José Luis Sanz en la exposición ´Tyrannosaurus rex´ del Parque de las Ciencias. L.O
El paleontólogo y divulgador José Luis Sanz ha inaugurado los actos de celebración del aniversario del Parque de las Ciencias
J.C.CHAMORRO "Los dinosaurios nos fascinan porque representan el linaje de animales que dominaron la Tierra antes que nosotros". Según el paleontólogo y divulgador José Luis Sanz esta es una de las razones por las que estos reptiles que habitaron el planeta durante 160 millones de años despiertan tanto interés y generan tanta inquietud por conocer más sobre su larga estancia en el planeta. Pero, ¿cómo sabemos todo lo que sabemos de ellos? Sanz ha contestado a esta pregunta ante las más de 500 personas de todas las edades que han asistido a la conferencia, con la que ha arrancado el 17º aniversario del Parque de las Ciencias.
La respuesta está en la gran variedad de registros fósiles que los dinosaurios han dejado en las rocas sedimentarias del Mesozoico: "A través de los diferentes documentos fósiles que existen -huesos, huevos y nidos, coprolitos (excrementos), icnitas (huellas fósiles), gastrolitos y contenido digestivo, marcas de depredación y tejidos y estructuras no esqueléticas- podemos conocer cómo eran y cómo vivían, qué tamaño tenían, sus patrones de comportamiento e incluso a la velocidad a la que se desplazaban", explica el paleontólogo.
Una información que cada es más amplia y exhaustiva gracias a la aplicación de nuevas tecnologías. En este sentido, Sanz ha destacado dos: la utilización de los sistemas de escaneado en rayos X y las tecnologías de realidad aumentada adaptada a la paleontología que permiten reconstruir los esqueletos, determinar la musculatura e incluso saber cuál era su peso aproximado.
En los últimos meses también se han producido descubrimientos que nos ayudan a profundizar aún más en el conocimiento de estos animales. Entre ellos, José Luis Sanz se ha referido a las últimas publicaciones científicas sobre el color del plumaje de tres especies de dinosaurios. Un hallazgo que se ha producido a partir del análisis de los melanosomas que han conservado en el sistema tegumentario (órgano que sirve de protección externa al cuerpo de los animales, con varias capas y anejos como glándulas, escamas, pelo y plumas).
Gracias al desarrollo de la paleontología y de la dinosaurología -la disciplina que estudia este grupo de especies- en España se han descubierto más de una decena de dinosaurios. La mayor parte de los restos fósiles se han encontrado en Aragón, Castilla la Mancha, Valencia, Cataluña y Castilla León. Sanz es el autor del descubrimiento del primer dinosaurio que se nombró en España: el Aragosaurus. Este hallazgo se produjo en 1984 y, desde entonces, esta disciplina "ha experimentado una gran evolución en España con aportaciones científicas muy importantes que desvelan cada vez más datos sobre una de las especies que más fascinan al ser humano".
La evolución de esta disciplina depende en gran medida del "clamor popular y de la fascinación que despiertan estos reptiles en todos los públicos" y para ello es imprescindible contar con la colaboración de los museos que son los que "generan opinión e inquietud científica en los ciudadanos", ha aseverado. Así, se ha referido al valor que tienen propuestas como la exposición ´Tyrannosaurus rex´ que aúnan la fascinación y el rigor científico para que todos los públicos "conozcan mejor a los dinosaurios y valoren la importancia de esta ciencia básica", ha añadido.
José Luis Sanz es Catedrático de Paleontología de la Universidad Autónoma de Madrid, miembro Correspondiente de la Real Academia de Ciencias Exactas, Físicas y Naturales, Director técnico del Museo Paleontológico de Elche y miembro del consejo científico del Institut Català de Paleontologia (2007 en adelante). También es de numerosos artículos y autor de libros sobre dinosaurios como ´Mitología de los dinosaurios´, ´Dinosaurios, los señores del pasado´ y ´Cazadores de dragones´, entre otros.
Jornada de Puertas Abiertas. Con esta actividad arranca el 17º aniversario del museo que tendrá como eje central la Jornada de Puertas Abiertas este sábado 12 de mayo. La XV Feria de la Ciencia, el concurso fotográfico amateur bajo el lema ´Compartir la ciencia´, música, magia, más de 40 demostraciones científicas realizadas por estudiantes y docentes de toda Andalucía y un programa especial en torno a la botánica son algunas de las propuestas para celebrar el cumpleaños del Parque de las Ciencias. Las puertas del recinto educativo y cultural estarán abiertas de 10.00 a 19.00 horas.
Fuente:laopiniondegranada.es
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viernes, 11 de mayo de 2012
domingo, 12 de septiembre de 2010
El gran (y jorobado) dinosaurio español
Reconstrucción del dinosaurio carnívoro 'concavenator', cuyo esqueleto fósil se ha descubierto en Las Hoyas (Cuenca).- RAÚL MARTÍN Un dinosaurio de un género y una especie completamente desconocidos hasta el momento siempre es un descubrimiento que causa sensación en la paleontología mundial. Ahora un ejemplar de buen tamaño, carnívoro y con una extraña joroba, ha sido descubierto en Cuenca, en el yacimiento de Las Hoyas. Vivió hace 125 millones de años y es el dinosaurio más completo que se ha encontrado en España, afirman los investigadores. Con sus seis metros de largo, el nuevo ejemplar conquense, un animal adulto, era cuatro veces mayor que los ágiles y temibles velocirráptores que salían en la película Parque Jurásico. Y este es mucho más antiguo.
El esqueleto fósil se presenta hoy en lugar destacado en la prestigiosa revista Nature con un artículo firmado por los tres científicos españoles que lo han encontrado y estudiado (Francisco Ortega, Fernando Escaso y José Luis Sanz).
El dinosaurio, carnívoro, ha sido bautizado científicamente Concavenator corcovatus y apodado Pepito pese a ser un animal adulto. El propio nombre oficial, que significa Cazador jorobado de Cuenca, aporta datos interesantes sobre el animal: "Era un depredador, que cazaría sin hacer ascos a la carroña que se encontrase, como los leones actuales", explica Sanz, especialista español en dinosaurios reconocido internacionalmente.
Francisco Escaso, Francisco Ortega y José Luis Sanz (de izquierda a derecha) estudian el fósil del concavenator Pepito.- UAM / UNEDRAÚL MARTÍNEl nuevo dinosaurio español destaca no solo por su novedad, su tamaño y su excelente conservación, sino porque aporta información inesperada sobre la historia de este tipo de animales del Cretácico inferior. Pertenece a los carcadorontosaurios, una familia de dinosaurios que se consideraba hasta hace no mucho original del hemisferio Sur. El hallazgo de un ejemplar de esta familia en el Reino Unido hace unos años y, ahora, el muy completo fósil de Las Hoyas, ambos muy primitivos y en el hemisferio Norte, exige rectificar la idea que se tenía de su trayectoria evolutiva y geográfica.
Otra peculiaridad de este dinosaurio son unos bultos que se distinguen en el hueso del antebrazo, que son similares a los que sirven de punto de inserción de las plumas remeras en las aves actuales. Está claro que Pepito no volaba, pero "la presencia de los pequeños bultos en la ulna [equivalente al cúbito de los humanos] de concavenator indica que este dinosaurio conquense ya tenía estructuras en la piel que constituyen un estadio ancestral de las plumas de las aves", explican los científicos.
No hay que olvidar que, como han demostrado los fósiles hallados en Las Hoyas desde hace unos años -y, paralelamente, en yacimientos de China-, los dinosaurios no se extinguieron hace 65 millones de años (probablemente como consecuencia del impacto de un gran meteorito en la Tierra), sino que algunos de ellos, los voladores, lograron sobrevivir y acabaron siendo los pájaros actuales.
Pepito apareció hace ya varios años y supuso desde el primer momento una sorpresa para los paleontólogos, pero han tardado bastante tiempo en recuperar y conservar los huesos fósiles de las planchas de roca en que estaban incrustados. "Es un trabajo minucioso, con instrumentos como los de dentista, para ir retirando la roca sin llegar a tocar el fósil", explica Sanz.
De esta operación se han encargado sobre todo Ortega y Escaso (de la UNED), en el Museo de las Ciencias de Castilla-La Mancha, en Cuenca, donde ahora está el ejemplar. El esqueleto está aplastado y acostado hacia su lado izquierdo y la roca en que reposa estaba fragmentada en varias losas, por lo que su reconstrucción fue, lo primero, "como montar un rompecabezas en tres dimensiones", recuerda Sanz, catedrático de la Universidad Autónoma de Madrid. "Al principio pensamos que podría ser un reptil marino, un gran cocodrilo, o un dinosaurio", añade.
Los restos del concavenator destacan por su excelente estado de conservación, una característica que resulta singular en las condiciones del yacimiento de las Hoyas, poco favorables a la preservación de esqueletos grandes. Pepito, para suerte de los científicos, se ha conservado sin esos problemas y se aprecian en sus huesos detalles de las escamas de las patas y de la cola.
Fuente: elpais.com
jueves, 10 de junio de 2010
Grandes reptiles oceánicos con la sangre caliente

Diente de un ictiosaurio utilizado en el trabajo.| Science
Los grandes reptiles marinos que habitaron en los mares, hace entre 251 y 65 millones de años, eran de sangre caliente, una característica que les permitía vivir a grandes profundidades y desplazarse nadando a largas distancias para capturar sus presas.
Esta es la conclusión a la que ha llegado un equipo de investigadores de la Universidad de Lyon y otras instituciones científicas francesas, que han analizado el isótopo 18 de los dientes fosilizados de tres de los linajes más significativos de aquellos monstruos marinos.
Los científicos, según publican en la revista 'Science', comprobaron que las temperaturas oceánicas en aquella era llegaban a ser muy frías, casi a punto de la congelación. Si los reptiles de entonces hubieran tenido la sangre fría, es decir, que su organismo se hubiera adaptado a la que había a su alrededor, su supervivencia habría sido muy complicada.
Para averiguar cómo funcionaba su organismo eligieron fósiles dentales de tres linajes: los plesiosaurios, los ictiosaurios y los mosasaurios, y compararon sus isótopos de oxígeno con los dientes de peces que viven en el mismo medio ambiente para descartar desviaciones en la temperatura corporal.
El resultado fue que los plesiosaurios y los ictiosaurios tenían una temperatura corporal que oscilaba entre los 35º y los 39º C. No está tan claro si los mosasaurios también mantenían su sangre caliente, aunque es algo que no descartan.
La explicación de esta adaptación evolutiva estaría en que los dos primeros linajes de reptiles marinos iban a la captura de sus presas y tenían que recorrer grandes distancias a una velocidad muy alta, como hacen los atunes, por lo que su metabolismo requería una temperatura alta para estar activo.
En el caso de los mosasaurios, por lo que ya se sabía, eran reptiles que permanecían al acecho cuando salían de caza y, por tanto, solo puntualmente alcanzaban grandes velocidades y en distancias cortas.
Para el catedrático de Paleontología José Luis Sanz, este trabajo "es muy interesante porque confirma las hipótesis que había sobre el comportamiento y el hábitat de estos reptiles marinos".
Todos ellos fueron grandes depredadores de dimensiones gigantescas, como también eran las de sus vecinos terrestres, los dinosaurios.
Esta es la conclusión a la que ha llegado un equipo de investigadores de la Universidad de Lyon y otras instituciones científicas francesas, que han analizado el isótopo 18 de los dientes fosilizados de tres de los linajes más significativos de aquellos monstruos marinos.
Los científicos, según publican en la revista 'Science', comprobaron que las temperaturas oceánicas en aquella era llegaban a ser muy frías, casi a punto de la congelación. Si los reptiles de entonces hubieran tenido la sangre fría, es decir, que su organismo se hubiera adaptado a la que había a su alrededor, su supervivencia habría sido muy complicada.
Para averiguar cómo funcionaba su organismo eligieron fósiles dentales de tres linajes: los plesiosaurios, los ictiosaurios y los mosasaurios, y compararon sus isótopos de oxígeno con los dientes de peces que viven en el mismo medio ambiente para descartar desviaciones en la temperatura corporal.
El resultado fue que los plesiosaurios y los ictiosaurios tenían una temperatura corporal que oscilaba entre los 35º y los 39º C. No está tan claro si los mosasaurios también mantenían su sangre caliente, aunque es algo que no descartan.
La explicación de esta adaptación evolutiva estaría en que los dos primeros linajes de reptiles marinos iban a la captura de sus presas y tenían que recorrer grandes distancias a una velocidad muy alta, como hacen los atunes, por lo que su metabolismo requería una temperatura alta para estar activo.
En el caso de los mosasaurios, por lo que ya se sabía, eran reptiles que permanecían al acecho cuando salían de caza y, por tanto, solo puntualmente alcanzaban grandes velocidades y en distancias cortas.
Para el catedrático de Paleontología José Luis Sanz, este trabajo "es muy interesante porque confirma las hipótesis que había sobre el comportamiento y el hábitat de estos reptiles marinos".
Todos ellos fueron grandes depredadores de dimensiones gigantescas, como también eran las de sus vecinos terrestres, los dinosaurios.
Fuente:elmundo.es
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lunes, 28 de septiembre de 2009
José Luis Sanz considera que las aves son "dinosaurios especializados"
El catedrático de Paleontología de la Universidad Autónoma de Madrid José Luis Sanz aseguró hoy que "las aves son dinosaurios especializados" según investigadores europeos, norteamericanos y españoles que consideran que "hay una evolución de estos ancestros hacia las aves más primitivas que finalmente consiguieron volar y sobrevivir".En declaraciones a los medios con motivo de su participación en los cursos de verano de la Universidad Internacional de Andalucía (UNIA), Sanz aseguró que el hecho de considerar a las aves como dinosaurios especializados "puede extrapolarse a la vida cotidiana de cada persona si se piensa que cuando alguien come un pollo está comiendo un dinosaurio".
Según indicó el catedrático, a finales de los años 60 "se produjo un cambio en el llamado 'paradigma del dinosaurio tonto', que consideraba a estas criaturas como errores de la naturaleza y simples objetos vivos sin capacidad intelectual" para pasar a ser concebidos como "elemento dominante terrestre".
"Según esta concepción, los seres humanos sólo seríamos meros oportunistas, pues a raíz de la extinción de los dinosaurios nos aprovechamos para abusar y mandar en el planeta", indicó Sanz, que puso de manifiesto que "como la desaparición de esta especie fue un factor contingente, nunca sabremos qué hubiera sido de nosotros si ellos no se hubiesen extinguido".
En este sentido, explicó que "existen datos empíricos que evidencian que un objeto extraterrestre", posiblemente un meteorito de unos cien kilómetros de diámetro, "impactó sobre la tierra y provocó la desaparición de los dinosaurios porque además originó al mismo tiempo una serie de tsunamis con olas de varios metros de altura".
Según este catedrático, esta teoría se confirmó cuando unos petroleros encontraron en la Península de Yucatán --al sureste de la República Mexicana-- restos de un meteorito que cayó sobre la Tierra creando el cráter 'Chicxulub.
Según indicó el catedrático, a finales de los años 60 "se produjo un cambio en el llamado 'paradigma del dinosaurio tonto', que consideraba a estas criaturas como errores de la naturaleza y simples objetos vivos sin capacidad intelectual" para pasar a ser concebidos como "elemento dominante terrestre".
"Según esta concepción, los seres humanos sólo seríamos meros oportunistas, pues a raíz de la extinción de los dinosaurios nos aprovechamos para abusar y mandar en el planeta", indicó Sanz, que puso de manifiesto que "como la desaparición de esta especie fue un factor contingente, nunca sabremos qué hubiera sido de nosotros si ellos no se hubiesen extinguido".
En este sentido, explicó que "existen datos empíricos que evidencian que un objeto extraterrestre", posiblemente un meteorito de unos cien kilómetros de diámetro, "impactó sobre la tierra y provocó la desaparición de los dinosaurios porque además originó al mismo tiempo una serie de tsunamis con olas de varios metros de altura".
Según este catedrático, esta teoría se confirmó cuando unos petroleros encontraron en la Península de Yucatán --al sureste de la República Mexicana-- restos de un meteorito que cayó sobre la Tierra creando el cráter 'Chicxulub.
Fuente: es.noticias.yahoo.com
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viernes, 3 de julio de 2009
Un dinosaurio momificado confirma su similitud con reptiles y aves modernos
El hombre de Piltdown ha pasado a la historia como uno de los mayores fraudes de la paleontología. Una mandíbula de orangután unida artificialmente al cráneo de un humano actual engañó durante años a los expertos y fue considerado como un nuevo y revolucionario antepasado de 'Homo sapiens'. Todo ocurrió a principios del siglo XX, cuando la tarea de datar un fósil y examinarlo no contaba con la tecnología de hoy en día
Si alguien en quien Piltdown haya sembrado la semilla del escepticismo tuviera dudas de la existencia de los dinosaurios, podrá encontrar, en un nuevo estudio publicado en la última edición de la revista británica 'Proceedings of the Royal Society B', evidencias frescas de aquellos animales; evidencias que van más allá de huesos fosilizados o icnitas.
Phillip Manning, del Museo de Manchester, y colegas han realizado un completo análisis de la estructura y composición de tejidos blandos mineralizados (piel, falanges, tendones) que pertenecieron a un hadrosaurio de finales del Cretácico, poco antes del ocaso del largo reinado de sus congéneres sobre la Tierra.
Los resultados confirman que la estructura de la piel del reptil prehistórico es igual a la de aves y cocodrilos modernos, sus descendientes. Algo que ya se suponía, pero que se demuestra esta vez con evidencias concretas.
Los fragmentos orgánicos del espécimen encontrado proceden de la prolífica formación de Hell Creeks, en Dakota del Norte. El hadrosaurio ('Edmontosaurus sp.') en cuestión ha sido bautizado, pues, 'Dakota'.
Conservación extraordinaria
Que se encuentren tejidos blandos de tamaña antigüedad no es, pese a ser siempre jugoso para la ciencia, una estricta novedad. La coincidencia de distintos factores ambientales -enterramiento repentino y conservación en entornos pobres en oxígeno- puede permitir que los tejidos orgánicos, destinados, en condiciones normales, a descomponerse rápidamente y desaparecer, puedan durar a lo largo de tiempos extraordinarios.
Pero el estudio sí es novedoso en sus procedimientos. Las evidencias bien aprovechadas pueden llevar a resultados interesantes. "Es uno de los análisis más completos que se han hecho hasta ahora de los restos de un dinosaurio", comenta a elmundo.es José Luis Sanz, de la Universidad Autónoma de Madrid y el mayor experto en dinosaurios de España. "Se han utilizado muy diversas técnicas de observación para tratar de conocer los mecanismos que han permitido la conservación de estos tejidos", añade.
Las partes blandas encontradas pertenecen a falanges, piel y tendones osificados. La 'autopsia' ha revelado que el hadrosaurio fue enterrado abruptamente en los márgenes arenosos de un río y cubierto de un sedimento fino que envolvió su piel formando una especie de cemento.
Aunque el análisis de los restos del animal no ha obtenido proteínas intactas, sí muestra la presencia de estructuras celulares, bloques de aminoácidos que en su día formaron las proteínas. Toda una lección de conservación.
Fuente: El Mundo.es
Si alguien en quien Piltdown haya sembrado la semilla del escepticismo tuviera dudas de la existencia de los dinosaurios, podrá encontrar, en un nuevo estudio publicado en la última edición de la revista británica 'Proceedings of the Royal Society B', evidencias frescas de aquellos animales; evidencias que van más allá de huesos fosilizados o icnitas.
Phillip Manning, del Museo de Manchester, y colegas han realizado un completo análisis de la estructura y composición de tejidos blandos mineralizados (piel, falanges, tendones) que pertenecieron a un hadrosaurio de finales del Cretácico, poco antes del ocaso del largo reinado de sus congéneres sobre la Tierra.
Los resultados confirman que la estructura de la piel del reptil prehistórico es igual a la de aves y cocodrilos modernos, sus descendientes. Algo que ya se suponía, pero que se demuestra esta vez con evidencias concretas.
Los fragmentos orgánicos del espécimen encontrado proceden de la prolífica formación de Hell Creeks, en Dakota del Norte. El hadrosaurio ('Edmontosaurus sp.') en cuestión ha sido bautizado, pues, 'Dakota'.
Conservación extraordinaria
Que se encuentren tejidos blandos de tamaña antigüedad no es, pese a ser siempre jugoso para la ciencia, una estricta novedad. La coincidencia de distintos factores ambientales -enterramiento repentino y conservación en entornos pobres en oxígeno- puede permitir que los tejidos orgánicos, destinados, en condiciones normales, a descomponerse rápidamente y desaparecer, puedan durar a lo largo de tiempos extraordinarios.
Pero el estudio sí es novedoso en sus procedimientos. Las evidencias bien aprovechadas pueden llevar a resultados interesantes. "Es uno de los análisis más completos que se han hecho hasta ahora de los restos de un dinosaurio", comenta a elmundo.es José Luis Sanz, de la Universidad Autónoma de Madrid y el mayor experto en dinosaurios de España. "Se han utilizado muy diversas técnicas de observación para tratar de conocer los mecanismos que han permitido la conservación de estos tejidos", añade.
Las partes blandas encontradas pertenecen a falanges, piel y tendones osificados. La 'autopsia' ha revelado que el hadrosaurio fue enterrado abruptamente en los márgenes arenosos de un río y cubierto de un sedimento fino que envolvió su piel formando una especie de cemento.
Aunque el análisis de los restos del animal no ha obtenido proteínas intactas, sí muestra la presencia de estructuras celulares, bloques de aminoácidos que en su día formaron las proteínas. Toda una lección de conservación.
Fuente: El Mundo.es
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jueves, 18 de junio de 2009
Un dinosaurio 'cascanueces' con pico de loro; Gobi, China.
El equipo del paleontólogo estadounidense Paul Sereno, de la Universidad de Chicago, ha descubierto una nueva especie de dinosaurio-loro, al que ha llamado 'Psittacosaurio gobiensis', por ser el desierto del Gobi, en Mongolia (China) donde ha dado con sus huesos. Sereno, especializado en este género, explica que la forma de su cráneo, recuperado casi totalmente, tiene estructuras muy similares a las de los loros vivos.
"Es la primera vez que se logra determinar la dieta concreta de un dinosaurio de este tipo, que en este caso era de nueces y semillas", explica Sereno en declaraciones a elmundo.es
El 'psittacusaurio fósil, del que se ha recuperado casi todo el esqueleto, fue encontrado en una formación rocosa de hace 110 millones de años en 2001, durante una expedición chino-norteamericana encaminada al hallazgo de nuevos dinosaurios.
Aunque son muchas las especies de este género que se conocen, los investigadores se sorprendieron del increíble estado de conservación del cráneo y la mandíbula, que sugieren que tuvo unos músculos muy fuertes y que mordía con energía. Por ello, y a que se han encontrado numerosas piedras grandes en su estómago, los investigadores, dirigidos por Paul Sereno, sugieren que estos psittacusaurios tuvieron una dieta en la que dominaban las semillas y los frutos secos.
José Luis Sanz, catedrático de Paleontología de la Universidad Autónoma de Madrid y experto en dinosaurios, señala que este género de lagartos-loros son muy conocidos. "Todos se han encontrado en Asia. Tenían ese pico porque es una estructura muy versátil", señala Sanz.
De hecho, se conocen más de 400 especímenes de 'Psittacosaurus' de ocho (ahora nueve) especies diferentes. Se trataba de dinosaurios de pequeño tamaño, que andaban sobre dos patas y eran herbívoros. Con tantos ejemplares en los museos, de diferentes edades, resulta más fácil que en otros casos determinar cuando se trata de un animal no visto hasta ahora.
Análisis comparativo
Sereno, que publica sus resultados en la revista británica 'Proceedings of the Royal Society B', hizo su tesis sobre este género de pequeños dinosaurios, hace un análisis comparativo entre los otros especímenes hallados antes (algunos por él mismo) y su último descubrimiento, detectando diferencias en las formas de su cráneo y en sus mandíbulas. También lo compara con las aves actuales que tienen el pico-loro.
De hecho, Sereno destaca "el destacable paralelismo entre el cráneo de los loros y estos dinosaurios". Técnicamente, se trata de una especie interesante porque muestra una nueva forma de masticación, un estilo inusual que era un misterio hasta ahora.
Parte del estudio consistió también en analizar los restos fosilizados del estómago, los llamados grastrolitos, de lo que encontraron unos 50, de un diámetro de cinco milímetros, lo que indica que su dieta la componían frutos con cáscara o semillas con un alto contenido en fibra.
"El género 'Psittacosaurio' es excepcionalmente diverso en especies pero muy conservador en la estructura craneal, postcraneal y de sus dientes. Incluso hay evidencias de que convivían dos especies diferentes en la misma área, lo que sugiere que tenían una especialización grande en su dieta", señalan los investigadores.
"Es la primera vez que se logra determinar la dieta concreta de un dinosaurio de este tipo, que en este caso era de nueces y semillas", explica Sereno en declaraciones a elmundo.es
El 'psittacusaurio fósil, del que se ha recuperado casi todo el esqueleto, fue encontrado en una formación rocosa de hace 110 millones de años en 2001, durante una expedición chino-norteamericana encaminada al hallazgo de nuevos dinosaurios.
Aunque son muchas las especies de este género que se conocen, los investigadores se sorprendieron del increíble estado de conservación del cráneo y la mandíbula, que sugieren que tuvo unos músculos muy fuertes y que mordía con energía. Por ello, y a que se han encontrado numerosas piedras grandes en su estómago, los investigadores, dirigidos por Paul Sereno, sugieren que estos psittacusaurios tuvieron una dieta en la que dominaban las semillas y los frutos secos.
José Luis Sanz, catedrático de Paleontología de la Universidad Autónoma de Madrid y experto en dinosaurios, señala que este género de lagartos-loros son muy conocidos. "Todos se han encontrado en Asia. Tenían ese pico porque es una estructura muy versátil", señala Sanz.
De hecho, se conocen más de 400 especímenes de 'Psittacosaurus' de ocho (ahora nueve) especies diferentes. Se trataba de dinosaurios de pequeño tamaño, que andaban sobre dos patas y eran herbívoros. Con tantos ejemplares en los museos, de diferentes edades, resulta más fácil que en otros casos determinar cuando se trata de un animal no visto hasta ahora.
Análisis comparativo
Sereno, que publica sus resultados en la revista británica 'Proceedings of the Royal Society B', hizo su tesis sobre este género de pequeños dinosaurios, hace un análisis comparativo entre los otros especímenes hallados antes (algunos por él mismo) y su último descubrimiento, detectando diferencias en las formas de su cráneo y en sus mandíbulas. También lo compara con las aves actuales que tienen el pico-loro.
De hecho, Sereno destaca "el destacable paralelismo entre el cráneo de los loros y estos dinosaurios". Técnicamente, se trata de una especie interesante porque muestra una nueva forma de masticación, un estilo inusual que era un misterio hasta ahora.
Parte del estudio consistió también en analizar los restos fosilizados del estómago, los llamados grastrolitos, de lo que encontraron unos 50, de un diámetro de cinco milímetros, lo que indica que su dieta la componían frutos con cáscara o semillas con un alto contenido en fibra.
"El género 'Psittacosaurio' es excepcionalmente diverso en especies pero muy conservador en la estructura craneal, postcraneal y de sus dientes. Incluso hay evidencias de que convivían dos especies diferentes en la misma área, lo que sugiere que tenían una especialización grande en su dieta", señalan los investigadores.
Fuente: elmundo.es
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jueves, 28 de mayo de 2009
El hombre se extinguirá, como los dinosaurios,Aunque se desconoce aún cuándo
El hombre se extinguirá igual que lo hicieron los dinosaurios hace 65 millones de años, aunque todavía se desconoce cuándo se producirá este fenómeno.
Para ello, la Paleontología es una herramienta fundamental de la historia de la vida, que puede ayudar a contextualizar este momento.
Así lo explicó a Europa Press el catedrático de Paleontología de la Universidad Autónoma de Madrid (UAM), José Luis Sanz, al tiempo que resaltó la importancia de contar con un registro fósil, que clasifica las distintas épocas de la Tierra o la formación del Universo.
En este contexto, destaca la extinciones en masa. A su juicio, éstas alteran el curso de la historia de la vida e implican que en un momento determinado desaparezcan secciones enteras de materia viva, como sucedió con los dinosaurios y a excepción de las aves actuales, "que son sus descendientes más directos".
"La Paleontología sirve para alimentar la curiosidad del intelecto humano. Para saber cómo ha sido la vida. Además, para situar un poco al hombre en la naturaleza e intentar dar información acerca de qué significa ser hombre", añadió el especialista.
De hecho, señala que numerosas extinciones han tenido lugar a lo largo de la historia de la vida y que todas las especies se extinguen. "Por lo tanto el hombre se extinguirá con certeza absoluta. No hay nada eterno aunque no se sabe cuándo sucederá esto. Como afirman los científicos el Universo es finito, de manera cuando se acabe nosotros acabaremos con él", puntualizó.
En este sentido, apuntó que no se conoce qué tendrá que suceder para que la especie humana desaparezca, aunque ya hay científicos que estudian todo tipo de escenarios para que se diera la extinción del hombre. "Por ejemplo, una pandemia mundial, que fuera más dura que la nueva gripe o catástrofes a nivel global, climáticas. Incluso hay gente seria que trabaja en una posible invasión extraterrestre", aclaró.
Finalmente, comentó que la paleontología puede aportar al intelecto de la humanidad del siglo XXI el concepto de 'deep time', que se opone a la mayoría de las propuestas que dicen que la Tierra tiene seis mil años de antigüedad. "En realidad no es así, porque estas primeras evidencias de fósiles tienen una edad de 3.800 millones de años, por lo que la Tierra tiene una antigüedad mayor de la que se pensaba", precisó.
"Todos leemos a menudo que alguien ha encontrado un fósil que es extraordinario por algo, se les da mucho eco a estos hallazgos porque es parte de la historia de la vida. Esta idea de que a la gente le interesa la historia de la vida está asociada a tres conceptos, la extinción, el tiempo asociado al espacio asociado, y nosotros, seres humanos, que somos parte de la naturaleza y actuamos en consecuencia. Por lo que tendremos que defenderla con uñas y dientes", concluyó.
Fuente: europapress.es
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