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lunes, 7 de octubre de 2013
Descubren en Chile uno de los ancestros más antiguos de los dinosaurios
A simple vista es un trozo de roca cuadrada de poco más de 30 centímetros, una más entre los fósiles que guarda el Museo Nacional de Historia Natural en Quinta Normal. Sin embargo, los fragmentos e impresiones de vértebras y fémur sobre ella hablan de uno de los animales más antiguos encontrados hasta ahora en Chile.
Se trata de un protodinosaurio, ancestro directo de los dinosaurios, que vivió en Calama entre 238 y 240 millones de años atrás.
Hallada en 1980, en un cerro de la cordillera Domeyko, al sureste de Calama, la piedra caliza con el fósil estuvo guardada en el museo hasta que en 2010, durante una revisión de material, un grupo de expertos liderados por David Rubilar, jefe del área Paleontología del museo y parte de la Red de Paleontología de la U. de Chile, se dio cuenta que no había sido estudiada y comenzaron el análisis.
Luego de tres años de análisis encontraron que la roca tiene restos de 10 vértebras de la pelvis, fémur, tibia, fíbula y algunas costillas que muestran que es una especie de protodinosaurio de la familia Silesauridae, que vivió a finales del período triásico (250 a 200 millones de años).
“Este silesaurio sería uno de los más antiguos del mundo”, dice Rubilar, quien presentará los restos fósiles a fin de mes en la reunión de la Sociedad de Paleontología de Vertebrados de EE.UU., en Los Angeles, California.
Varios protodinosaurios de esta familia se han hallado en el mundo, incluyendo especies en Argentina y Brasil. El más antiguo tiene 243 millones de años y fue hallado en Tanzania, Africa, en 2007. El chileno tendría cerca de 240 millones de años.
HASTA DOS METROS DE LARGO
Según el paleontólogo, los silesáuridos pertenecen a un linaje de animales pequeños y gráciles que no pasarían los dos metros y medio de largo. Muy por debajo de los más de 30 metros que podían medir los dinosaurios más grandes. Aunque el encontrado en Chile es incluso más pequeño.
Rubilar explica que aunque los silesaurios son de la misma rama que daría origen a los dinosaurios, son anteriores a éstos y con una serie de características físicas que impidan que sean definidos como tales. “La cavidad de la cadera donde se aloja la cabeza del fémur (acetábulo) no está perforada, y no tiene una orientación de 90° en relación al hueso, características que son encontradas en todos los dinosaurios”, explica.
El protodinosaurio chileno vivió en lo que hoy es el cerro Quimal, en Calama, entonces un lugar cubierto de grandes helechos y lagunas, más tropical que el paisaje actual.
Probablemente fue herbívoro, aunque para determinarlo con certeza es necesario encontrar su cráneo. Era bípedo facultativo, es decir, ocasionalmente se podía sostener en las patas traseras, “una pista que nos habla de las transformaciones que más tarde encontraríamos en lo dinosaurios”, dice.
Por la antigüedad de las piezas, es posible que esta y otras especies de protodinosaurios incluso pudieran convivir con los primeros dinosaurios, que aparecieron en el planeta hace 240 millones de años.
TERMINAR EL ESTUDIO
La tarea que tiene ahora el equipo de paleontólogos del museo y la U. de Chile, es determinar si efectivamente los fósiles encontrados pertenecen a una nueva especie de silesáurido o es de un género ya conocido. Si resulta ser distinto a todos los encontrados hasta ahora podrán también ponerle un nombre propio.
En un año más el equipo pretende tener los resultados finales. De comprobarse que es una nueva especie, el hallazgo en Chile podría llenar un vacío en el estudio paleontológico del grupo fundamental del que proviene la mayoría de los actuales reptiles y aves.
Para ello, los investigadores quieren volver a explorar cerro Quimal, en busca del lugar exacto en el que se encontraron los fósiles en 1980. También tendrán que viajar a distintos museos del mundo, comparando la especie con otros restos descubiertos hasta ahora.
UN PARIENTE DEL COCODRILO
El protodinosaurio no es el único hallazgo del grupo de paleontólogos. En la última campaña encontraron nuevas y desconocidas piezas del Chilenosuchus forttae camiquela, un reptil similar a los actuales cocodrilos que vivió en Calama hace más de 200 millones de años.
El Chilenosuchus es un herbívoro cuyos primeros fósiles fueron descubiertos en nuestro país en la década de los 70, aunque fue clasificado como nueva especie en 2003.
Alexander Vargas, director de la Red de Paleontología de la U. de Chile, cuenta que en la última campaña de exploración, realizada en agosto, recolectaron un húmero izquierdo -que no se conocía- y huellas de huesos de la piel del Chilenosuchus que quedaron impresas en rocas, cuya datación sería de 238 a 240 millones de años atrás.
El espécimen habría medido unos dos metros de largo y 60 centímetros de alto.
“Los aetosaurios pertenecen al mismo grupo de los dinosaurios (arcosauria), pero son más cercanos a los cocodrilos, aunque no son ancestros directos de éstos. Son una familia especializada de herbívoros que se extinguieron sin dejar descendientes”, dice Vargas.
Además de esos restos, en la zona hallaron fósiles de un arcosaurio no identificado, que también podría ser pariente de los cocodrilos, aunque más esbelto: un esfenosuquio.
“Son fósiles únicos. En Chile los fósiles del mesozoico son raros, no como en Argentina o Brasil donde salen por toneladas. Acá son mucho más escasos, pero son súper interesantes, son menos conocidos. Todo lo que se halla es información que no se tenía de esos animales”, dice Rubilar.
Fuente: latercera.com
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miércoles, 6 de junio de 2012
El cráneo de las pájaros modernas corresponde al de dinosaurios jóvenes
El cráneo de las pájaros modernas corresponde al de dinosaurios jóvenes
La forma del cráneo aviario es un tipo adulta de los cráneos juveniles de los Terópodos, un amplio grupo de dinosaurios bípedos y carnívoros. Así lo asegura un estudio firmado por un cuadro internacional de científicos en el que participan paleontólogos de la Universidad Autónoma de Madrid (UAM).
Un estudio divulgado en la revista Nature comprueba que el cráneo de las pájaros modernas surgió a través de una secuencia de episodios asociados al acortamiento de las trayectorias de progreso en dinosaurios carnívoros (terópodos). Este fenómeno, recordado como pedomorfosis, involucra que la forma del cráneo aviario es —en términos generales— un tipo adulta de los cráneos juveniles de sus ancestros dinosaurianos.
Para arribar a esta conclusión, un cuadro multidisciplinar de científicos utilizó una serie de técnicas digitales y estadísticas de medición de la forma prestigiadas como técnicas de morfometría geométrica. Gracias a estas técnicas fue factible comparar la muestra más enteramente completa recogida hasta la fecha de embriones juveniles y adultos de dinosaurios, tanto fósiles como actuales —considerando a las pájaros como dinosaurios frescos—.
El estudio comprueba que aspectos físicos de las pájaros modernas tan familiarizados como el tamaño corporal reducido, los descomunales ojos y los intelectos globosos (encefalizados), son el resultado de como minimo cuatro episodios sucesivos de acortamiento en el progreso normal (desde el estado de embrión al estado adulto) de sus ancestros los terópodos.
Esto explica que los dinosaurios más primitivos tuvieran secuencias de progreso más largas que la de sus descendientes; acortamiento en tiempo de progreso que es enormemente evidente en las pájaros.
Cuatro etapas de transformació
Jesús Marugán, de la Unidad de Paleontología de la UAM y firmante del artículo, explica que el inicialmente de los cuatro episodios de acortamiento en el progreso de los Terópodos subraya un giro en la morfología general del cráneo: “Más cuadrangular en las especies más basales o primigenias, como el arcosauromorfo Euparkeria, hacia morfologías craneales con cráneos más ligeros y estrechos, como el tiranosaurido Guanlong”.
“La segunda etapa es ya el principio de la disminución de la secuencia de progreso asociada a un acortamiento de la cara: el emblemático Archaeopteryx, el género de pájaros más primitivo que conocemos. Al mismo tiempo de la disminución enérgica del tamaño corporal, a partir de esta etapa aparecerían los rasgos más distintivos de las pájaros: su pico, la cefalización y el progreso de las órbitas”, añade el investigador.
Como constata el artículo, son precisamente estos rasgos que se van acentuando sucesivamente hacia las pájaros modernas (reducción en talla y progreso cefálico) los que fueron decisivos en el procedimiento evolutivo que configuró el control mecánico y neuronal ineludible para perfeccionar el vuelo.
Para los investigadores este hallazgo no solamente es otra evidencia paleobiológica de que las pájaros son dinosaurios. Como resaltan, es así mismo “una demostración de que las claves para desentramar la naturaleza de los componentes evolutivos radican en estudios integrados, comparando especies extintas con sus especies descendientes vivas que habitan hoy el planeta”.
Desarrollo y transformación
La conexión entre las alteraciones en la secuencia del progreso (desarrollo embrionario) y el surgimiento de originalidades evolutivas en el tiempo, es un hecho largamente aceptado en biología. Esta conexión entre progreso y transformación queda divinamente enmarcada en la frase: “Ontogenia recapitula Filogenia”, iniciativa por el filósofo y biólogo alemán Ernst Haeckel en 1892, y conocida como “teoría de la recapitulación”.
Esta teoría sostiene que el progreso embrionario de cada especie (ontogenia) refleja la historia evolutiva de esta especie (filogenia); o, lo que es lo mismo: que cada uno de los etapas que el individuo de una especie atraviesa a lo largo de su progreso embrionario representa una de las formas adultas que apareció en su historia evolutiva.
Además de especialistas de la Unidad de Paleontología de la Universidad Autónoma de Madrid (UAM), el cuadro de investigación que firma el estudio abarca a embriólogos de la Universidad de Harvard (EE UU) y a paleontólogos de las universidades de Texas y Nueva York y del Museo Americano de Historia Natural (EE UU).
Fuente: http://www.pysnnoticias.com
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viernes, 20 de abril de 2012
Los dinosaurios desaparecieron por ser ovíparos

Científicos de la Universidad de Zurich han llevado a cabo un nuevo estudio acerca de la extinción de los dinosaurios que determina que desaparecieron antes de la caída del meteorito, hace 65 millones de años, y como consecuencia de su reproducción a través de huevos.
Este trabajo, publicado en 'Biology Letters', determina, a través de un modelo matemático, que el tamaño del bebé fue el factor decisivo en su desaparición. Así, mientras otros mamíferos iban evolucionando y sus crías eran cada vez más grandes, los dinosaurios continuaban teniendo crías relativamente pequeñas (por las limitaciones físicas de los huevos) que acababan sucumbiendo antes especies más grandes.
Concretamente, los expertos indican que había crías de dinosaurio que salían del huevo con apenas 10 kilogramos de peso. Mientras, ya existían especies con crías por encima de hasta 30 toneladas, con las que tenían que competir por encontrar alimento.
En este sentido, el autor principal del estudio, Michael Clauss, ha apuntado que "hay de espacio en el ecosistema para especies pequeñas" pero no cuando se trata "de crías de animales de gran tamaño". A su juicio, el problema es que una especie que "reinó" durante millones de años y "no puede transformarse de repente en una de las pequeñas del ecosistema" y "acaba desapareciendo como grupo".
En cuanto a por qué los mamíferos no sucumbieron a una extinción, los científicos han señalado que "no tenían las mismas limitaciones de tamaño", además, mamaban de sus madres, lo que siempre les protegía hasta cierta edad a la hora de luchar por el alimento.
Además, han apuntado que después de la caída del meteorito "el poder alimentarse de la leche de sus madres les permitió hacer frente a la nueva vida después de la catástrofe medioambiental y evolucionar hacia nuevas especies".
Esta teoría se une a las muchas que existen sobre la desaparición de los dinosaurios. Desde hace siglos, los científicos discrepan sobre si los reptiles murieron antes o después de que un meteorito se estrellara contra la Tierra en lo que se conoce como el impacto del Cretácico-Terciario.
Este trabajo, publicado en 'Biology Letters', determina, a través de un modelo matemático, que el tamaño del bebé fue el factor decisivo en su desaparición. Así, mientras otros mamíferos iban evolucionando y sus crías eran cada vez más grandes, los dinosaurios continuaban teniendo crías relativamente pequeñas (por las limitaciones físicas de los huevos) que acababan sucumbiendo antes especies más grandes.
Concretamente, los expertos indican que había crías de dinosaurio que salían del huevo con apenas 10 kilogramos de peso. Mientras, ya existían especies con crías por encima de hasta 30 toneladas, con las que tenían que competir por encontrar alimento.
En este sentido, el autor principal del estudio, Michael Clauss, ha apuntado que "hay de espacio en el ecosistema para especies pequeñas" pero no cuando se trata "de crías de animales de gran tamaño". A su juicio, el problema es que una especie que "reinó" durante millones de años y "no puede transformarse de repente en una de las pequeñas del ecosistema" y "acaba desapareciendo como grupo".
En cuanto a por qué los mamíferos no sucumbieron a una extinción, los científicos han señalado que "no tenían las mismas limitaciones de tamaño", además, mamaban de sus madres, lo que siempre les protegía hasta cierta edad a la hora de luchar por el alimento.
Además, han apuntado que después de la caída del meteorito "el poder alimentarse de la leche de sus madres les permitió hacer frente a la nueva vida después de la catástrofe medioambiental y evolucionar hacia nuevas especies".
Esta teoría se une a las muchas que existen sobre la desaparición de los dinosaurios. Desde hace siglos, los científicos discrepan sobre si los reptiles murieron antes o después de que un meteorito se estrellara contra la Tierra en lo que se conoce como el impacto del Cretácico-Terciario.
Fuente: europapress.es
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jueves, 5 de abril de 2012
Encuentran en China tres esqueletos del mayor dinosaurio que tuvo plumas
Según publican en la revista Nature, el tamaño era "considerablemente menor" que el de su primo cercano, el Tiranosaurio Rex, pero cuarenta veces más grande que el mayor dinosaurio con plumas encontrado hasta ahora.
Tres esqueletos hallados en China han revelado que el dinosaurio más grande con plumas pesaba más de una tonelada, era más pequeño que su pariente el Tiranosaurio Rex y vivió en el Cretácico inferior, según informa la revista Nature.
Los huesos -encontrados en la provincia de Liaoning (noreste de China)- pertenecieron a un adulto y dos crías, de una especie prima de los grandes tiranosaurios, que un equipo de científicos chinos y canadienses han bautizado como 'Yutyrannus huali' ("bello tirano con plumas", en una mezcla de latín y mandarín).
Los paleontólogos saben desde hace más de una década que algunos pequeños dinosaurios tuvieron plumas parecidas a las de los pájaros gracias al hallazgo de varios fósiles en esta región china, pero el descubrimiento anunciado hoy indica que existió al menos una especie de gran tamaño que también las tenía.
Mientras que las dos crías debieron pesar alrededor de media tonelada, el ejemplar adulto alcanzó los 1.400 kilos y nueve metros de largo, unas dimensiones que le convierten en el animal con plumas más grande que se conoce, vivo o extinto.
Su tamaño era "considerablemente menor" que el de su primo cercano, el Tiranosaurio Rex, pero cuarenta veces más grande que el mayor dinosaurio con plumas encontrado hasta ahora.
El Yutyrannus distaba mucho de lucir un plumaje como el de las aves actuales; sus plumas "eran simples filamentos y se parecían más a las de un pollito moderno que a las plumas rígidas de un ave adulta", detalló Xu Xing, autor principal del artículo e investigador del Instituto de Paleontología y Paleoantropología de Vertebrados de Pekín.
Los expertos consideran que las plumas cumplían una función aislante, ya que su escasez y el gran tamaño del dinosaurio descartan totalmente que pudiese volar.
Precisamente, el hallazgo de estos esqueletos es importante porque respalda la teoría de que las plumas primitivas pudieron servir como aislamiento en lugar de para volar.
A diferencia de su pariente, el Tiranosaurio Rex, que vivió en una época cálida, el Yutyrannus existió a mediados del Cretácico inferior, un período que se extiende desde hace 145 millones de años hasta hace 98 millones y en el que las temperaturas descendieron, por lo que el plumaje debió servir para protegerle del frío.
El descubrimiento "incrementa considerablemente el espectro de dinosaurios con plumaje de los que tenemos pruebas. Es posible que las plumas estuvieran mucho más extendidas de lo que los científicos hemos pensado hasta hace pocos años, al menos entre los dinosaurios carnívoros", añadió Xu.
Aunque el Yutyrannus comparte varias características con los tiranosaurios más recientes, conserva también rasgos de los más primitivos, como tres dedos en sus extremidades anteriores o la forma del cráneo.
Los huesos -encontrados en la provincia de Liaoning (noreste de China)- pertenecieron a un adulto y dos crías, de una especie prima de los grandes tiranosaurios, que un equipo de científicos chinos y canadienses han bautizado como 'Yutyrannus huali' ("bello tirano con plumas", en una mezcla de latín y mandarín).
Los paleontólogos saben desde hace más de una década que algunos pequeños dinosaurios tuvieron plumas parecidas a las de los pájaros gracias al hallazgo de varios fósiles en esta región china, pero el descubrimiento anunciado hoy indica que existió al menos una especie de gran tamaño que también las tenía.
Mientras que las dos crías debieron pesar alrededor de media tonelada, el ejemplar adulto alcanzó los 1.400 kilos y nueve metros de largo, unas dimensiones que le convierten en el animal con plumas más grande que se conoce, vivo o extinto.
Su tamaño era "considerablemente menor" que el de su primo cercano, el Tiranosaurio Rex, pero cuarenta veces más grande que el mayor dinosaurio con plumas encontrado hasta ahora.
El Yutyrannus distaba mucho de lucir un plumaje como el de las aves actuales; sus plumas "eran simples filamentos y se parecían más a las de un pollito moderno que a las plumas rígidas de un ave adulta", detalló Xu Xing, autor principal del artículo e investigador del Instituto de Paleontología y Paleoantropología de Vertebrados de Pekín.
Los expertos consideran que las plumas cumplían una función aislante, ya que su escasez y el gran tamaño del dinosaurio descartan totalmente que pudiese volar.
Precisamente, el hallazgo de estos esqueletos es importante porque respalda la teoría de que las plumas primitivas pudieron servir como aislamiento en lugar de para volar.
A diferencia de su pariente, el Tiranosaurio Rex, que vivió en una época cálida, el Yutyrannus existió a mediados del Cretácico inferior, un período que se extiende desde hace 145 millones de años hasta hace 98 millones y en el que las temperaturas descendieron, por lo que el plumaje debió servir para protegerle del frío.
El descubrimiento "incrementa considerablemente el espectro de dinosaurios con plumaje de los que tenemos pruebas. Es posible que las plumas estuvieran mucho más extendidas de lo que los científicos hemos pensado hasta hace pocos años, al menos entre los dinosaurios carnívoros", añadió Xu.
Aunque el Yutyrannus comparte varias características con los tiranosaurios más recientes, conserva también rasgos de los más primitivos, como tres dedos en sus extremidades anteriores o la forma del cráneo.
Fuente: latercera.com
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miércoles, 24 de agosto de 2011
El dinosaurio más reciente conocido antes de la Gran Extinción
Después de un detallado análisis, un equipo de científicos ha confirmado el hallazgo del dinosaurio más reciente conocido que se ha conservado en el registro fósil antes del impacto catastrófico de un meteorito hace 65 millones de años. El descubrimiento ratifica que los dinosaurios no se extinguieron antes del impacto meteorítico, y es una evidencia más de que tal impacto fue la causa de su extinción.
El año pasado, unos investigadores de la Universidad de Yale descubrieron el cuerno fosilizado de un ceratopsiano, probablemente un Triceratops, dado que estos son muy comunes en la zona del hallazgo, la Formación de Hell Creek, en Montana. Los paleontólogos encontraron el fósil enterrado a sólo 13 centímetros por debajo del Límite Cretáceo-Terciario, la capa geológica que marca la transición, hace 65 millones de años, desde el Período Cretácico al Período Terciario. En esa época de transición fue cuando tuvo lugar la extinción masiva en la que perecieron los dinosaurios.
Hace más de 30 años, se propuso por vez primera la hipótesis de que esa extinción de los dinosaurios y otras formas de vida fue causada por un potente impacto meteorítico. La hipótesis ha ganado muchos partidarios desde entonces, pero había un escollo que podía poner en entredicho la hipótesis: la aparente falta de fósiles enterrados dentro de la capa de 3 metros de roca situada justo debajo del Límite Cretáceo-Terciario. La aparente anomalía es conocida como "el vacío de los tres metros". Hasta ahora, este vacío ha sido una pieza que no encajaba en la hipótesis del impacto, y eso ha provocado que algunos paleontólogos se hayan planteado si los dinosaurios no aviares de la época, entre los que figuran el Tyrannosaurus rex, el Triceratops y otros, en realidad se extinguieron gradualmente antes de que el meteorito impactara contra la Tierra. Los dinosaurios aviares sobrevivieron al impacto, y dieron origen a las aves modernas.
El nuevo descubrimiento demuestra que el vacío de tres metros no existe. El hecho de que el dinosaurio al que perteneció el cuerno viviera en una época tan cercana al Límite Cretáceo-Terciario, y otros indicios, sugieren que aún había dinosaurios, probablemente tantos como en épocas pasadas.
Aunque el equipo de Tyler Lyson no puede determinar la antigüedad exacta del dinosaurio, se cree que vivió en algún tramo del lapso que va desde decenas de miles de años antes del impacto meteorítico hasta unos mil años antes de tal impacto.
Eric Sargis, conservador de paleontología de los vertebrados en el Museo Peabody de Historia Natural de Yale, y Stephen Chester, de la Universidad de Yale, descubrieron al ceratopsiano el año pasado, mientras buscaban mamíferos fósiles que evolucionaron después del impacto del meteorito.
El año pasado, unos investigadores de la Universidad de Yale descubrieron el cuerno fosilizado de un ceratopsiano, probablemente un Triceratops, dado que estos son muy comunes en la zona del hallazgo, la Formación de Hell Creek, en Montana. Los paleontólogos encontraron el fósil enterrado a sólo 13 centímetros por debajo del Límite Cretáceo-Terciario, la capa geológica que marca la transición, hace 65 millones de años, desde el Período Cretácico al Período Terciario. En esa época de transición fue cuando tuvo lugar la extinción masiva en la que perecieron los dinosaurios.
Hace más de 30 años, se propuso por vez primera la hipótesis de que esa extinción de los dinosaurios y otras formas de vida fue causada por un potente impacto meteorítico. La hipótesis ha ganado muchos partidarios desde entonces, pero había un escollo que podía poner en entredicho la hipótesis: la aparente falta de fósiles enterrados dentro de la capa de 3 metros de roca situada justo debajo del Límite Cretáceo-Terciario. La aparente anomalía es conocida como "el vacío de los tres metros". Hasta ahora, este vacío ha sido una pieza que no encajaba en la hipótesis del impacto, y eso ha provocado que algunos paleontólogos se hayan planteado si los dinosaurios no aviares de la época, entre los que figuran el Tyrannosaurus rex, el Triceratops y otros, en realidad se extinguieron gradualmente antes de que el meteorito impactara contra la Tierra. Los dinosaurios aviares sobrevivieron al impacto, y dieron origen a las aves modernas.
El nuevo descubrimiento demuestra que el vacío de tres metros no existe. El hecho de que el dinosaurio al que perteneció el cuerno viviera en una época tan cercana al Límite Cretáceo-Terciario, y otros indicios, sugieren que aún había dinosaurios, probablemente tantos como en épocas pasadas.
Aunque el equipo de Tyler Lyson no puede determinar la antigüedad exacta del dinosaurio, se cree que vivió en algún tramo del lapso que va desde decenas de miles de años antes del impacto meteorítico hasta unos mil años antes de tal impacto.
Eric Sargis, conservador de paleontología de los vertebrados en el Museo Peabody de Historia Natural de Yale, y Stephen Chester, de la Universidad de Yale, descubrieron al ceratopsiano el año pasado, mientras buscaban mamíferos fósiles que evolucionaron después del impacto del meteorito.
Fuente:noticiasdelaciencia.com
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domingo, 17 de julio de 2011
Un cuerno podría resolver el misterio de la extinción de los dinosaurios
Un pequeño cuerno fosilizado, descubierto en un lugar inhabitual, podría poner fin a la polémica sobre la causa de la desaparición de los dinosaurios, hace unos 65 millones de años, que desde hace unos 30 años divide a los partidarios de diversas teorías.
Según un estudio publicado el martes en la revista Biology Letters de la Royal Society británica, la presencia de este cuerno de dinosaurio en una capa de las colinas de Montana (Estados Unidos) sugiere un brusco cambio climático provocado por la caída de un asteroide en la Tierra.
Durante mucho tiempo, la desaparición de los dinosaurios fue un misterio que dio lugar a todo tipo de especulaciones.
Los especialistas se limitaban a constatar que sus fósiles abundan en la era mesozoica (-248 a -65 millones de años), pero que no se encuentran otros rastros en las rocas más cercanas.
En 1980, varios científicos de la Universidad de California en Berkeley (Estados Unidos), liderados por Luis Álvarez y su hijo Walter, descubrieron que una capa de arcilla de 65 millones de años de antigüedad contenía una fuerte tasa de iridio, un metal muy raro y casi ausente de la superficie de la Tierra... pero no en los meteoritos.
Para los investigadores, era una señal de un impacto de la colisión con la Tierra de un gran objeto llegado del espacio, que podría haber provocado una catástrofe ecológica que borró bruscamente del planeta los dinosaurios, así como a numerosas especies animales y vegetales.
En marzo de 2010, 41 investigadores acusaron a un asteroide de 15 kilómetros de diámetro que cayó en Chicxulub, en la provincia mexicana de Yucatán, golpeando la Tierra con una potencia fenomenal.
La teoría de la extinción del Cretáceo-Terciario ('KT'), muy polémica al principio, fue alimentada más tarde por numerosos estudios, que no convencieron a los defensores de la principal teoría adversa. Si bien estos expertos no niegan la caída de ese asteroide en la época del KT, consideran que esta extinción masiva está vinculada a fenómenos volcánicos mucho más antiguos, cuyo origen se encuentra en la actual India. Después de 1,5 millones de años, esas erupciones podrían haber desembocado en el mismo resultado que el asteroide: un lento enfriamiento y depósitos de iridio o de otros minerales raros.
Según algunos de estos científicos, la población de dinosaurios podría haber desaparecido ya antes de la caída de ese asteroide en el Yucatán. La prueba sería la existencia de una capa de tres metros en los sedimentos geológicos situados bajo los del KT y, por lo tanto, anteriores a ese período, en el cual jamás se descubrieron fósiles de dinosaurios.
Esto fue hasta que un equipo dirigido por Tyler Lyson, de la Universidad de Yale, encontró el cuerno frontal de un ceratops, a 13 centímetros bajo el límite geológico que marca el comienzo del episodio KT. "La localización de ese dinosaurio demuestra que no existe un 'vacío de tres metros' en el Cretáceo y es incompatible con la hipótesis según la cual los dinosaurios (...) desaparecieron antes del impacto" del asteroide, concluye el estudio del profesor Lyson.
Sin embargo, la polémica no está definitivamente enterrada. Los geólogos que descubrieron ese cuerno reconocen que no pueden explicar la ausencia total de fósiles en una capa de sedimentos de 125 centímetros depositada inmediatamente después de la caída del asteroide.
Un 'Triceratops' expuesto en la Sala Dinosaurio de la exhibición permanente del Museo de Historia Natural de Los Ángeles el jueves 7 de julio de 2011.
Según un estudio publicado el martes en la revista Biology Letters de la Royal Society británica, la presencia de este cuerno de dinosaurio en una capa de las colinas de Montana (Estados Unidos) sugiere un brusco cambio climático provocado por la caída de un asteroide en la Tierra.
Durante mucho tiempo, la desaparición de los dinosaurios fue un misterio que dio lugar a todo tipo de especulaciones.
Los especialistas se limitaban a constatar que sus fósiles abundan en la era mesozoica (-248 a -65 millones de años), pero que no se encuentran otros rastros en las rocas más cercanas.
En 1980, varios científicos de la Universidad de California en Berkeley (Estados Unidos), liderados por Luis Álvarez y su hijo Walter, descubrieron que una capa de arcilla de 65 millones de años de antigüedad contenía una fuerte tasa de iridio, un metal muy raro y casi ausente de la superficie de la Tierra... pero no en los meteoritos.
Para los investigadores, era una señal de un impacto de la colisión con la Tierra de un gran objeto llegado del espacio, que podría haber provocado una catástrofe ecológica que borró bruscamente del planeta los dinosaurios, así como a numerosas especies animales y vegetales.
En marzo de 2010, 41 investigadores acusaron a un asteroide de 15 kilómetros de diámetro que cayó en Chicxulub, en la provincia mexicana de Yucatán, golpeando la Tierra con una potencia fenomenal.
La teoría de la extinción del Cretáceo-Terciario ('KT'), muy polémica al principio, fue alimentada más tarde por numerosos estudios, que no convencieron a los defensores de la principal teoría adversa. Si bien estos expertos no niegan la caída de ese asteroide en la época del KT, consideran que esta extinción masiva está vinculada a fenómenos volcánicos mucho más antiguos, cuyo origen se encuentra en la actual India. Después de 1,5 millones de años, esas erupciones podrían haber desembocado en el mismo resultado que el asteroide: un lento enfriamiento y depósitos de iridio o de otros minerales raros.
Según algunos de estos científicos, la población de dinosaurios podría haber desaparecido ya antes de la caída de ese asteroide en el Yucatán. La prueba sería la existencia de una capa de tres metros en los sedimentos geológicos situados bajo los del KT y, por lo tanto, anteriores a ese período, en el cual jamás se descubrieron fósiles de dinosaurios.
Esto fue hasta que un equipo dirigido por Tyler Lyson, de la Universidad de Yale, encontró el cuerno frontal de un ceratops, a 13 centímetros bajo el límite geológico que marca el comienzo del episodio KT. "La localización de ese dinosaurio demuestra que no existe un 'vacío de tres metros' en el Cretáceo y es incompatible con la hipótesis según la cual los dinosaurios (...) desaparecieron antes del impacto" del asteroide, concluye el estudio del profesor Lyson.
Sin embargo, la polémica no está definitivamente enterrada. Los geólogos que descubrieron ese cuerno reconocen que no pueden explicar la ausencia total de fósiles en una capa de sedimentos de 125 centímetros depositada inmediatamente después de la caída del asteroide.
Un 'Triceratops' expuesto en la Sala Dinosaurio de la exhibición permanente del Museo de Historia Natural de Los Ángeles el jueves 7 de julio de 2011.
Fuente:AFP.
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viernes, 20 de mayo de 2011
Hallan un eslabón perdido en el árbol genealógico evolutivo de los dinosaurios

Se han descubierto un cráneo y vértebras cervicales fósiles de dinosaurio, que no sólo revelan una especie desconocida hasta ahora, sino también un eslabón evolutivo entre dos grupos de dinosaurios.
El espécimen de la nueva especie, Daemonosaurus chauliodus, un terópodo primitivo, fue descubierto en Ghost Ranch, Nuevo México.
Los dinosaurios conocidos más antiguos caminaban o corrían sobre sus patas traseras, y entre ellos figuraron las primeras especies depredadoras, como el Herrerasaurus. Existieron en lo que hoy son Argentina y Brasil a principios del Período Triásico Tardío, hace unos 230 millones de años.
La posición de estos primeros dinosaurios depredadores dentro del árbol genealógico evolutivo ha sido polémica durante muchos años porque existía un vacío en el registro fósil entre ellos y los dinosaurios terópodos posteriores. El descubrimiento del Daemonosaurus chauliodus, hecho por un equipo de expertos dirigidos desde el Instituto Smithsoniano, ayuda a llenar este vacío.
Debido a que sólo se hallaron el cráneo y el cuello del Daemonosaurus, se desconoce la longitud total de este animal. El cráneo mide 14 centímetros de largo desde la punta del hocico hasta la parte posterior.
El equipo de Hans Sues ha determinado que el espécimen de Daemonosaurus data de finales del Periodo Triásico, hace aproximadamente 205 millones de años, justo antes del comienzo del Período Jurásico. Este hallazgo contradice la creencia anterior de que todas las primeras especies de dinosaurios desaparecieron millones de años antes de comenzar el Jurásico.
Fuente: noticiasdelaciencia.com
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martes, 17 de mayo de 2011
Descubren por qué el “Argentinosaurus” era gigante

Tragar los gigantescos trozos de comida sin tener que masticarla podría haber ayudado a que los dinosaurios herbívoros se convirtieran en gigantes, dice un estudio científico.
Esto puede explicar por qué los dinosaurios, como el Argentinosaurus, pesaban hasta 100 toneladas, tenían cuello largo y cabeza pequeña.
Los científicos ahora creen que desarrollaron cuellos largos para engullir su comida sin masticarla y no perder tiempo.
Los animales que comen mucho y mastican, como los elefantes, tienen cabezas grandes para dar cabida a músculos de la mandíbula y molares.
Los cuellos largos también habrían ayudado a que los grandes dinosaurios alcanzaran los alimentos de los árboles altos.
Mientras que los elefantes necesitan pasar 18 horas comiendo para satisfacer sus apetitos, un dinosaurio gigante hubiera necesitado al menos 30 horas al día, algo imposible.
Este ha sido un rompecabezas para los científicos que investigan cómo gigantescos dinosaurios herbívoros saurópodos llegaron a ser tan grandes.
La investigación es de la Universidad de Bonn, en Alemania, y se publicó en la revista Reseñas Biológicas.
También señala que los estómagos de los dinosaurios grandes y sus metabolismos de gran alcance les han ayudado a hacer frente a tanta comida sin masticar.
Esto puede explicar por qué los dinosaurios, como el Argentinosaurus, pesaban hasta 100 toneladas, tenían cuello largo y cabeza pequeña.
Los científicos ahora creen que desarrollaron cuellos largos para engullir su comida sin masticarla y no perder tiempo.
Los animales que comen mucho y mastican, como los elefantes, tienen cabezas grandes para dar cabida a músculos de la mandíbula y molares.
Los cuellos largos también habrían ayudado a que los grandes dinosaurios alcanzaran los alimentos de los árboles altos.
Mientras que los elefantes necesitan pasar 18 horas comiendo para satisfacer sus apetitos, un dinosaurio gigante hubiera necesitado al menos 30 horas al día, algo imposible.
Este ha sido un rompecabezas para los científicos que investigan cómo gigantescos dinosaurios herbívoros saurópodos llegaron a ser tan grandes.
La investigación es de la Universidad de Bonn, en Alemania, y se publicó en la revista Reseñas Biológicas.
También señala que los estómagos de los dinosaurios grandes y sus metabolismos de gran alcance les han ayudado a hacer frente a tanta comida sin masticar.
Fuente:dailymail.co.uk
martes, 12 de abril de 2011
Restos hallados en Colombia pertenecen a un dinosaurio del periodo cretácico

Dos cabezas de fémures halladas en 2005 en el municipio de Villa de Leyva, en el este de Colombia, pertenecen a un dinosaurio del grupo de los saurópodos que vivió en el periodo cretácico inferior, hace unos 125 millones de años, reveló hoy a Efe la paleontóloga María Páramo.
Las piezas, descubiertas por un campesino, llegaron a la Fundación Colombiana de Geobiología, de la que Páramo es miembro fundador, y entonces comenzaron los estudios para determinar a qué dinosaurio en concreto pertenecieron.
Lo que hasta ahora se ha podido averiguar es que el fémur del animal medía "más de un metro", por lo que se trata de un saurópodo de gran tamaño, "de entre 12 y 18 metros" de longitud, explicó esta profesora de Paleontología de la Universidad Nacional de Colombia.
El siguiente paso es investigar "a qué grupo pertenecía dentro de los saurópodos", tarea "difícil", según esta experta, puesto que las cabezas femorales no estaban incrustadas en las rocas donde fueron halladas, sino sueltas.
Cuando los fósiles no están dentro de las rocas "no se puede estar seguro" de su edad, aclaró Páramo, para anotar después que este saurópodo vivió en el cretácico inferior, hace unos 125 millones de años.
De acuerdo con la paleontóloga, en las cercanías de Villa de Leyva, en el departamento de Boyacá, hay rocas marinas y se habían encontrado antes restos de reptiles, pero no de dinosaurios, lo que indica que la costa "tenía que estar bastante cerca" hace millones de años, cuando esta región se ubica ahora en el centro de Colombia.
Los otros dos descubrimientos de restos de dinosaurios en Colombia se remontan a los años cuarenta del siglo XX.
En 1945, durante unos trabajos de excavación petrolera, se recolectó una vértebra de la parte media del tórax de un saurópodo en el municipio de La Paz, en el departamento caribeño del Magdalena (norte).
Y en 1949, en la localidad de Ortega, ubicada en el Tolima (centro-sur), se hallaron tres dientes de terópodos.
Las piezas, descubiertas por un campesino, llegaron a la Fundación Colombiana de Geobiología, de la que Páramo es miembro fundador, y entonces comenzaron los estudios para determinar a qué dinosaurio en concreto pertenecieron.
Lo que hasta ahora se ha podido averiguar es que el fémur del animal medía "más de un metro", por lo que se trata de un saurópodo de gran tamaño, "de entre 12 y 18 metros" de longitud, explicó esta profesora de Paleontología de la Universidad Nacional de Colombia.
El siguiente paso es investigar "a qué grupo pertenecía dentro de los saurópodos", tarea "difícil", según esta experta, puesto que las cabezas femorales no estaban incrustadas en las rocas donde fueron halladas, sino sueltas.
Cuando los fósiles no están dentro de las rocas "no se puede estar seguro" de su edad, aclaró Páramo, para anotar después que este saurópodo vivió en el cretácico inferior, hace unos 125 millones de años.
De acuerdo con la paleontóloga, en las cercanías de Villa de Leyva, en el departamento de Boyacá, hay rocas marinas y se habían encontrado antes restos de reptiles, pero no de dinosaurios, lo que indica que la costa "tenía que estar bastante cerca" hace millones de años, cuando esta región se ubica ahora en el centro de Colombia.
Los otros dos descubrimientos de restos de dinosaurios en Colombia se remontan a los años cuarenta del siglo XX.
En 1945, durante unos trabajos de excavación petrolera, se recolectó una vértebra de la parte media del tórax de un saurópodo en el municipio de La Paz, en el departamento caribeño del Magdalena (norte).
Y en 1949, en la localidad de Ortega, ubicada en el Tolima (centro-sur), se hallaron tres dientes de terópodos.
Fuente: EFE
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sábado, 26 de marzo de 2011
Hallado un raro herbívoro primitivo con dientes de sable
Hace 260 millones de años, ni los mamíferos ni los dinosaurios habían fichado todavía en los ecosistemas terrestres. En el macrocontinente de Pangea correteaban seres que hoy se encuadran en categorías taxonómicas de nombres exóticos y de los cuales sólo salta a la vista un rasgo común: cuatro patas. Aquellos tetrápodos primitivos son el objeto de estudio del paleontólogo salvadoreño Juan Carlos Cisneros, responsable del hallazgo de la última muestra de aquella paleofauna cuyo carácter queda dicho en el apellido de la nueva especie: Tiarajudens eccentricus.El Tiarajudens, del tamaño de un perro grande, vivió al final del Paleozoico antes de la extinción pérmica, la mayor que ha asolado el planeta y de la que resultaría el festival de dinosaurios que adornó el Mesozoico. Según escribe Cisneros hoy en Science, en aquel momento ya se había desarrollado una gran despensa de herbívoros que alimentaba a un reducido elenco de depredadores.
Y entre los primeros se contaba el Tiarajudens, cuya clasificación le sitúa como un sinápsido (algo que no es un reptil) del grupo de los terápsidos (sinápsidos no mamíferos) y, en concreto, como un anomodonto, un linaje de herbívoros que masticaban las hierbas fibrosas del suelo de Gondwana, el zócalo meridional de Pangea que más tarde se independizaría como supercontinente. El suelo que pisaba el Tiarajudens hoy forma parte de Brasil. Allí Cisneros, desde la Universidad Federal de Piauí, rastrea los depósitos del Pérmico y el Triásico en busca de fósiles.
Aberrante
Pero incluso para su clan, el Tiarajudens es el bicho raro. Según escribe en un comentario al estudio el experto de la Universidad Humboldtde Berlín Jörg Fröbisch, dentro de los anomodontos, que mostraban un "desarrollo progresivo de rasgos de mamíferos", el Tiarajudens es "aberrante" por su "dentición única y especializada". Aunque parte de su parentela vegetariana compartía la oclusión dental (la capacidad de encajar las piezas de una mandíbula con las de otra para triturar la fibra), el Tiarajudens tenía el paladar tachonado de dientes, algo único en su vecindario.
Queda la guinda: dos caninos de 12 centímetros sobresalían de su boca. Cisneros explica que no se trata de colmillos al estilo de los elefantes y de ciertos parientes del Tiarajudens, con crecimiento continuo, sección circular y sin esmalte, sino de verdaderos dientes de sable, comprimidos lateralmente y esmaltados. ¿Para qué quería tales armas un vegetariano? "Los grandes caninos de sable son inesperados en un herbívoro", escribe Cisneros. Tomando como modelo los ciervos actuales, el científico especula que tal vez los usaba "para manipular la comida antes de procesarla, disuadir a los predadores o para exhibición y combate dentro de su especie".
Fuente:publico.es
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Descubren “eslabón perdido” de los dinosaurios en Argentina

Los científicos del Museo Egidio Feruglio revelaron un nuevo tipo de dinosaurio que fue descubierto en la provincia centro-norte de Chubut - el Taquetransis Leonerasaurus. Los geólogos en el museo, hicieron el descubrimiento en un sitio con restos fósiles del período Jurásico (hace 206-144 millones años).
Los paleontólogos creen que estos fósiles pertenecen a una especie de "eslabón perdido" de dinosaurios que evolucionó hasta convertirse en cuellos largo y herbívoros similares al Diplodocus, Brachiosaurus y Brontomerus, afirman los científicos en la revista PLoS ONE. Estos dinosaurios se conocen como saurópodos y eran las criaturas más grandes conocidos de la tierra para caminar siempre sobre la tierra hace 170 millones de años.
El Leonerasaurus mide tres metros, y vivió unos 10 millones de años antes de la era de los saurópodos. Puede ser la conexión entre pequeños prosaurópodos que existieron durante el período Triásico (hace 248-205 millones de años) y sus descendientes más grandes, los saurópodos.
“El nuevo dinosaurio es "una especie muy primitiva... que nos ayuda a entender el árbol evolutivo de los gigantes que aparecieron más tarde” dijo Diego Pol del Museo Paleontológico Egidio Feruglio.
El Leonerasaurus fue descubierto en la Sierra de Taquetren en 2005, y tomó dos años para excavar y retirar los restos. El estudio científico se llevó a cabo en el laboratorio de preparación del MEF y los resultados de sus hallazgos fueron publicados entre 2009 y 2010.
Más información en http://www.mef.org.ar/
Los paleontólogos creen que estos fósiles pertenecen a una especie de "eslabón perdido" de dinosaurios que evolucionó hasta convertirse en cuellos largo y herbívoros similares al Diplodocus, Brachiosaurus y Brontomerus, afirman los científicos en la revista PLoS ONE. Estos dinosaurios se conocen como saurópodos y eran las criaturas más grandes conocidos de la tierra para caminar siempre sobre la tierra hace 170 millones de años.
El Leonerasaurus mide tres metros, y vivió unos 10 millones de años antes de la era de los saurópodos. Puede ser la conexión entre pequeños prosaurópodos que existieron durante el período Triásico (hace 248-205 millones de años) y sus descendientes más grandes, los saurópodos.
“El nuevo dinosaurio es "una especie muy primitiva... que nos ayuda a entender el árbol evolutivo de los gigantes que aparecieron más tarde” dijo Diego Pol del Museo Paleontológico Egidio Feruglio.
El Leonerasaurus fue descubierto en la Sierra de Taquetren en 2005, y tomó dos años para excavar y retirar los restos. El estudio científico se llevó a cabo en el laboratorio de preparación del MEF y los resultados de sus hallazgos fueron publicados entre 2009 y 2010.
Más información en http://www.mef.org.ar/
Fuente: elpuntocritico.com
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martes, 8 de marzo de 2011
Paleontólogos desmienten que en la era del dinosaurio el clima fuera cálido
Entre los fósiles encontrados en la biota de Jehol se encontraron ejemplares con plumas que pudieron servir de aislante térmico.Un equipo de paleontólogos de Francia y de China ha revelado que durante una parte del Cretácico inferior se dieron temperaturas más frías de las supuestas hasta ahora, lo que explica la abundancia de dinosaurios "con plumas" en los yacimientos fósiles de ese periodo.
El estudio divulgado hoy, en el que han participado el Centro Nacional galo de Investigación Científica (CNRS) y el Instituto de Paleontología y Paleoantropología Vertebrada de Pekín, demuestra que pese a la creencia de que en la era de los dinosaurios el clima fue globalmente cálido, esos animales no siempre disfrutaron temperaturas "clementes".
El trabajo, publicado durante esta semana en la revista Proceedings of the National Academy of Sciences (PNAS), se centró en una región del noreste de China donde se desarrolló la biota de Jehol hace entre 125 y 110 millones de años.
Entre los fósiles encontrados en ese yacimiento, según los expertos, hay numerosos dinosaurios recubiertos de estructuras filamentosas propias de pájaros con plumas, y sobre las que diversos científicos habían sugerido que cumplían una función de aislante térmico.
Los paleontólogos autores del estudio buscaron determinar las temperaturas de la época a partir de fósiles de dinosaurios, cocodrilos, tortugas y peces de esa región y de yacimientos contemporáneos de otras zonas de China, Japón y Tailandia.
El equipo analizó la composición isotópica del oxígeno de cada muestra, que se preservó durante la fosilización, con el objetivo de reconstruir la temperatura aérea del medio de vida de los dinosaurios asiáticos en el Cretácico inferior.
Y los resultados muestran que las temperaturas medias de ese periodo eran muy similares a las que se registran hoy en latitudes equivalentes, por lo que la fauna del Jehol vivía bajo un clima frío moderado caracterizado por "inviernos rigurosos".
En ese periodo, según el comunicado, los animales de sangre fría debían hibernar, mientras que los de sangre caliente como los mamíferos, los pájaros y los dinosaurios sacaban provecho de su pelo y de su plumaje para mantener su actividad en invierno.
Los científicos precisan que este estudio contribuye a conocer mejor una época sobre la que no se disponía más que de archivos geológicos, pero no se aventuran a sacar conclusiones precipitadas sobre el origen de las plumas.
"Estos resultados no prueban para nada que las plumas surgieran para un rol aislante, sino que suponen que el plumaje debía procurar a los dinosaurios del Jehol una ventaja fisiológica respecto a sus contemporáneos con escamas", explica Romain Amiot, científico del CNRS.
El estudio divulgado hoy, en el que han participado el Centro Nacional galo de Investigación Científica (CNRS) y el Instituto de Paleontología y Paleoantropología Vertebrada de Pekín, demuestra que pese a la creencia de que en la era de los dinosaurios el clima fue globalmente cálido, esos animales no siempre disfrutaron temperaturas "clementes".
El trabajo, publicado durante esta semana en la revista Proceedings of the National Academy of Sciences (PNAS), se centró en una región del noreste de China donde se desarrolló la biota de Jehol hace entre 125 y 110 millones de años.
Entre los fósiles encontrados en ese yacimiento, según los expertos, hay numerosos dinosaurios recubiertos de estructuras filamentosas propias de pájaros con plumas, y sobre las que diversos científicos habían sugerido que cumplían una función de aislante térmico.
Los paleontólogos autores del estudio buscaron determinar las temperaturas de la época a partir de fósiles de dinosaurios, cocodrilos, tortugas y peces de esa región y de yacimientos contemporáneos de otras zonas de China, Japón y Tailandia.
El equipo analizó la composición isotópica del oxígeno de cada muestra, que se preservó durante la fosilización, con el objetivo de reconstruir la temperatura aérea del medio de vida de los dinosaurios asiáticos en el Cretácico inferior.
Y los resultados muestran que las temperaturas medias de ese periodo eran muy similares a las que se registran hoy en latitudes equivalentes, por lo que la fauna del Jehol vivía bajo un clima frío moderado caracterizado por "inviernos rigurosos".
En ese periodo, según el comunicado, los animales de sangre fría debían hibernar, mientras que los de sangre caliente como los mamíferos, los pájaros y los dinosaurios sacaban provecho de su pelo y de su plumaje para mantener su actividad en invierno.
Los científicos precisan que este estudio contribuye a conocer mejor una época sobre la que no se disponía más que de archivos geológicos, pero no se aventuran a sacar conclusiones precipitadas sobre el origen de las plumas.
"Estos resultados no prueban para nada que las plumas surgieran para un rol aislante, sino que suponen que el plumaje debía procurar a los dinosaurios del Jehol una ventaja fisiológica respecto a sus contemporáneos con escamas", explica Romain Amiot, científico del CNRS.
Fuente: EFE/ CNRS.
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Descubren al ancestro del Triceratops

El Triceratops y el Torosaurus han sido considerados durante mucho tiempo los reyes de los dinosaurios con cuernos. Sin embargo, un nuevo descubrimiento ha permitido extender hacia el pasado el árbol genealógico evolutivo de estos gigantes lo suficiente como para poder identificar a su ancestro. Una especie recién descubierta por paleontólogos parece que reinó entre las bestias astadas mucho antes de que lo hiciesen sus descendientes más conocidos. Eso la convierte en el miembro más antiguo conocido de la familia.
La nueva especie, llamada Titanoceratops, rivalizaba con el Triceratops en tamaño, con un peso estimado de cerca de 7 toneladas y un enorme cráneo de dos metros y medio de largo.
El Titanoceratops, que vivió en América durante el periodo Cretácico tardío, hace alrededor de 74 millones de años, es el primer triceratopsiano conocido, lo que sugiere que el grupo evolucionó hacia su gran tamaño más de cinco millones de años antes de lo que se pensaba anteriormente, según Nicholas Longrich, el paleontólogo de la Universidad de Yale que hizo el descubrimiento. El hallazgo aporta nuevos y esclarecedores datos sobre los orígenes poco conocidos de estas impresionantes bestias astadas.
La nueva especie es muy similar al Triceratops, pero con una nariz más larga y cuernos un poco más grandes.
Longrich cree que el Titanoceratops es el antepasado del Triceratops y del Torosaurus, y que estos dos últimos se dividieron en especies distintas varios millones de años después de que surgiera el Titanoceratops.
Es probable que el Titanoceratops existiese sólo durante alrededor de un millón de años, según estima Longrich, en tanto que la familia triceratopsiana existió en total unos diez millones de años y se extendió más allá de su área de distribución geográfica original, llegando tan al norte como Canadá.
Fuente: noticiasdelaciencia.com
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domingo, 12 de diciembre de 2010
Hallan en Europa un hadrosáurido

La cresta craneal del “blasisaurus canudo” era utilizada para producir sonido y bramar en época de celo. (EFE)
Científicos españoles han descubierto en la localidad de Arén (Huesca, norte español) una especie de dinosaurio perteneciente al grupo de los hadrosáuridos (picos de pato), que se creía que nunca había existido en Europa.
El dinosaurio pertenecía a los hadrosáuridos y al subgrupo de los lambeosaurinos, que se caracterizaban por la presencia de estructuras alargadas o crestas en la cabeza, informó la Universidad de Zaragoza (norte), que participó en el estudio.
Se trataba de un dinosaurio relativamente pequeño, de entre cinco y siete metros de longitud, con un peso que rondaría entre los 400 y 500 kilos y con unas mandíbulas con cientos de dientes, capaces de triturar las plantas más duras.
La cresta craneal, formada por una serie de tubos por los que pasaba el aire, era utilizada para producir sonido y bramar en época de celo.
En todo el mundo se han localizado unas 57 especies de hadrosaurios como la hallada en Arén, que ha sido bautizada como “blasisaurus canudo” por haber sido descubierta en el yacimiento denominado Blasi, y en homenaje al paleontólogo español José Ignacio Canudo, líder del Grupo Aragosaurus-IUCA (que ha encabezado la investigación) por su contribución al estudio de los dinosaurios ibéricos.
Certificaciones
Por el momento, los investigadores han certificado una parte de los fósiles hallados, como los craneales, aunque continúan trabajando sobre vértebras, fémur y húmero, muy probablemente pertenecientes a la misma especie.
Los fósiles craneales de este nuevo hadrosáurido fueron hallados y excavados en el yacimiento llamado Blasi 1, dentro de una serie de campañas de excavaciones que comenzaron en 1997 en Arén.
Científicos españoles han descubierto en la localidad de Arén (Huesca, norte español) una especie de dinosaurio perteneciente al grupo de los hadrosáuridos (picos de pato), que se creía que nunca había existido en Europa.
El dinosaurio pertenecía a los hadrosáuridos y al subgrupo de los lambeosaurinos, que se caracterizaban por la presencia de estructuras alargadas o crestas en la cabeza, informó la Universidad de Zaragoza (norte), que participó en el estudio.
Se trataba de un dinosaurio relativamente pequeño, de entre cinco y siete metros de longitud, con un peso que rondaría entre los 400 y 500 kilos y con unas mandíbulas con cientos de dientes, capaces de triturar las plantas más duras.
La cresta craneal, formada por una serie de tubos por los que pasaba el aire, era utilizada para producir sonido y bramar en época de celo.
En todo el mundo se han localizado unas 57 especies de hadrosaurios como la hallada en Arén, que ha sido bautizada como “blasisaurus canudo” por haber sido descubierta en el yacimiento denominado Blasi, y en homenaje al paleontólogo español José Ignacio Canudo, líder del Grupo Aragosaurus-IUCA (que ha encabezado la investigación) por su contribución al estudio de los dinosaurios ibéricos.
Certificaciones
Por el momento, los investigadores han certificado una parte de los fósiles hallados, como los craneales, aunque continúan trabajando sobre vértebras, fémur y húmero, muy probablemente pertenecientes a la misma especie.
Los fósiles craneales de este nuevo hadrosáurido fueron hallados y excavados en el yacimiento llamado Blasi 1, dentro de una serie de campañas de excavaciones que comenzaron en 1997 en Arén.
Fuente:abc.com.py
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lunes, 11 de octubre de 2010
Cocodrilo y dinosaurio pasaron de largo

Remarcadas, las huellas del dinosaurio nadador y el cocodrilo. :: F. D.

Retirando la tierra para seguir el rastro. :: F. D.
Pero, por lo que las últimas campañas de excavaciones estivales han tenido una mayor resonancia ha sido porque, «había indicios de que se pudiesen cruzar dos rastros, el de un cocodrilo y el de un dinosaurio», El caso es que, «estaban debajo de tierra y entonces era obligado retirar esa tierra para ver cómo seguían las dos trayectorias. Si los dos animales se hubieran cruzado y hubiese habido un ataque del uno al otro, la cosa hubiera tenido una enorme importancia, hubieran sido unos rastros espectaculares», relata Pérez Lorente, que concluye señalando el hallazgo. «Se ve que el dinosaurio pasa después del cocodrilo, se cruzan los rastros pero cada uno va para un lado».
De cualquier manera, el yacimiento no dejará de tener su importancia, especialmente para la comunidad científica, ya que, como indica el investigador, «en cuanto al dinosaurio nadador, se trata del único rastro indiscutible en el que queda claro que es un dinosaurio nadador», algo de lo que se puede presumir.

Cada grieta se limpia y rellena con silicona. :: F. D.
Además, «lo que ocurre es, que de las primeras huellas, unas catorce, que ya se publicaron, y que era un rastro de unos 12 a 15 metros de longitud, se ha pasado a un rastro de 40 metros y el número de huellas son veintitrés, con lo que se ha duplicado el número de huellas y la amplitud del rastro».
Infinitas posibilidades
Por cierto que los rastros de cocodrilo del frustrado encuentro que tantas ilusiones despertó, no son los únicos del yacimiento. «Hay dos rastros de cocodrilo en este mismo lugar», advierte el responsable máximo de las excavaciones, y por si fuera poco, «se han encontrado restos óseos fósiles de cocodrilo por lo menos en dos sitios en La Rioja y también restos de placas dérmicas de cocodrilo».
De cara al futuro, cree que las posibilidades «son infinitas», aunque de momento «no se seguirá excavando, ya que primero habría que protegerlo todo con una tejavana».
Fuente: elcorreo.com
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miércoles, 6 de octubre de 2010
Un nuevo saurópodo del Jurásico Inferior: Tonganosaurus
El último número de la revista china Vertebrata PalAsiatica [48(3), septiembre de 2010] publica la descripción de un nuevo saurópodo del Jurásico Inferior de la provincia de Sichuan (China): Tonganosaurus hei LI ,YANG, LIU et WANG 2010.
Algunos de los huesos de Tonganosaurus hei: escápula (A), coracoides (B), placa esternal (C), fémur (D), húmero (E), ulna (F), radio (G), tibia (H), fíbula (I), isquiones (J, K), metatarsos I, II, III y IV (L-O) y falange ungueal (P). Pulsar sobre la imagen para verla a mayor tamaño.
Tonganosaurus hei está basado en un esqueleto incompleto procedente de Tong’an (Huili, Sichuan), formado por veinte vértebras (cervicales, dorsales, caudales), la cintura escapular y el brazo derecho completos, la escápula izquierda, los dos isquiones, la pierna derecha completa, el fémur izquierdo, cuatro metatarsos derechos, una falange ungueal, diez espinas neurales y fragmentos de costillas.
El ejemplar (MCDUT 14454) procede de la Formación Yimén (Jurásico Inferior), y está conservado en el Museum of Chengdu University of Technology (Chengdu, Sichuan), y se ha clasificado como un mamenquisaúrido.
Tonganosaurus hei significa “lagarto de Tong’an de He”; además de a la localidad tipo (Tong’an) está dedicado al paleontólogo chino HE Xin-Lu de la Chengdu University of Technology, al que hace unos años también le dedicaron el Hexinlusaurus, un dinosaurio ornitisquio del Jurásico Medio de Sichuan.
Investigacion en pdf completa en http://www.dinoastur.com/2010/10/05/un-nuevo-sauropodo-del-jurasico-inferior-tonganosaurus/?utm_source=feedburner&utm_medium=email&utm_campaign=Feed%3A+dinoastur+%28DinoAstur%29&utm_content=Yahoo!+Mail
Algunos de los huesos de Tonganosaurus hei: escápula (A), coracoides (B), placa esternal (C), fémur (D), húmero (E), ulna (F), radio (G), tibia (H), fíbula (I), isquiones (J, K), metatarsos I, II, III y IV (L-O) y falange ungueal (P). Pulsar sobre la imagen para verla a mayor tamaño.Tonganosaurus hei está basado en un esqueleto incompleto procedente de Tong’an (Huili, Sichuan), formado por veinte vértebras (cervicales, dorsales, caudales), la cintura escapular y el brazo derecho completos, la escápula izquierda, los dos isquiones, la pierna derecha completa, el fémur izquierdo, cuatro metatarsos derechos, una falange ungueal, diez espinas neurales y fragmentos de costillas.
El ejemplar (MCDUT 14454) procede de la Formación Yimén (Jurásico Inferior), y está conservado en el Museum of Chengdu University of Technology (Chengdu, Sichuan), y se ha clasificado como un mamenquisaúrido.
Tonganosaurus hei significa “lagarto de Tong’an de He”; además de a la localidad tipo (Tong’an) está dedicado al paleontólogo chino HE Xin-Lu de la Chengdu University of Technology, al que hace unos años también le dedicaron el Hexinlusaurus, un dinosaurio ornitisquio del Jurásico Medio de Sichuan.
Investigacion en pdf completa en http://www.dinoastur.com/2010/10/05/un-nuevo-sauropodo-del-jurasico-inferior-tonganosaurus/?utm_source=feedburner&utm_medium=email&utm_campaign=Feed%3A+dinoastur+%28DinoAstur%29&utm_content=Yahoo!+Mail
Fuente: dinoastur.com
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martes, 5 de octubre de 2010
Hallan el fémur de dinosaurio más grande de Europa en Francia

Un fémur de 2,20 metros de largo hallado por un grupo de investigadores galos en el centro de Francia se ha convertido en el más grande encontrado nunca en Europa al superar los 1,92 metros de longitud del que se presentó la semana pasada en la provincia española de Teruel.
"A priori se trata del más grande de Europa", indicó hoy a Efe el paleontólogo Ronan Allain, uno de los responsables de la excavación de Audoin, en la localidad gala de Angeac en Charente, uno de los yacimientos más ricos de Francia.
El fémur, que todavía se encuentra en el yacimiento, sobrepasa los 2,20 metros, por lo que los responsables del sitio piensan que se trata de un
que pudo pesar unas cuarenta toneladas y medir alrededor de 35 metros de largo, explicaron en un comunicado conjunto el Centro Nacional de Investigación Científica (CNRS) de Francia y la Universidad de Rennes.
El hueso pertenece a un herbívoro denominado saurópodo que vivió hace 130 millones de años en la actual Europa, durante el período conocido como Cretácico Inferior.
Se trata de los restos fósiles de ejemplar de una especie animal que "se asemeja a las de las especies conocidas en la misma época en España", indicaron los investigadores.
El hallazgo francés bate el récord del yacimiento de "San Lorenzo" de Riodeva, en la localidad turolense en la que el pasado 23 de septiembre, un grupo de científicos españoles encontró el que hasta ahora se consideraba el fémur más grande de Europa, con una talla de 1,92 metros.
El fémur francés se encuentra en un yacimiento en el que los investigadores han encontrado más de 400 huesos, todos del Cretácico Inferior, que sorprenden "por la calidad de la conservación", gracias al rápido enterramiento de los restos en sedimentos arcillosos, agregaron los científicos del CNRS.
Aunque poco común en los yacimientos paleontológicos de este tipo, los investigadores han podido recolectar hojas y semillas de que les permitirán "reconstruir la flora del lugar en el que vivían los animales" en aquella prehistórica época.
"Gracias a estos hallazgos excepcionales, los científicos esperan poder describir mejor los ecosistemas del Cretácico inferior, una época inédita y poco conocida en esta parte de Europa", agregan las fuentes.
El espacio paleontológico situado en Angeac-Charente fue descubierto en enero de 2010, y la primera campaña de excavaciones fue iniciada el pasado verano.
Fuente: EFE
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sábado, 2 de octubre de 2010
Los saurópodos enterraban sus huevos como las tortugas

Investigadores del Grupo de Investigación del Mesozoico del Instituto Catalán de Paleontología (ICP) han descubierto el nido con 28 huevos de dinosaurio más grande de Europa en el yacimiento de Coll de Nargó (Lleida). El hallazgo permite confirmar la hipótesis de que los saurópodos enterraban sus huevos dentro de la tierra como las tortugas actuales.

Según los paleontólogos Ángel Galobart y Bernat Vila, el nido contiene un total de 28 huevos, “una cifra muy elevada si se compara con otros nidos encontrados hasta ahora en todo el mundo”. El descubrimiento realizado en colaboración con el grupo Amigos de los Dinosaurios del Alt Urgell (ADAU) aporta datos inéditos sobre el comportamiento reproductivo de los saurópodos.
Tras cinco años de estudio de la puesta descubierta en 2005, los científicos del Instituto Catalán de Paleontología (ICP) confirman que los dinosaurios saurópodos enterraban los huevos dentro de la tierra, tal y como lo hacen las tortugas actuales. Los estudios tomográficos demuestran que la eclosión de las crías se producía bajo tierra.
“Hasta ahora nunca antes en Europa se había encontrado una puesta de estas dimensiones”, han señalado los investigadores. Los trabajos de excavación fueron largos y complejos. Para extraer el conjunto de sedimentos y huevos con técnicas inéditas como el uso de cemento expansivo, los científicos tardaron dos años.
Desarrollo turístico y cultural del territorio
Durante la presentación del hallazgo en Cataluña, Jordi Roca, director general del Patrimonio Cultural, ha destacado la tarea de los departamentos de Innovación, Universidades y Empresa; y de Cultura y Medios de Comunicación, que han financiado los trabajos de campo y la investigación del ICP, para poner en valor el patrimonio a través de tres ejes: la investigación, la restauración y la museización.
En la actualidad, una red de museos y centros de interpretación se están constituyendo y empieza a ser realidad gracias al proyecto Tierra de dinosaurios, en el que colaboran el Museo de la Conca Dellà, el centro Dinosfera de Coll de Nargó, el centro de interpretación del yacimiento de Fumanya, el Museo Comarcal de Ciencias Naturales de Tremp y el Museo Crusafont de Sabadell, perteneciente al ICP.

Según los paleontólogos Ángel Galobart y Bernat Vila, el nido contiene un total de 28 huevos, “una cifra muy elevada si se compara con otros nidos encontrados hasta ahora en todo el mundo”. El descubrimiento realizado en colaboración con el grupo Amigos de los Dinosaurios del Alt Urgell (ADAU) aporta datos inéditos sobre el comportamiento reproductivo de los saurópodos.
Tras cinco años de estudio de la puesta descubierta en 2005, los científicos del Instituto Catalán de Paleontología (ICP) confirman que los dinosaurios saurópodos enterraban los huevos dentro de la tierra, tal y como lo hacen las tortugas actuales. Los estudios tomográficos demuestran que la eclosión de las crías se producía bajo tierra.
“Hasta ahora nunca antes en Europa se había encontrado una puesta de estas dimensiones”, han señalado los investigadores. Los trabajos de excavación fueron largos y complejos. Para extraer el conjunto de sedimentos y huevos con técnicas inéditas como el uso de cemento expansivo, los científicos tardaron dos años.
Desarrollo turístico y cultural del territorio
Durante la presentación del hallazgo en Cataluña, Jordi Roca, director general del Patrimonio Cultural, ha destacado la tarea de los departamentos de Innovación, Universidades y Empresa; y de Cultura y Medios de Comunicación, que han financiado los trabajos de campo y la investigación del ICP, para poner en valor el patrimonio a través de tres ejes: la investigación, la restauración y la museización.
En la actualidad, una red de museos y centros de interpretación se están constituyendo y empieza a ser realidad gracias al proyecto Tierra de dinosaurios, en el que colaboran el Museo de la Conca Dellà, el centro Dinosfera de Coll de Nargó, el centro de interpretación del yacimiento de Fumanya, el Museo Comarcal de Ciencias Naturales de Tremp y el Museo Crusafont de Sabadell, perteneciente al ICP.
Fuente: ecoticias.com
jueves, 23 de septiembre de 2010
Cuernos de dinosaurios para atraer a las hembras

Investigadores de la Universidad de Utah, en Estados Unidos, han localizado dos nuevas especies de dinosaurios cornudos en el monumento nacional Grand Staircase-Escalante, una formación rocosa al sur de este estado. Ambos saurópodos habitaron en el llamado 'continente perdido' de Laramide, formado cuando un mar poco profundo inundó la región central de Norteamérica, aislando las porciones del este y el oeste del continente durante millones en el último período cretáceo.

Los dinosaurios, familiares cercanos del 'Triceratops', fueron descubiertos por un equipo dirigido por Scott Sampson y Mark Loewen. El más grande tiene un cráneo que mide 2,3 metros de longitud y es de la especie 'Uthaceratops gettyi', en honor de Mike Getty, responsable de Paleontología en el Museo de Historia Natural de Utah que lo descubrió.
Además de un cuerno grande sobre la nariz, 'Utahceratops' tiene otros dos cuernos cortos a ambos lados de los ojos, similares a los de los bisontes modernos, según publican en la revista 'PLoS ONE'. "Es como un rinoceronte gigante con una cabeza ridículamente grande", apunta Loewen.
15 cuernos en la cabeza
La otra especie nueva es el 'Kosmoceratops richardsoni', en alusión a sus cuernos y a Scott Richardson, el voluntario que descubrió dos cráneos de este animal. 'Kosmoceratops' también luce cuernos a la altura de los ojos, aunque más largos y puntiagudos que el otro dinosaurio. Lo curioso es que tiene un total de 15 cuernos (sobre la nariz, otro sobre cada ojo, otro par en el hueso de cada mejilla y hasta una decena alrededor de toda la cabeza, lo que le convierte en el dinosaurio más adornado que se conoce. " El 'Kosmoceratops' es uno de los animales más asombrosos que se conocen", asegura Sampson.
Se ha especulado mucho con la función de estos cuernos en los dinosaurios, si bien la teoría dominante apunta a que su función era, fundamentalmente, garantizar el éxito reproductivo. Según asegura Sampson, como armas para apartar a los depredadores, habrían sido muy malas. Sin embargo, sí habrían servido para intimidar a rivales del mismo sexo o atraer a los del sexo contrario.
Los fósiles se descubrieron en un paraje que es el monumento nacional más grande de todo Estados Unidos, con 770.000 hectáreas de extensión. Durante la mayor parte del Cretácico tardío, el mar inundó las partes bajas de las plataformas continentales, lo que hizo que en Norteamérica surgiera un mar caliente que dividió las tierras del este y el oeste, llamadas Appalachia y Laramide, respectivamente. De la primera se sabe poco, pero en lo que fue Laramide hay un gran registro fósil de dinosaurios, en una franja que va desde Alaska a México.
Mundo caliente
Por aquel entonces, el mundo era mucho más caliente que el actual, así que los 'Utahceratops' y los 'Kosmoceratops' vivieron en un ambiente cenagoso subtropical, a unos 100 kilómetros del mar. Fue en los años 60 cuando los paleontólogos detectaron que había los mismos grupos de dinosaurios en esta tierra emergida, pero con especies diferentes en el norte y el sur.
Este 'provincialismo' de los dinosaurios era desconcertante, sobre todo al comparar los gigantescos cuerpos de la mayoría de los dinosaurios con las diminutas dimensiones de los de Laramide. Actualmente, hay sólo cinco grandes mamíferos en África, pero hace 76 millones de años pudo haber más de dos docenas de dinosaurios gigantes que vivieran en un pedazo de tierra emergía muy pequeño.
Para Loewen era una incógnita cómo podían convivir en un espacio tan diminuto. Una posibilidad es que hubiera mucho alimento y otra que comieran poco (como los cocodrilos de la actualidad). Fuera cual fuera la razón de su elevada población, lo que parece claro es que había alguna barrera entre Utah y Colorado que limitaba el intercambio de especies, como una cordillera, y por ello eran diferentes.
Los nuevos fósiles están ayudando a entender cómo se desarrolló su historia. En los últimos 10 años, se han desenterrado en la zona más de una docena de dinosaurios. Además de 'Utahceratops' y de 'Kosmoceratops', la colección incluye otros herbívoros, algunos hadrosaurios con pico de pato, anquilosaurios, grandes carnívoros y otros parientes del 'Tiranosaurio rex'. También han recuperado plantas, rastros del insecto, almejas, peces, anfibios y lagartos que ofrecen una mirada completa del primitivo ecosistema.
Fuente: elmundo.es
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domingo, 12 de septiembre de 2010
El gran (y jorobado) dinosaurio español
Reconstrucción del dinosaurio carnívoro 'concavenator', cuyo esqueleto fósil se ha descubierto en Las Hoyas (Cuenca).- RAÚL MARTÍN Un dinosaurio de un género y una especie completamente desconocidos hasta el momento siempre es un descubrimiento que causa sensación en la paleontología mundial. Ahora un ejemplar de buen tamaño, carnívoro y con una extraña joroba, ha sido descubierto en Cuenca, en el yacimiento de Las Hoyas. Vivió hace 125 millones de años y es el dinosaurio más completo que se ha encontrado en España, afirman los investigadores. Con sus seis metros de largo, el nuevo ejemplar conquense, un animal adulto, era cuatro veces mayor que los ágiles y temibles velocirráptores que salían en la película Parque Jurásico. Y este es mucho más antiguo.
El esqueleto fósil se presenta hoy en lugar destacado en la prestigiosa revista Nature con un artículo firmado por los tres científicos españoles que lo han encontrado y estudiado (Francisco Ortega, Fernando Escaso y José Luis Sanz).
El dinosaurio, carnívoro, ha sido bautizado científicamente Concavenator corcovatus y apodado Pepito pese a ser un animal adulto. El propio nombre oficial, que significa Cazador jorobado de Cuenca, aporta datos interesantes sobre el animal: "Era un depredador, que cazaría sin hacer ascos a la carroña que se encontrase, como los leones actuales", explica Sanz, especialista español en dinosaurios reconocido internacionalmente.
Francisco Escaso, Francisco Ortega y José Luis Sanz (de izquierda a derecha) estudian el fósil del concavenator Pepito.- UAM / UNEDRAÚL MARTÍNEl nuevo dinosaurio español destaca no solo por su novedad, su tamaño y su excelente conservación, sino porque aporta información inesperada sobre la historia de este tipo de animales del Cretácico inferior. Pertenece a los carcadorontosaurios, una familia de dinosaurios que se consideraba hasta hace no mucho original del hemisferio Sur. El hallazgo de un ejemplar de esta familia en el Reino Unido hace unos años y, ahora, el muy completo fósil de Las Hoyas, ambos muy primitivos y en el hemisferio Norte, exige rectificar la idea que se tenía de su trayectoria evolutiva y geográfica.
Otra peculiaridad de este dinosaurio son unos bultos que se distinguen en el hueso del antebrazo, que son similares a los que sirven de punto de inserción de las plumas remeras en las aves actuales. Está claro que Pepito no volaba, pero "la presencia de los pequeños bultos en la ulna [equivalente al cúbito de los humanos] de concavenator indica que este dinosaurio conquense ya tenía estructuras en la piel que constituyen un estadio ancestral de las plumas de las aves", explican los científicos.
No hay que olvidar que, como han demostrado los fósiles hallados en Las Hoyas desde hace unos años -y, paralelamente, en yacimientos de China-, los dinosaurios no se extinguieron hace 65 millones de años (probablemente como consecuencia del impacto de un gran meteorito en la Tierra), sino que algunos de ellos, los voladores, lograron sobrevivir y acabaron siendo los pájaros actuales.
Pepito apareció hace ya varios años y supuso desde el primer momento una sorpresa para los paleontólogos, pero han tardado bastante tiempo en recuperar y conservar los huesos fósiles de las planchas de roca en que estaban incrustados. "Es un trabajo minucioso, con instrumentos como los de dentista, para ir retirando la roca sin llegar a tocar el fósil", explica Sanz.
De esta operación se han encargado sobre todo Ortega y Escaso (de la UNED), en el Museo de las Ciencias de Castilla-La Mancha, en Cuenca, donde ahora está el ejemplar. El esqueleto está aplastado y acostado hacia su lado izquierdo y la roca en que reposa estaba fragmentada en varias losas, por lo que su reconstrucción fue, lo primero, "como montar un rompecabezas en tres dimensiones", recuerda Sanz, catedrático de la Universidad Autónoma de Madrid. "Al principio pensamos que podría ser un reptil marino, un gran cocodrilo, o un dinosaurio", añade.
Los restos del concavenator destacan por su excelente estado de conservación, una característica que resulta singular en las condiciones del yacimiento de las Hoyas, poco favorables a la preservación de esqueletos grandes. Pepito, para suerte de los científicos, se ha conservado sin esos problemas y se aprecian en sus huesos detalles de las escamas de las patas y de la cola.
Fuente: elpais.com
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