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domingo, 3 de abril de 2011

Rara bestia con dientes de sable


Mucho antes de la era de los dinosaurios, el Tiarajudens eccentricus estaba armado con un increíble arsenal de dientes para moler, desgarrar e incluso atemorizar. Pero el ancestro mamífero con dientes de sable recién descubierto era vegetariano, afirma un nuevo estudio.

El animal, cuyo tamaño era el de un perro grande, no sólo tenía enormes dientes caninos -tan largos como un crayón- sino que el techo de su boca parece haber estado tachonado con dientes, lo que permitía reemplazar rápido los que perdía, como los tiburones, afirman los investigadores.

Parte del suborden de los Anomodontia y del orden de los Therapsida -muchas veces llamados reptiles tipo mamíferos-, el fósil vegetariano de 260 millones de años “se ve como una combinación de distintos animales, y se lleva tiempo creerlo cuando se tiene enfrente al animal”, dice el paleontólogo Juan Carlos Cisneros, quien descubrió el fósil en Brasil.

“Tiene los incisivos de un caballo, que son muy buenos para cortar y sacar plantas; los grandes molares de un carpincho, para moler, y los caninos de un gato dientes de sable”, destaca.
El paleontólogo Jorg Frobisch dice que los dientes de sable sorprenden particularmente, considerando la dieta del animal de plantas fibrosas.

“Normalmente se esperarían dientes de sable en un carnívoro”, dice Frobisch, de la Universidad de Humboldt, en Berlin.

“Los animales más conocidos obviamente son los gatos o tigres dientes de sable, pero también hay algunas formas (extintas) entre los marsupiales, los familiares de los canguros y los osos australianos”, destaca Frobisch, quien no formó parte del estudio del Tiarajudens eccentricus, publicado en la revista Science.

Los dientes de sable del T. eccentricus pudieron haber disuadido a los depredadores o intimidado o herido a los rivales de la misma especie, especulan los autores del estudio.
“El uso de dientes de sable para exhibición o lucha entre miembros de la misma especie es algo que pensábamos que había aparecido entre los herbívoros hace menos de 60 millones de años”, subraya Cisneros, de la Universidad Federal de Piauri, en Brasil.

“Si el Tiarajudens eccentricus (los usó de esa forma), entonces es algo que apareció mucho antes, cuando las comunidades terrestres eran... dominadas por herbívoros”, considera.
Pruebas dentales: ¿secreto del éxito evolutivo?

¿Por qué el herbívoro Tiarajudens eccentricus -“el dentudo excéntrico de la región de Tiaraju”- tiene dentición idiosincrática? La respuesta podría yacer en la experimentación evolutiva.
Independientemente de su rareza, los ampliamente distintos dientes del Tiarajudens eccentricus encajaban bastante bien en una mordida, lo mejor para moler y procesar hojas y tallos fibrosos. Este ejemplo temprano de firme acoplamiento dental en un terápsido podría ofrecer pistas sobre por qué los humanos y otros mamíferos están tan equipados actualmente, dado que los mamíferos evolucionaron de los terápsidos.

“Este animal ya era capaz de comer como un rumiante moderno, y eso es muy interesante”, precisa Cisneros. Los rumiantes son animales como las vacas y cabras que mastican su rumen y tienen complejos estómagos de varias cámaras.

Estas adaptaciones dentales únicas también podrían ofrecer algunas pistas sobre el impactante éxito de los anomodontios durante el periodo Pérmico Medio, antes que los dinosaurios dominaran la Tierra.

“Los anomodontios eran el grupo más exitoso de los vertebrados terrestres, el de mayor número de especies, morfología más diversa y las principales adaptaciones ecológicas durante este tiempo”, destaca Frobisch.

“En este mismo grupo había formas que vivían en madrigueras, formas que escalaban, formas semiacuáticas, animales pequeños del tamaño de ratas y animales grandes como vacas, y esto es único en el linaje ancestral de los mamíferos”, considera.

“Estoy seguro que esta experimentación temprana con dientes distintos explica parcialmente por qué este grupo se volvió tan exitoso”, culmina.
Fuente: losandes.com.ar

sábado, 26 de marzo de 2011

Hallado un raro herbívoro primitivo con dientes de sable

Hace 260 millones de años, ni los mamíferos ni los dinosaurios habían fichado todavía en los ecosistemas terrestres. En el macrocontinente de Pangea correteaban seres que hoy se encuadran en categorías taxonómicas de nombres exóticos y de los cuales sólo salta a la vista un rasgo común: cuatro patas. Aquellos tetrápodos primitivos son el objeto de estudio del paleontólogo salvadoreño Juan Carlos Cisneros, responsable del hallazgo de la última muestra de aquella paleofauna cuyo carácter queda dicho en el apellido de la nueva especie: Tiarajudens eccentricus.

El Tiarajudens, del tamaño de un perro grande, vivió al final del Paleozoico antes de la extinción pérmica, la mayor que ha asolado el planeta y de la que resultaría el festival de dinosaurios que adornó el Mesozoico. Según escribe Cisneros hoy en Science, en aquel momento ya se había desarrollado una gran despensa de herbívoros que alimentaba a un reducido elenco de depredadores.

Y entre los primeros se contaba el Tiarajudens, cuya clasificación le sitúa como un sinápsido (algo que no es un reptil) del grupo de los terápsidos (sinápsidos no mamíferos) y, en concreto, como un anomodonto, un linaje de herbívoros que masticaban las hierbas fibrosas del suelo de Gondwana, el zócalo meridional de Pangea que más tarde se independizaría como supercontinente. El suelo que pisaba el Tiarajudens hoy forma parte de Brasil. Allí Cisneros, desde la Universidad Federal de Piauí, rastrea los depósitos del Pérmico y el Triásico en busca de fósiles.
Aberrante

Pero incluso para su clan, el Tiarajudens es el bicho raro. Según escribe en un comentario al estudio el experto de la Universidad Humboldtde Berlín Jörg Fröbisch, dentro de los anomodontos, que mostraban un "desarrollo progresivo de rasgos de mamíferos", el Tiarajudens es "aberrante" por su "dentición única y especializada". Aunque parte de su parentela vegetariana compartía la oclusión dental (la capacidad de encajar las piezas de una mandíbula con las de otra para triturar la fibra), el Tiarajudens tenía el paladar tachonado de dientes, algo único en su vecindario.

Queda la guinda: dos caninos de 12 centímetros sobresalían de su boca. Cisneros explica que no se trata de colmillos al estilo de los elefantes y de ciertos parientes del Tiarajudens, con crecimiento continuo, sección circular y sin esmalte, sino de verdaderos dientes de sable, comprimidos lateralmente y esmaltados. ¿Para qué quería tales armas un vegetariano? "Los grandes caninos de sable son inesperados en un herbívoro", escribe Cisneros. Tomando como modelo los ciervos actuales, el científico especula que tal vez los usaba "para manipular la comida antes de procesarla, disuadir a los predadores o para exhibición y combate dentro de su especie".

Fuente:publico.es