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martes, 23 de marzo de 2010

Grandes erupciones dieron paso al dominio de los dinosaurios


La extinción masiva que acabó con los grandes ancestros de los cocodrilos y que permitió la expansión de los dinosaurios del Jurásico se debió probablemente a grandes erupciones volcánicas y al rápido cambio climático resultante, según un estudio de la Universidad de Brown en Providence (Estados Unidos). Los resultados del estudio se publican en la edición digital de la revista 'Proceedings of the National Academy of Sciences' (PNAS).

Hace más de 200 millones de años la Tierra era muy diferente a la actualidad, la mayoría de la tierra firme sobre el planeta estaba integrada en un continente llamado Pangea, no existía el Océano Atlántico y el mundo animal lo controlaban los crurotarsanes, criaturas muy parecidas a los cocodrilos modernos. Sin embargo, la Tierra se encontraba entonces inmersa en un cambio climático que trajo consigo el reinado de los dinosaurios.

Los investigadores, dirigidos por Jessica Whiteside, muestran ahora en su trabajo la posible causa por la que comenzó el dominio de los dinosaurios sobre el de estos grandes cocodrilos ancestrales a finales del Periodo Triásico.

Los científicos construyeron un registro climático que marcaba el límite Triásico-Jurásico al combinar evidencias fósiles de extinciones de plantas y animales con la firma de carbono descubierta en la cera de hojas ancestrales y la madera descubierta en sedimentos de lagos mezclados con basaltos, que marcaban la actividad volcánica.

Los investigadores descubrieron fuertes evidencias que apoyan que las erupciones volcánicas extendidas y masivas condujeron a un pico en el dióxido de carbono atmosférico y de otros gases efecto invernadero que eliminó a la mitad de las especies de plantas y marcaron el final del Triásico, una de las cinco grandes extinciones masivas de la historia de la Tierra.

Los científicos también determinaron a través del registro fósil que la subida abrupta de los gases atmosféricos diezmó a los crurotarsanes, que competían con los primeros dinosaurios durante el Triásico. Gracias a la catástrofe climática, aquellos primeros dinosaurios de pequeño tamaño se liberaron de sus principales competidores y dominaron el mundo animal.

"Lo más importante es que muchas personas han oído hablar de por qué los dinosaurios se extinguieron pero la cuestión de cómo surgieron es mucho más apasionante", apunta Whiteside.

Lo que los científicos saben es que hace más de 200 millones de años el supercontinente Pangea se rompió cuando las placas del norte de América y de África comenzaron su deriva por separado.

A medida que se distanciaban las placas, creándose la cuenca que se convertiría luego en el Océano Atlántico, se producían grietas en esta área que desencadenaron la salida masiva de lava que cubrió más de 9 millones de kilómetros cuadrados, a la que los científicos denominan Provincia Magmática del Atlántico Central. Las erupciones volcánicas duraron alrededor de 600.000 años.

Los investigadores se centraron en las cuencas de las grandes grietas que conserva esta zona magmática para desentrañar qué le paso al clima y a las plantas y animales. Analizaron fósiles y firmas de carbono de dos grandes cuencas ancestrales del noreste de los Estados Unidos y una cuenca en Inglaterra.

En estas localizaciones, los investigadores descubrieron evidencias donde se conservaron entre los flujos de lava los sedimentos fosilizados de lagos que estaban en Pangea antes de la separación de las placas. Los autores dataron los flujos de lava más antiguos en 201,4 millones de años, lo que supone el límite superior en el que comenzó el volcanismo.

En el caso de las plantas, los datos de polen y del registro de carbono mostraron que la mitad de las especies de la flora del Triásico sucumbieron ante el volcanismo que marcó el final del periodo.

En cuanto a los animales, los autores vincularon las marcas de huellas descubiertas antes en rocas de las cuencas estadounidenses para determinar la extinción de los crurotarsanes en el volcanismo masivo que marcó el final del Triásico. Tras los flujos de lava, el "registro fósil para los crurotarsanes desapareció por completo", apunta Whiteside.

Liberados de sus principales competidores, los primeros terópodos que incluyen a los dinosaurios carnívoros, desde los velocirraptores a los tiranosaurius rex, se volvieron los dominantes en el planeta. Sin embargo, los científicos desconocen aún como pudieron adaptarse a la catástrofe climática.

Whiteside concluye que su trabajo no es el primero que establece un vínculo entre volcanismo y la extinción masiva del final del Triásico pero que sin embargo es el único que lo documenta.

Fuente: europapress.es

jueves, 13 de agosto de 2009

Los humanos nunca anduvieron sobre las cuatro patas

Esquema evolutivo clasico

Los ancestros humanos nunca fueron cuadrúpedos, según una
investigaciónInvestigadores británicos revelan que bajaron de
los árboles

Rosa M. Tristán

Los humanos no evolucionaron de un antepasado que andaba sobre los nudillos en la tierra, sino que esa forma de moverse evolucionó de forma independiente en varios simios africanos y, en nuestro caso, los ancestros de nuestra rama evolutiva vivían en los árboles.

A esta conclusión ha llegado un equipo de investigadores británicos, de la Universidad de Duke, después de estudiar los huesos de la muñeca y la mano de casi 250 primates. Su trabajo ofrece una nueva teoría a la polémica en torno a cómo surgió el bipedismo, un debate que surgió en tiempos de Charles Darwin y no ha acabado.

En definitiva, se trata de dos posturas encontradas: los que creen que el antepasado 'prehumano' fue un simio que caminaba con los nudillos en la tierra, como los simios africanos (con quienes tendríamos un ancestro común) y otros son quienes apuestan porque el primer caminante sobre dos piernas escalaba los árboles. Esta conexión es la que los científicos, dirigios por Tracy Kivell, han investigadado en los huesos de fósiles, primates y humanos modernos.

Para ello, Kivell comenzó comparando los huesos de la muñeca de más de 104 chimpancés y 43 bonobos juveniles y adultos, que son los más cercanos a nuestra especie, con los de 91 gorilas.

La investigadora observó que dos de las características asociadas con los desplazamientos apoyando los nudillos sólo estaban presentes en el 6% de los gorilas, pero si existían en el 96% de los chimpancés adultos y el 76% de los bonobos, como publican esta semana en la revista 'Proceedings of National Academy of Science (PNAS)'.

Conclusión: los gorilas tienen una forma de moverse apoyando los nudillos muy diferente a la de nuestros parientes. Andan a trancos con sus brazos, con las muñecas extendidas, de forma muy parecida a como caminan los elefantes. Sin embargo, chimpancés y bonobos lo hacen de forma más flexible, doblando las muñecas.

"La respuesta a estas diferencias es que los chimpancés pasan mucho más tiempo en los árboles, y por tanto necesitan más estabilidad para mantenerse en las ramas. Sin embargo los gorilas están más en la tierra, y tener unas muñecas más rígidas es más apropiado para estos desplazamientos. En ambos casos, ambas especies pasan el 85% de su tiempo caminando de este modo, pero en lugares distintos", afirma Kivell.

La antropóloga, que firma el trabajo con su colega Daniel Schmitt, de la Universidad de Durham, sugiere que hubo evolución independiente en los estilos de caminar en dos linajes de primates africanos.

Huesos de la muñeca

Algunos científicos señalan que algunas características de la anatomía humana son vestigios de cuando caminábamos apoyándonos sobre los nudillos. Una de ellas podría ser la fusión de dos huesos de la muñeca que caracteriza a nuestra especie y que compartimos con ciertos simios. Esa particularidad anatómica nos podría haber dado más estabilidad.

El trabajo apoya la idea de que las características de la mano y la muñeca de fósiles humanos y que se han considerado típicas de un caminante con nudillos sobre la tierra, en realidad se corresponden con una especie arbórea, es decir un antepasado que caminaba por las ramas, se bajó al suelo y comenzó a andar verticalmente.

Hasta ahora no se han encontrado fósiles de ese momento de transición, que ocurrió hace unos siete millones de años. Tan sólo se conocen las famosas huellas de Laetoli, en Tanzania, de hace 3,7 millones de años, cuando nuestros ancestros ya eran bípedos.

Fuente: elmundo.es
ver video: www.elmundo.es/elmundo/2009/08/10/ciencia/1249917868.html