

Mientras que las dos crías debieron pesar alrededor de media tonelada, el ejemplar adulto alcanzó los 1.400 kilos y nueve metros de largo, unas dimensiones que le convierten en el animal con plumas más grande que se conoce, vivo o extinto.

Su tamaño era "considerablemente menor" que el de su primo cercano, el Tiranosaurio Rex, pero cuarenta veces más grande que el mayor dinosaurio con plumas encontrado hasta ahora.

El Yutyrannus distaba mucho de lucir un plumaje como el de las aves actuales; sus plumas "eran simples filamentos y se parecían más a las de un pollito moderno que a las plumas rígidas de un ave adulta", detalló Xu Xing, autor principal del artículo e investigador del Instituto de Paleontología y Paleoantropología de Vertebrados de Pekín.

Los expertos consideran que las plumas cumplían una función aislante, ya que su escasez y el gran tamaño del dinosaurio descartan totalmente que pudiese volar.

Precisamente, el hallazgo de estos esqueletos es importante porque respalda la teoría de que las plumas primitivas pudieron servir como aislamiento en lugar de para volar.

A diferencia de su pariente, el Tiranosaurio Rex, que vivió en una época cálida, el Yutyrannus existió a mediados del Cretácico inferior, un período que se extiende desde hace 145 millones de años hasta hace 98 millones y en el que las temperaturas descendieron, por lo que el plumaje debió servir para protegerle del frío.

El descubrimiento "incrementa considerablemente el espectro de dinosaurios con plumaje de los que tenemos pruebas. Es posible que las plumas estuvieran mucho más extendidas de lo que los científicos hemos pensado hasta hace pocos años, al menos entre los dinosaurios carnívoros", añadió Xu.

Aunque el Yutyrannus comparte varias características con los tiranosaurios más recientes, conserva también rasgos de los más primitivos, como tres dedos en sus extremidades anteriores o la forma del cráneo.

Fuente: latercera.com

martes, 1 de noviembre de 2011

Grandes dinosaurios migraban cientos de kilómetros en busca de alimento


Científicos de la Universidad de Colorado encontraron que los saurópodos que vivían en Norteamérica a finales del periodo jurásico recorrían hasta 300 kilómetros cada año, siguiendo un recorrido cíclico.

Los dinosaurios saurópodos, los animales de mayor tamaño que han caminado sobre la Tierra, se desplazaban cada año cientos de kilómetros en busca de agua y alimentos, según un estudio publicado en la revista Nature.

Un equipo liderado por Henry Fricke, de la Universidad de Colorado (Estados Unidos), ha estudiado restos fósiles de dientes de dinosaurio para determinar que los saurópodos, que vivían en Norteamérica a finales del periodo jurásico, recorrían hasta 300 kilómetros cada año, siguiendo un recorrido cíclico.

Ese tipo de vertebrados, que podían alcanzar un tamaño de más de 35 metros de largo, requerían grandes cantidades de agua y alimentos, por lo que los científicos ya conjeturaban que debían trasladarse grandes distancias en busca de nutrientes, aunque no habían podido demostrarlo hasta ahora.

Los investigadores compararon los isótopos de oxígeno en los dientes de dinosaurio con aquellos hallados en muestras de tierra de hace millones de años y comprobaron cómo los saurópodos cambiaban de hábitat de manera estacional.

En las épocas de sequía, esos grandes animales herbívoros abandonaban las tierras bajas donde habitaban para desplazarse a terrenos más elevados donde el agua y los nutrientes eran más abundantes.

"Comprender el comportamiento de los organismos prehistóricos es muy difícil, pero la información geoquímica que se preserva en el registro fósil nos otorga esa oportunidad", comenta Fricke en el estudio.

La investigación se desarrolló a partir de restos de Camarasaurus, un género de dinosaurio saurópodo que vivió hace unos 150 millones de años en Norteamérica.

Fuente: EFE

miércoles, 24 de agosto de 2011

Hallan fósiles de las bacterias más primitivas de la Tierra


Las rocas australianas se han convertido en el lugar más idóneo del planeta para buscar indicios del origen de la vida en la Tierra. Ha sido en la formación Strelley Poll, al oeste del país, en Pilbara, donde un equipo de científicos, australianos en su mayoría, ha descubierto los fósiles microscópicos de unas bacterias que vivieron hace 3.400 millones de años y que aparecen asociados a diminutos cristales de pirita.

El hallazgo, publicado en la revista 'Nature Geoscience' podría confirmar lo que hace ya algunos años habían planteado otros investigadores y que ha sido muy discutido por algunos colegas, que apuntan que las estructuras descubiertas podrían tener su origen en procesos abióticos, es decir, al margen de organismos vivos.

Las bacterias, según el estudio, habrían necesitado sulfuro para sobrevivir en un entorno en el que aún no existía casi el oxígeno, muy pocos cientos de millones de años después del gran bombardeo de meteoritos que sufrió la Tierra, que carecía de la atmosfera que hoy conocemos, por lo que las temperaturas eran muy elevadas.

Los investigadores utilizaron sofisticadas técnicas para probar que las estructuras elípticas, esféricas y tubulares que habían identificado eran organizaciones de múltiples células que, al metabolizar el sulfuro, produjeron los cristales de pirita que han encontrado. "La supervivencia a base de sulfuro es una característica que ya se pensaba que existió en las primeras fases de la Tierra, en concreto en el momento de transición entre un mundo no biológico y otro que si lo es", ha declarado David Wacey, uno de los autores, al periódico 'Sidney Morning Herald', según informa Efe.

Estos microfósiles, según los autores, serían unos 200 millones de años más antiguos que los que se habían descrito con anterioridad en la misma zona, cuyo hallazgo se publicó hace unos años en 'Nature'. "Este trabajo confirma que hace 3.400 millones de años existían bacterias que vivían sin oxígeno", asegura también el profesor de la Universidad de Oxford Martin Brasier, otro de los firmantes del artículo.

Una de las pruebas que aportan para datar la antigüedad de los fósiles es que las rocas en las que se encuentran se formaron entre dos erupciones volcánicas entre unos pocos millones de años.

Jesús Martínez-Frías, investigador en el Centro de Astrobiología (CSIC-INTA), que visitó Pilbara hace unos años, reconoce que el trabajo es de gran interés "porque aporta nuevas evidencias isotópicas sobre la posible existencia de vida en épocas muy primigenias, con relaciones entre una morfología celular y probables productos de actividad biológica basados en el azufre".
Fósiles de las huellas de vida

No obstante, Martínez-Frías recuerda que las bacterias en sí no fosilizan, sino que lo que se encuentran son las huellas que dejaron y que en este caso no se trata de restos de actividad biológica. "La evidencia es indirecta principalmente a través de isótopos y no por la identificación de biomarcadores, que son compuestos orgánicos que proceden, inequívocamente, de la actividad metabólica de organismos; una relación isotópica no es "per se", un biomarcador, sino un geomarcador", explica el investigador.

De este modo, y aunque el hallazgo podría ser una nueva evidencia de que la vida surgió en la Tierra poco después de que su situación se estabilizara, el investigador del CAB cree que son necesarios más estudios de biogenicidad y para identificar unos criterios inequívocos que diferencias los marcadores que indican vida de los que son geológicos. "Estos criterios serán fundamentales para determinar el momento del origen de la vida en nuestro planeta y también para evitar confusiones cuando ésta se busque fuera de la Tierra", concluye.

Brasier, por su parte, recuerda que todavía en la actualidad estas bacterias que se alimentan de sulfuro son muy comunes y se encuentran en acequias, fuentes de aguas termales, respiraderos hidrotermales u otros lugares con poco oxígeno.

Fuente:elmundo.es

jueves, 31 de marzo de 2011

Un fósil chino adelanta el brote de la primera flor


Darwin aseveró que el origen y expansión de las angiospermas, las plantas que tienen flores y frutos, es un "misterio abominable" que no se resolvería con facilidad. Sin embargo, el hallazgo que publica hoy la revista Nature en su portada puede ayudar a esclarecer este arcano. Se trata de un fósil magníficamente conservado de una planta entera encontrada en el norte de China y que adelanta en algunos millones de años el nacimiento de las angiospermas.

Hasta ahora, las más antiguas evidencias de este tipo de plantas la aportaban fósiles de su polen, no del propio vegetal, de alrededor de 125 millones de años de antigüedad. Más o menos la misma edad que se le atribuye a este nuevo fósil, entre 122,6 y 125,8 millones de años. Al tratarse de un ejemplar muy evolucionado de angiosperma, el hallazgo de Leefructus obliga a dar un paso atrás en el tiempo para ubicar el nacimiento de estas plantas.
El tatarabuelo de la familia

"Con este hallazgo, han logrado ubicar al tatarabuelo en la foto de familia de estas plantas. Es importante, pero todavía queda mucho por hacer", afirma la paleobotánica del Museo de Ciencias Naturales Carmen Diéguez, que destaca como "enigmático" que hasta ahora no se hubieran encontrado evidencias fósiles de plantas y sólo de pólenes de esas épocas.

El interés en este grupo de plantas radica en que dominan la vegetación en la mayoría de los ecosistemas y suponen la base de la alimentación humana. Y el misterio de Darwin se refiere a un periodo por determinar en el que se desarrollaron de forma exponencial en su camino hasta alcanzar las 250.000 especies distintas con que cuentan ahora.

Fuente: publico.es

domingo, 12 de septiembre de 2010

El gran (y jorobado) dinosaurio español

Reconstrucción del dinosaurio carnívoro 'concavenator', cuyo esqueleto fósil se ha descubierto en Las Hoyas (Cuenca).- RAÚL MARTÍN

Un dinosaurio de un género y una especie completamente desconocidos hasta el momento siempre es un descubrimiento que causa sensación en la paleontología mundial. Ahora un ejemplar de buen tamaño, carnívoro y con una extraña joroba, ha sido descubierto en Cuenca, en el yacimiento de Las Hoyas. Vivió hace 125 millones de años y es el dinosaurio más completo que se ha encontrado en España, afirman los investigadores. Con sus seis metros de largo, el nuevo ejemplar conquense, un animal adulto, era cuatro veces mayor que los ágiles y temibles velocirráptores que salían en la película Parque Jurásico. Y este es mucho más antiguo.

El esqueleto fósil se presenta hoy en lugar destacado en la prestigiosa revista Nature con un artículo firmado por los tres científicos españoles que lo han encontrado y estudiado (Francisco Ortega, Fernando Escaso y José Luis Sanz).

El dinosaurio, carnívoro, ha sido bautizado científicamente Concavenator corcovatus y apodado Pepito pese a ser un animal adulto. El propio nombre oficial, que significa Cazador jorobado de Cuenca, aporta datos interesantes sobre el animal: "Era un depredador, que cazaría sin hacer ascos a la carroña que se encontrase, como los leones actuales", explica Sanz, especialista español en dinosaurios reconocido internacionalmente.

Francisco Escaso, Francisco Ortega y José Luis Sanz (de izquierda a derecha) estudian el fósil del concavenator Pepito.- UAM / UNEDRAÚL MARTÍN

En cuanto a lo de jorobado, es un rasgo peculiar y sorprendente del concavenator, porque no se conoce en ningún otro dinosaurio, aunque algunos de estos animales prehistóricos tenían una estructura dorsal que podría tener una función termorreguladora, como un radiador. En el caso de Pepito los científicos no saben para qué le servía la joroba.

Fósil del nuevo dinosaurio carnívoro 'Concavenator'- SANTIAGO TORRALBA

El nuevo dinosaurio español destaca no solo por su novedad, su tamaño y su excelente conservación, sino porque aporta información inesperada sobre la historia de este tipo de animales del Cretácico inferior. Pertenece a los carcadorontosaurios, una familia de dinosaurios que se consideraba hasta hace no mucho original del hemisferio Sur. El hallazgo de un ejemplar de esta familia en el Reino Unido hace unos años y, ahora, el muy completo fósil de Las Hoyas, ambos muy primitivos y en el hemisferio Norte, exige rectificar la idea que se tenía de su trayectoria evolutiva y geográfica.

Otra peculiaridad de este dinosaurio son unos bultos que se distinguen en el hueso del antebrazo, que son similares a los que sirven de punto de inserción de las plumas remeras en las aves actuales. Está claro que Pepito no volaba, pero "la presencia de los pequeños bultos en la ulna [equivalente al cúbito de los humanos] de concavenator indica que este dinosaurio conquense ya tenía estructuras en la piel que constituyen un estadio ancestral de las plumas de las aves", explican los científicos.

No hay que olvidar que, como han demostrado los fósiles hallados en Las Hoyas desde hace unos años -y, paralelamente, en yacimientos de China-, los dinosaurios no se extinguieron hace 65 millones de años (probablemente como consecuencia del impacto de un gran meteorito en la Tierra), sino que algunos de ellos, los voladores, lograron sobrevivir y acabaron siendo los pájaros actuales.

Pepito apareció hace ya varios años y supuso desde el primer momento una sorpresa para los paleontólogos, pero han tardado bastante tiempo en recuperar y conservar los huesos fósiles de las planchas de roca en que estaban incrustados. "Es un trabajo minucioso, con instrumentos como los de dentista, para ir retirando la roca sin llegar a tocar el fósil", explica Sanz.

De esta operación se han encargado sobre todo Ortega y Escaso (de la UNED), en el Museo de las Ciencias de Castilla-La Mancha, en Cuenca, donde ahora está el ejemplar. El esqueleto está aplastado y acostado hacia su lado izquierdo y la roca en que reposa estaba fragmentada en varias losas, por lo que su reconstrucción fue, lo primero, "como montar un rompecabezas en tres dimensiones", recuerda Sanz, catedrático de la Universidad Autónoma de Madrid. "Al principio pensamos que podría ser un reptil marino, un gran cocodrilo, o un dinosaurio", añade.

Los restos del concavenator destacan por su excelente estado de conservación, una característica que resulta singular en las condiciones del yacimiento de las Hoyas, poco favorables a la preservación de esqueletos grandes. Pepito, para suerte de los científicos, se ha conservado sin esos problemas y se aprecian en sus huesos detalles de las escamas de las patas y de la cola.

Fuente: elpais.com

jueves, 19 de agosto de 2010

Una esponja, el animal fósil más antiguo de la Tierra


Una esponja, que mide medio centímetro, se ha convertido en el fósil más antiguo de un organismo encontrado hasta ahora en la Tierra. Localizada en una roca en Australia, los científicos que la descubrieron, de la Universidad de Princeton, aseguran que esta criatura vivió en el océano hace 650 millones de años, al sur de este país.

Sería, según el artículo que publican en 'Nature Geoscience', la evidencia más antigua de un cuerpo fosilizado, 70 millones de años más viejo que los animales con concha que tenían el récord hasta ahora: un 'Namacalathus', que vivió hace unos 550 millones de años y fue descubierto en 2000 por John Grotzinger, del Instituto de Tecnología de Massachusetts; y la 'Cloudina', cuyo primer ejemplar se encontró en 1972 en Suráfrica.

Los investigadores, el profesor Adán Maloof y su alumna Catherine Rose, encontraron el fósil cuando investigaban la Edad de Hielo de hace 635 millones de años. Su hallazgo supone que la vida animal existió antes, y probablemente sobrevivió, a la glaciación llamada 'Tierra Bola de Nieve', una sucesión de diez millones de años en los que el planeta vivió la etapa glaciar más larga e intensa de su Historia.

"Estábamos acostumbrados a encontrar rocas con las virutas encajadas en el fango y al principio pensamos que era otra más", afirma Maloof. "Pero había formas muy repetidas por todas las partes y el segundo año vimos que era algún tipo de organismo. Nadie contaba con que encontráramos animales previos a la edad de hielo, dado que es raro que se desarrollaran dos veces, la cuestión es que algún pariente suyo sobrevivió a la glaciación", apunta el científico.

Algunos expertos ya han declarado su sorpresa: "Han encontrado que los animales pudieron haber aparecido en la Tierra 90 millones de años antes de lo que se creía", afirma H. Richard, director de la Fundación Nacional de Ciencia que ha financiado la investigación.

No fue fácil analizar los fósiles, que no podían ser sacados de la roca con técnicas convencionales, ni ser explorados con técnicas de exploración radiológica, dado que las radiografías sólo distinguen entre materiales con diversas densidades. En este caso, los fósiles muy antiguos se convierten en calcita, el mismo material que la roca matriz en la que estaban encajados.

Maloof, Rose y sus colaboradores tuvieron que diseñar un nuevo sistema digital para crear, en el lugar, modelos digitales tridimensionales de dos de los fósiles. Como parte del proceso, los miembros de equipo fueron raspando unos 50 micrones de la muestra (la mitad del ancho de un pelo humano) y fotografiando la superficie pulida. En total, sacaron unas 500 'rebanadas' de la roca que, con el programa adecuado, permitieron tener una imagen de la criatura.

Cuando comenzaron la reconstrucción digital, la forma de algunas de las rebanadas hizo pensar que eran de un 'Namacalathus', previamente descubierto, pero el modelo reveló que había unos extraños canales internos que no tiene el 'Namacalathus'.

Tras analizar varias alternativas, decidieron que a lo que más se asemejaban los organismos era a las esponjas, que extraen el alimento cuando el agua atraviesa su cuerpo acanalado. Previamente, las esponjas más antiguas conocidas eran de hace 520 millones de años, en el Cámbrico.

Ahora, todo parece indicar que su origen fue muy anterior, tal como señalaban los estudios del material genético, que permiten saber cuánto tiempo tardó una especie en desarrollarse. Estos 'relojes moleculares' ya indicaban que las esponjas eran anteriores al Cámbrico.

Fuente: elmundo.es / Imagen: thepakorro.blogspot.com

jueves, 5 de agosto de 2010

Hallan restos dentarios de Pakasuchus kapilimai


CRETÁCICO. En aquella época el Pakasuchus kapilimai convivió con grandes saurópodos, terópodos, tortugas gigantes, peces y otras muchas especies (Foto: Especial Nature )

Científicos de la Universidad de Ohio encontraron restos de un cocodrilo, que vivió hace 100 millones, más parecido a un gato que a sus parientes actuales.

Los dientes del espécimen no eran tan afilados como los de los que viven en nuestros días que sirven para desgarrar a la presa, sino que tenían diferentes especializaciones.

Los investigadores utilizaron tomografía en microcomputadora para visualizar en tres dimensiones el cráneo y la mandíbula del animal y verificar con el movimiento de sus dientes cómo procesaban lo que comían y así supieron su dieta más similar a la de un mamífero.

El hallazgo de gran parte del esqueleto de un reptil que vivió hace 100 millones de años en el valle del Rift, que abarca territorio de Etiopía hasta Tanzania, demuestra que la familia de los cocodrilos abarcaba un nicho ecológico más amplio de lo que se creía.

El espécimen nombrado Pakasuchus kapilimai era un animal pequeño, sin armadura, de cola pesada, cadera ágil, sus dientes cónicos y afilados revelan que comía insectos y pequeños animales, aseguraron los investigadores en un artículo publicado en la revista Nature.

Patrick OConnor, el investigador de la Universidad de Ohio que dirigió la investigación, reconoció su sorpresa al descubrir que si sólo se vieran los dientes del fósil nunca se pensaría que era un cocodrilo, sino un mamífero o algo intermedio entre ambas familias, publicó el diario español El Mundo.

Ahora se sabe que los Pakasuchus kapilimiai no fueron parientes de los actuales cocodrilos, sino de una rama lateral.

Los investigadores apuntan que en el Cretácico medio hubo una gran diversidad de criaturas. En aquella época el Pakasuchus kapilimai convivió con grandes saurópodos, terópodos, tortugas gigantes, peces y otras muchas especies.

"Sospechamos que este tipo de animales fueron muy exitosos en el hemisferio sur, en lo que era Gondwana, porque explotaban un nicho ecológico en el podían competir con otros animales terrestres", afirmó O'Connor.

Los primeros restos de un esqueleto casi completo del Pakasuchus (Paka en swahili significa 'gato', en referencia a su dentadura), se encontraron en 2008, dentro de un proyecto financiado por la National Geographic Society y desde entonces han localizado partes de otros siete individuos.

Los investigadores tardaron dos años en desentrañar el misterio de esos dientes de bordes afilados para masticar comida porque las mandíbulas gigantescas de los cocodrilos actuales y de otros ancestros prehistóricos tienen sus dientes cónicos y son únicamente para rasgar las presas y morderlas; siempre se tragan grandes trozos de carne sin masticar.

"Cuando seamos capaces de estudiar los dientes con detenimiento, seguramente nos daremos cuenta de que tenemos algo nuevo y muy excitante", afirma O'Connor.

Fuentes: eluniversal

viernes, 2 de julio de 2010

Hallan raras formas de vida compleja de hace más de 2.000 millones de años


La vida compleja pudo haber empezado en la Tierra mucho antes de lo que se creía. El descubrimiento en Gabón de más de 250 fósiles en excelente estado de conservación ha aportado la prueba, por primera vez, de la existencia de unos organismos multicelulares de 2.100 años de antigüedad. Nunca antes se había visto una forma de vida tan desarrollada perteneciente a una época tan temprana. Hasta ahora, las primeras formas complejas, aquellas compuestas por varias células, conocidas tenían alrededor de 600 millones de años. El hallazgo aparece publicado de forma destacada en la revista Nature. La publicación incluso le ha dedicado su portada

Los primeros rastros de vida sobre nuestro planeta aparecieron en forma de organismos procariotas (con una célula sin núcleo diferenciado) hace alrededor de 3.500 millones de años. Después, durante la llamada «explosión del Cámbrico», ocurrida hace 600 millones de años, se originó un importante aumento en el número de especies vivas, al tiempo que se produjo una brusca subida de la concentración de oxígeno en la atmósfera. Los científicos tienen muy poca información acerca de lo que ocurrió durante ese período de tiempo, pero fue entonces cuando se diversificó la vida.

Estos nuevos fósiles, de varias formas y tamaños, desafían los conocimientos actuales sobre el origen de la vida. Los especímenes fueron descubiertos por un equipo internacional de científicos dirigido por Abderrazak El Albani, de la Universidad de Poitiers en Francia. Hace dos años, el equipo estudiaba un yacimiento situado cerca de Franceville, en Gabón, cuando los técnicos descubrieron inesperadamente restos fósiles muy bien conservados en sedimentos de hace 2.000 millones de años. Recogieron 250 fósiles, de los que un centenar han sido estudiados al detalle. Estas criaturas primitivas, que pueden alcanzar los diez o doce centímetros, son demasiado grandes y complejas para ser unicelulares. Esto significa que diferentes formas de vida coexistían en el Proterozoico.

En colonias marinas

Los científicos fueron capaces de reconstruir las muestras en tres dimensiones. Estos organismos suponen el ejemplo de eucariotas multicelulares más antiguos descritos hasta la fecha. Vivían en colonias (se recogieran más de 40 ejemplares por cada medio metro cuadrado), en ambientes marinos poco profundos, de 20 a 30 metros, sometidos a veces a la influencia de las mareas, las olas y las tormentas. Los investigadores creen que su aparición pudo estar influida por algún aumento significativo, aunque temporal, en la concentración de oxígeno en la atmósfera hace unos 2.000 millones de años. Luego, el nivel de oxígeno descendió hasta el Cámbrico.

Los científicos continuarán con su investigación para conocer qué permitió la aparición tan temprana de esta vida compleja.
Fuente: abc.es

Científicos hallan fósiles del mayor depredador marino en la historia


Investigadores descubrieron fragmentos fósiles de la mandíbula de un cachalote gigantesco que vivió hace unos 12 o 13 millones de años y devoró a otros cetáceos, revelan los autores del hallazgo en un informe publicado en la revista Nature.

Olivier Lambert, del Real Instituto Belga de Ciencias Naturales, y Giovanni Bianucci, de la Universidad de Pisa, en Italia, hicieron el descubrimiento en el desierto de Ica, en Perú, escenario de otros muchos hallazgos paleontológicos. Los científicos bautizaron la especie descubierta como Leviathan melvillei, en homenaje a Herman Melville, autor de la novela "Moby Dick".

Según reveló la reconstrucción, L. Melvillei tenía una mandíbula de 3 metros de largo, y medía entre 16 y 18 metros desde el hocico hasta el extremo de la cola. Pero su rasgo más impresionante son unos enormes dientes de hasta 30 centímetros de largo y 12 centímetros de ancho, por lo que se trata de la especie con los dientes más grandes entre todos los depredadores que han existido jamás en la Tierra.

Los descubridores afirman que el monstruo usaba su poderosa dentadura para cazar a otros cetáceos que medían unos 10 metros al igual que las ballenas actuales.

El cachalote prehistórico resultó incluso más grande que el megalodón, famoso tiburón gigante extinto hace "tan sólo" 1,5 millones de años y que sembraba el terror entre los habitantes de los mares.

De los depredadores contemporáneos, los únicos que se asemejan al L. Melvillei por su tamaño son los cachalotes, de hasta 20 metros de largo, los cuales, no obstante, poseen unos dientes relativamente pequeños que además tienen sólo en la mandíbula inferior y aprovechan para cazar moluscos y peces.

Además de describir la nueva especie hallada, Lambert y Bianucci también intentaron ofrecer una nueva explicación para la función del misterioso órgano del espermaceti presente en la cabeza de los cachalotes. Durante mucho tiempo, el espermaceti, un aceite blanquecino, fue el principal objetivo de los cazadores de ballenas.

Se consideraba hasta ahora que este órgano permite a los cachalotes sumergirse a grandes profundidades. Pero L. Melvillei no tenía que hacerlo, ya que sus presas habituales vivían cerca de la superficie, por lo que los investigadores dedujeron que el monstruo pudo haberlo usado como un arma para aturdir a las presas o pelear con otros machos de su misma especie.

Fuente: sp.rian.ru

sábado, 29 de mayo de 2010

Descubren el primer dinosaurio cornudo procedente de Europa

Un equipo internacional de investigadores ha descubierto una nueva especie de 'ceratopsiano', un grupo de dinosaurios herbívoros con cuernos que vivió hace entre 65 y 96 millones de años al este de Asia y al oeste de Norteamérica. A pesar de considerarse geográficamente limitados a esta área, los nuevos fósiles craneales se han hallado en lo que es en la actualidad Hungría.

Este estudio, publicado en Nature y recogido por SINC, señala que durante el Cretácico superior, hace entre 65 y 96 millones de años, la mayor parte del continente europeo era una compleja serie de islas entre las masas de tierra de África y Eurasia. Así, el hallazgo de estas especies que habitaban en la zona indica que el intercambio de animales entre Asia y Europa en ese periodo pudo ser posible a través de viajes de isla en isla.

"Este dinosaurio húngaro representa el primer acontecimiento de dinosaurios cornudos en Europa. Los restos revelan claramente que los ceratopsianos originarios de Asia colonizaron el archipiélago occidental de Tethyan (que en la actualidad es la región mediterránea) y por lo tanto Europa", ha señalado el autor principal del estudio e investigador en el Museo Húngaro de Historia Natural, Attila Osi.

Además, una de las hipótesis es que la nueva especie de 'ceratopsiano', la 'Ajkaceratops kozmai', fue capaz de nadar, como otros dinosaurios tipo 'hadrosaurios', en distancias cortas entre islas. "Por lo que pudo alcanzar zonas nuevas hacia el oeste", ha declarado el experto.

CAMBIOS EN EL NIVEL DEL MAR

En opinión de los expertos, los cambios periódicos en el nivel del mar pudieron ser otro factor importante para conectar a las islas de forma temporal. "Esto pudo proporcionar una oportunidad a estos animales para alcanzar otras áreas de la costa norte del océano Tethys", ha afirmado el investigador.

Sin embargo, el problema que surge con esta segunda hipótesis es que los científicos no conocen la extensión exacta de las islas, así como el momento preciso en el que pudieron estar conectadas. "El área húngara donde hemos descubierto los fósiles estaban muy probablemente sobre una isla, pero ahora esta área está rodeada por placas tectónicas, así que no sabemos cuál fue el margen original de esta tierra", ha comentado el paleontólogo.

El nuevo 'ceratopsiano' era un animal pequeño de entre uno y un metro y medio de longitud, y herbívoro. "Desempeñó muy probablemente un papel importante en el ecosistema como pasó con otros dinosaurios", ha detallado Osi. Sin embargo, los científicos explican que, debido a la naturaleza fragmentada de los fósiles hallados, "no se puede decir mucho acerca de la anatomía completa de estos animales".

Fuente: europapress.es

jueves, 27 de mayo de 2010

Hallan en Hungría fósiles de un tipo de dinosaurio herbívoro


Los fósiles de una especie de ceratopsianos, un tipo de dinosaurio herbívoro con cuernos que vivió a finales del periodo cretáceo, se han descubierto en Hungría, según un estudio publicado esta semana en la revista «Nature».


Hasta ahora se sabía que los ceratopsianos vivieron en el este de Asia y oeste de Norteamérica y se pensaba que geográficamente habían estado limitados a esas áreas.

Sin embargo, un estudio del Museo de Historia Natural de Budapest ha encontrado fósiles de esa especie de ceratopsianos que, al parecer, vivieron en la zona que ocupa actualmente Hungría.

Durante la última etapa del periodo cretáceo, gran parte de Europa consistía en una cadena de islas situadas entre las grandes masas continentales de África y Eurasia.

El descubrimiento de los fósiles de estos dinosaurios en Europa indica que el intercambio de animales entre Asia y Europa pudo deberse al salto de esos animales de una isla a otra.


Fuente: larazon.es

jueves, 4 de marzo de 2010

El pariente más antiguo de los dinosaurios

Un hueso de la pata del dinosaurio / R. Smith

Un grupo de paleontólogos ha encontrado una criatura, mitad dinosaurio mitad animal, que ha resultado ser el pariente más lejano de los terribles seres jurásicos. Este especimen, al que han denominado Asilisaurus kongwe, vivió hace 243 millones de años, 10 millones de años antes de que lo hiciera el primero de los dinosaurios conocidos y, aunque comparte con ellos muchas de sus características, los científicos lo sitúan justo en el exterior de su árbol geneaológico. Es decir, que no acaba de entrar en la foto familiar, como los chimpancés tampoco aparecen en la nuestra. El descubrimiento sugiere que los dinosaurios y los reptiles voladores pudieron haber pisado la Tierra mucho antes de lo que se creía.



Reconstrucción del nuevo dinosaurio con una silueta humana a escala / Sterling Nesbit


Los restos del Asilisaurus kongwe (el nombre significa, más o menos, anciano antepasado del lagarto en Swahili), descritos en la revista Nature por Sterling Nesbitt, investigador de la Universidad de Texas, fueron descubiertos al sur de Tanzania. En el yacimiento aparecieron huesos fósiles de 14 individuos, lo que hizo posible la reconstrucción de un esqueleto casi entero, con la excepción de porciones de la calavera y la mano. Los ejemplares medían entre medio metro y un metro de alto y de uno a tres de largo. Pesaban de diez a treinta kilos. Caminaban sobre cuatro patas y lo más probable es que comieran plantas o una combinación de plantas y carne.

Ancestros comunes

El Asilisaurus es parte de un grupo de hermanos de los dinosaurios conocidos como Silesaurus, que comparten muchas de las características de los dinosaurios pero que todavía carecen de un gran número de sus rasgos clave. La relación entre los Silesaurus y los dinosaurios es análoga al estrecho parentesco entre los seres humanos y los chimpancés. A pesar de que los dinosaurios más antiguos descubiertos hasta ahora tienen sólo 230 millones de años, la presencia de sus parientes más cercanos 10 millones de años antes implica que los Silesauros y el linaje de los dinosaurios ya se había separado de ancestros comunes hace 240 millones de años. Los Silesaurus continuaron viviendo junto a los primeros dinosaurios durante gran parte del Período Triásico.

En sendos casos, las ramas evolucionaron de animales que eran originariamente carnívoros y que después optaron por una dieta más saludable. Aunque es difícil de demostrar, los científicos creen que este cambio pudo haberles aportado una ventaja evolutiva, ya que un ecosistema sustenta con más facilidad a los comedores de plantas que a aquellos que se alimentan de carne.
En el yacimiento de Tanzania fueron descubiertos junto al Asilisaurus kongwe una serie de primitivos parientes de los cocodrilos. La presencia de estos animales juntos en el mismo momento y lugar sugiere que la diversificación de los familiares de los cocodrilos y las aves fue rápida y ocurrió antes de lo que se creía. «Todo el mundo ama a los dinosaurios- dice Nesbitt-, pero esta nueva evidencia sugiere que en realidad eran sólo uno de los grandes grupos de animales del Triásico». A juicio del experto, «esto demuestra que hay grupos enteros de animales por ahí de los que aún no hemos encontrado ni siquiera indicios. Es emocionante saber que todavía hay oportunidades de nuevos descubrimientos»

Fuente: abc.es