Mostrando entradas con la etiqueta pleistoceno tardío. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta pleistoceno tardío. Mostrar todas las entradas

domingo, 21 de noviembre de 2010

Hojas fósiles de tabaco revelan que existía en Perú hace 2,5 millones de años


Una expedición en la selva norte de Perú descubrió una masa compacta con hojas fosilizadas de tabaco, en una zona que corresponde geológicamente al Pleistoceno, lo que revelaría que esa planta existió en Perú hace 2,5 millones de años.

El director del Museo Paleontológico Meyer Honninger, Klaus Honninger, y el experto en paleobotánica Luis Cabrera encontraron el estrato de la era pleistocénica el pasado lunes en la cuenca del río Marañón, en la región Amazonas, con las concreciones de hojas fosilizadas de tabaco, según un comunicado remitido a Efe.

"Este hallazgo realizado en la selva alta al norte del Perú permite determinar, inicialmente, que el origen de la planta se remonta al Pleistoceno y confirmar que el tabaco es oriundo del norte peruano", afirmó la fuente.

Los expertos en botánica habían determinado que el origen del tabaco se situaba en la zona andina entre Perú y Ecuador, debido a los hallazgos de los primeros cultivos que se hicieron entre 5.000 y 3.000 años antes de nuestra era, agregó la fuente.

Además de fumarse, el tabaco se aspiraba por la nariz, se masticaba, se comía, se bebía, se untaba sobre el cuerpo, se usaba en gotas en los ojos y se usaba en enemas por parte de los pobladores antes de la colonización (1492) de América del Sur, explicó el museo.

También se usaba en ritos guerreros antes de la lucha, se esparcía en campos antes de sembrar, se ofrecía a los dioses, se derramaba sobre las mujeres antes de una relación sexual y se utilizaba como narcótico.

El referido museo tiene varias colecciones de fósiles animales y vegetales que serán exhibidas a partir del próximo año en un parque temático en la ciudad norteña de Chiclayo.

Entre las piezas fósiles más destacadas del futuro museo figura un tiburón de 18 metros de largo llamado Megalodón, un felino conocido como diente de sable y un cerebro de ballena, entre otras.

Fuente: EPA.

lunes, 30 de agosto de 2010

Hallan en Cehegín (Murcia) un molde fosilizado de un árbol del Pleistoceno de una antigüedad de 30.000 años


El geólogo aficionado y archivero municipal de Cehegín, Francisco Jesús Hidalgo, ha localizado en dicha localidad el molde fosilizado de un árbol del 'Pleistoceno', que puede tener una antigüedad probable de en torno a los 30.000 años, en una formación tobácea no muy lejana del casco urbano.

El árbol quedó cubierto por carbonato cálcico en una zona de manantiales que, posiblemente, se puede encuadrar cronológicamente en un interestadio dentro de la glaciación Würm, en la que había un clima templado y mucha abundancia de agua.

Las tobas se forman por precipitación del carbonato cálcico de las aguas subterráneas cuando afloran a la superficie, depositándose sobre la vegetación y creando estructuras, en ocasiones, de muchos metros de espesor.

En esta zona de tobas abundan los fósiles de hojas de árboles caducifolios, y también hay presencia de coníferas en los niveles medios, según ha informado el Ayuntamiento en un comunicado.

Se considera que tiene una antigüedad probable de en torno a los 30.000 años, aunque es posible que las fuentes que se encontraban allí, en momentos de mayor o menor abundancia de agua, perdurasen, al menos, hasta hace unos 8.000 o 10.000 años; periodo en que Cehegín era un "auténtico vergel con muchos afloramientos de agua de manantial".

Fuente: 20minutos.es

jueves, 17 de junio de 2010

Tortugas gigantes terrestres en Corrientes, Argentina


A través de un estudio que tuvo en cuenta registros fósiles, investigadores de la Universidad Nacional del Nordeste lograron determinar la anatomía de tortugas gigantes terrestres que habitaron en la región en el periodo del Pleistoceno.


Las tortugas son un grupo muy particular de reptiles, porque poseen la cabeza, patas y cola incluidas en un caparazón dorsal y plastrón ventral. Curiosamente, el caparazón se origina como expansión de las costillas, esto puede visualizarse en el desarrollo embrionario de ellas. Se aprecia notables diferencias entre las tortugas acuáticas y terrestres; en sistemática paleontológica se utilizan caracteres del cráneo, del caparazón y principalmente del plastrón para determinar familias, géneros y especies.

A través de la paleontología, los investigadores Marcelo de la Fuente y Gerardo Zacarías, de la Facultad de Ciencias Exactas y Naturales y Agrimensura (FACENA) de la Universidad Nacional del Nordeste (UNNE) pudieron determinar la anatomía de tortugas gigantes terrestres que habitaron en este territorio en tiempos prehistóricos.

No todas son iguales

Las tortugas acuáticas de agua dulce tienen caparazones más aplastados y dedos palmados (membranas entre los dedos); mientras que las marinas un mayor desarrollo en el número de falanges. Las tortugas terrestres tienen caparazones más globosos y con reducción del numero de las falanges en los dedos (generalmente la reducción varía de 3 a 2 falanges) para soportar mejor el peso.

“Este trabajo lo comenzamos en el 2008 cuando se rescataron ejemplares fósiles de una tortuga gigante en Bella Vista y una tortuga acuática de menor tamaño de Santa Lucía, ambas localidades de la provincia de Corrientes. Estos fósiles provienen de sedimentitas de la Formación Toropí, con una edad aproximadamente de entre 50.000 y 35.000 años (Pleistoceno superior)”, señaló a la revista Ciencia y Técnica de la UNNE Gerardo Zacarías.

El investigador mencionó que de la primera localidad ya se habían extraído ejemplares de tortugas gigantes. “El primer ejemplar fue rescatado por los doctores Beatriz Alvarez y Rafael Herbst, pero lamentablemente este fósil fragmentario se perdió de las colecciones paleontológicas del FACENA; el segundo ejemplar un poco más completo pero bastante fragmentario; fue extraído por el grupo de Paleontología de Facena/ CECOAL (Centro de Ecología Aplicada del Litoral), e investigadores del Instituto CICyTTP (Centro De Investigaciones Científicas y Transferencia de Tecnología a la Producción), Entre Ríos. Este ejemplar fue estudiado por Noriega y colaboradores en el año 2000, llegando a la conclusión de que tentativamente corresponde al género Chelonoidis. No se podía confirmar este postulado, por la naturaleza fragmentaria del material”, recordó.

Es así que en el año 2009, Zacarías y de la Fuente, confirman la presencia del género Chelonoidis a partir de un ejemplar más completo exhumado en el 2007 por investigadores del FACENA/ CECOAL e investigadores de la Universidad de La Plata (UNLP). “El carácter que permitió confirmar el género es la particular forma de los escudos pectorales, como ser un estrechamiento medial con una expansión distal”, explicaron los expertos.

A su vez, se recolectaron varios fósiles de Santa Lucía, entre ellos, unas placas desarticuladas de una tortuga acuática, que por la forma particular -escudos córneos presentes en el epiplastrón, como ser escudos gulares triangulares curvados hacia la parte dorsal que contactan plenamente entre sí en la línea media y escudos humerales que tienen forma de paralelogramo, con borde libre convexo y estrechos hacia la línea media- se lo asigna de forma tentativa al género Trachemys.

El género Chelonoidis incluye un grupo de tortugas terrestres neotropicales; actualmente están representadas por las especies Chelonoidis chilensis, a la cual se la conoce como la tortuga chaqueña, o “Chaco Tortoise”, que puede llegar a alcanzar los 30 cm de longitud recta del caparazón.

En Argentina se distribuye en la región fitogeográfica chaqueña, es decir, en las provincias Chaco, Formosa, Santiago del Estero, parte de Santa Fe y Salta. Chelonoidis carbonaria conocida vulgarmente como “tortuga de patas rojas”, puede llegar a medir 60cm de longitud recta del caparazón; vive en zonas abiertas semiáridas como el de una sabana arbolada pero también puede habitar áreas más cerradas como la selva. Las podemos encontrar en Chaco y Misiones, aunque no de manera abundante.

Chelonoidis denticulata, puede llegar a medir 70cm de longitud recta el caparazón, “es la tortuga de patas amarillas”, vive en netamente en selvas amazónicas, no llega hasta nuestro país. Estas tres primeras son continentales, mientras que la tortuga terrestre insular es Chelonoidis nigra conocida como la tortuga Galápagos, es la gigante de las 4, que llega a medir 110cm de longitud recta del caparazón, presenta diferentes razas de acuerdo al ambiente que viven en las distintas islas.

Trachemys es una tortuga acuática que habita actualmente lagunas de cierta profundidad -1.20m-, su distribución en Argentina es en las cuencas del río Paraná, desde la provincia de Corrientes hasta el río de la Plata. Aunque podría haber variaciones en su población.

Consultado respecto a las zonas de la provincia donde las tortugas gigantes habitaron y por qué, Zacarías recordó que a partir de una inferencia ecomorfológica del húmero grácil de una tortuga Gigante Terrestre de BellaVista, estudiada por Noriega y colaboradores en el año 2000, las tortugas gigantes en la Mesopotamia habitaron áreas abiertas de condiciones más frías y áridas que las actuales. “Lo que no se sabe con seguridad, es que si este ambiente era muy árido o con influencia tropical”, dijo.

“Tampoco no se sabe mucho sobre la biología de las tortugas terrestres gigantes porque en Sudamérica los restos relativamente completos de tortugas asignables al género Chelonoidis (sumado a los ejemplares de la provincia de Corrientes) son 9”, acotó el investigador.

Sin embargo, “lo que sí se sabe es que estas tortugas terrestres gigantes continentales fósiles se diferencian de las de las islas Galápagos porque éstas últimas adquirieron el gran tamaño debido a la carencia de depredadores en las islas. El caparazón de estas tortugas es más abierto y de menor espesor; el cual contrasta mucho con las continentales fósiles, dado que su caparazón es menos abierto y de notable espesor debido a que tenían que hacer frente a depredadores tales como lobos de gran porte, felinos conocidos como “tigre de sable” y otros mamíferos carnívoros”, explicó el investigador.

Por otro lado, Trachemys, es una especie actual, y vive en un ambiente de lagunas rodeado por selvas en galería. “Posiblemente esas eran las condiciones en Santa Lucía hace 35 mil años”, infieren los investigadores.

Actualmente, “se sigue trabajando en el tema, pretendiendo ampliar el registro fósil; esclarecer la taxonomía del ejemplar de Tortuga Terrestre Gigante hallado en 2007, este ejemplar podría ser o no una nueva especie del género Chelonoidis; y conocer mejor las condiciones ambientales en el momento en que vivió la Tortuga Terrestre Gigante”, dijo Zacarías.

Muchos años atrás

Mediante estudios previos realizados por los doctores Herbst, Alvarez, Lutz, Zurita, Miño Boilini, de la Fuente, entre otros; se sabe que existieron hace 35 mil años en la provincia de Corrientes, tortugas terrestres gigantes y mamíferos de gran porte, como elefantes, Glyptodontes y Scelidotherinos. Estos animales fueron componentes de la “Megafauna Pleistocena”.

Mediante estos estudios se podría saber más como era el ambiente en ese momento geológico y que cambios naturales se produjeron para que no existiesen más la “Megafauna”.

Estos proyectos tienen como principal objetivo el estudio integral (taxonómico, filogenético, paleobiogeográfico, paleoambiental) de la notable diversidad biológica observada en la región mesopotámica durante la mayor parte del Pleistoceno.

Fuente: misionesonline.net

viernes, 9 de abril de 2010

El Origen del Oso Polar


Un raro fósil de oso polar descubierto en Noruega en 2004 se ha convertido en un tesoro de información esencial sobre la edad y los orígenes evolutivos de la especie, hoy muy amenazada por el calentamiento global.

Un estudio realizado por investigadores de la Universidad Estatal de Pensilvania, la Universidad de Buffalo, la de Oslo, y otras instituciones, está colocando en su lugar las piezas clave del rompecabezas de la historia evolutiva de los osos polares y los osos pardos, incluyendo su respuesta ante los cambios climáticos del pasado.

Los resultados de este estudio confirman que el oso polar es una especie evolutivamente joven que se separó de los osos pardos hace unos 150.000 años y evolucionó muy rápidamente durante el Pleistoceno tardío, adaptándose probablemente a la apertura de nuevos hábitats y fuentes de alimento en respuesta a cambios climáticos justo antes del último período interglacial.

Muy pocos fósiles de osos polares han sido hallados, lo que ha conducido a una amplia variedad de estimaciones sobre cuándo y cómo exactamente evolucionaron. El hecho de que estos osos vivan en el hielo, hace que a menudo sus cadáveres caigan al fondo del océano. Sus cuerpos no se depositan en los sedimentos como sí sucede con los de otros mamíferos. Sin embargo, en 2004, un geólogo islandés encontró en el archipiélago noruego de Svalbard un fósil raro y bien conservado, de 110.000 a 130.000 años de edad, consistente en una mandíbula y un diente.

El fósil ha sido desde entonces objeto de una larga serie de análisis, que ha culminado en la secuenciación de su genoma mitocondrial completo.

Aunque los antiguos osos polares sobrevivieron a una época calurosa en el pasado, los actuales pueden tener una menor capacidad de adaptación, debido a que están muy especializados, y bien adaptados morfológica, fisiológica y conductualmente a vivir en el borde del hielo ártico, subsistiendo de unas pocas especies de focas.

Charlotte Lindqvist (Universidad de Buffalo), Stephan C. Schuster (Universidad Estatal de Pensilvania) y Oystein Wiig (Museo de Historia Natural de la Universidad de Oslo) han intervenido en el estudio.



Fuente: amazings.com