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miércoles, 14 de mayo de 2014
"Pinocho rex", un nuevo tiranosaurio de nariz alargada descubierto en China
"Pinocho rex", un nuevo tiranosaurio de nariz alargada descubierto en China
"Pinocho rex", un nuevo tipo de tiranosaurio de 66 millones de años y nariz alargada, ha sido descubierto en una excavación en el sur de China por científicos de la Universidad escocesa de Edimburgo, informó hoy esa institución.
Se trata de un feroz carnívoro de nueve metros y una tonelada de peso, primo del temible "tiranosaurio rex", cuyo hocico era un 35 por ciento más alargado que otros dinosaurios de su tamaño y que vivió en Asia durante el periodo cretácico (desde hace 144 millones de años hasta hace 65 millones de años).
Su esqueleto fue encontrado intacto y muy bien conservado por un grupo de obreros en una calle en construcción cerca de la ciudad de Ganzhou, al sur de China.ç
"Tenía la sonrisa con dientes del 'tiranosaurio rex', pero su hocico era largo y delgado, con una hilera de cuernos en la parte superior", explicó Steve Brusatte, de la Universidad de Edimburgo.
"Podría haber parecido un poco cómico, pero hubiera sido tan mortal como cualquier otro tiranosaurio y tal vez incluso un poco más rápido y sigiloso", añadió el investigador, quien decidió apodarlo "pinocho" por su nariz aunque su nombre oficial es "Qianzhousaurus sinensis".
Sus dientes más delgados y el esqueleto más ligero ha llevado a los científicos a deducir que "pinocho rex" cazaba criaturas más pequeñas, como lagartos y dinosaurios con plumas.
Sin embargo, los investigadores no saben todavía por qué tenía la nariz tan alargada, aunque intuyen que debía tener una forma distinta de cazar.
"La imagen icónica de los tiranosaurios es el 'tiranosaurio rex', el más grande, el más sanguinario de todos. Pero esta nueva especie era más ligera, menos musculosa. Rompe los moldes. Quizá tenía una mordedura más rápida y cazaba de otra manera", afirmó Brusatte.
Los científicos de la Universidad de Edimburgo sostienen que varios tipos de tiranosaurios vivieron en Asia durante el periodo cretácico, como el "tarbosaurus", un carnívoro de trece metros que tenía una mandíbula tan fuerte que era capaz de machacar los huesos de grandes herbívoros.
Fuente: EFE
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viernes, 6 de diciembre de 2013
Algunos dinosaurios desarrollaron picos como los de las aves modernas
Los picos son una característica típica de las aves modernas y se pueden ser de una gran variedad de formas, pero se conoce menos que los picos cubiertos de queratina ya habían evolucionado en diferentes grupos de dinosaurios durante el periodo Cretácico. Una nueva investigación explica que estos picos queratínicos sirvieron para estabilizar la estructura del esqueleto durante la alimentación. Descubren un dinosaurio con un sistema respiratorio similar al de las aves actuales.
Mediante el empleo de la tomografía de rayos X computarizada (TC) y simulaciones por ordenador de alta resolución, el doctor Stephan Lautenschlager y la doctora Emily Rayfield, de la Universidad de Bristol, en Reino Unido, junto al doctor Perle Altangerel, de la Universidad Nacional de Mongolia, y el profesor Lawrence Witmer, de la Universidad de Ohio, en Estados Unidos, utilizaron modelos digitales para investigar más a fondo estos picos de dinosaurios.
El estudio se centró en el cráneo del género 'Erlikosaurus andrewsi', un gran dinosaurio herbívoro de entre tres y cuatro metros de la especie 'Therizinosaurus', que vivió hace más de 90 millones de años durante el periodo Cretácico en lo que hoy es Mongolia y cuyo hocico estaba cubierto por un pico de queratina. Este nuevo estudio revela que los picos queratínicos jugaron un papel importante en la estabilización de la estructura del esqueleto durante la alimentación, haciendo del cráneo menos susceptible a la flexión y la deformación.
El autor principal, el doctor Stephan Lautenschlager, de la Facultad de Ciencias de la Tierra de Bristol, en Reino Unido, explicó: "Clásicamente, se ha asumido que los picos evolucionaron para reemplazar los dientes y, por lo tanto, ahorrar peso, como requisito para la evolución al vuelo. Sin embargo, nuestros resultados inidican que el pico de queratina era, de hecho, beneficioso para mejorar la estabilidad del cráneo durante la mordedura y la alimentación".
Según la coautora Emily Rayfield, profesora de Paleobiología en Bristol, gracias al uso de 'Finite Element Analysis', una técnica de modelado informático utilizada habitualmente en ingeniería, el equipo pudo deducir con mucha precisión cómo la mordedura y la fuerza muscular afectaban al cráneo del 'Erlikosaurus' durante la alimentación. "Esto nos permitió identificar la importancia de las estructuras de los tejidos blandos, como el pico de queratina, que normalmente no se conserva en los fósiles", dijo.
El profesor de Paleontología del Colegio de Medicina Osteopática de la Universidad de Ohio, en Estados Unidos, Lawrence Witmer, resume: "Los picos se desarrollaron en varias ocasiones durante la transición de los dinosaurios a las aves modernas, por lo general, acompañados por la pérdida parcial o completa de los dientes y nuestro estudio muestra ahora que los picos cubiertos de queratina representan una innovación funcional durante la evolución de los dinosaurios".
fuente: http://ecodiario.eleconomista.es
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miércoles, 30 de octubre de 2013
Las abejas se extinguen casi al mismo tiempo que los dinosaurios
Hace 65 millones millones de años, justo al mismo tiempo que los dinosaurios y la mayor parte de las plantas con flores desaparecían bruscamente de la faz de la Tierra, se produjo también una extinción mucho menos visible, la de las abejas. Ahora, y por primera vez, un grupo de científicos de la Universidad de New Hampshire ha conseguido documentar este fenómeno, que puede ayudar a explicar, y quizá a poner remedio, a la actual disminución de especies de abejas en todo el mundo.
Los investigadores se centraron en la extinción masiva del grupo de abejas Xylocopinae, o abejas carpinteras, que se produjo justo entre los periodos Cretácico y Terciario, período que se conoce como el límite KT.
Estudios anteriores habían sugerido una extinción generalizada de las plantas con flores precisamente en el límite KT, y durante mucho tiempo se había asumido que las abejas que dependían de esas plantas habrían corrido la misma suerte. Sin embargo, a diferencia de los dinosaurios, "el registro fósil de las abejas es relativamente pobre, lo que dificulta la confirmación de dicha extinción", comenta Sandra Rehan, profesora de ciencias biológicas en la Universidad de New Hampshire, autora principal del trabajo que se publica esta semana en la revista PLOS ONE.
Rehan y sus colegas superaron la falta de evidencias fósiles de abejas con una técnica llamada filogenética molecular. Así, después de analizar las secuencias de ADN de cuatro "tribus" de 230 especies de abejas carpinteras de todos los continentes, excepto de la Antártida, para conocer a fondo sus relaciones evolutivas, los investigadores comenzaron a descubrir patrones consistentes con una extinción masiva.
Después, combinando los registros fósiles con el análisis de ADN, pudieron introducir el factor tiempo en la ecuación, aprendiendo no sólo las relaciones genéticas de estas abejas, sino también cuánto tiempo hace de episodio que se pretende estudiar. "Los datos nos dijeron que algo importante estaba pasando en cuatro grupos diferentes de abejas al mismo tiempo", afirma Rehan, "y eso sucedía en el mismo momento en el que los dinosaurios se extinguieron".
Crisis mundial de abejas
Si bien gran parte de la obra anterior de Rehan se ha basado en la observación directa del comportamiento de las abejas nativas del noreste de América del Norte, esta investigación ha necesitado de la vertiente informática, pues ha sido preciso volcar y comparar en el ordenador los datos genómicos para aclarar las similitudes y diferencias entre las distintas especies de abejas según su evolución temporal.
Al casar las observaciones de campo con los datos genómicos, comenta Rehan, se obtiene un panorama más completo de las conductas de estas abejas a través del tiempo. "Si se pudiera contar toda su historia, tal vez la gente se preocuparía más por la protección de las abejas". En efecto, los resultados de este estudio tienen importantes implicaciones que pueden arrojar luz ante la preocupación actual por la pérdida en la diversidad de las abejas, una criatura fundamental para la agricultura y la biodiversidad. "La descripción de su extinción y los efectos de la disminución de abejas en el pasado puede ayudarnos a entender el declive de estas polinizadoras hoy en día, y la crisis mundial de las abejas en estos momentos", explica Rehan.
Fuente: abc.com
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domingo, 19 de mayo de 2013
Una nueva especie de ictiosaurio contradice teorías anteriores de la extinción de estos reptiles marinos.
Un equipo internacional de científicos ha analizado fósiles de una nueva especie de ictiosaurio, un reptil marino similar a los delfines de la era de los dinosaurios, que han revolucionado la comprensión de la evolución y la extinción de estos antiguos reptiles marinos. Los resultados contradicen las teorías anteriores de que los ictiosaurios del Cretácito (hace entre 145 y 66 millones de años) fueron los últimos supervivientes de un grupo en declive.
Hasta hace poco, se pensaba que los ictiosaurios se redujeron gradualmente en la diversidad a través de múltiples eventos de extinción durante el período Jurásico y se cree que estos eventos sucesivos han matado a todos los ictiosaurios, excepto los muy adecuados para la vida que son capaces de nadar rápidamente en mar abierto.
Debido a este patrón, se ha asumido que los ictiosaurios estaban en constante y rápida evolución para ser cada vez más rápidos nadadores en aguas abiertas, al parecer, sin "estancamiento" en su larga historia evolutiva, pero los fósiles del ictiosaurio localizado en 1950 en la región iraquí del Kurdistán alteran sustancialmente este punto de vista.
El estudio del esqueleto parcial muy bien conservado se inició durante la década de 1970 con el experto en ictiosaurios Robert Appleby que reconoció que el espécimen era significativo, pero que murió antes de resolver la edad exacta de los fósiles. Así que la continuación del estudio se realizó por una nueva generación de investigadores.
En el nuevo análisis, realizado por investigadores de universidades y museos de Bélgica y Reino Unido, publicado este miércoles en 'Biology Letters', los científicos lo bautizan como Malawania anachronus ("nadador a tiempo"). A pesar de ser del Cretácico, Malawania representa el último miembro conocido de un tipo de ictiosaurio que se creyó durante mucho tiempo que se había extinguido durante el Jurásico temprano, más de 66 millones de años antes.
Cabe destacar que este tipo de ictiosaurio arcaico se caracteriza por un estancamiento evolutivo: no parece haber cambiado mucho entre el Jurásico y el Cretácico, algo muy raro en la evolución de los reptiles marinos.
Gracias a su estudio de las esporas microscópicas y polen conservado en la misma losa de Malawania y a los diversos análisis del árbol genealógico del ictiosaurio, los paleontólogos volvieron sobre la historia evolutiva de los ictiosaurios del Cretácico. De hecho, el equipo fue capaz de demostrar que los numerosos grupos de ictiosaurios que aparecieron durante el Triásico y Jurásico sobrevivieron hasta el Cretácico, lo que significa que la supuesta extinción del Jurásico no se produjo con los ictiosaurios, un hecho que hace que su registro fósil sea muy diferente al de otros grupos de reptiles marinos.
Cuando se ve junto con el descubrimiento de otro ictiosaurio por el mismo equipo en 2012 y nombrado Acamptonectes densus, el descubrimiento de Malawania constituye una "revolución" en la forma en que se había imaginado la evolución del ictiosaurio y su extinción. Ahora parece que los ictiosaurios eran todavía importantes y diversos durante la primera parte del Cretácico y que la extinción definitiva de los ictiosaurios, un evento que ocurrió hace unos 95 millones de años (mucho antes del gran evento de extinción meteorito orientado que terminó el Cretácico), es ahora más confusa que lo previsto anteriormente.
Fuente: colectivosalas.blogspot.com
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Encuentran en Canadá fósiles de una nueva especie de dinosaurios
Los paleontólogos descubrieron en Canadá fósiles de dinosaurio con cráneo grueso que habitaba hace 85 millones de años. Se trata de una nueva especie de dinosaurios herbívoros de la familia de los Pachycephalosauria, aseguran los científicos.
David Evans, del Museo Real Ontario, en Toronto (Canadá), y sus colegas lo descubrieron tras realizar excavaciones en la provincia canadiense de Alberta, en un terreno propiedad del granjero Roy Audet. Precisamente en ese lugar se depositaron las rocas que se formaron en el segundo tercio del período Cretácico, hace 85-83 millones de años, durante la denominada Etapa Santoniano, aseguran los científicos.
Los paleontólogos encontraron en este terreno algunos fragmentos de hueso, incluyendo fragmentos del cráneo del dinosaurio Acrotholus audeti. Estos descubrimientos arrojan luz sobre la evolución de esta familia de dinosaurios, escriben los paleontólogos en el artículo publicado en la revista 'Nature Communications'.
El dinosaurio tiene un cráneo muy grueso, cuyo grosor llega a los 11 centímetros. Por su tamaño era relativamente pequeño, pesaba menos de 40 kilos aunque tenía una longitud de dos metros. Los parientes más cercanos de estos dinosaurios habitaban en el territorio de la actual Mongolia, hace 83 millones de años.
El hallazgo de los paleontólogos canadienses indica que todavía se sabe poco sobre cómo funcionaban los ecosistemas del Cretácico. Anteriormente se pensaba que los pequeños dinosaurios con cráneo grueso eran escasos, ya que tenían que competir con las crías de los grandes dinosaurios. Los científicos estiman que en realidad el número de especies de estos dinosaurios es mucho mayor de lo que se pensaba antes
Fuente: http://actualidad.rt.com
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sábado, 17 de marzo de 2012
Hallan dos nuevas especies de pequeños dinosaurios con cuernos
* Uno de ellos medía un metro de largo, tenía una mandíbula en forma de hacha y vivió durante la época cretácica.
* El otro no superaba el medio metro de largo, y también poseía un cuerno.
* El otro no superaba el medio metro de largo, y también poseía un cuerno.
Un equipo de científicos ha anunciado el hallazgo de dos nuevas especies de dinosaurios a raíz de restos hallados hace años en Alberta (Canadá), según recoge la revista National Geographic. Los investigadores reconocen que no es fácil localizar fósiles de este tipo de animales, que vivieron en el Cretácico y que eran bastante pequeños.
Así, la primera especie, llamada Unescoceratops koppelhusae, ha sido determinada a partir de un fósil hallado en 1995. Medía un metro de largo, tenía una mandícula en forma de hacha y una boca similar a los picos de los loros.
Por su parte, la segunda especie, llamada Gryphoceratops morrisoni, surge de unos huesos recogidos por paleontólogos en la década de los 50. Al unir todos esos restos, que juntos no medían más de medio metro, los científicos han determinado que se trata de otra nueva especie desconocida hasta la fecha, también con cuerno.
Así, la primera especie, llamada Unescoceratops koppelhusae, ha sido determinada a partir de un fósil hallado en 1995. Medía un metro de largo, tenía una mandícula en forma de hacha y una boca similar a los picos de los loros.
Por su parte, la segunda especie, llamada Gryphoceratops morrisoni, surge de unos huesos recogidos por paleontólogos en la década de los 50. Al unir todos esos restos, que juntos no medían más de medio metro, los científicos han determinado que se trata de otra nueva especie desconocida hasta la fecha, también con cuerno.
Fuente: teinteresa.es
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miércoles, 29 de febrero de 2012
Hallado un nuevo ejemplar de dinosaurio de Teruel

Paleontólogos de la Fundación Conjunto Paleontológico de Teruel-Dinópolis han descubierto restos fósiles de un nuevo dinosaurio de Teruel. Se trata de un ejemplar de la especie Tastavinsaurus sanzi, el saurópodo más completo del período del Cretácico Inferior de Europa. Dicho hallazgo ha sido publicado recientemente en la revista científica internacional 'Cretaceous Research'.
Este nuevo ejemplar de Tastavinsaurus sanzi ha sido encontrado en la localidad turolense de El Castellar, conocida en el ámbito científico internacional por la relevancia de sus yacimientos de icnitas de dinosaurio.
De los huesos fósiles hallados, del esqueleto de dicho dinosaurio, se ha encontrado un hueso de la pata delantera, el radio, la pata trasera completa, costillas y restos de la cintura pélvica o cadera. Se estima, que la edad en la que vivió este espécimen fue en el Aptiense inferior entre 110-105 millones de años de antigüedad.
Este descubriendo cobra mayor importancia, ya que en el artículo publicado se aportan nuevos datos de elementos óseos desconocidos, como el radio o el tobillo y se confirma la presencia de un nuevo grupo de saurópodos en el Cretácico Inferior, cuyo nombre es el de Laurasiformes con representantes en Europa y Estados Unidos.
Los autores de este trabajo han sido Rafael Royo Torres, Luis Alcalá y Alberto Cobos, todos ellos paleontólogos de la Fundación Dinópolis.
TASTAVINSAURUS SANZI
Este dinosaurio turolense cuenta con dos ejemplares, uno en Peñarroya de Tastavins, en la sede de Territorio Dinópolis, Inhóspitak, en la cual se muestran los fósiles originales de este dinosaurio hallado en 1996, junto con su réplica completa construida por los paleontólogos de Dinópolis, convirtiéndose en el único esqueleto de un dinosaurio español montado hasta la fecha.
El otro ejemplar, descubierto recientemente y protagonista de la publicación en la revista 'Cretaceus Research', que se encontró en El Castellar.
Este nuevo ejemplar de Tastavinsaurus sanzi ha sido encontrado en la localidad turolense de El Castellar, conocida en el ámbito científico internacional por la relevancia de sus yacimientos de icnitas de dinosaurio.
De los huesos fósiles hallados, del esqueleto de dicho dinosaurio, se ha encontrado un hueso de la pata delantera, el radio, la pata trasera completa, costillas y restos de la cintura pélvica o cadera. Se estima, que la edad en la que vivió este espécimen fue en el Aptiense inferior entre 110-105 millones de años de antigüedad.
Este descubriendo cobra mayor importancia, ya que en el artículo publicado se aportan nuevos datos de elementos óseos desconocidos, como el radio o el tobillo y se confirma la presencia de un nuevo grupo de saurópodos en el Cretácico Inferior, cuyo nombre es el de Laurasiformes con representantes en Europa y Estados Unidos.
Los autores de este trabajo han sido Rafael Royo Torres, Luis Alcalá y Alberto Cobos, todos ellos paleontólogos de la Fundación Dinópolis.
TASTAVINSAURUS SANZI
Este dinosaurio turolense cuenta con dos ejemplares, uno en Peñarroya de Tastavins, en la sede de Territorio Dinópolis, Inhóspitak, en la cual se muestran los fósiles originales de este dinosaurio hallado en 1996, junto con su réplica completa construida por los paleontólogos de Dinópolis, convirtiéndose en el único esqueleto de un dinosaurio español montado hasta la fecha.
El otro ejemplar, descubierto recientemente y protagonista de la publicación en la revista 'Cretaceus Research', que se encontró en El Castellar.
Fuente: EuropaPress
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martes, 28 de febrero de 2012
Científicos hallan fósiles antárticos de tiburones y reptiles de 70 millones de años
Expertos chilenos encontraron especies que confirmarían que Antártica fue una zona subtropical.
Joaquín Bastías (izq) con vertebras de tiburon gigante y Alexander Vargas con vertebras de plesiosaurio.
Joaquín Bastías (izq) con vertebras de tiburon gigante y Alexander Vargas con vertebras de plesiosaurio."Ojalá encontremos restos de dinosaurios. Buscamos alguno que haya habitado el continente hace 70 millones de años", contaba a La Tercera en enero pasado David Rubilar, jefe del área de Paleontología del Museo Nacional de Historia Natural (MNHN), días antes de embarcarse rumbo a la isla James Ross, en el noreste de la península antártica.
El miércoles regresó con un preciado cargamento. "Nos fue excelente. Paleontológicamente hablando, cumplimos nuestro objetivo", asegura. Luego de tres semanas en la isla junto a un equipo de siete expertos del MNHN y de la U. de Chile, regresó con una decena de fósiles, que incluyen restos de plesiosaurios y mosasaurios, dos reptiles marinos que habitaron junto a otros dinosaurios el período Cretácico, es decir, hace 70 millones de años.
En ambos casos, se rescataron restos de vértebras, huesos e incluso dientes, los que serán analizados para saber más de estos reptiles. "En el caso del mosasaurio, por ejemplo, está muy emparentado con el dragón de Komodo, pero este sería su versión marina".
Además, los investigadores encontraron los restos fosilizados de tiburones gigantes, que corresponden a los géneros Cretalamna y Centrophoroides, y que no nunca habían sido descritos en la zona antártica.
No es todo. Los expertos también hallaron fósiles de moluscos, pinzas de cangrejos, erizos, corales, e incluso un tronco petrificado.
Según el experto, una vez hecho un análisis individual, los fósiles permitirán saber más de cada especie y se podrá configurar un panorama de cómo era esa zona de la Antártica hace 70 millones de años. "Sabemos que era un ambiente marino de tipo costero. Una zona que, aparte de vertebrados, tenía muchos restos de vegetales", explica Rubilar. "Las condiciones climáticas y ecosistemas han cambiado mucho en la Antártica. Estudios previos indican que el continente se asemejaba más a una zona subtropical", dice el paleontólogo.
Caminar para explorar
La expedición formó parte de la avanzada científica que cada verano llega hasta el continente helado ayudada por el Instituto Antártico Chileno (Inach) , época ideal para investigar en el continente blanco.
De hecho, gracias al buen tiempo de los primeros días, los expertos pudieron recolectar una gran cantidad de muestras sólo por poder recorrer la isla a pie. "La técnica que se usa es la de prospección superficial", explica Rubilar. Es decir, se recorre la isla a pie, y una vez que se ubican restos que salen a la superficie por causa de la erosión natural en rocas, se empieza a excavar en el sector en busca de fósiles. "Por ejemplo, parte de los restos de los reptiles estaban en una roca de una colina, cercana al llamado Arroyo Tiburón", dice Rubilar.
Sin embargo, pese a lo exitoso de la expedición, los últimos cuatro días hubo viento blanco en la zona, lo que complicó las investigaciones, no sólo por las dificultades meteorológicas, sino porque el tiempo los obligó a resguardarse por cuatro días en sus carpas. "Hay que comprender que las condiciones que hay en la Antártica te llevan al límite de la convivencia. Entonces, tener un grupo cohesionado es fundamental", dice Rubilar.
De hecho, el equipo finalmente tuvo que ser rescatado por la Armada, a través del rompehielos Almirante Oscar Viel, ya que la tormenta rompió carpas, poniendo en peligro la expedición y el material recolectado.
Ya a salvo, los expertos ahora seguirán con su investigación en los laboratorios de la U. de Chile y el MNHN, trabajo denominado preparación, que implica sacar de la roca los fósiles. "Una vez terminada esta etapa, podemos examinar mejor el material encontrado y ahí podemos concluir nuevas cosas. Hoy sólo tenemos indicios preliminares, hasta no despejar la roca del fósil no se puede concluir nada".
El miércoles regresó con un preciado cargamento. "Nos fue excelente. Paleontológicamente hablando, cumplimos nuestro objetivo", asegura. Luego de tres semanas en la isla junto a un equipo de siete expertos del MNHN y de la U. de Chile, regresó con una decena de fósiles, que incluyen restos de plesiosaurios y mosasaurios, dos reptiles marinos que habitaron junto a otros dinosaurios el período Cretácico, es decir, hace 70 millones de años.
En ambos casos, se rescataron restos de vértebras, huesos e incluso dientes, los que serán analizados para saber más de estos reptiles. "En el caso del mosasaurio, por ejemplo, está muy emparentado con el dragón de Komodo, pero este sería su versión marina".
Además, los investigadores encontraron los restos fosilizados de tiburones gigantes, que corresponden a los géneros Cretalamna y Centrophoroides, y que no nunca habían sido descritos en la zona antártica.
No es todo. Los expertos también hallaron fósiles de moluscos, pinzas de cangrejos, erizos, corales, e incluso un tronco petrificado.
Según el experto, una vez hecho un análisis individual, los fósiles permitirán saber más de cada especie y se podrá configurar un panorama de cómo era esa zona de la Antártica hace 70 millones de años. "Sabemos que era un ambiente marino de tipo costero. Una zona que, aparte de vertebrados, tenía muchos restos de vegetales", explica Rubilar. "Las condiciones climáticas y ecosistemas han cambiado mucho en la Antártica. Estudios previos indican que el continente se asemejaba más a una zona subtropical", dice el paleontólogo.
Caminar para explorar
La expedición formó parte de la avanzada científica que cada verano llega hasta el continente helado ayudada por el Instituto Antártico Chileno (Inach) , época ideal para investigar en el continente blanco.
De hecho, gracias al buen tiempo de los primeros días, los expertos pudieron recolectar una gran cantidad de muestras sólo por poder recorrer la isla a pie. "La técnica que se usa es la de prospección superficial", explica Rubilar. Es decir, se recorre la isla a pie, y una vez que se ubican restos que salen a la superficie por causa de la erosión natural en rocas, se empieza a excavar en el sector en busca de fósiles. "Por ejemplo, parte de los restos de los reptiles estaban en una roca de una colina, cercana al llamado Arroyo Tiburón", dice Rubilar.
Sin embargo, pese a lo exitoso de la expedición, los últimos cuatro días hubo viento blanco en la zona, lo que complicó las investigaciones, no sólo por las dificultades meteorológicas, sino porque el tiempo los obligó a resguardarse por cuatro días en sus carpas. "Hay que comprender que las condiciones que hay en la Antártica te llevan al límite de la convivencia. Entonces, tener un grupo cohesionado es fundamental", dice Rubilar.
De hecho, el equipo finalmente tuvo que ser rescatado por la Armada, a través del rompehielos Almirante Oscar Viel, ya que la tormenta rompió carpas, poniendo en peligro la expedición y el material recolectado.
Ya a salvo, los expertos ahora seguirán con su investigación en los laboratorios de la U. de Chile y el MNHN, trabajo denominado preparación, que implica sacar de la roca los fósiles. "Una vez terminada esta etapa, podemos examinar mejor el material encontrado y ahí podemos concluir nuevas cosas. Hoy sólo tenemos indicios preliminares, hasta no despejar la roca del fósil no se puede concluir nada".
Fuente: diario.latercera.com
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martes, 10 de enero de 2012
Un estudio paleobotánico cuestiona el clima de hace 130 millones de años

Un estudio paleobotánico, realizado a partir de restos vegetales de 130 millones de años encontrados en la sierra de la Demanda burgalesa, pone en cuestión algunos aspectos del clima que los científicos consideraban que había en esa época.
El director del Museo de Dinosaurios de Salas de los Infantes (Burgos), Fidel Torcida, ha explicado detalles de un estudio que realizan desde 2008 investigadores del Colectivo Arqueológico de Salas y de universidades de Vigo, Zaragoza, México D.F. o la Universidad china de Geociencias.
Este estudio hacen pensar en que en el cretácico ya había algo parecido a las actuales estaciones.
Hasta ahora, la teoría científica más aceptada era que durante el cretácico, entre hace 144 millones y 65 millones de años, los ciclos climáticos eran muy largos y no se podía hablar de variaciones en periodos cortos.
Sin embargo, el estudio de las impresiones de tallos, hojas y las esporas de hace unos 130 millones de años, encontradas en los yacimientos de Horcajuelos y Vallazmorra, en la provincia de Burgos, han permitido deducir que las plantas estaban adaptadas a condiciones de estrés ambiental, "con ciclos estacionales, no con un clima uniforme", ha explicado Torcida.
El director del Museo de Dinosaurios de Salas de los Infantes ha indicado que los estudios concluyen que había "variabilidad de precipitaciones" según los ciclos planetarios, lo que hace pensar a los investigadores en la existencia de lo que se podría considerar "un verano y un invierno primitivos".
Otra de las conclusiones del estudio es la definición del paisaje de la zona como un conjunto de lagunas y charcas, en un ambiente muy húmedo, con vegetación abundante.
Entre los elementos que se han estudiado destacan dos impresiones litográficas de un helecho submarino del que hasta ahora sólo se habían encontrado rastros en Asia, lo que permitirá ampliar su espectro de distribución.
También se han estudiado esporas de angiospermas, que permitirán conocer más sobre la evolución de la que se considera primera especie de planta con flores, dado que los científicos estiman que surgió aproximadamente hace unos 130 millones de años, por lo que estas esporas se encontrarían entre las más antiguas.
Fidel Torcida ha añadido que en los dos últimos años las campañas de excavación estivales en el entorno de Salas de los Infantes, donde se han localizado varios restos de dinosaurios y, sobre todo, de icnitas, se ha realizado un esfuerzo especial para recoger restos de paleobotánica.
De hecho, la abundancia de restos localizados hará que se frene esta actividad para dedicar todo el esfuerzo posible a profundizar en el estudio de los materiales recogidos.
Torcida ha explicado que, de forma paralela, realizarán los preparativos para difundir la importancia de hallazgos, en forma de publicaciones y exposiciones, aunque ha reconocido que "es normal que los resultados científicos tarden mucho en llegar al gran público".
El director del Museo de Dinosaurios de Salas de los Infantes (Burgos), Fidel Torcida, ha explicado detalles de un estudio que realizan desde 2008 investigadores del Colectivo Arqueológico de Salas y de universidades de Vigo, Zaragoza, México D.F. o la Universidad china de Geociencias.
Este estudio hacen pensar en que en el cretácico ya había algo parecido a las actuales estaciones.
Hasta ahora, la teoría científica más aceptada era que durante el cretácico, entre hace 144 millones y 65 millones de años, los ciclos climáticos eran muy largos y no se podía hablar de variaciones en periodos cortos.
Sin embargo, el estudio de las impresiones de tallos, hojas y las esporas de hace unos 130 millones de años, encontradas en los yacimientos de Horcajuelos y Vallazmorra, en la provincia de Burgos, han permitido deducir que las plantas estaban adaptadas a condiciones de estrés ambiental, "con ciclos estacionales, no con un clima uniforme", ha explicado Torcida.
El director del Museo de Dinosaurios de Salas de los Infantes ha indicado que los estudios concluyen que había "variabilidad de precipitaciones" según los ciclos planetarios, lo que hace pensar a los investigadores en la existencia de lo que se podría considerar "un verano y un invierno primitivos".
Otra de las conclusiones del estudio es la definición del paisaje de la zona como un conjunto de lagunas y charcas, en un ambiente muy húmedo, con vegetación abundante.
Entre los elementos que se han estudiado destacan dos impresiones litográficas de un helecho submarino del que hasta ahora sólo se habían encontrado rastros en Asia, lo que permitirá ampliar su espectro de distribución.
También se han estudiado esporas de angiospermas, que permitirán conocer más sobre la evolución de la que se considera primera especie de planta con flores, dado que los científicos estiman que surgió aproximadamente hace unos 130 millones de años, por lo que estas esporas se encontrarían entre las más antiguas.
Fidel Torcida ha añadido que en los dos últimos años las campañas de excavación estivales en el entorno de Salas de los Infantes, donde se han localizado varios restos de dinosaurios y, sobre todo, de icnitas, se ha realizado un esfuerzo especial para recoger restos de paleobotánica.
De hecho, la abundancia de restos localizados hará que se frene esta actividad para dedicar todo el esfuerzo posible a profundizar en el estudio de los materiales recogidos.
Torcida ha explicado que, de forma paralela, realizarán los preparativos para difundir la importancia de hallazgos, en forma de publicaciones y exposiciones, aunque ha reconocido que "es normal que los resultados científicos tarden mucho en llegar al gran público".
Fuente: ecodiario.eleconomista.es
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lunes, 17 de octubre de 2011
Descubren el fósil de un bebé dinosaurio, el mejor conservado de Europa

Un equipo científico internacional ha anunciado el descubrimiento en Alemania del dinosaurio mejor conservado de Europa. Es el fósil de una cría de un año de un dinosaurio bípedo carnívoro que vivió hace 135 millones de años.
El hallazgo es una "sensación científica", ya que las crías de dinosaurio son extremadamente raras y en este ejemplar se han encontrado restos de piel e incluso pelo, asegura Oliver Rauhut, comisario de la Colección de Paleontología y Geología de Baviera y jefe del equipo.
La cría de dinosaurio fue encontrada en una piedra en la excavación de Kelheim, Alemania. El equipo científico ha logrado recuperar el 98% del cuerpo de este dinosaurio fosilizado, cuando otros hallazgos paleontológicos considerados muy completos apenas llegan al 80%.
El ejemplar mide 72 centímetros y pertenece a una especie sin nombre del suborden de los terópodos (Theropoda), igual que el conocido y temible tiranosaurio.
Los ejemplares de este suborden vivieron desde el Triásico superior hasta el Cretácico superior (entre hace 228 y hace 65 millones de años) y se caracterizaban por su alimentación carnívora y su forma bípeda de desplazamiento.
A pesar de que los terópodos se extendieron por todos los continentes, hasta el momento los científicos han encontrado escasos restos fósiles completos de la especie.
Los trabajos del equipo de paleontólogos han durado cerca de dos años y Rauhut espera preservar en Alemania el cuerpo fosilizado de este dinosaurio.
El hallazgo es una "sensación científica", ya que las crías de dinosaurio son extremadamente raras y en este ejemplar se han encontrado restos de piel e incluso pelo, asegura Oliver Rauhut, comisario de la Colección de Paleontología y Geología de Baviera y jefe del equipo.
La cría de dinosaurio fue encontrada en una piedra en la excavación de Kelheim, Alemania. El equipo científico ha logrado recuperar el 98% del cuerpo de este dinosaurio fosilizado, cuando otros hallazgos paleontológicos considerados muy completos apenas llegan al 80%.
El ejemplar mide 72 centímetros y pertenece a una especie sin nombre del suborden de los terópodos (Theropoda), igual que el conocido y temible tiranosaurio.
Los ejemplares de este suborden vivieron desde el Triásico superior hasta el Cretácico superior (entre hace 228 y hace 65 millones de años) y se caracterizaban por su alimentación carnívora y su forma bípeda de desplazamiento.
A pesar de que los terópodos se extendieron por todos los continentes, hasta el momento los científicos han encontrado escasos restos fósiles completos de la especie.
Los trabajos del equipo de paleontólogos han durado cerca de dos años y Rauhut espera preservar en Alemania el cuerpo fosilizado de este dinosaurio.
Fuente: rtve.es
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martes, 8 de marzo de 2011
Paleontólogos desmienten que en la era del dinosaurio el clima fuera cálido
Entre los fósiles encontrados en la biota de Jehol se encontraron ejemplares con plumas que pudieron servir de aislante térmico.Un equipo de paleontólogos de Francia y de China ha revelado que durante una parte del Cretácico inferior se dieron temperaturas más frías de las supuestas hasta ahora, lo que explica la abundancia de dinosaurios "con plumas" en los yacimientos fósiles de ese periodo.
El estudio divulgado hoy, en el que han participado el Centro Nacional galo de Investigación Científica (CNRS) y el Instituto de Paleontología y Paleoantropología Vertebrada de Pekín, demuestra que pese a la creencia de que en la era de los dinosaurios el clima fue globalmente cálido, esos animales no siempre disfrutaron temperaturas "clementes".
El trabajo, publicado durante esta semana en la revista Proceedings of the National Academy of Sciences (PNAS), se centró en una región del noreste de China donde se desarrolló la biota de Jehol hace entre 125 y 110 millones de años.
Entre los fósiles encontrados en ese yacimiento, según los expertos, hay numerosos dinosaurios recubiertos de estructuras filamentosas propias de pájaros con plumas, y sobre las que diversos científicos habían sugerido que cumplían una función de aislante térmico.
Los paleontólogos autores del estudio buscaron determinar las temperaturas de la época a partir de fósiles de dinosaurios, cocodrilos, tortugas y peces de esa región y de yacimientos contemporáneos de otras zonas de China, Japón y Tailandia.
El equipo analizó la composición isotópica del oxígeno de cada muestra, que se preservó durante la fosilización, con el objetivo de reconstruir la temperatura aérea del medio de vida de los dinosaurios asiáticos en el Cretácico inferior.
Y los resultados muestran que las temperaturas medias de ese periodo eran muy similares a las que se registran hoy en latitudes equivalentes, por lo que la fauna del Jehol vivía bajo un clima frío moderado caracterizado por "inviernos rigurosos".
En ese periodo, según el comunicado, los animales de sangre fría debían hibernar, mientras que los de sangre caliente como los mamíferos, los pájaros y los dinosaurios sacaban provecho de su pelo y de su plumaje para mantener su actividad en invierno.
Los científicos precisan que este estudio contribuye a conocer mejor una época sobre la que no se disponía más que de archivos geológicos, pero no se aventuran a sacar conclusiones precipitadas sobre el origen de las plumas.
"Estos resultados no prueban para nada que las plumas surgieran para un rol aislante, sino que suponen que el plumaje debía procurar a los dinosaurios del Jehol una ventaja fisiológica respecto a sus contemporáneos con escamas", explica Romain Amiot, científico del CNRS.
El estudio divulgado hoy, en el que han participado el Centro Nacional galo de Investigación Científica (CNRS) y el Instituto de Paleontología y Paleoantropología Vertebrada de Pekín, demuestra que pese a la creencia de que en la era de los dinosaurios el clima fue globalmente cálido, esos animales no siempre disfrutaron temperaturas "clementes".
El trabajo, publicado durante esta semana en la revista Proceedings of the National Academy of Sciences (PNAS), se centró en una región del noreste de China donde se desarrolló la biota de Jehol hace entre 125 y 110 millones de años.
Entre los fósiles encontrados en ese yacimiento, según los expertos, hay numerosos dinosaurios recubiertos de estructuras filamentosas propias de pájaros con plumas, y sobre las que diversos científicos habían sugerido que cumplían una función de aislante térmico.
Los paleontólogos autores del estudio buscaron determinar las temperaturas de la época a partir de fósiles de dinosaurios, cocodrilos, tortugas y peces de esa región y de yacimientos contemporáneos de otras zonas de China, Japón y Tailandia.
El equipo analizó la composición isotópica del oxígeno de cada muestra, que se preservó durante la fosilización, con el objetivo de reconstruir la temperatura aérea del medio de vida de los dinosaurios asiáticos en el Cretácico inferior.
Y los resultados muestran que las temperaturas medias de ese periodo eran muy similares a las que se registran hoy en latitudes equivalentes, por lo que la fauna del Jehol vivía bajo un clima frío moderado caracterizado por "inviernos rigurosos".
En ese periodo, según el comunicado, los animales de sangre fría debían hibernar, mientras que los de sangre caliente como los mamíferos, los pájaros y los dinosaurios sacaban provecho de su pelo y de su plumaje para mantener su actividad en invierno.
Los científicos precisan que este estudio contribuye a conocer mejor una época sobre la que no se disponía más que de archivos geológicos, pero no se aventuran a sacar conclusiones precipitadas sobre el origen de las plumas.
"Estos resultados no prueban para nada que las plumas surgieran para un rol aislante, sino que suponen que el plumaje debía procurar a los dinosaurios del Jehol una ventaja fisiológica respecto a sus contemporáneos con escamas", explica Romain Amiot, científico del CNRS.
Fuente: EFE/ CNRS.
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Descubren al ancestro del Triceratops

El Triceratops y el Torosaurus han sido considerados durante mucho tiempo los reyes de los dinosaurios con cuernos. Sin embargo, un nuevo descubrimiento ha permitido extender hacia el pasado el árbol genealógico evolutivo de estos gigantes lo suficiente como para poder identificar a su ancestro. Una especie recién descubierta por paleontólogos parece que reinó entre las bestias astadas mucho antes de que lo hiciesen sus descendientes más conocidos. Eso la convierte en el miembro más antiguo conocido de la familia.
La nueva especie, llamada Titanoceratops, rivalizaba con el Triceratops en tamaño, con un peso estimado de cerca de 7 toneladas y un enorme cráneo de dos metros y medio de largo.
El Titanoceratops, que vivió en América durante el periodo Cretácico tardío, hace alrededor de 74 millones de años, es el primer triceratopsiano conocido, lo que sugiere que el grupo evolucionó hacia su gran tamaño más de cinco millones de años antes de lo que se pensaba anteriormente, según Nicholas Longrich, el paleontólogo de la Universidad de Yale que hizo el descubrimiento. El hallazgo aporta nuevos y esclarecedores datos sobre los orígenes poco conocidos de estas impresionantes bestias astadas.
La nueva especie es muy similar al Triceratops, pero con una nariz más larga y cuernos un poco más grandes.
Longrich cree que el Titanoceratops es el antepasado del Triceratops y del Torosaurus, y que estos dos últimos se dividieron en especies distintas varios millones de años después de que surgiera el Titanoceratops.
Es probable que el Titanoceratops existiese sólo durante alrededor de un millón de años, según estima Longrich, en tanto que la familia triceratopsiana existió en total unos diez millones de años y se extendió más allá de su área de distribución geográfica original, llegando tan al norte como Canadá.
Fuente: noticiasdelaciencia.com
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viernes, 4 de marzo de 2011
"Willo", el dinosaurio que al final no tenía corazón

En el año 2000 un equipo de científicos afirmó haber encontrado restos de un corazón fosilizado en un ejemplar de Thescelosaurus, al que llamaron "Willo". Una década después, la revisión de los restos indica que todo fue un espejismo y que, donde otros vieron corazón, sólo hay arena.

De la noche a la mañana, el viejo "Willo" se ha quedado sin corazón. En la vitrina del Museo de Ciencias Naturales de Carolina del Norte, los restos de este Thescelosaurus (un pequeño dinosaurio herbívoro que habitó la Tierra a finales del período Cretácico) siguen anunciándose como los poseedores de un valioso corazón fosilizado, que en su día ocupó titulares y sorprendió a los paleontólogos porque contenía algunas informaciones contradictorias.
Diez años después, otro equipo de científicos de Carolina del Norte ha utilizado nuevas técnicas de escaneado en alta resolución para descubrir que donde creyeron detectar un viejo corazón, no hay más que arena compactada y restos no orgánicos. Los autores del estudio, que se publica en la revista Naturwissenschaften del mes de marzo (ver referencia), utilizaron tomografía de alta resolución, microscopía electrónica y espectroscopía con rayos X para analizar los restos y salir de dudas.
"Ni el más detallado de los exámenes de la morfología y la orientación de la caja torácica, ni los estudios microestructurales", dice el trabajo, "apoyan la hipótesis de que la estructura sea un corazón". "El análisis microestructural de un fragmento extraído del 'corazón' consistía en granos de arena compactados", añaden, "y no se han detectado señales químicas que indiquen un origen biológico".
Entre los restos de arena, sin embargo, parecen haberse conservado algunas microestructuras que podrían contener restos celulares. El siguiente estudio que hagan se centrará en estos pequeños restos, que pueden aportar algo de información sobre el animal. No es un corazón pero, como diría un paleontólogo con ganas de hacer chistes, menos da una piedra.
Fuente: lainformacion.com
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miércoles, 19 de enero de 2011
Descubren el fósil prehistórico de un depredador marino

Este descubrimiento, logrado por una investigadora de la Universidad Nacional de Colombia, constituye un nuevo paso en el camino promisorio de la Paleontología en el país. El hallazgo es el fósil de un saurio gran depredador que vivió en las aguas del mar Cretácico que cubrió gran parte del territorio ocupado hoy por Colombia y se encontró en el terreno de construcción de un poliducto en Villa de Leyva, Boyacá.
A principios del periodo Cretácico, hace aproximadamente 150 millones de años, un tranquilo mar cubría gran parte del territorio que hoy ocupa Colombia. En ese entonces, un golfo ingresaba por la actual ubicación de Antioquia y continuaba hacia el Sur y hacia el Oriente, cobijando zonas actuales del Eje Cafetero, Santander, Boyacá, Cundinamarca, Tolima y Huila. La línea costera pasaba por el Piedemonte Llanero.
Este mar era alimentado por corrientes frías ricas en nutrientes que proveían una amplia fauna de peces, que, a su vez, constituían la dieta de los plesiosaurios, grandes saurios del mar.
Dentro del conjunto de los plesiosaurios existían los pliosaurios, gigantescos reptiles marinos que alcanzaban hasta 12 metros de longitud y además tenían un cuello corto y poderoso que les facilitaba mover con vigor su gran cabeza dotada de fuertes maxilares y filosos dientes.
En la región de Sutamarchán, Sáchica y Villa de Leyva, en el departamento de Boyacá, se encuentran varios yacimientos paleontológicos que permiten documentar la existencia de vertebrados en el mar Cretácico e investigar sobre la dinámica y distribución de la flora y la fauna en dicho espacio geográfico durante ese periodo.
La literatura científica sobre estos yacimientos ha generado expectativa mundial dada la sorprendente abundancia de fósiles en la zona y su buen estado de conservación. Incluso, es común que los esqueletos se encuentren articulados y conservados en tres dimensiones, lo cual contrasta con la escasez de fósiles de la misma época hallados en el mundo.
El nuevo saurio marino
La investigadora María Eurídice Páramo Fonseca, docente del Departamento de Geociencias de la Facultad de Ciencias de la UN, halló en la zona rural de Villa de Leyva el fósil de un pliosaurio que presentó casi cuatro metros de longitud. Fragmentos mandibulares y dentales guiaron a la profesora hasta el ejemplar, cuando inspeccionaba el terreno, como parte del proyecto Evaluación paleontológica del corredor de construcción del poliducto Llanos (de Ecopetrol) en la región de Sutamarchán, Villa de Leyva y Sáchica, que ejecutan la UN y una firma de ingenieros consultores.
“Conscientes de la riqueza fósil que hay en el área del municipio, las autoridades de Villa de Leyva insistieron en que, durante el proceso de construcción del poliducto, se cuidara el material de interés paleontológico encontrado en la obra. Este aspecto fue considerado en el componente ambiental del proyecto. Gracias a ello fue posible desarrollar las actividades académicas que condujeron al fósil, en febrero de este año”, aseguró la profesora Páramo.
Estudios sobre las características de las rocas en este municipio colombiano señalan que las aguas de aquel mar eran tranquilas, por eso fue posible el desarrollo de abundante vida. De otra parte, investigaciones sobre el periodo Cretácico revelan que en esta zona se presentaron condiciones estables, lo cual favoreció la existencia de grandes reptiles marinos, explicó la científica.
Así mismo, se refirió al buen nivel de preservación de los fósiles de vertebrados: “Posiblemente este mar era poco profundo y en su fondo había escasez de oxígeno, lo cual pudo haber atenuado los procesos de descomposición de este tipo de cadáveres, favoreciendo su preservación hasta la actualidad. También es posible que cierto tipo de algas recubrieran los cuerpos y los protegieran”.
Hace unos 65 millones de años finalizó el periodo Cretácico y se inició la era Cenozoica, en la cual se consolidó la cordillera de los Andes. Emergiendo este sistema montañoso, uno de los más importantes del mundo en la actualidad, el mar fue desplazado cientos de kilómetros hacia el Norte, dejando en el actual departamento de Boyacá y en otros yacimientos ubicados en Santander, Tolima y Huila los vestigios de la vitalidad de aquel pasado marino.
Comercio ilegal de fósiles
Sobre el nuevo fósil, María Páramo, geóloga de la UN con Doctorado en Ciencias de la Tierra, especialidad Paleontología, de la Universidad de Poitiers, Francia, dice que “se trata de un animal con grandes aletas que le permitían mover velozmente su enorme cuerpo. Los restos excavados corresponden a los huesos de la cadera, las aletas posteriores y la cola de un individuo. Los fragmentos mandibulares permiten estimar que la parte delantera del ejemplar se conservó, pero debió sufrir saqueo en años anteriores”.
El fenómeno del comercio ilegal de fósiles es agudo en Villa de Leyva. Por décadas se estima que miles de piezas de este tipo han salido de la región e incluso del país perdiendo así un valioso patrimonio natural y cultural de la Nación. No obstante, se ha generado una creciente conciencia de los pobladores del municipio sobre el valor de los objetos de interés paleontológico, a partir de campañas realizadas por el Museo Paleontológico de Villa de Leyva, perteneciente a la Facultad de Ciencias de la UN, entre otras instituciones. En 2009, más de 1.100 niños y jóvenes escolarizados de la zona participaron en los programas adelantados por el museo.
De otro lado, Sutamarchán y Sáchica constituyen áreas fosilíferas tan promisorias como Villa de Leyva y quizá con un mayor potencial, dado que se han explorado menos y el saqueo de fósiles no ha sido tan drástico.
Sigue investigar, preservar y exhibir
El estudio de los fósiles y las zonas donde han permanecido por siglos enterrados permite saber más sobre los seres vivos que poblaron el planeta en edades pasadas, y sobre sus interacciones, propagación y ambientes en tiempos y zonas determinados.
Los paleontólogos extraen los fósiles como bloques recubiertos de yeso para protegerlos y conservar la posición de las piezas. Esto se realiza a la par de un registro fotográfico detallado y el estudio de las características del área. Luego, se procede a identificar los elementos anatómicos, que se comparan con otros hallazgos documentados en publicaciones científicas. Esto permitirá clasificar el nuevo ejemplar dentro de un género para luego encontrar la especie a la cual corresponde. La labor de limpieza de los fósiles conlleva cientos de horas de cuidadoso trabajo empleando herramientas precisas baños químicos y martillos neumáticos.
Por ahora, se prevé que el material fósil se traslade al Museo Paleontológico de Villa de Leyva (ver recuadro). Entretanto, las labores de investigación y preservación de los fósiles seguirán su marcha con el empleo de herramientas geofísicas, bajo la orientación científica del geólogo Orlando Hernández, MSc, docente del Departamento de Geociencias de la UN.
Uno de los objetivos es que los pobladores de la zona y el gran número de turistas que visitan la región puedan apreciar las piezas, que serán manejadas adecuadamente desde el punto de vista museológico y museográfico. En este sentido, el director del Departamento de Geociencias de la UN, Juan Carlos Molano, afirmó que “es muy importante que este material se conserve en la región, más aún si va a integrar las colecciones del Museo Paleontológico”.
Para la profesora Páramo, “este tipo de hallazgos y las investigaciones que derivan dinamizan aún más la formación de nuevos paleontólogos en el país. Vale decir que la paleontología cubre también frentes de trabajo con alto valor en la exploración de hidrocarburos y constituye una labor útil en la búsqueda de nuevos recursos energéticos”.
Como una sentencia concluyente, la investigadora de la UN advierte: “Los colombianos somos responsables de que esta valiosa información se estudie y se conserve adecuadamente para el beneficio mundial”.
A principios del periodo Cretácico, hace aproximadamente 150 millones de años, un tranquilo mar cubría gran parte del territorio que hoy ocupa Colombia. En ese entonces, un golfo ingresaba por la actual ubicación de Antioquia y continuaba hacia el Sur y hacia el Oriente, cobijando zonas actuales del Eje Cafetero, Santander, Boyacá, Cundinamarca, Tolima y Huila. La línea costera pasaba por el Piedemonte Llanero.
Este mar era alimentado por corrientes frías ricas en nutrientes que proveían una amplia fauna de peces, que, a su vez, constituían la dieta de los plesiosaurios, grandes saurios del mar.
Dentro del conjunto de los plesiosaurios existían los pliosaurios, gigantescos reptiles marinos que alcanzaban hasta 12 metros de longitud y además tenían un cuello corto y poderoso que les facilitaba mover con vigor su gran cabeza dotada de fuertes maxilares y filosos dientes.
En la región de Sutamarchán, Sáchica y Villa de Leyva, en el departamento de Boyacá, se encuentran varios yacimientos paleontológicos que permiten documentar la existencia de vertebrados en el mar Cretácico e investigar sobre la dinámica y distribución de la flora y la fauna en dicho espacio geográfico durante ese periodo.
La literatura científica sobre estos yacimientos ha generado expectativa mundial dada la sorprendente abundancia de fósiles en la zona y su buen estado de conservación. Incluso, es común que los esqueletos se encuentren articulados y conservados en tres dimensiones, lo cual contrasta con la escasez de fósiles de la misma época hallados en el mundo.
El nuevo saurio marino
La investigadora María Eurídice Páramo Fonseca, docente del Departamento de Geociencias de la Facultad de Ciencias de la UN, halló en la zona rural de Villa de Leyva el fósil de un pliosaurio que presentó casi cuatro metros de longitud. Fragmentos mandibulares y dentales guiaron a la profesora hasta el ejemplar, cuando inspeccionaba el terreno, como parte del proyecto Evaluación paleontológica del corredor de construcción del poliducto Llanos (de Ecopetrol) en la región de Sutamarchán, Villa de Leyva y Sáchica, que ejecutan la UN y una firma de ingenieros consultores.
“Conscientes de la riqueza fósil que hay en el área del municipio, las autoridades de Villa de Leyva insistieron en que, durante el proceso de construcción del poliducto, se cuidara el material de interés paleontológico encontrado en la obra. Este aspecto fue considerado en el componente ambiental del proyecto. Gracias a ello fue posible desarrollar las actividades académicas que condujeron al fósil, en febrero de este año”, aseguró la profesora Páramo.
Estudios sobre las características de las rocas en este municipio colombiano señalan que las aguas de aquel mar eran tranquilas, por eso fue posible el desarrollo de abundante vida. De otra parte, investigaciones sobre el periodo Cretácico revelan que en esta zona se presentaron condiciones estables, lo cual favoreció la existencia de grandes reptiles marinos, explicó la científica.
Así mismo, se refirió al buen nivel de preservación de los fósiles de vertebrados: “Posiblemente este mar era poco profundo y en su fondo había escasez de oxígeno, lo cual pudo haber atenuado los procesos de descomposición de este tipo de cadáveres, favoreciendo su preservación hasta la actualidad. También es posible que cierto tipo de algas recubrieran los cuerpos y los protegieran”.
Hace unos 65 millones de años finalizó el periodo Cretácico y se inició la era Cenozoica, en la cual se consolidó la cordillera de los Andes. Emergiendo este sistema montañoso, uno de los más importantes del mundo en la actualidad, el mar fue desplazado cientos de kilómetros hacia el Norte, dejando en el actual departamento de Boyacá y en otros yacimientos ubicados en Santander, Tolima y Huila los vestigios de la vitalidad de aquel pasado marino.
Comercio ilegal de fósiles
Sobre el nuevo fósil, María Páramo, geóloga de la UN con Doctorado en Ciencias de la Tierra, especialidad Paleontología, de la Universidad de Poitiers, Francia, dice que “se trata de un animal con grandes aletas que le permitían mover velozmente su enorme cuerpo. Los restos excavados corresponden a los huesos de la cadera, las aletas posteriores y la cola de un individuo. Los fragmentos mandibulares permiten estimar que la parte delantera del ejemplar se conservó, pero debió sufrir saqueo en años anteriores”.
El fenómeno del comercio ilegal de fósiles es agudo en Villa de Leyva. Por décadas se estima que miles de piezas de este tipo han salido de la región e incluso del país perdiendo así un valioso patrimonio natural y cultural de la Nación. No obstante, se ha generado una creciente conciencia de los pobladores del municipio sobre el valor de los objetos de interés paleontológico, a partir de campañas realizadas por el Museo Paleontológico de Villa de Leyva, perteneciente a la Facultad de Ciencias de la UN, entre otras instituciones. En 2009, más de 1.100 niños y jóvenes escolarizados de la zona participaron en los programas adelantados por el museo.
De otro lado, Sutamarchán y Sáchica constituyen áreas fosilíferas tan promisorias como Villa de Leyva y quizá con un mayor potencial, dado que se han explorado menos y el saqueo de fósiles no ha sido tan drástico.
Sigue investigar, preservar y exhibir
El estudio de los fósiles y las zonas donde han permanecido por siglos enterrados permite saber más sobre los seres vivos que poblaron el planeta en edades pasadas, y sobre sus interacciones, propagación y ambientes en tiempos y zonas determinados.
Los paleontólogos extraen los fósiles como bloques recubiertos de yeso para protegerlos y conservar la posición de las piezas. Esto se realiza a la par de un registro fotográfico detallado y el estudio de las características del área. Luego, se procede a identificar los elementos anatómicos, que se comparan con otros hallazgos documentados en publicaciones científicas. Esto permitirá clasificar el nuevo ejemplar dentro de un género para luego encontrar la especie a la cual corresponde. La labor de limpieza de los fósiles conlleva cientos de horas de cuidadoso trabajo empleando herramientas precisas baños químicos y martillos neumáticos.
Por ahora, se prevé que el material fósil se traslade al Museo Paleontológico de Villa de Leyva (ver recuadro). Entretanto, las labores de investigación y preservación de los fósiles seguirán su marcha con el empleo de herramientas geofísicas, bajo la orientación científica del geólogo Orlando Hernández, MSc, docente del Departamento de Geociencias de la UN.
Uno de los objetivos es que los pobladores de la zona y el gran número de turistas que visitan la región puedan apreciar las piezas, que serán manejadas adecuadamente desde el punto de vista museológico y museográfico. En este sentido, el director del Departamento de Geociencias de la UN, Juan Carlos Molano, afirmó que “es muy importante que este material se conserve en la región, más aún si va a integrar las colecciones del Museo Paleontológico”.
Para la profesora Páramo, “este tipo de hallazgos y las investigaciones que derivan dinamizan aún más la formación de nuevos paleontólogos en el país. Vale decir que la paleontología cubre también frentes de trabajo con alto valor en la exploración de hidrocarburos y constituye una labor útil en la búsqueda de nuevos recursos energéticos”.
Como una sentencia concluyente, la investigadora de la UN advierte: “Los colombianos somos responsables de que esta valiosa información se estudie y se conserve adecuadamente para el beneficio mundial”.
Fuente: UN/DICYT
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miércoles, 25 de agosto de 2010
Loma del Capiro, Cuba: La imagen del Limite Cretácico-Terciario (LKT)
Nuestra Loma del Capiro no solo es lugar histórico, vinculado a la Batalla de Santa Clara, mirador romántico de puestas de sol, o agradable lugar para hacer picnic con los amigos; sedimentos y restos contenidos en esta formación también conocida como Dos Hermanas, evidencian en Cuba, en Santa Clara, el límite que separa dos periodos geológicos, el Cretácico y el Terciario, conocido en el argot científico como (LKT), lo cual convierte a la mayor elevación de esta ciudad en testigo universal del tiempo.
Tal teoría es fundamentada por el Doctor en Geología Reinaldo Rojas Consuegra, Director del Museo Nacional de Historia Natural de Cuba, quien, de conjunto con un equipo internacional, ha llevado a cabo una ardua labor de investigación.
Antes de adentrarnos en el tema, debe entenderse que el paso de una etapa geológica a otra generalmente es por efectos ambientales que con frecuencia implican cambios en la diversidad.
Rolando Cárdenas, doctor en Ciencias Físicas de la Universidad Central Marta Abreu de Las Villas (UCLV) e investigador en Astrobiología, nos ilustra para comprender mejor el proceso que la historia geológica de La Tierra se divide en cuatro grandes etapas llamadas eones. Cada eón se divide en eras. Cada una de las eras en períodos, y cada período en épocas.
«Actualmente vivimos en el eón llamado Fanerozoico, que comenzó hace 542 millones de años con la llamada explosión de biodiversidad del periodo geológico conocido como Cámbrico. En este eón ha habido cinco extinciones masivas; la quinta fue la de los dinosaurios, y además, microfauna. Todo ello fue originado por un cambio climático global debido al impacto de un asteroide de diez kilómetros de diámetro.»
Un asteroide es un cuerpo astronómico de forma irregular (a diferencia de un planeta) que puede medir desde cientos de kilómetros hasta menos de un centímetro. Un meteorito es un asteroide con diez metros de diámetro o menos. Por eso lo que cayó en Yucatán y que muestra huellas en Santa Clara fue un asteroide que, se estima, tenía unos diez kilómetros de diámetro.

La velocidad típica de un asteroide de esta envergadura puede ser de 20km/s. La wnergía cinética (Ec) del impacto en tierra equivalió a la energía liberada por más de un centenar de bombas atómicas.
El golpe de este asteroide, que cayó hace 65 millones de años, provocó el surgimiento del Cráter de Chicxulub, (Yucatán), de 200 km de diámetro. En ese tiempo, los suelos de lo que luego sería la región central del archipiélago cubano estaban a aproximadamente a 500 km del lugar de impacto, por los continuos desplazamientos originados por las placas tectónicas y los movimientos telúricos asociados a estas.
Investigaciones y distintas hipótesis afirman que fue este choque el causante de la extinción de los grandes reptiles al producir variaciones notables en el ambiente, pues los asteroides de más de un kilómetro de diámetro originan cambio climático global si impactan en el planeta. Los de menos de 1 km originan cambios regionales.
El impacto del asteroide ocasionó maremotos que trajeron desde la región de Chicxulub, y por el antiguo Mar de Tetis, material sedimentario, restos geológicos y microfauna hasta la zona donde hoy se yergue la formación Dos Hermanas, conocida como Loma del Capiro. Esta zona de la región central, formaba parte de la plataforma marina. Excavaciones hechas en la zona así lo corroboran.
La investigación determinó que la proximidad de la Isla con el sitio de la colisión ocasionó que esta fuera receptora de todo el sedimento esparcido por el impacto, el cual fue depositándose por largos periodos de tiempo.
Por ejemplo: un grano de polvo de tamaño estándar tarda 11 días en caer de una altura de 3 metros. A 300 m de altura, este grano de polvo demora alrededor de casi tres años y medio en caer. Imagine ese grano de polvo esparcido por un choque de tal magnitud y flotando en el caos climático que trajo consigo el impacto.
Otros sedimentos, microestratos y hasta organismos fueron arrastrados por las marejadas del tsunami prehistórico y quedaron en la región varadas en su avance por las distintas formaciones que ahora se estudian; una de estas, la que atañe a la ciudad de Santa Clara.
Loma del Capiro fue la receptora de buena parte de estos sedimentos. Y propone una oportunidad casi única para examinar y encontrar un límite «tocable, apreciable, estudiable», según el conferenciante, así como una brecha basal o fragmentos con fósiles muy bien conservados.
«Uno de los lugares donde más conservada se encuentran estas muestras y este registro en el mundo es aquí; creo que vale la pena su conservación», comentó el Doctor Rojas Consuegra. Y es que este límite es tan tangible que usted puede tener un pie en el período Cretaceo y otro en el Paleoceno. O sea, con sus pies a un metro, y millones de años de diferencia.
El esquema geólogo estructural del afloramiento del límite KT en Loma Dos Hermanas describe y evidencia estratos del período llamado Paleógeno, seguidos de la brecha caótica y los deslizamientos submarinos sin sedimentarios.
«Según el Dr. Rojas, desde la línea del ferrocarril que pasa al sur de la formación hasta la zona comprendida por la investigación, hay suelos de probablemente unos cinco millones de años. Desde la vía férrea hasta un metro a la derecha del límite, probablemente, era un talud que fue derribado por los tsunamis y terremotos ocasionados por el impacto del asteroide», comenta Cárdenas mostrándonos el terreno.
Entre estos niveles aparecen microfauna, como los foraminíferos planctónicos estratificados, especies del período Paleoceno Daniano, seguidas por el llamado cóctel paleontológico del LKT junto a especies del Cretácico Maastrichtiano, el cual comprende la microfauna que fue pasando o extinguiéndose de un periodo a otro y se encuentra concentrada y fosilizada en el LKT, como si fuese un cóctel hecho a base de varios mariscos pescados en diferentes etapas y revueltos en la misma copa.
Escuchando a Reinaldo Rojas Consuegra, comprendimos directamente de este geólogo «contaminado de paleontología» el porqué las investigaciones del LKT en la Mayor de las Antillas, y la importancia de estos descubrimientos con fines educativos, patrimoniales o turísticos. «Un valor de Santa Clara que debe ser socializado» comentó el eminente astrónomo Oscar Álvarez, conocido por su habitual presencia en el programa televisivo Pasaje a lo desconocido.
El equipo trabaja este tema hace diez años y está integrado por investigadores españoles, japoneses y cubanos. Entre los ibéricos se encuentran sedimentólogos y microgeológos de la Universidad de Zaragoza. Por los nipones, especialistas de la Universidad de Tokio. Y entre los nacionales, el conocido Geólogo Dr. Manuel Iturralde Vinent del Museo Nacional de Historia Natural y su colega Rojas. También se adscriben al proyecto la Geóloga Dora García Delgado y la micropaleontóloga Consuelo Díaz Otero, ambas del Instituto de Geología y Paleontología.
No es la formación santaclareña el único punto investigado. A lo largo de occidente y hasta el centro del país cuatro más están siendo trabajadas. Son estas las formaciones de Cacarajícara y Moncada, al occidente; de Peñalver, en Matanzas, y la de Fomento, en Sancti Spíritus. No dudan los especialistas que otras serán encontradas a su paso de investigación por el resto de la Isla.
Por el valor científico que encierran las entrañas de la colina, se propone considerar la importancia del corte del LKT de este símbolo de la ciudad de Santa Clara, así como su conservación.
Es importante preservar este sitio por su bien conservada geodiversidad. De hecho, tanto el Dr. Rojas como su colega Oscar Álvarez coincidieron en que allí se pueden realizar tesis a todos los niveles, pues resulta una zona de la que aún hay mucho que aprender y que en pocos lugares del mundo se ve tan bien la transición LKT.
La Loma del Capiro «resulta un lugar más en el mundo testigo del suceso; es local, pero por su importancia es universal. Lo que hay ahí es de uso para la comunidad científica internacional», aseguró Rojas Consuegra al terminar su ponencia.
Titulo original del articulo: "Loma del Capiro, testigo universal del tiempo"Por: Héctor Darío Reyes
Tal teoría es fundamentada por el Doctor en Geología Reinaldo Rojas Consuegra, Director del Museo Nacional de Historia Natural de Cuba, quien, de conjunto con un equipo internacional, ha llevado a cabo una ardua labor de investigación.
Antes de adentrarnos en el tema, debe entenderse que el paso de una etapa geológica a otra generalmente es por efectos ambientales que con frecuencia implican cambios en la diversidad.
Rolando Cárdenas, doctor en Ciencias Físicas de la Universidad Central Marta Abreu de Las Villas (UCLV) e investigador en Astrobiología, nos ilustra para comprender mejor el proceso que la historia geológica de La Tierra se divide en cuatro grandes etapas llamadas eones. Cada eón se divide en eras. Cada una de las eras en períodos, y cada período en épocas.
«Actualmente vivimos en el eón llamado Fanerozoico, que comenzó hace 542 millones de años con la llamada explosión de biodiversidad del periodo geológico conocido como Cámbrico. En este eón ha habido cinco extinciones masivas; la quinta fue la de los dinosaurios, y además, microfauna. Todo ello fue originado por un cambio climático global debido al impacto de un asteroide de diez kilómetros de diámetro.»
Un asteroide es un cuerpo astronómico de forma irregular (a diferencia de un planeta) que puede medir desde cientos de kilómetros hasta menos de un centímetro. Un meteorito es un asteroide con diez metros de diámetro o menos. Por eso lo que cayó en Yucatán y que muestra huellas en Santa Clara fue un asteroide que, se estima, tenía unos diez kilómetros de diámetro.

La velocidad típica de un asteroide de esta envergadura puede ser de 20km/s. La wnergía cinética (Ec) del impacto en tierra equivalió a la energía liberada por más de un centenar de bombas atómicas.
El golpe de este asteroide, que cayó hace 65 millones de años, provocó el surgimiento del Cráter de Chicxulub, (Yucatán), de 200 km de diámetro. En ese tiempo, los suelos de lo que luego sería la región central del archipiélago cubano estaban a aproximadamente a 500 km del lugar de impacto, por los continuos desplazamientos originados por las placas tectónicas y los movimientos telúricos asociados a estas.
Investigaciones y distintas hipótesis afirman que fue este choque el causante de la extinción de los grandes reptiles al producir variaciones notables en el ambiente, pues los asteroides de más de un kilómetro de diámetro originan cambio climático global si impactan en el planeta. Los de menos de 1 km originan cambios regionales.
El impacto del asteroide ocasionó maremotos que trajeron desde la región de Chicxulub, y por el antiguo Mar de Tetis, material sedimentario, restos geológicos y microfauna hasta la zona donde hoy se yergue la formación Dos Hermanas, conocida como Loma del Capiro. Esta zona de la región central, formaba parte de la plataforma marina. Excavaciones hechas en la zona así lo corroboran.
La investigación determinó que la proximidad de la Isla con el sitio de la colisión ocasionó que esta fuera receptora de todo el sedimento esparcido por el impacto, el cual fue depositándose por largos periodos de tiempo.
Por ejemplo: un grano de polvo de tamaño estándar tarda 11 días en caer de una altura de 3 metros. A 300 m de altura, este grano de polvo demora alrededor de casi tres años y medio en caer. Imagine ese grano de polvo esparcido por un choque de tal magnitud y flotando en el caos climático que trajo consigo el impacto.
Otros sedimentos, microestratos y hasta organismos fueron arrastrados por las marejadas del tsunami prehistórico y quedaron en la región varadas en su avance por las distintas formaciones que ahora se estudian; una de estas, la que atañe a la ciudad de Santa Clara.
Loma del Capiro fue la receptora de buena parte de estos sedimentos. Y propone una oportunidad casi única para examinar y encontrar un límite «tocable, apreciable, estudiable», según el conferenciante, así como una brecha basal o fragmentos con fósiles muy bien conservados.
«Uno de los lugares donde más conservada se encuentran estas muestras y este registro en el mundo es aquí; creo que vale la pena su conservación», comentó el Doctor Rojas Consuegra. Y es que este límite es tan tangible que usted puede tener un pie en el período Cretaceo y otro en el Paleoceno. O sea, con sus pies a un metro, y millones de años de diferencia.
El esquema geólogo estructural del afloramiento del límite KT en Loma Dos Hermanas describe y evidencia estratos del período llamado Paleógeno, seguidos de la brecha caótica y los deslizamientos submarinos sin sedimentarios.
«Según el Dr. Rojas, desde la línea del ferrocarril que pasa al sur de la formación hasta la zona comprendida por la investigación, hay suelos de probablemente unos cinco millones de años. Desde la vía férrea hasta un metro a la derecha del límite, probablemente, era un talud que fue derribado por los tsunamis y terremotos ocasionados por el impacto del asteroide», comenta Cárdenas mostrándonos el terreno.
Entre estos niveles aparecen microfauna, como los foraminíferos planctónicos estratificados, especies del período Paleoceno Daniano, seguidas por el llamado cóctel paleontológico del LKT junto a especies del Cretácico Maastrichtiano, el cual comprende la microfauna que fue pasando o extinguiéndose de un periodo a otro y se encuentra concentrada y fosilizada en el LKT, como si fuese un cóctel hecho a base de varios mariscos pescados en diferentes etapas y revueltos en la misma copa.
Escuchando a Reinaldo Rojas Consuegra, comprendimos directamente de este geólogo «contaminado de paleontología» el porqué las investigaciones del LKT en la Mayor de las Antillas, y la importancia de estos descubrimientos con fines educativos, patrimoniales o turísticos. «Un valor de Santa Clara que debe ser socializado» comentó el eminente astrónomo Oscar Álvarez, conocido por su habitual presencia en el programa televisivo Pasaje a lo desconocido.
El equipo trabaja este tema hace diez años y está integrado por investigadores españoles, japoneses y cubanos. Entre los ibéricos se encuentran sedimentólogos y microgeológos de la Universidad de Zaragoza. Por los nipones, especialistas de la Universidad de Tokio. Y entre los nacionales, el conocido Geólogo Dr. Manuel Iturralde Vinent del Museo Nacional de Historia Natural y su colega Rojas. También se adscriben al proyecto la Geóloga Dora García Delgado y la micropaleontóloga Consuelo Díaz Otero, ambas del Instituto de Geología y Paleontología.
No es la formación santaclareña el único punto investigado. A lo largo de occidente y hasta el centro del país cuatro más están siendo trabajadas. Son estas las formaciones de Cacarajícara y Moncada, al occidente; de Peñalver, en Matanzas, y la de Fomento, en Sancti Spíritus. No dudan los especialistas que otras serán encontradas a su paso de investigación por el resto de la Isla.
Por el valor científico que encierran las entrañas de la colina, se propone considerar la importancia del corte del LKT de este símbolo de la ciudad de Santa Clara, así como su conservación.
Es importante preservar este sitio por su bien conservada geodiversidad. De hecho, tanto el Dr. Rojas como su colega Oscar Álvarez coincidieron en que allí se pueden realizar tesis a todos los niveles, pues resulta una zona de la que aún hay mucho que aprender y que en pocos lugares del mundo se ve tan bien la transición LKT.
La Loma del Capiro «resulta un lugar más en el mundo testigo del suceso; es local, pero por su importancia es universal. Lo que hay ahí es de uso para la comunidad científica internacional», aseguró Rojas Consuegra al terminar su ponencia.
Titulo original del articulo: "Loma del Capiro, testigo universal del tiempo"Por: Héctor Darío Reyes
Fuente: vanguardia.co.cu / Imagen 1: Museo Nacional de Historia Natural, Cuba.
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martes, 1 de junio de 2010
Descubren un nuevo género de plantas de hace más de 100 millones de años

hepaticas-y-angiospermas-acuaticas-Foto: Pilar Perla (blogs.heraldo.es)
Científicos de las Universidades de Zaragoza, Vigo, Barcelona y Lyon (Francia) han descubierto un nuevo género de plantas correspondiente al Cretácico Inferior, con una antigüedad de unos 100 millones de años y relacionado con la familia de los nenúfares.
El hallazgo de esta nueva planta, denominada "Ploufolia cerciforme", en homenaje a la localidad turolense de Plou en la que se han encontrado los fósiles, ha sido posible gracias al estudio de los investigadores Luis Miguel Sender (conservador del Museo Paleontológico de la Universidad de Zaragoza), Uxue Villanueva Amadoz y Javier Ferrer.
Según ha informado hoy la Universidad de Zaragoza, la importancia de este hallazgo radica en que los fósiles más primitivos de este tipo de vegetales eran, y sigue siendo hoy en día, escasos y controvertidos.
Los registros fósiles más antiguos de angiospermas o plantas con flores encontrados hasta el momento indican que su origen se remonta a los inicios del periodo Cretácico, hace unos 135 millones de años, aunque su expansión y diversificación tuvo lugar al final del Cretácico Inferior.
Además, sólo unos pocos lugares en todo el mundo poseen yacimientos que conserven fósiles de angiospermas primitivas de este intervalo temporal, entre ellas la provincia de Teruel.
En los últimos años, los descubrimientos efectuados por el Grupo de Paleobotánica del Área y Museo de Paleontología de la Universidad de Zaragoza -perteneciente al Instituto Universitario de Ciencias Ambientales (IUCA)- han supuesto una revolución en el estudio de las plantas fósiles del Cretácico en el suroeste de Europa.
Así, se han encontrado cerca de una treintena de nuevos yacimientos que contienen una gran diversidad de diferentes tipos de plantas fósiles de esta época, incluidas angiospermas primitivas.
Una característica singular de estas plantas es que poseían una serie de glándulas, repartidas de forma regular por los márgenes de sus hojas que, según dicho estudio, les permitirían eliminar el exceso de agua contenido en sus tejidos en un proceso denominado gutación, que hoy en día todavía utilizan algunas plantas como los equisetos y los angiospermas en ambientes cálidos y muy húmedos.
Las características presentes en las hojas fósiles de Plou indican que estarían relacionadas con un orden de plantas actuales denominado Nhymphaeales, al cual pertenecen el nenúfar gigante (Victoria amazónica) y el nenúfar blanco (Nymphaea lotus), planta ornamental que se puede encontrar hoy en día en lagos y estanques de jardines por todo el mundo.
Las plantas fósiles estudiadas consisten en hojas de muy pequeño tamaño (inferiores a un centímetro y medio de longitud) que presentan una alta variedad morfológica, con hojas de contorno redondeado, elíptico, pseudotriangular, pseudotrapezoidal y hasta acorazonado, todas pertenecientes a la misma especie.
Las hojas de Ploufolia cerciforme, junto con una gran variedad de otras plantas fósiles procedentes de diversos yacimientos de la provincia de Teruel, pueden contemplarse en la exposición "Plantas fósiles del Cretácico Aragonés", expuesta en la sala Lucas Mallada del Museo Paleontológico de la Universidad de Zaragoza, que dirige el catedrático Eladio Liñán.
Este hallazgo acaba de ser publicado en el último número de la revista de investigación "Review of Palaeobotany and Palynology".
El hallazgo de esta nueva planta, denominada "Ploufolia cerciforme", en homenaje a la localidad turolense de Plou en la que se han encontrado los fósiles, ha sido posible gracias al estudio de los investigadores Luis Miguel Sender (conservador del Museo Paleontológico de la Universidad de Zaragoza), Uxue Villanueva Amadoz y Javier Ferrer.
Según ha informado hoy la Universidad de Zaragoza, la importancia de este hallazgo radica en que los fósiles más primitivos de este tipo de vegetales eran, y sigue siendo hoy en día, escasos y controvertidos.
Los registros fósiles más antiguos de angiospermas o plantas con flores encontrados hasta el momento indican que su origen se remonta a los inicios del periodo Cretácico, hace unos 135 millones de años, aunque su expansión y diversificación tuvo lugar al final del Cretácico Inferior.
Además, sólo unos pocos lugares en todo el mundo poseen yacimientos que conserven fósiles de angiospermas primitivas de este intervalo temporal, entre ellas la provincia de Teruel.
En los últimos años, los descubrimientos efectuados por el Grupo de Paleobotánica del Área y Museo de Paleontología de la Universidad de Zaragoza -perteneciente al Instituto Universitario de Ciencias Ambientales (IUCA)- han supuesto una revolución en el estudio de las plantas fósiles del Cretácico en el suroeste de Europa.
Así, se han encontrado cerca de una treintena de nuevos yacimientos que contienen una gran diversidad de diferentes tipos de plantas fósiles de esta época, incluidas angiospermas primitivas.
Una característica singular de estas plantas es que poseían una serie de glándulas, repartidas de forma regular por los márgenes de sus hojas que, según dicho estudio, les permitirían eliminar el exceso de agua contenido en sus tejidos en un proceso denominado gutación, que hoy en día todavía utilizan algunas plantas como los equisetos y los angiospermas en ambientes cálidos y muy húmedos.
Las características presentes en las hojas fósiles de Plou indican que estarían relacionadas con un orden de plantas actuales denominado Nhymphaeales, al cual pertenecen el nenúfar gigante (Victoria amazónica) y el nenúfar blanco (Nymphaea lotus), planta ornamental que se puede encontrar hoy en día en lagos y estanques de jardines por todo el mundo.
Las plantas fósiles estudiadas consisten en hojas de muy pequeño tamaño (inferiores a un centímetro y medio de longitud) que presentan una alta variedad morfológica, con hojas de contorno redondeado, elíptico, pseudotriangular, pseudotrapezoidal y hasta acorazonado, todas pertenecientes a la misma especie.
Las hojas de Ploufolia cerciforme, junto con una gran variedad de otras plantas fósiles procedentes de diversos yacimientos de la provincia de Teruel, pueden contemplarse en la exposición "Plantas fósiles del Cretácico Aragonés", expuesta en la sala Lucas Mallada del Museo Paleontológico de la Universidad de Zaragoza, que dirige el catedrático Eladio Liñán.
Este hallazgo acaba de ser publicado en el último número de la revista de investigación "Review of Palaeobotany and Palynology".
Fuente: EFE
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sábado, 29 de mayo de 2010
Descubren el primer dinosaurio cornudo procedente de Europa
Un equipo internacional de investigadores ha descubierto una nueva especie de 'ceratopsiano', un grupo de dinosaurios herbívoros con cuernos que vivió hace entre 65 y 96 millones de años al este de Asia y al oeste de Norteamérica. A pesar de considerarse geográficamente limitados a esta área, los nuevos fósiles craneales se han hallado en lo que es en la actualidad Hungría.Este estudio, publicado en Nature y recogido por SINC, señala que durante el Cretácico superior, hace entre 65 y 96 millones de años, la mayor parte del continente europeo era una compleja serie de islas entre las masas de tierra de África y Eurasia. Así, el hallazgo de estas especies que habitaban en la zona indica que el intercambio de animales entre Asia y Europa en ese periodo pudo ser posible a través de viajes de isla en isla.
"Este dinosaurio húngaro representa el primer acontecimiento de dinosaurios cornudos en Europa. Los restos revelan claramente que los ceratopsianos originarios de Asia colonizaron el archipiélago occidental de Tethyan (que en la actualidad es la región mediterránea) y por lo tanto Europa", ha señalado el autor principal del estudio e investigador en el Museo Húngaro de Historia Natural, Attila Osi.
Además, una de las hipótesis es que la nueva especie de 'ceratopsiano', la 'Ajkaceratops kozmai', fue capaz de nadar, como otros dinosaurios tipo 'hadrosaurios', en distancias cortas entre islas. "Por lo que pudo alcanzar zonas nuevas hacia el oeste", ha declarado el experto.
CAMBIOS EN EL NIVEL DEL MAR
En opinión de los expertos, los cambios periódicos en el nivel del mar pudieron ser otro factor importante para conectar a las islas de forma temporal. "Esto pudo proporcionar una oportunidad a estos animales para alcanzar otras áreas de la costa norte del océano Tethys", ha afirmado el investigador.
Sin embargo, el problema que surge con esta segunda hipótesis es que los científicos no conocen la extensión exacta de las islas, así como el momento preciso en el que pudieron estar conectadas. "El área húngara donde hemos descubierto los fósiles estaban muy probablemente sobre una isla, pero ahora esta área está rodeada por placas tectónicas, así que no sabemos cuál fue el margen original de esta tierra", ha comentado el paleontólogo.
El nuevo 'ceratopsiano' era un animal pequeño de entre uno y un metro y medio de longitud, y herbívoro. "Desempeñó muy probablemente un papel importante en el ecosistema como pasó con otros dinosaurios", ha detallado Osi. Sin embargo, los científicos explican que, debido a la naturaleza fragmentada de los fósiles hallados, "no se puede decir mucho acerca de la anatomía completa de estos animales".
Fuente: europapress.es
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lunes, 19 de abril de 2010
El parque cretácico español

Hace una semana, los rayos X más potentes de Europa viajaron a la España de hace 110 millones de años. Los rayos de luz del sincrotrón ESRF de Grenoble (Francia) penetraron en una pequeña pieza de ámbar, desenterrada en el País Vasco, hasta unas profundidades a las que nada había llegado antes.
Como en una radiografía de potencia inusitada, la luz traspasó la resina fósil y el caparazón de un escarabajo milimétrico atrapado en ella hasta contemplar, por primera vez en la historia, los ojos y el cerebro de un insecto que habitó la Península en el Cretácico.
Hasta este momento se consideraba impensable que restos de esta antigüedad pudieran conservar algún rastro de sus entrañas, pero la luz de los sincrotrones, un tipo de acelerador de partículas que genera luz más intensa que la del sol, están cambiando la historia.
"Estamos abriendo un nuevo mundo de posibilidades", explica Carmen Soriano, la investigadora española del ESRF que dirige el análisis del ámbar español, único en el mundo por su antigüedad y especies encerradas en su interior.
Cuando España era una isla
Hace 100 millones de años, España era una isla. Los Pirineos aún no existían y, en su lugar, había un estrecho mar que bañaba desde Cantabria y el País Vasco hasta Teruel. Era una costa plagada de coníferas hoy extintas. Las frecuentes tormentas rompían sus ramas liberando gran cantidad de resina, en la que quedó atrapada la vida diminuta de aquellos bosques.
Son cientos de especies nuevas de avispas, mosquitos, escarabajos y arañas desenterradas en Peñacerrada (Euskadi), el Soplao (Cantabria) y San Just (Teruel).
Los insectos compartían este ecosistema cálido (la temperatura media era de 40 grados) con dinosaurios de 10 metros de largo como el iguanodón, y otros más pequeños que se encontraban a medio camino entre las aves y los dinosaurios.
El análisis con el sincrotrón de uno de los trozos de ámbar de Teruel acaba de desvelar varias plumas de uno de esos animales. "Son más primitivas que las actuales y no están diseñadas para el vuelo", adelanta Soriano. "Probablemente el pájaro o el dinosaurio al que pertenecieron pasó cerca de la resina y se quedó pegado en ella", detalla. Casi con toda seguridad pertenecen a una especie desconocida hasta ahora.
Los yacimientos españoles se han convertido en una referencia mundial, pues datan de un momento único en el que comenzaron a surgir las primeras flores y, con ellas, los primeros insectos polinizadores como los actuales. Aunque algunos yacimientos llevan años siendo excavados, la mayoría de sus tesoros, en forma de nuevas especies, está aún por descubrir, pues su análisis lleva mucho tiempo.
En 2006, San Just aportó una de las joyas de la corona: una tela de araña atrapada en ámbar en la que estaban su dueña y varias presas. "Dada su edad, 110 millones de años, fue un hallazgo tan improbable como importante", explica Enrique Peñalver, investigador del Instituto Geológico y Minero que participó en las excavaciones de San Just. Los detalles de la pieza se publicaron en Science, una de las revistas científicas más prestigiosas.
La tela retrata un momento en el que los insectos comenzaban a cambiar de vida, se movían más rápido y se adaptaban para alimentarse de las nuevas flores que comenzaban a comer terreno a las coníferas. "Cambiaban los insectos y también sus depredadores", explica Soriano. Las arañas, que hasta entonces tejían redes muy primitivas, comenzaron a desarrollar estructuras suspendidas más complejas, similares a las que se conocen hoy. "La evolución siempre sucede por sexo o comida, es decir, para aparearse o alimentarse", resume Soriano.
Mejor aún es lo que está por llegar. La luz del sincrotrón está destapando decenas de insectos desconocidos. Algunos sólo depositaban sus huevos en la madera quemada que dejaban los frecuentes y enormes incendios del Cretácico. Otro de los estudios de Soriano acaba de demostrar que, al contrario de lo que se pensaba, los orígenes del gorgojo no datan de hace 30 millones de años, sino de hace 110, ya que ha encontrado uno de estos insectos atrapado en ámbar de San Just.
Soriano espera encontrar, al menos, 80 especies nuevas de escarabajo. Y sus compañeros que analizan las muestras del País Vasco esperan hallar decenas de avispas desconocidas. La retahíla de descubrimientos está trufando la taxonomía de nombres con sabor hispánico como la mosca Microphorites utrillensis, encontrada cerca de Utrillas (Teruel), o la avispa Galoroma Alavensis, de Álava, cuyo descubrimiento será publicado en unas semanas, explica Soriano.
"El ámbar español es muy importante porque es uno de los más antiguos y ofrece una ventana única a un mundo que ha desaparecido", explica Vincent Perrichot, un experto en ámbar de la Universidad de Rennes-1, en Francia.
Cerebro al descubierto
La potencia del sincrotrón también está poniendo patas arriba la evolución humana. Hace unos días, el jefe de Soriano, el paleoantropólogo Paul Tafforeau, desveló que el sincrotrón ha encontrado los posibles restos del cerebro momificado de un homínido que vivió hace unos dos millones de años y cuya especie pudo originar el género humano, el Australopithecus sediba. "La calidad y sensibilidad del sincrotrón, comparado con los microscopios convencionales, va a marcar la diferencia en este campo", señala Tafforeau.
Él fue el primero en atravesar ámbar de hace millones de años con los rayos del sincrotrón. "Hice mi primera prueba en 2003, más que nada para divertirme", recuerda. El experimento produjo resultados sorprendentes que se replicaron al analizar restos de ámbar opaco. Donde otros microscopios sólo veían oscuridad, el sincrotrón destapó una constelación de insectos milimétricos que vivieron en Francia hace 90 millones de años. Soriano llegó al ESRF hace un año con una nutrida colección de ámbar español y comenzó a descifrar su historia.
Todo comenzó con una araña de dos milímetros congelada en ámbar de Teruel. Los rayos del sincrotrón la atravesaron muchas veces hasta componer un modelo completo en tres dimensiones de su cuerpo. Después, Soriano aumentó la intensidad del rayo para intentar alcanzar el interior del fósil.
"Cuando abres los cadáveres de estos insectos no hay nada, pues las enzimas de la descomposición se lo han comido todo", explica el investigador de la Universidad de Barcelona Xavier Delclós, coordinador de las excavaciones de San Just, una antigua zona minera al norte de Teruel. En la pantalla de Soriano sucedió lo imposible: las patas de la araña conservaban su musculatura detallada.
Lo mismo sucedió hace seis meses, cuando analizó un curculiónido, un escarabajo que usaba su afilada trompa para comer frutos y madera. La radiografía del sincrotrón desveló su aparato digestivo, la musculatura de sus patas y sus alas plegadas bajo el caparazón. El no va más fue encontrar intactos el interior de los ojos y el cerebro de otro escarabajo que vivió en el País Vasco en la misma época. "Tiene tanto detalle que es como diseccionar un insecto actual", celebra Soriano. "Esto supone alcanzar otro nivel de conocimiento. Vamos a saber si podían volar y cómo, determinar dónde apareció una especie y cómo se extendió e, incluso, analizar el contenido de sus tractos digestivos y saber qué comieron antes de quedar atrapados".
Más dudoso será cumplir el sueño de Parque Jurásico en el que se resucitaba a los dinosaurios a partir del ámbar. Los yacimientos españoles tienen mosquitos chupadores de sangre pero, aunque acabasen de picar a un dinosaurio antes de quedar atrapados en la resina, la sangre se habrá degradado y su contenido de ADN o ARN, unas de las moléculas más inestables, habrá desaparecido. "Es muy poco probable que pueda hacerse", comenta Soriano. Lo que sí es posible, señala, será rescatar madera masticada por los insectos e intentar averiguar su origen, pues los investigadores aún no han conseguido determinar de qué especie eran los árboles que produjeron toda aquella resina.
Como en una radiografía de potencia inusitada, la luz traspasó la resina fósil y el caparazón de un escarabajo milimétrico atrapado en ella hasta contemplar, por primera vez en la historia, los ojos y el cerebro de un insecto que habitó la Península en el Cretácico.
Hasta este momento se consideraba impensable que restos de esta antigüedad pudieran conservar algún rastro de sus entrañas, pero la luz de los sincrotrones, un tipo de acelerador de partículas que genera luz más intensa que la del sol, están cambiando la historia.
"Estamos abriendo un nuevo mundo de posibilidades", explica Carmen Soriano, la investigadora española del ESRF que dirige el análisis del ámbar español, único en el mundo por su antigüedad y especies encerradas en su interior.
Cuando España era una isla
Hace 100 millones de años, España era una isla. Los Pirineos aún no existían y, en su lugar, había un estrecho mar que bañaba desde Cantabria y el País Vasco hasta Teruel. Era una costa plagada de coníferas hoy extintas. Las frecuentes tormentas rompían sus ramas liberando gran cantidad de resina, en la que quedó atrapada la vida diminuta de aquellos bosques.
Son cientos de especies nuevas de avispas, mosquitos, escarabajos y arañas desenterradas en Peñacerrada (Euskadi), el Soplao (Cantabria) y San Just (Teruel).
Los insectos compartían este ecosistema cálido (la temperatura media era de 40 grados) con dinosaurios de 10 metros de largo como el iguanodón, y otros más pequeños que se encontraban a medio camino entre las aves y los dinosaurios.
El análisis con el sincrotrón de uno de los trozos de ámbar de Teruel acaba de desvelar varias plumas de uno de esos animales. "Son más primitivas que las actuales y no están diseñadas para el vuelo", adelanta Soriano. "Probablemente el pájaro o el dinosaurio al que pertenecieron pasó cerca de la resina y se quedó pegado en ella", detalla. Casi con toda seguridad pertenecen a una especie desconocida hasta ahora.
Los yacimientos españoles se han convertido en una referencia mundial, pues datan de un momento único en el que comenzaron a surgir las primeras flores y, con ellas, los primeros insectos polinizadores como los actuales. Aunque algunos yacimientos llevan años siendo excavados, la mayoría de sus tesoros, en forma de nuevas especies, está aún por descubrir, pues su análisis lleva mucho tiempo.
En 2006, San Just aportó una de las joyas de la corona: una tela de araña atrapada en ámbar en la que estaban su dueña y varias presas. "Dada su edad, 110 millones de años, fue un hallazgo tan improbable como importante", explica Enrique Peñalver, investigador del Instituto Geológico y Minero que participó en las excavaciones de San Just. Los detalles de la pieza se publicaron en Science, una de las revistas científicas más prestigiosas.
La tela retrata un momento en el que los insectos comenzaban a cambiar de vida, se movían más rápido y se adaptaban para alimentarse de las nuevas flores que comenzaban a comer terreno a las coníferas. "Cambiaban los insectos y también sus depredadores", explica Soriano. Las arañas, que hasta entonces tejían redes muy primitivas, comenzaron a desarrollar estructuras suspendidas más complejas, similares a las que se conocen hoy. "La evolución siempre sucede por sexo o comida, es decir, para aparearse o alimentarse", resume Soriano.
Mejor aún es lo que está por llegar. La luz del sincrotrón está destapando decenas de insectos desconocidos. Algunos sólo depositaban sus huevos en la madera quemada que dejaban los frecuentes y enormes incendios del Cretácico. Otro de los estudios de Soriano acaba de demostrar que, al contrario de lo que se pensaba, los orígenes del gorgojo no datan de hace 30 millones de años, sino de hace 110, ya que ha encontrado uno de estos insectos atrapado en ámbar de San Just.
Soriano espera encontrar, al menos, 80 especies nuevas de escarabajo. Y sus compañeros que analizan las muestras del País Vasco esperan hallar decenas de avispas desconocidas. La retahíla de descubrimientos está trufando la taxonomía de nombres con sabor hispánico como la mosca Microphorites utrillensis, encontrada cerca de Utrillas (Teruel), o la avispa Galoroma Alavensis, de Álava, cuyo descubrimiento será publicado en unas semanas, explica Soriano.
"El ámbar español es muy importante porque es uno de los más antiguos y ofrece una ventana única a un mundo que ha desaparecido", explica Vincent Perrichot, un experto en ámbar de la Universidad de Rennes-1, en Francia.
Cerebro al descubierto
La potencia del sincrotrón también está poniendo patas arriba la evolución humana. Hace unos días, el jefe de Soriano, el paleoantropólogo Paul Tafforeau, desveló que el sincrotrón ha encontrado los posibles restos del cerebro momificado de un homínido que vivió hace unos dos millones de años y cuya especie pudo originar el género humano, el Australopithecus sediba. "La calidad y sensibilidad del sincrotrón, comparado con los microscopios convencionales, va a marcar la diferencia en este campo", señala Tafforeau.
Él fue el primero en atravesar ámbar de hace millones de años con los rayos del sincrotrón. "Hice mi primera prueba en 2003, más que nada para divertirme", recuerda. El experimento produjo resultados sorprendentes que se replicaron al analizar restos de ámbar opaco. Donde otros microscopios sólo veían oscuridad, el sincrotrón destapó una constelación de insectos milimétricos que vivieron en Francia hace 90 millones de años. Soriano llegó al ESRF hace un año con una nutrida colección de ámbar español y comenzó a descifrar su historia.
Todo comenzó con una araña de dos milímetros congelada en ámbar de Teruel. Los rayos del sincrotrón la atravesaron muchas veces hasta componer un modelo completo en tres dimensiones de su cuerpo. Después, Soriano aumentó la intensidad del rayo para intentar alcanzar el interior del fósil.
"Cuando abres los cadáveres de estos insectos no hay nada, pues las enzimas de la descomposición se lo han comido todo", explica el investigador de la Universidad de Barcelona Xavier Delclós, coordinador de las excavaciones de San Just, una antigua zona minera al norte de Teruel. En la pantalla de Soriano sucedió lo imposible: las patas de la araña conservaban su musculatura detallada.
Lo mismo sucedió hace seis meses, cuando analizó un curculiónido, un escarabajo que usaba su afilada trompa para comer frutos y madera. La radiografía del sincrotrón desveló su aparato digestivo, la musculatura de sus patas y sus alas plegadas bajo el caparazón. El no va más fue encontrar intactos el interior de los ojos y el cerebro de otro escarabajo que vivió en el País Vasco en la misma época. "Tiene tanto detalle que es como diseccionar un insecto actual", celebra Soriano. "Esto supone alcanzar otro nivel de conocimiento. Vamos a saber si podían volar y cómo, determinar dónde apareció una especie y cómo se extendió e, incluso, analizar el contenido de sus tractos digestivos y saber qué comieron antes de quedar atrapados".
Más dudoso será cumplir el sueño de Parque Jurásico en el que se resucitaba a los dinosaurios a partir del ámbar. Los yacimientos españoles tienen mosquitos chupadores de sangre pero, aunque acabasen de picar a un dinosaurio antes de quedar atrapados en la resina, la sangre se habrá degradado y su contenido de ADN o ARN, unas de las moléculas más inestables, habrá desaparecido. "Es muy poco probable que pueda hacerse", comenta Soriano. Lo que sí es posible, señala, será rescatar madera masticada por los insectos e intentar averiguar su origen, pues los investigadores aún no han conseguido determinar de qué especie eran los árboles que produjeron toda aquella resina.
Fuente: publico.es
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viernes, 9 de abril de 2010
Encuentran más restos de dinosaurios en Neuquén, Argentina
Los animales vivieron allí hace 110 millones de años. Se trata de dinosaurios saurópodos rebachisaurus, grandes herbívoros del período Cretácico, uno de los cuales mantuvo gran parte de su cráneo. La presencia del cráneo y del cuello es toda una rareza pues no es común que estas piezas se preserven.Zapala, Neuquén. Un equipo internacional de paleontólogos rescató los fósiles de dos dinosaurios de la misma especie (uno de ellos con el cuello y el cráneo) pero de diferentes edades en la zona de Agrio del Medio, a unos 60 kilómetros de Zapala, que será inundada cuando se haga la obra hidroeléctrica Chihuido I.
Los animales vivieron allí hace 110 millones de años. Se trata de dinosaurios saurópodos rebachisaurus, grandes herbívoros del período Cretácico, uno de los cuales mantuvo gran parte de su cráneo. La presencia del cráneo y del cuello es toda una rareza pues no es común que estas piezas se preserven.
Es la primera vez que se encuentran fósiles de dinosaurios en Agrio del Medio. Y también es la primera vez que se encuentran asociados las osamentas de dos rebachisaurus juntas.
De estos animales cretácicos hay registros en nuestra región y también en algunos lugares del continente africano.
Uno de los dinosaurios midió entre 15 y 20 metros de largo y el otro entre tres y cuatro metros
El cráneo es una de las joyitas logradas en la expedición. Mide unos 40 centímetros de largo y si bien está completo se encuentra desarticulado. Con los huesos de la cabeza se encontró una importante cantidad de dientes del animal.
La que concluyó ayer es la tercera de las campañas que se realizó en Agrio del Medio, al cabo de las cuales los investigadores cargaron más de dos toneladas y media de materiales que serán estudiados en el museo Olsacher de Zapala.
"Hubo mucho trabajo: uno de los bochones (envoltura de yeso y arpillera que resguarda huesos, rocas y arenas)pesa alrededor de una tonelada y media", afirmó Alberto Garrido, director del museo Olsacher al ser consultado por este diario.
Con Garrido trabajaron los paleontólogos Leonardo Salgado de la Universidad Nacional del Comahue (UNC) e Iñaki Canudo, de la Universidad de Zaragoza, de España.
Salgado es uno de los máximos especialistas en dinosaurios saurópodos de todo el mundo y Canudo es uno de los referentes europeos en el tema. Ambos han desarrollado muchos trabajos conjuntos.
Del trabajo de campo participaron además el paleobotánico del Museo de la Plata y del Bernardino Rivadavia de Buenos Aires, Leandro Martínez; el estudiante José Luis Carbollido y el técnico del museo Carmen Funes de Plaza Huincul, Daniel Hernández.
La campaña de rescate que se cerró ayer comenzó el 27 de marzo. Durante ese tiempo, el equipo científico se resguardó en las instalaciones de la escuela 244 de Agrio del Medio, gracias a la buena voluntad de la directora y de los demás integrantes del cuerpo docente y no docente, contó Garrido quien admitió que ahora tienen por delante muchísimo trabajo de laboratorio.
Fuente Diario Río Negro
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jueves, 8 de abril de 2010
Nuevos hallazgos fósiles, galletas de mar, Mexico
Los fósiles encontrados indicarán las condiciones climáticas y de profundidad que tenía el mar en esta porción del estado de Coahuila.Continúan los hallazgos paleontológicos en el municipio de Ramos Arizpe, ya que ahora los pobladores de un ejido dieron cuenta al INAH de miles de "galletas marinas" que están siendo estudiadas por especialistas de esta institución.
Felisa Aguilar, paleontóloga del INAH, informó que se trata de formaciones del cretácico superior. "Lo que encontramos es parte de la formación de lo que se conoce como Cerro del Pueblo, que se ubica en General Cepeda, pero en Ramos Arizpe también hay porciones de esto con la diferencia de que los sedimentos encontrados son marinos."
Abundó que la fauna marina que existió hace 150 millones de años en territorio coahuilense yace fosilizada en grandes cantidades, se trata de moluscos como ostras, almejas y equinodermos, como las galletas de mar en Ramos Arizpe, que miden dos centímetros.
"Las que estamos encontrando son muy chiquitas, pero vemos perfectamente la estrellita, hemos detectado una loma completa con estas fosilizaciones."
Indicó que los mismos ejidatarios ya habían reportado sitios del pleistoceno, ya se había encontrado otro tipo de fósiles en ese lugar. "Ellos nos informaron que había una loma de rocas con flores y dijeron que la flor se veía muy bien."
Aguilar comentó que al momento de hacer la inspección registraron el sitio ante el INAH y por ahora se dedican a hacer análisis sobre la especie a la que pertenecen estas "galletas" de mar.
Dijo que por el momento no se sabe de un hallazgo similar en Coahuila, mientras que en Puebla, Chihuahua, Sonora y Oaxaca se descubrieron hace unos años equinodermos fósiles a los que se denomina comúnmente galletas de mar.
Los ejemplares hasta ahorita sólo se han identificado a nivel de género, el cual es Hardouinia (clasificación taxonómica: Phylum Echinodermata, Orden Cassiduloida, Familia Faujasiidae), el cual habitó en los mares del Cretácico, principalmente en el rango comprendido del Turoniano al Maastrichtiano (93.5 a 65.5 millones de años).
¿Sabías que: la galleta de mar o sand dollars (término en inglés), es el empleado para referirse al grupo de equinodermos (del griego echinos =espinoso, dermos = piel; espinas en la piel) de la clase Echinoidea?
Fuente: eldiariodecoahuila.com.mx
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