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lunes, 30 de agosto de 2010

El hallazgo de plantas de 130 millones de años lleva a mantener el proyecto de paleobotánica


Los "excelentes" hallazgos de plantas de hace 130 millones de años ha llevado a ampliar el proyecto de "paleobotánica" al equipo investigador del Colectivo Arqueológico y Paleontológico de Salas de los Infantes (Burgos), que excava e investiga yacimientos de Dinosaurios.

Según ha explicado a Efe Fidel Torcida, director del Museo de los Dinosaurios y responsable del Colectivo Arqueológico, en la campaña de este año, realizada el pasado mes de julio, se ha hallado una gran variedad de plantas fosilizadas, como tallos y hojas de helechos y coníferas, así como granos de polen.

Torcida ha destacado la aparición de "angiospermas", unas plantas muy primitivas que son de las más antiguas encontrados en la Península Ibérica, con unos 130 millones de años.

Los angiospermas forman el grupo más extenso del reino de las plantas, ya que pueden ser árboles, como el roble, arbustos, como el tomillo, o hierbas, como el trigo y son las únicas plantas que se han adaptado a vivir en todos los ecosistemas de la Tierra, salvo en las regiones polares.

Según Torcida estas plantas son muy primitivas y estaban compitiendo con las gimnospermas en un momento clave del periodo cretácico.

Las gimnospermas no tienen frutos, son plantas de gran porte, muy ramificados y longevos y de hojas pequeñas y perennes, en su gran mayoría árboles o arbustos.

Torcida ha resaltado que esta batalla finalmente la ganaron las angiospermas o plantas con flores, y los hallazgos realizados pueden ayudar a investigar este proceso.

Estos hallazgos de flora han supuesto que se decida continuar durante varios años más con el proyecto de "paleobotánica" iniciado en 2008 y que estaba previsto finalizar en esta campaña.

Se trata de un proyecto de investigación de los ecosistemas cretácicos en la provincia de Burgos, que promueve la Junta de Castilla y León desde 2008 para reconstruir el paisaje vegetal de los dinosaurios.

Torcida ha recordado que la IX Campaña de Excavaciones Paleontológicas en la Sierra de la Demanda ha supuesto además el hallazgo de un centenar de huellas de dinosaurios entre las que destaca un rastro de saurópodo compuesto por varias pisadas de manos y pies.

Se han encontrado restos bien conservados de huellas con una antigüedad de 144 millones de años en el yacimiento de Las Sereas, que es de gran tamaño, superior a los 5 kilómetros.

Estas icnitas, según ha precisado, poseen detalles anatómicos muy interesantes y curiosidades como los dedos que no aparecen en muchas de las huellas de dinosaurios que se conocen.

Ha destacado las huellas de dos terópodos de tamaño grande y, especialmente, de un saurópodo, un gran herbívoro cuyas pisadas de pies y manos están muy bien conservadas con rebordes de barro fosilizado que las patas del dinosaurio removieron al penetrar en el suelo fangoso de una laguna que había en la zona.

La comarca de Salas de los Infantes (Burgos), situada en plena Sierra de la Demanda, en el suroeste de la provincia de Burgos, está considerada como una de las más importantes de España por sus yacimientos de dinosaurios, de los que existen catalogados más de dos centenares.

Fuente: EFE / Imagen EPA

miércoles, 30 de junio de 2010

La huella del mordisco más antiguo de un mamífero


Marcas de un mordisco en el hueso de un dinosaurio.J. Longrich

Dos paleontólogos de EEUU creen haber encontrado los restos del mordisco más antiguo dado por un mamífero. Se trata de varios huesos de dinosaurios del Cretácico Superior, hace unos 75 millones de años, en los que todavía pueden observarse las cuatro marcas dejadas por los dientes de pequeños mamíferos, hoy extintos, conocidos como multituberculados.

"Los huesos eran una especie de suplemento alimenticio para estos animales", explica Nicholas Longrich, investigador de la Universidad de Yale (EEUU) y coautor del hallazgo, descrito en la revista Paleontology.

Longrich y su colega Michael Ryan, del Museo de Historia Natural de Cleveland (EEUU), han encontrado los huesos en un yacimiento fósil en Alberta (Canadá). Los restos presentan unas características marcas de tan sólo unos milímetros. Todas muestran cuatro incisiones convergentes que, según los expertos, coinciden con la disposición de los incisivos de los multituberculados. Estos animales del tamaño de una ardilla eran muy similares a los roedores de hoy, aunque su dentición aún no estaba tan preparada para roer de forma continuada. Según los expertos, los multituberculados comían los huesos para obtener calcio y sodio.

Los animales dejaron su huella en huesos de dinosaurios similares a triceratops, hadrosaurios, grandes reptiles acuáticos y también mandíbulas de marsupiales. Según el equipo, se trata de las marcas de este tipo más antiguas que se han encontrado hasta el momento. Las incisiones presagian un comportamiento muy común en roedores actuales de la zona donde se encontraron los huesos. De hecho, los investigadores también han hallado huesos de ciervo actual con bocados muy similares a los hallados en los fósiles de dinosaurio.

Fuente: publico.es

martes, 30 de junio de 2009

Descubren cómo y qué comían los dinosaurios por el análisis de sus dientes

La mandíbula inferior de un hadrosaurio Edmontosaurus / Vince Williams

De algo tan pequeño como un diente, los científicos han podido descubrir qué comía y cómo algo tan grande como un dinosaurio. Investigadores de la Universidad de Leicester en Reino Unido han revelado la forma tan peculiar en la que devoraban hace millones de años los pico de pato o hadrosaurios -un método que no se parece al de ninguna criatura viva actual-, y en qué consistía su dieta principal: les entusiasmaba la cola de caballo... Por cierto, un excelente diurético.

«Durante millones de años, hasta su extinción al final del Cretácico, los hadrosaurios fueron los herbívoros dominantes del Planeta. Sabíamos que eran capaces de romper su comida de alguna manera, pero sin la mandíbula compleja de los mamíferos no podían masticar de la misma forma y era difícil adivinar cómo se las arreglaban para comer», expone el paleontólogo Mark Purnell, del Departamento de Geología de Leicester. «Tampoco estaba claro qué comían, si eran pacedores como las vacas o las ovejas, o arrancaban las hojas o ramas de los árboles como los ciervos o las jirafas». De esta forma, es difícil hacerse una idea de cómo eran los ecosistemas del Cretácico tardío o aclarar cómo se produjo la gran extinción hace 65 millones de años.

La mandíbula superior del dinosaurio / Vince Williams

Movimientos complejosEl nuevo estudio pretende arrojar luz sobre este punto a partir del análisis de una dentadura. Por fortuna, las muescas y rasguños de estos viejos dientes de decenas de millones de años se conservaban en buen estado desde la muerte del animal. Según los científicos, estas marcas revelan los movimientos de un pico de pato cuando come. Al parecer, el dinosaurio comía, como suele decirse, «a dos carrillos». Realizaba movimientos complejos, en los que la mandíbula se movía arriba y abajo, hacia los lados y de delante hacia atrás. Para Paul Barrett, paleontólogo del Museo de Historia Natural de Londres, «esto prueba que el hadrosaurio masticaba, pero de una forma completamente diferente a nada que esté vivo en la actualidad».

En lugar de una mandíbula inferior flexible, tenía una especie de «bisagra» que articulaba la parte superior de la mandíbula con el resto del esqueleto. Cuando mordía, la mandíbula superior era forzada hacia el exterior. En ese proceso, las dos filas de dientes resbalaban una contra otra y se trituraban los alimentos.

Los científicos también descubrieron el principal componente de la dieta de estos dinosaurios, la cola de caballo, una planta muy común en aquella época y que hoy día se comercializa como diurético. Los investigadores llegaron a esa conclusión tras encontrar pequeñas partículas de granitos de arena en los dientes, por lo que concluyeron que el dinosaurio comía de la vegetación que crecía en el suelo. Además, hallaron gránulos microscópicos de silicio, un mineral que se encuentra en estos vegetales.

Para los participantes en este estudio, que se publica esta semana en la revista Proceedings of the National Academy of Sciences, lo más soprendente fue obtener «tanta información» de un área dental tan pequeña «como un par de cabellos humanos».

Fuente: abc.es