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miércoles, 26 de mayo de 2010

El calamar carnívoro: un misterio de 500 millones de años

Reconstrucción del Nectocaris pteryx / Marianne Collins

Un calamar carnívoro de 500 millones de años conocido como Nectocaris pteryx, un especimen previamente inclasificable, ha desvelado algunos de sus misterios gracias al trabajo de paleontólogos de la Universidad de Toronto y del Museo Real de Ontario.

La criatura, que los investigadores consideran «extremadamente rara», ha resultado ser un antepasado de los calamares y los pulpos modernos, lo que significa que los cefalópodos se originaron 30 millones de años antes de lo que se creía, mucho más cerca de la aparición de los animales más complejos durante la explosión cámbrica.

Durante ese período aparecieron por primera vez en el registro fósil organismos pluricelulares más complejos que las esponjas o las medusas. El hallazgo, que se publica esta semana en la revista Nature, también ofrece una nueva interpretación de los orígenes de este grupo de animales marinos.

La investigación ha sido posible gracias al descubrimiento de 91 nuevos fósiles que fueron recogidos en el famoso yacimiento de Burgess Shale, en el parque nacional Yoho (parte de las Montañas Rocosas Canadienses que la Unesco considera patrimonio mundial).

«Anteriormente, todo el conocimiento que teníamos del Nectocaris vino de un ejemplar solitario descrito en 1976», explica Martin Smith, investigador del departamento de Ecología y Biología Evolutiva de la Universidad de Toronto.

Como sus características eran tan ambiguas, se mantuvo sin clasificar. Sin embargo, los nuevos análisis revelan que el especimen es similar a los miembros conocidos del grupo de los cefalópodos modernos, que incluye a los calamares, pulpos, sepias y nautilus, así como a fósiles comunes como ammonites y belemnites que ya se han extinguido.


Fósil del Nectocaris descubierto en el yacimiento de Burgess Shale / Jean-Bernard Caron

Propulsión a chorro

Los nuevos especímenes, de entre dos y cinco centímetros de largo, muestran que los nectocaris tienen forma de cometa aplanada, los ojos grandes y un par de largos tentáculos que los científicos creen que utilizaban para buscar a sus presas y consumirlas.

Además, la criatura nadaba con la ayuda de grandes aletas laterales y, como los cefalópodos modernos, probablemente se movía con propulsión a chorro. «Algunas de las branquias de los especímenes grandes estaban llenas de barro, lo que sugiere que los animales quedaron fosilizados después de ser atrapados en un flujo de lodo bajo el agua», apunta Smith.

Como explica el paleontólogo, «sabemos muy poco acerca de las relaciones entre los principales grupos de moluscos. Los fósiles como Nectocaris nos ayudarán a conocer cómo están relacionados los grupos vivos actuales y su evolución, y cómo se originó la diversidad biológica en el pasado. Nos ayudará a comprender el rico tapiz de la vida actual».

Los cefalópodos modernos, como los pulpos, son muy complejos y demuestran una inteligencia intrincada y sorprendente. «Pasamos de una forma de vida muy simple en el pre-Cámbrico a algo tan complejo como los cefalópodos en un abrir y cerrar de ojos geológicos, lo que ilustra lo rápida que puede ser la evolución».


Fuente: abc.es

Los primeros animales de la Tierra no se extinguieron

Uno de los agujeros más profundos en el complejo puzle de la evolución es el que sigue a la explosión del Cámbrico, hace unos 550 millones de años, cuando se desarrollan los primeros animales después de miles de millones de años de vida unicelular. Sin embargo, después de ese florecimiento que dio lugar a una gran diversidad de formas anatómicas nuevas, estos animales desaparecen del registro fósil.



La Tierra en el período Cámbrico, hace unos 500 millones de años. Aparecen en los mares los primeros animales grandes (la "explosión cámbrica"). Las tierras emergidas se sitúan casi todas en el hemisferio sur. Un continente domina en extensión a todos los demás: Gondwana, que reúne tierras de Sudamérica, Africa, Arabia, India, Antártida y Australia.


Los paleontólogos han debatido durante décadas si esa ausencia de fósiles se debe simplemente a una mala preservación, o si es que aquella primera fauna de la Tierra fue diezmada durante un gran episodio de extinción en masa.

En los últimos años, nuevos descubrimientos de fauna post-cámbrica están inclinando la balanza hacia la primera teoría: si no quedan fósiles cámbricos en los periodos siguientes es sencillamente porque se conservan muy pocos. Así lo constata el último hallazgo de fósiles de tejido blando excepcionalmente preservados que ha tenido lugar en Marruecos.

Los animales encontrados (unos 1.500 especímenes) cerca de la localidad de Zagora, datados en unos 480 millones de años -en el periodo Ordovícico-, son formas primitivas de esponjas, gusanos, trilobites y moluscos, muy similares en su forma a aquéllos extraídos del yacimiento cámbrico más conocido, el de Burgess Shale, en las Montañas Rocosas canadienses.

Esto implica que la fauna del Cámbrico posiblemente no se extinguió, sino que continuó evolucionando y, de hecho, creen los autores del descubrimiento, pudo desempeñar un papel importante en la posterior diversificación de formas de vida, conocida como el Gran Evento de Biodiversificación del Ordovícico.

El hallazgo aparece descrito con minuciosidad en el 'Nature' de esta semana y tiene la participación, cómo no, de Derek Briggs, el mayor experto, o al menos el más célebre, en la fauna del Cámbrico desde que describió en los años 70 muchos de los especímenes encontrados hace un siglo en la cantera de Burgess Shale.

Un todavía joven Briggs hizo una aparición estelar en el libro 'La vida maravillosa' del difunto paleontólogo Stephen Jay Gould, pese a lo cual mantuvo posteriormente una amarga disputa con este último.

Autor: Tana Oshima

Fuente: madrimasd.org / imagen: homepage.mac.com