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sábado, 4 de diciembre de 2010

Las margaritas, los girasoles y los cardos serian originarios de sudamérica.


El fósil de una flor, hallado en rocas Eocenas de la Provincia de Río Negro, revela que los ancestros de las margaritas, girasoles y cardos –entre otras especies de la familia Asteraceae–, habrían tenido su origen en América del Sur. Los resultados del trabajo fueron publicados en Science.

Una flor fosilizada fue hallada en rocas de una antigüedad de 47,5 millones de años en las cercanías del Río Pichileufú, 60 km al este de la ciudad de San Carlos de Bariloche, provincia de Río Negro. El descubrimiento, realizado por el director del Museo del Lago Gutiérrez, Rodolfo Corsolini, dio el puntapié a una investigación que reunió a especialistas en temáticas como geología, paleobotánica, biogeografía y filogenia, entre otras especialidades.

El hallazgo de esta flor confirma que el origen de la familia Asteraceae, a la cual pertenecen las margaritas y los girasoles, se habría producido en lo que hoy es América del Sur. “El fósil hallado corresponde a una inflorescencia (conjunto de flores) asociada a granos de polen fósiles de la familia Asteraceae”, explicó a la Agencia CyTA la autora principal del estudio, Viviana Barreda, doctora en Ciencias Geológicas y especialista en paleobotánica y paleo-palinología (disciplina de la botánica dedicada al estudio del polen) del Museo “Bernardino Rivadavia” (MACN).

Los resultados de la investigación fueron publicados en la edición de septiembre de la revista científica Science. Además de otros colegas argentinos–la mayoría investigadores del CONICET– en el estudio también participó el doctor Käre Bremer de la Universidad de Estocolmo (Suecia).

Fósil único

El fósil hallado representa el primer registro en su tipo de una inflorescencia de Asteraceae, “constituyéndose en la primera evidencia contundente que apoya hipótesis previas sobre un origen Sudamericano para la familia y una edad Eocena de diferenciación de la misma”, destacó Barreda. Y agregó que “durante el Eoceno –época durante la cual esta planta ancestral vivía – -el supercontinente de Gondwana ya se había fragmentado, pero las masas continentales estaban más cerca que actualmente y todavía se producía algún tipo de intercambio florístico, especialmente por transporte a gran distancia (por el viento o por medio de aves). El clima en la región era cálido y húmedo y se desarrollaba una vegetación exuberante de tipo subtropical.”

Y agregó que actualmente la familia Asteraceae se encuentra ampliamente distribuida en todos los continentes excepto Antártida.

Asimismo la autora principal del estudio destacó que en el fósil resultó difícil distinguir detalles de la flor como estilos (la parte reproductora femenina) y anteras (la parte reproductora masculina) y que por esa razón era complicado decir a que Asteraceae actual se parecía más. “En esta determinación jugó un rol protagónico el polen asociado. El polen -que tiene una gran capacidad de preservación- encierra valiosa información taxonómica y los granos hallados en asociación con la inflorescencia se asemejan muchísimo a sus parientes actuales considerados basales dentro de la familia, con caracteres próximos a un cardo y a algunos integrantes actuales de la flora de América del Sur, como por ejemplo los géneros de las Guayanas y los de las Yungas del norte de Argentina y Bolivia”, concluyó Barreda.

Fuente: argenpress.info / Imagen:Argentina, Ciencia - Fósil analizado por Viviana Barreda

lunes, 8 de junio de 2009

Encuentran afloramiento con fósiles claves para conocer historia evolutiva de Coyhaique, Chile.



Hallazgo fue realizado en el marco del proyecto “Contextualización paleoecológica y poblacional de los sitios con pinturas rupestres de la cuenca del Río Aysén”, que financió Fondart y patrocinó CIEP, entre otras organizaciones, para tratar de identificar las condiciones naturales y sociales bajo las cuales se ejecutaron las pinturas rupestres descubiertas a partir del año 2005.

Coyhaique-. Un hallazgo sin precedentes y que podría contribuir notablemente en la reconstrucción del proceso evolutivo de la región de Coyhaique, realizaron recientemente un grupo de investigadores que realizaban trabajos en el marco del proyecto “Contextualización paleoecológica y poblacional de los sitios con pinturas rupestres de la cuenca del Río Aysén.”

Mientras intentaban identificar las condiciones naturales y sociales bajo las cuales se ejecutaron las pinturas rupestres descubiertas a partir del año 2005 en el curso medio de la cuenca del Río Aysén, los investigadores detectaron la presencia de un yacimiento fosilífero que junto con aportar antecedentes sobre la historia natural de las cercanías de Coyhaique, podría entregar datos inéditos que permitirían entender la diversidad biológica y las relaciones evolutivas con la fauna fósil de La Antártica, Nueva Zelanda, África y Australia.

De acuerdo al paleontólogo Leonardo Pérez, encargado del área paleontológica del proyecto, se trata de un sitio con abundantes restos petrificados de fauna marina que, de comprobarse, pertenecerían a una formación del período Cretácico y tendrían una edad aproximada de 143 a 135 millones de años. Según el paleontólogo, los restos se encuentran en un excelente estado de conservación, y en entre ellos se ha reconocido la presencia de varias especies de Amonites (moluscos nadadores similares a pulpos con una concha enrollada), Belemnites (parientes de calamares y de similar aspecto), Bivalvos enterrantes del fondo marino, gusanos marinos así como evidencia de peces de considerable tamaño, posiblemente de tiburones.

“¿De qué época datan exactamente?, o ¿cómo eran esas especies y la dinámica de los ecosistemas que los originaron, son algunas de las preguntas que deseamos responder, ya que además hay una enorme falta de información y descuido en la difusión de nuestro patrimonio fósil”, señala.

Paleontología en Aysén

Para el arqueólogo Kemel Sade, el descubrimiento es de gran importancia para la región, aunque asegura que la investigación paleontológica, y en general, el conocimiento sobre la flora y fauna fósil anterior al primer poblamiento humano de Aysén (ca. 12.600 años atrás) es un tema descuidado y prácticamente desconocido en la región.

“Aunque existen muchos restos de fósiles en los alrededores de Coyhaique, donde abundan los amonites, bivalvos y belemnites, estos están conservados por la población en sus casas o simplemente arrumbados en bodegas. Lamentablemente la falta de información sobre la naturaleza de estos vestigios, impiden su valoración y cuidado, la carencia de especialistas, institucionalidad y equipos para llevar a cabo investigaciones adecuadas acrecientan el problema”, explica.

Junto con relevar la trascendencia del hallazgo, Fabien Bourlon, director del Centro de Turismo Científico del CIEP, se refirió a la importancia de que las investigaciones arqueológicas sean realizadas por profesionales del área y además formuló un llamado a la comunidad, para que en caso de ocurrir nuevos descubrimientos, éstos sean reportados al Consejo de Monumentos Nacionales.

“La gente no debe realizar extracciones, porque además de ser algo ilegal, si no se registra con minuciosidad el contexto geológico en el que se realizan los hallazgos, eso los hace perder su valor científico y patrimonial”, explica.

Gracias al proyecto en curso, el hallazgo de este afloramiento y su futuro estudio se constituye como un notable aporte para conocer no solo las especies presentes que dominaban el océano en épocas en que la región estaba en gran parte sumergida, sino también, como se relacionaban a través de las corrientes oceánicas con otras partes del mundo durante el periodo Cretácico.

Finalmente, se espera que los avances de la investigación arrojen nuevos antecedentes y que esta pueda llegar a la población para contribuir al cuidado del patrimonio regional.

Además de haber recibido aportes del Fondart, en la línea de investigación del patrimonio cultural, el proyecto cuenta con el patrocinio del CIEP, Aumén, la Sociedad de Historia y Geografía de Aysén y la Agrupación por el Patrimonio del Aysén. Asimismo, tuvo la asesoría técnica de la Escuela Nacional de Antropología e Historia de México, a través del Arqueólogo Flavio Silva de la Mora.

Fuente: eldivisadero.cl