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viernes, 26 de diciembre de 2014

Científicos descubren en Chile fósil de Pudú de más de 13.300 años




Es una sola vértebra de poco más de 3,1 centímetros de largo lo que se encontró en el sitio paleontológico de Pilauco (Osorno), que tras ser estudiada y comparada con otros materiales se pudo identificar como el primer registro fósil de Pudú hecho en Sudamérica. El hallazgo contribuye a reconstruir la prehistoria de la zona sur chilena y conocer más acerca de la llegada y distribución del Pudú. Este hallazgo permite revelar información valiosa acerca de las condiciones transitorias de la vegetación chilena durante época del Pleistoceno (2,5 millones de años a 11.000 años aproximadamente antes del presente), porque el Pudú vive en zonas muy específicas hoy altamente reducidas: bosque cerrado de baja altura.


Paleontólogos de la Universidad Austral de Chile, realizaron el estudio que dio con el primer y único registro de este emblemático ciervo del sur de Chile.

Es una sola vértebra de poco más de 3,1 centímetros de largo lo que se encontró en el sitio paleontológico de Pilauco (Osorno), que tras ser estudiada y comparada con otros materiales se pudo identificar como el primer registro fósil de Pudú hecho en Sudamérica. El hallazgo  contribuye a reconstruir la prehistoria de la zona sur chilena y conocer más acerca de la llegada y distribución del Pudú, sobre la base de los más de 13.300 años en los que fue datado el fósil.

Diminuto trozo de prehistoria


El fósil fue llevado al laboratorio de Paleontología de la Universidad Austral de Chile (UACh) en Valdivia, lugar desde donde se trabajó en su identificación, tarea que a ojos de Erwin González, autor de la publicación científica, fue lo más difícil.

“Lo más complejo fue realizar la determinación taxonómica, debido a que, en el caso de los ciervos (como también en otros grupos), las vértebras no han sido tradicionalmente señaladas como diagnósticas. Sin embargo, al comparar con otras especies de Sudamérica, la diferencias de tamaño y morfológicas eran evidentes”, señaló González.

En este sentido, el autor debió primero generar la información sobre la anatomía de las vértebras en ciervos actuales, de los que, pese a ser animales muy conocidos, esta parte de sus esqueletos no habían sido suficientemente descritas en la literatura como para distinguir la morfología de las diversas especies. Sólo entonces se pudo comparar el fósil y se logró establecer que se trataba de la tercera vértebra cervical de un Pudú adulto de más de 13 mil años, lo cual constituye el primer y único registro antiguo de estos animales en América del Sur.
 
Este hallazgo permite revelar información valiosa acerca de las condiciones transitorias de la vegetación chilena durante época del Pleistoceno (2,5 millones de años a 11.000 años aproximadamente antes del presente), porque el Pudú vive en zonas muy específicas hoy altamente reducidas: bosque cerrado de baja altura. Además, al tratarse de una especie que no está extinta, se pueden establecer otro tipo de relaciones integrando información desde la ecología actual y comportamiento de estos mamíferos.

“Debido a que es un animal emblemático para la conservación de especies en Chile, este hallazgo nos anima a seguir estudiando otros enfoques como la filogeografía (disciplina que estudia la distribución espacial de linajes de genes utilizando como ejes el tiempo y el espacio), sobre todo cuando hoy en día existen tecnologías para la extracción de material hereditario fósil”, agregó Erwin González.

 

 Los Pudú en Sudamérica

 


En Chile sólo hay tres especies nativas de ciervos, de las cuales todas están bajo protección: el Huemul, la Taruca y el Pudú (Pudu puda), este último considerado el ciervo más pequeño del mundo. Estos animales llegaron al continente sudamericano durante la época del Plioceno tardío (3,6 a 2,5 millones de años) desde América del Norte, cruzando el recientemente formado Istmo de Panamá, junto con la megafauna: Gonfoterios, caballo americano, entre otros.

Se cree que los Pudús podrían haber utilizado un bosque cerrado de baja altitud trasandino como un corredor migratorio, sobreviviendo hasta la fecha por lo dócil de su comportamiento, sus adaptaciones morfológicas y capacidades digestivas, elementos que le brindaron una ventaja en ambientes altamente fragmentados por episodios glaciales, corriendo una suerte distinta a otros animales de la “Era de Hielo”, como los Gonfoterios, también presentes en el sitio paleontológico Pilauco.

Pese a lo mucho que se ha podido conocer desde una pequeña vertebra, González plantea que aún hay interrogantes que sería interesante responder, y es por esta razón que éste y otros hallazgos se mantienen en estudio en el Laboratorio de Paleontología en la Facultad de Ciencias de la Universidad Austral de Chile, a la espera de que nuevos especialistas se sumen a esta área de investigación.

En este sentido, se hace presente que “hay un análisis genético que señala que Pudu puda, especie de Pudú del sur de Chile, se separó hace 500 mil años en dos poblaciones debido a un período interglaciar. Las poblaciones corresponden a una continental y otra chilota. Debido a esto, varios autores han planteado que antes de este interglacial existió un puente terrestre de grandes proporciones entre Chiloé y el continente, lo que posibilitó el acceso de estos animales a la isla. Si tuviéramos el ADN del fósil de Pilauco, quizás podríamos determinar si hubo o no reingresos de poblaciones de Pudú chilote hacia el continente”, manifestó González, haciendo referencia a nuevos planteamientos que surgen a medida que se va reconstruyendo el paisaje en el cual vivían estos animales.

Fuente: elmostrador.cl

miércoles, 14 de mayo de 2014

Hallan en Argentina un nuevo dinosaurio diplodócido con poderosa “cola de látigo”

Según se publica en el último número de la revista Plos ONE, paleontólogos argentinos han descubierto restos de un diplodócido (como también se conoce a los brontosaurios, término caído un poco en desuso en la comunidad científica) en la zona de Bajada Colorada, en la Patagonia Norte.                


                                                               Recreación artística obra de Jorge A. González

La familia de los brontosaurios es uno de los iconos de la Prehistoria, dinosaurios de una veintena de metros con interminables cuellos y largas colas que hemos visto en cientos de dibujos y entre cuyas mastodónticas patas pasaban sobre una moto los protagonistas de Parque Jurásico. Por sus dimensiones son de los animales más conocidos y carismáticos junto con el temido Tiranosaurio Rex o los peculiares Triceratops.

 Si han llegado a ser tan representativos los enormes diplodocus o los apatosaurios es gracias a que el filántropo Andrew Carnegie distribuyó el siglo pasado numerosos esqueletos completos a los principales museos del mundo. En Norteamérica abundan los restos de brontosaurios, que vivieron en el Jurásico Superior –hace entre 144 y 200 millones de años-  y también se ha hallado restos en España y en África. Sin embargo, no había constancia de su presencia en América del Sur.

 Según se publica en el último número de la revista Plos ONE, paleontólogos argentinos han descubierto restos de un diplodócido (como también se conoce a los brontosaurios, término caído un poco en desuso en la comunidad científica) en la zona de Bajada Colorada, en la Patagonia Norte. Este dinosaurio es considerado como el último representante de esta familia encontrado hasta la fecha y el primero hallado en la mitad sur del continente americano. “Es imposible asegurar que fue el último espécimen en extinguirse, pero sí sabemos que es último diplodócido que vivió del que tenemos registro”, afirma a EFE Futuro Pablo Ariel Gallina, autor principal del artículo, que trabaja en el Área de Paleontología de la Fundación de Historia Natural “Félix de Azara” (CEBBAD, CONICET), de la Universidad Maimónides de Buenos Aires (Argentina).

El nuevo dinosaurio ha sido bautizado como Lainkupal laticauda. En idioma mapudungún o mapuche “Leinkupal” significa “familia que desaparece” ya que el hallazgo corresponde al último representante de la familia de los diplodócidos; y “laticauda”, que en latín significa “cola ancha”, hace referencia a esta característica tan particular de este dinosaurio. “Existen dos diferencias fundamentales con otros brontosaurios. Una es el ancho relativo de las vertebras de la base de la cola, lo que nos dice que este dinosaurio poseía una importante musculatura caudal que le permitía realizar movimiento laterales con mucha más precisión y fuerza que otros diplodócidos.

 Ya se ha propuesto previamente que los diplodócidos poseían una larga cola con importante musculatura que le permitía realizar movimientos en forma de látigo como herramienta defensiva. Esta condición está mucho más desarrollada en este nuevo diplodócido (ver recreación artística). La otra diferencia es el tamaño total de este dinosaurio que no supera los 9 metros de largo, frente al resto de los diplodócidos que superan ampliamente los 20 metros de longitud”, explica Gallina a esta agencia de noticias.

Fuertes músculos


                                                               Árbol genealógico obra de Carlos Papolio

El secreto de la letal cola del Lainkupal reside en que, además de ancha, estaba neumatizada, es decir, que posee cavidades donde alojaba sacos con aire e insertaba fuertes músculos que le permitían dar esos poderosos coletazos laterales, de un modo aún más marcado que el de otros dinosaurios similares.

Aunque no había pruebas hasta ahora de que esas tierras argentinas hubieran sido escenario de la vida de un diplodócido, “sí sabíamos –comentan los autores- de algunos de sus parientes lejanos. Por ejemplo, los rebaquisáuridos con sus hocicos anchos y los dicreosáuridos con sus lomos espinosos, los parientes más cercanos de los diplodócidos”.

Durante el Jurásico los dinosaurios saurópodos alcanzaron tamaños colosales en todo el globo, pero en forma independiente. Su distribución geográfica estaba influenciada por el clima, particularmente por el vasto desierto extendido entre Sudamérica y África: el desierto de Gondwana Central. Este ambiente habría aislado a las faunas del sur de Gondwana de aquellas de más al norte desde el Jurásico. La región de la que proceden los fósiles patagónicos de principios del Cretácico era parte de una faja subtropical seca con inviernos húmedos, extendida entre los 30° y 40° de latitud. Su correspondiente en el hemisferio norte abarcaba el centro de Norteamérica y la franja europea inundada por el mar de Tethys.


Valoración
      
               
                              Afloramientos de la Formación Bajada Colorada desde el sitio fosilífero (foto de los autores).

“Una de las mayores satisfacciones de un paleontólogo es identificar en los fósiles algo que contradice, matiza o amplía lo ya conocido ya que, como en el resto de las disciplinas científicas, esto produce como resultado que, automáticamente, todos nos volvemos un poquito más sabios y conocemos mejor la historia de la vida en el planeta”, afirma Francisco Ortega, del Grupo de Biología Evolutiva de la Facultad de Ciencias de la Universidad Nacional de Educación a Distancia  tras conocer el trabajo de sus colegas argentinos.

“Muchos de los aficionados a la paleontología de dinosaurios –continúa Ortega- serán capaces de relacionar algunos de los saurópodos diplodócidos más populares, como Diplodocus o Apatosaurus, con los yacimientos del Jurásico Superior  (hace unos 150 millones de años) de América del Norte.

Probablemente muchos menos tengan en mente que estos diplodócidos también vivieron en ese momento en Europa y África, pero muy pocos no profesionales serían conscientes de su ausencia en América del Sur y de lo relevante que esto era para explicar la historia evolutiva del grupo.

 Bueno, pues ya no es necesario que piensen en ello tras el anuncio de Pablo Gallina y colaboradores de que han identificado en el Cretácico Inferior los restos del primer dinosaurio saurópodo diplodócido conocido en América del Sur. Esto extiende el registro conocido del grupo en dos direcciones. Por una parte, lo sitúa en un territorio que no tenía porque serle extraño: hay diplodócidos en territorios vecinos y no son raros los parientes cercanos del grupo en América del Sur.

Pero, por otra parte, nos muestra por primera vez que los diplodócidos, y en este caso formas muy cercanas al propio Diplodocus, fueron capaces de sobrevivir en Patagonia a la desaparición de todos sus parientes cercanos en el resto del mundo. Demos, por tanto, la bienvenida a Leinkupal laticauda, el diplodócido que sobrevivió en Patagonia a sus parientes más cercanos y que hoy nos desvela está pequeña parte de la historia del planeta”.


Fuente: efefuturo.com

martes, 18 de febrero de 2014

La extinción del Pérmico ocurrió en un suspiro geológico





La extinción masiva más grande en la historia de la vida animal ocurrió hace unos 252 millones años, acabando con más del 96 por ciento de las especies marinas y el 70 por ciento de la vida en la tierra, incluyendo los insectos más grandes que se sabe han habitado la Tierra.

   Múltiples teorías han intentado explicar la causa de lo que ahora se conoce como la extinción de finales del Pérmico, incluyendo un impacto de asteroide, erupciones volcánicas masivas, o una cascada catastrófica de acontecimientos ambientales. Pero la determinación exacyta de la causa de esta extinción exige mejores medidas de la duración de este periodo de extinción.

   Ahora, los investigadores del MIT (Instituto de Tecnología de Massachussets) han determinado que la extinción de finales del Pérmico se produjo en unos 60.000 años, más o menos 48.000 años, lo que viene a ser prácticamente instantánea desde el punto de vista geológico. La nueva escala de tiempo se basa en técnicas de datación más precisas, e indica que la más grave extinción en la historia pudo haber ocurrido más de 10 veces más rápido de lo que los científicos habían pensado previamente.

   "Hemos determinado la extinción en una duración de tiempo absoluto", dice Sam Bowring, profesor de Ciencias Terrestres y Planetarias del MIT", explicó. ¿Cómo acabas con un 96 por ciento de todo lo que vivió en los océanos en unas decenas de miles de años? Podría ser que una extinción excepcional requiera una explicación excepcional, añadió.

   Además de establecer la duración de la extinción, Bowring y un colega del Instituto Nanjing de Geología y Paleontología también encontraron que 10.000 años antes de desencadenarse la mortandad , los océanos experimentaron un pulso liviano de carbono, lo que probablemente refleja una adición masiva de dióxido de carbono a la atmósfera. Este cambio dramático puede haber llevado a una acidificación del océano generalizada y al aumento de la temperatura del mar en 10 grados centígrados o más, matando a la mayoría de la vida marina.

   Pero ¿qué provocó el aumento en el dióxido de carbono? La teoría que prevalece para los geólogos y paleontólogos tiene que ver con daños extensos y duraderos debido a erupciones volcánicas en una región de Rusia cuyas colinas escalonadas son el resultado de repetidas erupciones de magma. Para determinar si estas erupciones provocaron un masivo incremento en el dióxido de carbono oceánico, Bowring está utilizando técnicas de datación similar para establecer un calendario para las erupciones volcánicas del período Pérmico que se estima habría cubierto más de cinco millones de kilómetros cúbicos.

   "Está claro que lo que desencadenó la extinción debió haber actuado con gran rapidez ", dice Burgess , autor principal de un artículo que informa de los resultados en la revista Proceedings, "lo suficientemente rápido como para desestabilizar la biosfera antes de que la mayoría de los la vida vegetal y animal tenga un tiempo de adaptación en un esfuerzo por sobrevivir".

   En 2006 , Bowring realizó un viaje a Meishan, China, una región cuyas formaciones de roca tienen evidencias de la extinción de finales del Pérmico; geocronólogos y paleontólogos han acudido a la zona para buscar pistas en sus capas de roca sedimentaria . En particular, los científicos se han centrado en una sección de roca que se cree que delinea el final del Pérmico y el inicio del Triásico, con base en pruebas tales como el número de fósiles encontrados en las capas de roca circundante.

   Después de analizar las rocas en el laboratorio, su equipo informó en 2011 de que el fin del Pérmico probablemente duró menos de 200.000 años. Sin embargo, este período de tiempo todavía no era lo suficientemente preciso como para permitir sacar conclusiones acerca de lo que causó la extinción.

   Ahora, el equipo ha revisado sus estimaciones utilizando técnicas de datación más precisas sobre la base de una mejor comprensión de las incertidumbres en las mediciones de escala de tiempo.

   Con este conocimiento, Bowring y sus colegas volvieron a analizar muestras de roca recolectadas de cinco camas de ceniza volcánica en el límite del Pérmico y el Triásico. Los investigadores pulverizaron rocas y separaron cristales de circón diminutos que contienen una mezcla de uranio y plomo. Se aisló entonces el uranio del plomo, y se midieron las proporciones de ambos isótopos para determinar la edad de cada muestra de roca.

ERUPCIONES MASIVAS

   A partir de sus mediciones, los investigadores determinaron un modelo mucho más preciso para la extinción de finales del Pérmico , que ahora parece haber durado unos 60.000 años - con una incertidumbre de 48.000 años - y fue precedida inmediatamente por un fuerte aumento del dióxido de carbono en los océanos .

   Esta nueva línea de tiempo añade peso a la teoría de que la extinción fue provocada por erupciones volcánicas masivas siberianas que liberaron productos químicos volátiles como el dióxido de carbono a la atmósfera y los océanos. Con una línea de tiempo de extinción tan corto, Bowring dice que es posible que un solo pulso catastrófico de actividad magmática desencadenó un colapso casi instantáneo de todos los ecosistemas globales.

   Para confirmar si los volcanes siberianos son de hecho la causa irrefutable de la extinción, Burgess y Bowring planean determinar una línea de tiempo igual de precisa para estas erupciones, y compararla con la nueva línea de tiempo de extinción para ver donde los dos eventos se superponen. Los investigadores investigan áreas adicionales en China para ver si la duración de la extinción puede ser aún determinada con mayor precisión.

Fuente: europapress.es

jueves, 31 de octubre de 2013

Así caminaba el mayor dinosaurio conocido


Medía 40 metros de largo y pesaba 80 toneladas, y es el vertebrado terrestre más grande que jamás ha caminado por la tierra. Un equipo de científicos de la Universidad de Manchester ha realizado una compleja simulación para tratar de entender cómo caminaba Argentinosaurus huinculensis, el gigante que caminó por nuestro planeta hace unos 95 millones de años.

Para el trabajo, publicado esta semana en PLOS ONE, los científicos utilizaron unos 30.000 procesadores y realizaron un escáner tridimensional del esqueleto de argentinosaurio montado en el Museo Municipal Carmen Funes, en Argentina. La simulación propone una nueva hipótesis sobre la mecánica del desplazamiento de estos animales, que se moverían a un paso muy lento y moviendo los pares de patas laterales. Tal que así:

A pesar de todo, los investigadores dejan en el aire una gran incógnita: ¿cómo podía ser eficiente energéticamente mover un cuerpo de estas dimensiones? Su reconstrucción, afirman, es consistente desde el punto de vista mecánico, pero se necesitan más datos para conocer cómo semejantes monstruos pudieron desplazar una masa de ese tamaño.

Por qué eran tan grandes

Comparación de tamaño entre los más grandes dinosaurios. 


La revista PLOS ONE presenta precisamente un especial sobre esta cuestión, el gigantismo de los saurópodos y las causas que llevaron a alcanzar esas dimensiones. El paleontólogo Martin Sander y su equipo aseguran que se produjo una cascada de cambios evolutivos (incluidas exaptaciones e innovaciones) que convirtieron a los saurópodos en auténticos colosos, y presenta su "receta para hacer un dinosaurio gigante", que resumen en la revista Discover. Para Sander, estos fueron los factores que favorecieron el gigantismo: tener muchas crías pequeñas, carecer de un molinillo gástrico, las características de sus pulmones, un alto metabolismo y no masticar la comida.

Este último punto - el de no masticar - indica que los saurópodos consumían ingentes cantidades de comida sin tener que perder tiempo en masticarla, y su sistema digestivo parece que era bastante rápido. Este es el motivo - la no necesidad de grandes mandíbulas - de que creciera tantísimo su cuerpo pero sus cabezas siguieran siendo pequeñas y abrió la puerta a que sus cuellos se alargaran. Inmóviles desde una misma posición, explican en Discover, estas criaturas podían devorar grandes zonas de vegetación sin tener que mover un músculo y sin gastar demasiada energía.

Referencia: March of the Titans: The Locomotor Capabilities of Sauropod Dinosaurs (PLOS ONE) | Más info: Discover

Fuente: fogonazos.es

miércoles, 30 de octubre de 2013

Las abejas se extinguen casi al mismo tiempo que los dinosaurios


Hace 65 millones millones de años, justo al mismo tiempo que los dinosaurios y la mayor parte de las plantas con flores desaparecían bruscamente de la faz de la Tierra, se produjo también una extinción mucho menos visible, la de las abejas. Ahora, y por primera vez, un grupo de científicos de la Universidad de New Hampshire ha conseguido documentar este fenómeno, que puede ayudar a explicar, y quizá a poner remedio, a la actual disminución de especies de abejas en todo el mundo.
Los investigadores se centraron en la extinción masiva del grupo de abejas Xylocopinae, o abejas carpinteras, que se produjo justo entre los periodos Cretácico y Terciario, período que se conoce como el límite KT.

Estudios anteriores habían sugerido una extinción generalizada de las plantas con flores precisamente en el límite KT, y durante mucho tiempo se había asumido que las abejas que dependían de esas plantas habrían corrido la misma suerte. Sin embargo, a diferencia de los dinosaurios, "el registro fósil de las abejas es relativamente pobre, lo que dificulta la confirmación de dicha extinción", comenta Sandra Rehan, profesora de ciencias biológicas en la Universidad de New Hampshire, autora principal del trabajo que se publica esta semana en la revista PLOS ONE.

Rehan y sus colegas superaron la falta de evidencias fósiles de abejas con una técnica llamada filogenética molecular. Así, después de analizar las secuencias de ADN de cuatro "tribus" de 230 especies de abejas carpinteras de todos los continentes, excepto de la Antártida, para conocer a fondo sus relaciones evolutivas, los investigadores comenzaron a descubrir patrones consistentes con una extinción masiva.
Después, combinando los registros fósiles con el análisis de ADN, pudieron introducir el factor tiempo en la ecuación, aprendiendo no sólo las relaciones genéticas de estas abejas, sino también cuánto tiempo hace de episodio que se pretende estudiar. "Los datos nos dijeron que algo importante estaba pasando en cuatro grupos diferentes de abejas al mismo tiempo", afirma Rehan, "y eso sucedía en el mismo momento en el que los dinosaurios se extinguieron".

Crisis mundial de abejas


Si bien gran parte de la obra anterior de Rehan se ha basado en la observación directa del comportamiento de las abejas nativas del noreste de América del Norte, esta investigación ha necesitado de la vertiente informática, pues ha sido preciso volcar y comparar en el ordenador los datos genómicos para aclarar las similitudes y diferencias entre las distintas especies de abejas según su evolución temporal.

Al casar las observaciones de campo con los datos genómicos, comenta Rehan, se obtiene un panorama más completo de las conductas de estas abejas a través del tiempo. "Si se pudiera contar toda su historia, tal vez la gente se preocuparía más por la protección de las abejas". En efecto, los resultados de este estudio tienen importantes implicaciones que pueden arrojar luz ante la preocupación actual por la pérdida en la diversidad de las abejas, una criatura fundamental para la agricultura y la biodiversidad. "La descripción de su extinción y los efectos de la disminución de abejas en el pasado puede ayudarnos a entender el declive de estas polinizadoras hoy en día, y la crisis mundial de las abejas en estos momentos", explica Rehan.

Fuente: abc.com

lunes, 7 de octubre de 2013

Descubren en Chile uno de los ancestros más antiguos de los dinosaurios


A simple vista es un trozo de roca cuadrada de poco más de 30 centímetros, una más entre los fósiles que guarda el Museo Nacional de Historia Natural en Quinta Normal. Sin embargo, los fragmentos e impresiones de vértebras y fémur sobre ella hablan de uno de los animales más antiguos encontrados hasta ahora en Chile.

Se trata de un protodinosaurio, ancestro directo de los dinosaurios, que vivió en Calama entre 238 y 240 millones de años atrás.

Hallada en 1980, en un cerro de la cordillera Domeyko, al sureste de Calama, la piedra caliza con el fósil estuvo guardada en el museo hasta que en 2010, durante una revisión de material, un grupo de expertos liderados por David Rubilar, jefe del área Paleontología del museo y parte de la Red de Paleontología de la U. de Chile, se dio cuenta que no había sido estudiada y comenzaron el análisis.
Luego de tres años de análisis encontraron que la roca tiene restos de 10 vértebras de la pelvis, fémur, tibia, fíbula y algunas costillas que muestran que es una especie de protodinosaurio de la familia Silesauridae, que vivió a finales del período triásico (250 a 200 millones de años).

“Este silesaurio sería uno de los más antiguos del mundo”, dice Rubilar, quien presentará los restos fósiles a fin de mes en la reunión de la Sociedad de Paleontología de Vertebrados de EE.UU., en Los Angeles, California.

Varios protodinosaurios de esta familia se han hallado en el mundo, incluyendo especies en Argentina y Brasil. El más antiguo tiene 243 millones de años y fue hallado en Tanzania, Africa, en 2007. El chileno tendría cerca de 240 millones de años.

HASTA DOS METROS DE LARGO

Según el paleontólogo, los silesáuridos pertenecen a un linaje de animales pequeños y gráciles que no pasarían los dos metros y medio de largo. Muy por debajo de los más de 30 metros que podían medir los dinosaurios más grandes. Aunque el encontrado en Chile es incluso más pequeño.
Rubilar explica que aunque los silesaurios son de la misma rama que daría origen a los dinosaurios, son anteriores a éstos y con una serie de características físicas que impidan que sean definidos como tales. “La cavidad de la cadera donde se aloja la cabeza del fémur (acetábulo) no está perforada, y no tiene una orientación de 90° en relación al hueso, características que son encontradas en todos los dinosaurios”, explica.

El protodinosaurio chileno vivió en lo que hoy es el cerro Quimal, en Calama, entonces un lugar cubierto de grandes helechos y lagunas, más tropical que el paisaje actual.
Probablemente fue herbívoro, aunque para determinarlo con certeza es necesario encontrar su cráneo. Era bípedo facultativo, es decir, ocasionalmente se podía sostener en las patas traseras, “una pista que nos habla de las transformaciones que más tarde encontraríamos en lo dinosaurios”, dice.
Por la antigüedad de las piezas, es posible que esta y otras especies de protodinosaurios incluso pudieran convivir con los primeros dinosaurios, que aparecieron en el planeta hace 240 millones de años.

TERMINAR EL ESTUDIO

La tarea que tiene ahora el equipo de paleontólogos del museo y la U. de Chile, es determinar si efectivamente los fósiles encontrados pertenecen a una nueva especie de silesáurido o es de un género ya conocido. Si resulta ser distinto a todos los encontrados hasta ahora podrán también ponerle un nombre propio.

En un año más el equipo pretende tener los resultados finales. De comprobarse que es una nueva especie, el hallazgo en Chile podría llenar un vacío en el estudio paleontológico del grupo fundamental del que proviene la mayoría de los actuales reptiles y aves.

Para ello, los investigadores quieren volver a explorar cerro Quimal, en busca del lugar exacto en el que se encontraron los fósiles en 1980. También tendrán que viajar a distintos museos del mundo, comparando la especie con otros restos descubiertos hasta ahora.

UN PARIENTE DEL COCODRILO

El protodinosaurio no es el único hallazgo del grupo de paleontólogos. En la última campaña encontraron nuevas y desconocidas piezas del Chilenosuchus forttae camiquela, un reptil similar a los actuales cocodrilos que vivió en Calama hace más de 200 millones de años.

El Chilenosuchus es un herbívoro cuyos primeros fósiles fueron descubiertos en nuestro país en la década de los 70, aunque fue clasificado como nueva especie en 2003.

Alexander Vargas, director de la Red de Paleontología de la U. de Chile, cuenta que en la última campaña de exploración, realizada en agosto, recolectaron un húmero izquierdo -que no se conocía- y huellas de huesos de la piel del Chilenosuchus que quedaron impresas en rocas, cuya datación sería de 238 a 240 millones de años atrás.

El espécimen habría medido unos dos metros de largo y 60 centímetros de alto.

“Los aetosaurios pertenecen al mismo grupo de los dinosaurios (arcosauria), pero son más cercanos a los cocodrilos, aunque no son ancestros directos de éstos. Son una familia especializada de herbívoros que se extinguieron sin dejar descendientes”, dice Vargas.

Además de esos restos, en la zona hallaron fósiles de un arcosaurio no identificado, que también podría ser pariente de los cocodrilos, aunque más esbelto: un esfenosuquio.

“Son fósiles únicos. En Chile los fósiles del mesozoico son raros, no como en Argentina o Brasil donde salen por toneladas. Acá son mucho más escasos, pero son súper interesantes, son menos conocidos. Todo lo que se halla es información que no se tenía de esos animales”, dice Rubilar.

Fuente: latercera.com

jueves, 26 de septiembre de 2013

Científicos chinos descubren el fósil más antiguo de un pez con mandíbula "moderna"


Un equipo de científicos de China ha descubierto el fósil más antiguo que se conoce de un pez con una mandíbula similar a la de las especies modernas, lo que facilitará el estudio de su evolución, publica hoy la revista Nature. Los científicos dirigidos por Min Zhu, de la Academia China de las Ciencias de Pekín, creen que el que han bautizado como entelognathus primordialis vivió hace al menos 419 millones de años y "es el vertebrado más primitivo con una mandíbula moderna".

El espécimen es un placodermo, con la piel formada por placas, miembro de un grupo ya extinguido de gnatostomas, peces que desarrollaron mandíbulas a partir de la modificación de sus agallas anteriores. La mandíbula de este fósil es muy parecida a la de un pez óseo actual, lo que sugiere una relación entre los placodermos y los osteictios o peces óseos. La mayoría de los peces que existen hoy en día tienen esqueleto óseo y algunos cartilaginoso, como los escualos. Hasta ahora se creía que el antecesor común más reciente de los vertebrados modernos con mandíbulas se parecía al tiburón, pero, según Nature, el nuevo fósil cuestiona esta teoría al establecer ese vínculo evolutivo entre los placodermos y los peces óseos.

 El entelognathus primordialis, que seguramente tuvo unos 20 centímetros de longitud, presenta una estructura mandibular que hasta ahora se atribuía solo a los peces óseos, apuntan los investigadores. La aparición de la mandíbula es un momento clave en la evolución de los vertebrados, pero todavía quedan interrogantes sobre cómo se diferenciaron los vertebrados con o sin mentón.

Antes de los gnatostomas, existían los peces telodontos que habitaron en el silúrico tardío y que eran agnatos, es decir, peces que no tenían mandíbula. Según los expertos, el descubrimiento del fósil más antiguo de un vertebrado con mandíbula "ofrecerá una nueva perspectiva sobre la temprana evolución de estas criaturas". El descubrimiento del equipo de Min Zhu arroja luz sobre el último estadio del proceso evolutivo, cuando los peces vertebrados con mandíbula moderna, como tiburones y peces óseos, habrían emergido del grupo de los placodermos, peces vertebrados acorazados y mandibulados.

Fuente: 20minutos.es

domingo, 22 de septiembre de 2013

¿Qué provocó la gran explosión de la vida hace 500 millones de años?


La explosión de la vida animal en la Tierra hace unos 520 millones de años fue el resultado de una combinación de factores relacionados entre sí en lugar de una sola causa subyacente, según revela un nuevo estudio publicado en la revista «Science». En las últimas décadas, se habían presentado decenas de teorías individuales sobre la rápida diversificación de las especies animales en el periodo Cámbrico temprano del tiempo geológico. Sin embargo, un trabajo del profesor Paul Smith, de la Universidad de Oxford, y el profesor David Harper, de la Universidad de Durham, ambas en Reino Unido, sugiere que se requiere un enfoque más holístico para descubrir las razones detrás de lo que se conoce como la Explosión Cámbrica.

Las teorías de este suceso se clasifican en tres categorías: geológicas, geoquímicas y biológicas, y la mayoría se han señalado como procesos independientes que fueron la principal causa de la explosión. Cualquiera que sea la causa, este importante evento evolutivo condujo a una amplia gama de innovación biológica, incluyendo el origen de los ecosistemas modernos, un rápido aumento de la diversidad animal, el origen de los esqueletos y la primera aparición de modos concretos de vida como habitar en madrigueras y nadar.

Entre las criaturas extrañas y maravillosas que surgieron a principios del Cámbrico están los Anomalocaris, un género de animales extintos que están lejanamente relacionados con los antrópodos modernos (cangrejos y langostas), que eran depredadores, nadadores, con una boca compuesta por 32 placas superpuestas que pueden constreñirse para aplastar a sus presas. Los animales vertebrados, los antepasados de los peces modernos, reptiles, aves y mamíferos, también hicieron su primera aparición en la explosión del Cámbrico.

Científicos en Groenlandia

Este equipo de científicos pasaron cuatro años trabajando con información de un sitio en el extremo norte de Groenlandia, frente al Océano Ártico. El lugar, en Siriuspasset, está situado en 83° N , a sólo 500 kilómetros del Polo Norte, en una zona remota del norte de Groenlandia, que, aunque logísticamente es muy difícil de alcanzar, atrajo al equipo debido a la alta calidad de su material fósil y los conocimientos que proporciona.

El profesor Smith, autor principal del informe y director del Museo de Historia Natural de la Universidad de Oxford, explicó: «Este es un periodo de tiempo que ha llamado mucho la atención porque es cuando los animales aparecen abruptamente en el registro fósil y en gran diversidad. A raíz de este evento, nacieron casi todos los principales grupos de animales que conocemos hoy. Debido a que es un evento biológico tan importante, se han generado diversas opiniones y especulaciones sobre su causa».

Descrito por los investigadores como una «cascada de acontecimientos», las causas que interactúan detrás de la explosión de la vida animal es probable que hayan comenzado con un aumento del nivel del mar en el Cámbrico temprano, lo que generó un gran aumento del área del fondo marino habitable, que a su vez condujo a un aumento de la diversidad de los animales. Estos primeros eventos se traducen en una compleja interacción de los procesos biológicos, geoquímicos y geológicos descritos en las hipótesis individuales.

Reacción en cadena

Harper, profesor de Paleontología en el Departamento de Ciencias de la Tierra en la Universidad de Durham, añadió: «La Explosión Cámbrica es uno de los eventos más importantes en la historia de la vida en nuestro planeta, el establecimiento de los animales como la parte más visible de los ecosistemas marinos del planeta». «Sería ingenuo pensar que una sola causa activó esta excepcional explosión de vida animal. Por el contrario, una reacción en cadena que implicó una serie de controladores biológicos y geológicos activó el engranaje, incrementando la diversidad del planeta durante un intervalo relativamente corto de tiempo. La Explosión Cámbrica sentó las bases para gran parte de la posterior vida marina que fabricó en cascada circuitos de retroalimentación, uniendo a los organismos con su medio ambiente, lo que se desarrolló por primera vez hace unos 520 millones de años», relató Harper.

Por su parte, el profesor Smith agregó que el trabajo en el sitio Siriuspasset en el norte de Groenlandia cimentó su conclusión de que en lugar de centrarse en una sola causa, había que analizar la interacción de una serie de mecanismos diferentes. «La mayoría de las hipótesis tienen al menos algo de verdad, pero cada una no es suficiente para haber sido la única causa de explosión del Cámbrico», dijo este investigador. Por ello, señaló la necesidad de centrarse en la secuencia de acontecimientos interconectados y cómo se relacionan entre sí, es decir, los factores desencadenantes geológicos iniciales que dieron lugar a los efectos geoquímicos, seguidos por una serie de procesos biológicos.

Fuente: abc.es

Tortugas gigantes habitaron la Amazonia


Una tortuga prehistórica de un metro de altura hallada en la Amazonia brasileña es considerada por los paleontólogos como el más probable ancestro de las tortugas terrestres gigantes que viven exclusivamente en el archipiélago ecuatoriano de Galápagos.

El Chelonoidis prehistórico, el mayor de su género descubierto hasta ahora en el mundo, fue reconstruido por paleontólogos de la brasileña Universidad Federal de Acre (UFAC) a partir de fósiles encontrados en 1995 en medio de la Amazonia y nunca analizados.

"Invertimos casi dos años de trabajo para reconstituir el animal como era originalmente pese a que contábamos con el plastrón (la parte ventral) completo y con casi el 60 por ciento del caparazón", dijo el zoólogo Edson Guilherme, investigador de la UFAC que coordinó el proyecto.

"Sabíamos que en los depósitos del laboratorio de Paleontología de la universidad teníamos guardados los fósiles de la que podía ser mayor tortuga terrestre de Suramérica y decidimos montarla con sus partes originales y otras reconstituidas gracias a los datos recopilados por los estudios paleontológicos", agregó.

El fruto de ese trabajo fue una tortuga de piedra, yeso y espuma con un metro de altura, 1,65 metros de largo y 0,90 metros de ancho que reproduce al animal que vivió en la AmazonIa hace unos ocho millones de años y que es muy parecido, aunque mayor, al que hoy vive en las islas del océano Pacífico frente al litoral de Ecuador.

Guilherme, un zoólogo que se especializó en Paleontología, explicó que hay registros de partes de fósiles de Chelonoidis gigantes prehistóricos en otros países suramericanos, pero ninguno del tamaño del hallado en Acre, un estado amazónico en el extremo occidental de Brasil y fronterizo con Bolivia.

El especialista agregó que los análisis preliminares permiten decir que se trata de un animal del género Chelonoidis que vivió en el período del Mioceno.

"Existe una especie muy parecida ya descrita en Argentina, pero no sabemos si el nuestro es de la misma especie o de otra. Aún son necesarios estudios anatómicos para identificar su especie", dijo.

Según el zoólogo, la tortuga hallada en Acre tiene dos veces el tamaño de las hoy endémicas de Galápagos, el archipiélago ecuatoriano en el océano Pacífico a casi mil kilómetros de la costa que es una de las áreas más ricas en biodiversidad del mundo.

"Los probables ancestros eran muy superiores cuando estaban en el continente, pero los que llegaron hasta Galápagos sobrevivieron, aunque con una evolución diferente que les redujo el tamaño", afirmó.

EL CAMBIO CLIMÁTICO


En su opinión, las tortugas gigantes que permanecieron en el continente no sobrevivieron al parecer por los cambios climáticos.

En cuanto a la relación de las tortugas que se extinguieron en el continente con las que sobrevivieron en las islas Galápagos, afirmó que la hipótesis la planteó el propio Charles Darwin cuando desembarcó en el archipiélago.

De acuerdo con Guilherme, tras notar que en cada isla del archipiélago había especies diferentes de tortugas terrestres gigantes de origen continental, el autor de "El origen de las especies" concluyó que los animales sólo habían podido llegar desde Suramérica agarrados a troncos o encima de árboles.

"No podemos afirmar categóricamente que las de la Amazonia son los ancestros de las de Galápagos, pero sí podemos decir que las tortugas gigantes que se extinguieron en Suramérica son del mismo género que las endémicas del archipiélago.



El Chelonoidis prehistórico fue encontrado en una región de la Amazonia que en el Mioceno al parecer era cubierta por grandes lagos y que, por esa razón, se ha convertido en una rica mina de fósiles.

En la misma región fue hallado el fósil más completo existente en Brasil del Purussaurus brasiliensis, el mayor caimán del que se tiene conocimiento en el mundo, así como un fósil del Mourasuchus nativus, una especie de caimán típica de Suramérica que poseía un cráneo largo y aplastado, y el fósil del caparazón de una tortuga Matamata (Chelus fimbriatus) de cerca de dos metros de diámetro.



Entre los fósiles que han sido hallados en los últimos 30 años en 15 locales diferentes de Acre también figuran partes de mastodontes y de perezosos gigantes.

La Amazonia, también denominada como Amazonía, es una vasta región de la parte central y septentrional de América del Sur que comprende la selva tropical de la cuenca del Amazonas. 

La adyacente región de las Guayanas también posee selvas tropicales, por lo que muchas veces se le considera parte de la Amazonia.

Fuente: opinion.com.bo

sábado, 31 de agosto de 2013

Paleontólogos encuentran en Lanzarote un nuevo ejemplar de huevo del ave ratites

El equipo de trabajo del paleontólogo experto en aves extinguidas, Antonio Sánchez Marco, ha hallado un nuevo ejemplar de huevo de ratites, unas aves de gran tamaño que vivieron en Lanzarote hace entre 5,3 y 6 millones de años.


Según ha informado el Cabildo de la isla, este es el séptimo huevo que se encuentra en el 'Yacimientos del Neógeno continental de Órzola-Famara', en el que estos paleontólogos trabajan desde 2010, y es la pieza más significativa hallada en la cuarta campaña de excavaciones que acaba de concluir.

El fósil tiene un tamaño similar a un huevo de avestruz actual y presenta un excelente estado de conservación, pero, al igual que los otros seis ejemplares, carece de embrión.

Este ejemplar se une a los numerosos fragmentos de cáscaras de huevos de ratites de distintos tamaños, también de tortugas, numerosos caparazones de gasterópodos terrestres y a una vértebra de una pequeña serpiente de la familia de las boas, que se han recopilado desde que empezaron a excavar hace tres años.

CUARTA CAMPAÑA

Esta es la cuarta campaña de los trabajos de excavación dirigidos por el doctor Sánchez Marco, del Instituto Catalán de Paleontología Miquel Crusafont.

Por el momento, el nuevo hallazgo amplía el radio de la zona a investigar, pero no aporta demasiada luz a las grandes preguntas que han surgido en torno a la presencia en Lanzarote de estos animales: cómo llegaron aquí, cómo vivieron, y por qué desaparecieron.

Así, a partir de estas dudas y en función de otros restos que puedan encontrarse, se podría reconstruir su forma, su alimentación, el entorno en el que habitaban y con qué otros seres vivos compartía el territorio de lo que hoy es Lanzarote que por entonces pudiera estar emergido.

Como se ha dicho, esta es la cuarta intervención. La primera de ellas fue en el 2010 cuando se realizaron tareas de reconocimiento de los yacimientos y preparación, aunque eran de pequeña envergadura, ya que las importantes se realizaron en las actuaciones de 2011 y 2012.

Estas campañas han permitido avanzar en el conocimiento de este enclave y en las cuestiones que plantea, al tiempo que se han localizado nuevos yacimientos.

De esta manera, se cree que por su ubicación y datación, -entre 5,3 y 6 millones de años- se puede contemplar un tal vez mayor lapso temporal de la presencia de ratites en este Lanzarote primigenio.
Además, las investigaciones han permitido descartar algunas de las explicaciones que se habían dado en el pasado para justificar el hallazgo de estos huevos, como la de una unión geográfica temporal con el continente africano.

Así, en este 2013 se han trabajado dos ejes principales. El primero ha sido la excavación en los enclaves de Valle Grande 1 (más cercano a Famara) y en Valle Chico (en Órzola) para comprender la formación de estos yacimientos y establecer posibles correlaciones.

El otro consistió en buscar, mediante distintas técnicas de localización, nuevos yacimientos que permitan una mayor precisión tanto al determinar el momento en que llegaron las faunas terrestres a las proto-islas orientales, como aquel en que se produce su extinción.

Desde el comienzo de esta excavación, el doctor Sánchez Marco y su equipo han compartido con el Cabildo la idea de dar a conocer estos yacimientos y su significado a un público interesado y más amplio.

Por ello, se prevé que en breve se hagan visitables los yacimientos de Valle Chico y Valle Grande 1 sin que esto entorpezca ni interfiera los trabajos de investigación en ellos.

Fuente: EuropaPress

viernes, 26 de julio de 2013

Hallan en Australia fósiles de marsupiales conocidos solo en Sudamérica



Dos fósiles de marsupiales, encontrados en el noreste de Australia y que se creía que habían poblado Sudamérica hace millones de años, cuestionan la teoría de la evolución de estos animales, informaron hoy fuentes académicas.

Los restos corresponden a un hueso de un tobillo y a un diente, hallados en el yacimiento de Tingamarra, en el estado de Queensland, cuya antigüedad se calcula en unos 55 millones de años, indicó en un comunicado la Universidad de Nueva Gales del Sur.

El del tobillo es de un marsupial parecido a un ratón que se creía que había poblado Sudamérica mientras que el diente, que pertenece a una especie desconocida, se parece a otros fósiles descubiertos en el continente Sudamericano y en el norte de África.

El descubridor de este último, el paleontólogo Robin Beck, bautizó el nuevo marsupial como "Archaeonothos henkgodthelpi" en honor a Henk Godthelp, que lideró las excavaciones en Tingamarra.

El nombre, que se traduce como "el antiguo descendiente ilegítimo de Henk Godthelp", alude a que ésta especie no tiene ningún lazo con los marsupiales australianos, señaló la nota.

Ambos fragmentos ponen en cuestión la teoría convencional sobre la evolución de los marsupiales que sostiene que estos realizaron una migración única durante la época del supercontinente Gondwana desde la zona que se convirtió en América del Sur hacia el territorio conocido actualmente como Australia.

Gondwana, que junto a Laurasia agrupó toda la masa terrestre hace 200 millones de años, se dividió en nuevos bloques: Gondwana Este (la actual Antártida, India, Madagascar y Australia) y Gondwana Oeste (América del Sur y África).

Además, un estudio genético de Maria Nilsson, de la Universidad de Münster (Alemania), publicado en 2010 afirmaba que todos los marsupiales de Australia y de las islas aledañas tienen un antepasado común en América del Sur.

"La explicación sobre los orígenes de los marsupiales australianos súbitamente se ha vuelto más complicada", dijo Beck.

Según el paleontólogo, las especies de marsupial australianas están relacionadas entre sí, pero la especie a la que pertenece el fósil del tobillo está vinculado a un grupo que vivió en Sudamérica y que hasta ahora se pensaba que no había migrado a Australia.

El diente de la especie de marsupial desconocido resulta aun más intrigante para los científicos que no pueden determinar si sus orígenes están en Sudamérica, en África o en otro lugar del planeta.
"Es imposible explicar la presencia de estos nuevos fósiles en Australia utilizando el modelo de dispersión único. Puede que hubiera múltiples movimientos (migratorios) entre Sudamérica y Australia", dijo Beck.

El estudio del paleontólogo australiano también aborda la extinción de algunos marsupiales en Australia que aún sobreviven en Sudamérica y, probablemente, de forma opuesta.

"¿Podría descubrirse en Sudamérica fósiles que son de marsupiales típicos de Australia?", se preguntó Beck, tras considerar que un cambio climático pudo ser un factor clave en la desaparición de los marsupiales de origen americano.

Fuente: EFE.

miércoles, 19 de junio de 2013

Un Gliptodonte en toda su dimensión.



El Museo Municipal de Miramar dio a conocer entre sus trabajos de preservación y comunicación del patrimonio natural de la región, la restauración y puesta en valor de un gigante armadillo prehistórico, de unos 700 mil años.

Personal del Museo Municipal Punta Hermengo, dependiente de la Secretaria de Turismo y Cultura de la Municipalidad de General Alvarado, dio a conocer una de las nuevas modificaciones que se están llevando adelante en su exhibición de paleontología local, que compara los personajes de la película de La Era de Hielo con las criaturas que alguna vez transitaron la región.

Se trata en una puesta en valor de un gran caparazón de Gliptodonte (Glyptodon munizi), extraído en 1993 en los barrancos del bosque del Vivero Florentino Ameghino. El fósil, en su mayor parte completo, fue restaurado y procesado químicamente para su preservación, y se completo aquellas partes faltantes.

“Se realizo un molde de un fragmento de la coraza, y se lo reprodujo unas 50 veces. De esta forma, se logro llevar a la coraza a su tamaño original – argumento – Mariano Magnussen, biólogo de la institución.

Por su lado, Daniel Boh, museólogo y encargado de la institución miramarense, destaco; “Estos animales estaban representados por unas 65 especies de distintas formas y tamaños. El que tenemos exhibido y restaurado en el museo es uno de los representantes mas grandes que se conocen. En vida tenia 1,5 metros de altura por 3,5 de largo.



Los gliptodonte fueron grandes mamíferos herbívoros que habitaron nuestra zona en los últimos 4 millones de años, aunque los hay mas antiguos. En Miramar y alrededores se han recuperado varios ejemplares y restos aislados. En una vitrina lateral, se pueden observar cráneos, fragmentos de coraza, huesos largos y colas de estos animales. El museo miramarense preserva otras tres corazas muy completas y restos de estos gigantes, que esperan su turno y lugar para ser exhibidos.

El Dr Alfredo Zurita, paleontólogo y uno de los expertos mundiales en Gliptodontitos, visito el museo Punta Hermengo y destaco la importancia de la coraza de Glyptodon munizi, y advirtió de que se trataba de uno de los pocos que se conservan en el mundo, no solo por el estado de conservación, sino también por lo raro de la especie.

En los próximos días, se le incorporara una silueta a tamaño real del cráneo y de la cola acorazada, lo que permitirá al visitante tener una clara idea de lo enorme que fue este Gliptodonte en vida, el cual llego a pesar más de una tonelada.

Fuente: Para conocer mas detalles de este trabajo y otras actividades del museo, visite el sitio web www.museodemiramar.com.ar.

miércoles, 12 de junio de 2013

La cara ‘humana’ apareció hace un millón de años

 
El niño de Nariokotome - etapas de la reconstrucción facial forense. Foto: Wikipedia.

Hace al menos un millón de años, “un señor X” se paseó por este planeta con una cara similar a la suya. A la de usted, que está leyendo estas líneas. La cara moderna, esa con un perfil plano en el que sobresale la nariz, apareció hace al menos un millón de años en algún lugar entre el este de África y el sur de Europa, según sugieren nuevos datos recién publicados por científicos de España y EEUU.

La clave de la afirmación está en un hueso del centro de la cara desenterrado en 1994 en el yacimiento de la Gran Dolina de Atapuerca, en Burgos. El hueso, un maxilar, perteneció a un chaval que vivió hace unos 900.000 años en la zona .

 Según el equipo de Atapuerca, el chico, de unos 11 años, fue asesinado durante un ataque de una tribu rival. Lo mataron, cortaron su carne con una piedra afilada y se lo zamparon. En la cultura de los de su especie, los Homo antecessor, el canibalismo era la forma de decir “tú y los tuyos no sois bienvenidos en este territorio”.

Si aquel suceso hubiera ocurrido hoy, la fotografía en la prensa del chico asesinado y devorado nos conmovería. Su cara era “suficientemente moderna como para pasar prácticamente desapercibida en un tren lleno de gente”, según el antropólogo Timothy Bromage, de la Universidad de Nueva York.

Bromage, junto a un amplio equipo que incluye a los tres codirectores de los yacimientos de Atapuerca y a la paleoantropóloga María Martinón-Torres, ha comparado el maxilar del chico asesinado en la Gran Dolina con el maxilar de otro célebre chaval fósil, el niño de Nariokotome, un Homo ergaster de unos nueve años que vivió hace 1,5 millones de años en lo que hoy es el lago Turkana, en Kenia.

Una goma de borrar hueso

Los autores recuerdan que el moderno rostro humano se diferencia del de los primeros miembros del género Homo en que nuestro perfil es relativamente plano. Técnicamente, los científicos lo denominan perfil ortognato, del griego orthos (recto) y gnathos (mandíbula): un perfil plano en el que sobresale una nariz. En cambio, los primeros Homo y nuestros primos los chimpancés son prognatos, con la mandíbula y el maxilar salientes hasta el punto de formar una especie de hocico.

“Hemos estudiado la dinámica del crecimiento facial. Un hueso no es estático. Hay unas células que depositan hueso y otras que destruyen hueso”, explica José María Bermúdez de Castro, codirector de Atapuerca. “En el cráneo de un niño actual casi todo es deposición ósea, porque está creciendo a un ritmo brutal, pero hay una excepción en la zona de debajo de la nariz, donde hay resorción ósea [eliminación de hueso]”, explica el paleoantropólogo. Al microscopio, es sencillo distinguir si un hueso fósil crecía o decrecía. “Hemos visto que, como sucede en los Homo sapiens, los Homo antecessor presentan esta resorción ósea debajo de la nariz”, añade el investigador.

Sin embargo, esta goma de borrar hueso que cincela el perfil humano por debajo de la nariz está ausente en el niño de Nariokotome, 600.000 años más antiguo. En su caso, el hueso crece hasta formar una especie de hocico, según sugiere Bermúdez de Castro. “Su patrón de crecimiento facial es similar al de los primeros miembros del género Homo y al de los Australopithecus”, afirman los autores en su estudio, recién publicado en la revista PLoS ONE.

“El señor X”

“Hace por lo menos un millón de años apareció el señor X, como le llamamos nosotros, con una cara moderna, que estaría asociada a una mayor capacidad craneal, de más de 1.000 centímetros cúbicos, y a un desarrollo dental moderno”, hipotetiza Bermúdez de Castro. Todos esos rasgos están presentes en el Homo antecessor, una especie de momento sólo identificada en Atapuerca.

Ese “señor X” es, a juicio del paleoantropólogo, “el origen de la humanidad moderna”. ¿Y quién fue ese señor X? “Todavía no lo sabemos, porque hablamos de una época muy oscura, hace un millón de años, con pocos restos fósiles”, admite.

En su opinión, ese señor X con cara moderna pudo surgir a partir de los africanos Homo ergaster o incluso de los Homo georgicus, que vivieron en la actual Georgia hace 1,8 millones de años. “De momento, los fósiles de Homo antecessor hallados en la Gran Dolina de Atapuerca son lo más parecido que conocemos a ese señor X”, asegura Bermúdez de Castro.

“Los procesos de crecimiento facial por sí solos no crean una anatomía facial que podamos considerar moderna”, matiza Timothy Bromage. Su equipo, de hecho, ya identificó este crecimiento facial característico de los humanos modernos en una especie de homínidos que vivió hace entre 2,5 millones y un millón de años: los Paranthropus. Pero estos homínidos primitivos no contaban con un segundo factor importante para presentar una cara moderna: un cerebro de gran tamaño. Su capacidad craneal se reducía a 500 centímetros cúbicos, la mitad que la de los Homo antecessor.

 

Fotos: Izquierda: Vista lateral de KNM-WT 15000 (Homo erectus/ergaster); Derecha: Vista lateral de ATD6-69 (Homo antecessor). Tenga en cuenta las diferencias en la proyección facial y en la topografía del maxilar.

 Un cerebro de gran tamaño

“Ahora sabemos que cuanto mayor sea el cerebro, más se retraen las mandíbulas por debajo de los lóbulos frontales del cerebro. Esto significa que la región de la frente es mucho más visible en los Homo antecessor que en los Paranthropus o incluso en los Homo ergaster”, señala Bromage.

“Como mínimo, podemos decir que los mecanismos de crecimiento facial y el incremento del tamaño del cerebro en los Homo antecessor están integrados para crear en esta fecha temprana una cara humana más moderna que cualquiera que hayamos visto antes en cualquier otra especie fósil”, añade.


Fuente: http://terraeantiqvae.com

domingo, 19 de mayo de 2013

Como "Kooteninchela deppi" Nombran un fósil marino de hace 500 millones de años , en honor al actor Johnny Depp.



Un fósil marino de hace 500 millones de años de antigüedad y dotado de unas pinzas en forma de tijeras ha sido bautizado con el nombre del actor estadounidense Johnny Depp, en honor al personaje de "Eduardo Manostijeras".


"Kooteninchela deppi", un lejano antepasado de las langostas y los escorpiones que vivía en aguas poco profundas frente a las costas de la actual Columbia Británica (Canadá), fue identificado por David Legg, un científico británico del Imperial College de Londres admirador de Depp.

David Legg considera que "Kooteninchela deppi" era probablemente un animal cazador o carroñero, aunque de pequeño tamaño, de unos 4 centímetros de largo. Las pinzas podrían haber sido utilizadas para capturar a sus presas o para sondear el fondo del mar en busca de comida escondida en los sedimentos marinos. Además, poseía unos grandes ojos compuestos por muchas lentes, parecidos a los de las moscas, que le ayudaban a buscar comida y estar atentos a los depredadores.

"Kooteninchela deppi" pertenece a un grupo de artrópodos denominado Megacheira ("grandes manos" en griego antiguo) que dió origen a los escorpiones, ciempiés, insectos y cangrejos actuales.

La investigación ha sido publicada en "Journal of Palaeontology".

Fuente: colectivosalas.blogspot.com

Una nueva especie de ictiosaurio contradice teorías anteriores de la extinción de estos reptiles marinos.



Un equipo internacional de científicos ha analizado fósiles de una nueva especie de ictiosaurio, un reptil marino similar a los delfines de la era de los dinosaurios, que han revolucionado la comprensión de la evolución y la extinción de estos antiguos reptiles marinos. Los resultados contradicen las teorías anteriores de que los ictiosaurios del Cretácito (hace entre 145 y 66 millones de años) fueron los últimos supervivientes de un grupo en declive.

Hasta hace poco, se pensaba que los ictiosaurios se redujeron gradualmente en la diversidad a través de múltiples eventos de extinción durante el período Jurásico y se cree que estos eventos sucesivos han matado a todos los ictiosaurios, excepto los muy adecuados para la vida que son capaces de nadar rápidamente en mar abierto.

Debido a este patrón, se ha asumido que los ictiosaurios estaban en constante y rápida evolución para ser cada vez más rápidos nadadores en aguas abiertas, al parecer, sin "estancamiento" en su larga historia evolutiva, pero los fósiles del ictiosaurio localizado en 1950 en la región iraquí del Kurdistán alteran sustancialmente este punto de vista.

El estudio del esqueleto parcial muy bien conservado se inició durante la década de 1970 con el experto en ictiosaurios Robert Appleby que reconoció que el espécimen era significativo, pero que murió antes de resolver la edad exacta de los fósiles. Así que la continuación del estudio se realizó por una nueva generación de investigadores.

En el nuevo análisis, realizado por investigadores de universidades y museos de Bélgica y Reino Unido, publicado este miércoles en 'Biology Letters', los científicos lo bautizan como Malawania anachronus ("nadador a tiempo"). A pesar de ser del Cretácico, Malawania representa el último miembro conocido de un tipo de ictiosaurio que se creyó durante mucho tiempo que se había extinguido durante el Jurásico temprano, más de 66 millones de años antes.

Cabe destacar que este tipo de ictiosaurio arcaico se caracteriza por un estancamiento evolutivo: no parece haber cambiado mucho entre el Jurásico y el Cretácico, algo muy raro en la evolución de los reptiles marinos.

Gracias a su estudio de las esporas microscópicas y polen conservado en la misma losa de Malawania y a los diversos análisis del árbol genealógico del ictiosaurio, los paleontólogos volvieron sobre la historia evolutiva de los ictiosaurios del Cretácico. De hecho, el equipo fue capaz de demostrar que los numerosos grupos de ictiosaurios que aparecieron durante el Triásico y Jurásico sobrevivieron hasta el Cretácico, lo que significa que la supuesta extinción del Jurásico no se produjo con los ictiosaurios, un hecho que hace que su registro fósil sea muy diferente al de otros grupos de reptiles marinos.

Cuando se ve junto con el descubrimiento de otro ictiosaurio por el mismo equipo en 2012 y nombrado Acamptonectes densus, el descubrimiento de Malawania constituye una "revolución" en la forma en que se había imaginado la evolución del ictiosaurio y su extinción. Ahora parece que los ictiosaurios eran todavía importantes y diversos durante la primera parte del Cretácico y que la extinción definitiva de los ictiosaurios, un evento que ocurrió hace unos 95 millones de años (mucho antes del gran evento de extinción meteorito orientado que terminó el Cretácico), es ahora más confusa que lo previsto anteriormente.

Fuente: colectivosalas.blogspot.com

Encuentran en Canadá fósiles de una nueva especie de dinosaurios


Los paleontólogos descubrieron en Canadá fósiles de dinosaurio con cráneo grueso que habitaba hace 85 millones de años. Se trata de una nueva especie de dinosaurios herbívoros de la familia de los Pachycephalosauria, aseguran los científicos.

David Evans, del Museo Real Ontario, en Toronto (Canadá), y sus colegas lo descubrieron tras realizar excavaciones en la provincia canadiense de Alberta, en un terreno propiedad del granjero Roy Audet. Precisamente en ese lugar se depositaron las rocas que se formaron en el segundo tercio del período Cretácico, hace 85-83 millones de años, durante la denominada Etapa Santoniano, aseguran los científicos.

Los paleontólogos encontraron en este terreno algunos fragmentos de hueso, incluyendo fragmentos del cráneo del dinosaurio Acrotholus audeti. Estos descubrimientos arrojan luz sobre la evolución de esta familia de dinosaurios, escriben los paleontólogos en el artículo publicado en la revista 'Nature Communications'.

El dinosaurio tiene un cráneo muy grueso, cuyo grosor llega a los 11 centímetros. Por su tamaño era relativamente pequeño, pesaba menos de 40 kilos aunque tenía una longitud de dos metros. Los parientes más cercanos de estos dinosaurios habitaban en el territorio de la actual Mongolia, hace 83 millones de años.

El hallazgo de los paleontólogos canadienses indica que todavía se sabe poco sobre cómo funcionaban los ecosistemas del Cretácico. Anteriormente se pensaba que los pequeños dinosaurios con cráneo grueso eran escasos, ya que tenían que competir con las crías de los grandes dinosaurios. Los científicos estiman que en realidad el número de especies de estos dinosaurios es mucho mayor de lo que se pensaba antes

Fuente: http://actualidad.rt.com

lunes, 11 de marzo de 2013

El verdadero Adán vivió hace 338.000 años

Un afroamericano de Carolina del Sur llevaba sin saberlo el cromosoma Y más antiguo del mundo. Su origen se remonta al primer ancestro masculino de todos los humanos de hoy, que vivió en África unos 150.000 años antes de lo que se pensaba y pudo ser el hijo de un cruce con homínidos arcaicos


El paleoantropólogo británico Chris Stringer muestra el cráneo de un homínido / NHM

Hace algún tiempo, Albert Perry, un afroamericano de Carolina del Sur, se convirtió en una de las miles de personas que se hacen una prueba de ADN para dilucidar sus raíces familiares. Una compañía de EEUU se encargó de secuenciar su cromosoma Y para recuperar su linaje paterno e indicar dónde vivieron sus primeros ancestros. La familia de Perry había sido la que envió las muestras a la empresa, tal vez para darle una sorpresa. Los resultados del análisis no han podido ser más impactantes, no sólo para la familia de Perry, sino para todo el género humano. Muestran que el cromosoma Y de Perry es el más antiguo que se ha visto hasta el momento y que viene del hombre del que descienden todos los humanos actuales. Unos lo llaman el padre de todos los hombres, otros el Adán genético y su antigüedad es apabullante, pues parece que vivió antes de la aparición de nuestra especie, los Homo sapiens.

El análisis se ha centrado en el cromosoma Y porque este pasa de padres a hijos y permite remontar cientos de generaciones por el linaje paterno. Según los cálculos del equipo de científicos que ha analizado en detalle el ADN de Perry, este afroamericano desciende de un hombre que vivió en África hace 338.000 años, según explican en un estudio publicado en American Journal of Human Genetics. Esto obliga a repensar cómo y cuándo se originó nuestra especie.

Hasta ahora, los restos más antiguos de sapiens que se han hallado tienen unos 195.000 años. Estudios anteriores del cromosoma Y de poblaciones actuales de todo el mundo indicaban que el llamado Adán genético, el ancestro masculino común de todos los humanos actuales, vivió hace entre 60.000 y 140.000 años. Otros trabajos basados en el genoma mitocondrial, parte del ADN que legan sólo las madres, indicaba que la llamada Eva mitocondrial de la que son parientes todos los humanos modernos vivió hace unos 200.000 años.
La nueva fecha en base al cromosoma Y de Perry, obtenida por el equipo del genetista de la Universidad de Arizona Mike Hammer, pone patas arriba este escenario, ya que sitúa el origen paterno de los humanos modernos en un tiempo en el que en teoría no había humanos modernos. ¿Cómo puede explicarse esta contradicción? Los autores del estudio apuntan una posibilidad: los humanos modernos se cruzaron con homínidos arcaicos, tuvieron hijos y de ellos surgió el origen de la gran familia humana. En otras palabras, el Homo sapiens actual sería el fruto de un mestizaje entre especies sucedido en África hace miles de años y del que apenas se conocen detalles.

Un sapiens híbrido

Esta posibilidad hubiera sonado como un disparate hace no mucho tiempo, pero hoy es totalmente plausible. Estudios anteriores han demostrado que en Europa hubo cruces entre tres especies de homínidos bien conocidas: sapiens, neandertales y denisovanos, un nuevo linaje humano descubierto en 2010. Como testimonio de aquel sexo prehistórico muchos humanos modernos de hoy llevan ADN neandertal y denisovano. Ahora, el estudio de Hammer apuntaría a un cruce adicional con un homínido africano que habría contribuido parte de su ADN a conformar lo que hoy es el Homo sapiens.
“El estudio ha pasado un poco desapercibido, pero es muy interesante”, opina Carles Lalueza-Fox, genetista español y uno de los autores del primer borrador del genoma neandertal, publicado en 2010. Para Lalueza-Fox hay dos formas de explicar los sorprendentes resultados obtenidos por Hammer. “O bien la filogenia del cromosoma Y, y por tanto el origen de nuestra especie, es más antiguo de lo que pensábamos, más antiguo que los fósiles más antiguos como los de Omo, o bien esto viene de alguna hibridación con algún hominino más arcaico en África, del cual desconocemos todo”.

Estas dos posibilidades no son excluyentes, es decir, el origen de los humanos actuales podría ser más antiguo de lo que se pensaba y además haberse cruzado con homínidos más primitivos. Lo que queda claro es que “todos descendemos de él”, dice Lalueza-Fox, en referencia a aquel hombre de hace 338.000 años.

Buscando a Adán en África

De todos los fósiles encontrados hasta ahora que podrían apoyar sus resultados, Hammer destaca en su estudio un extraño cráneo revisado en 2011. Perteneció al homínido de Iwo Eleru, que vivió hace sólo 13.000 años en lo que hoy es Nigeria. Tenía una mezcla de rasgos primitivos y modernos nunca vistos y un equipo dirigido por el paleoantropólogo británico Chris Stringer cree que este homínido era un superviviente híbrido de un cruce entre homínidos primitivos y humanos modernos.

Hammer ha intentado encontrar el origen geográfico del cromosoma Y de Perry, recientemente fallecido, y lo ha conseguido en parte. Tras buscar en una base de datos de ADN con muestras de casi 6.000 personas de 10 países africanos, ha encontrado cromosomas casi idénticos al de Perry en siete personas de la etnia Mbo, que viven al oeste de Camerún. Ellos también llevan la marca paterna de aquel humano que vivió hace 338.000 años. Sus hogares están “a 800 kilómetros de Iwo Eleru”, donde se halló el supuesto híbrido, destaca el estudio.

Ahora, Hammer afronta un abismo. En un estudio anterior basado en ADN de poblaciones actuales de África había apuntando que, hace unos 30.000 años, humanos modernos y homínidos arcaicos se cruzaron. Su nuevo hallazgo apoya esta hipótesis, pero para convencer del todo debería encontrar fósiles de humanos arcaicos, extraer su ADN y demostrar que se cruzaron con los sapiens. Es algo parecido a lo que hizo el equipo de Lalueza-Fox con el genoma neandertal, pero que tal vez nunca se pueda repetir en África, opina el genetista español, dada la gran ausencia de restos que hay justo en las épocas más interesantes, hace unos 300.000 y 400.000 años, y la mala conservación del ADN antiguo en lugares cálidos. Hasta entonces Hammer propone otra opción: seguir secuenciando el genoma de africanos actuales para encontrar más ejemplos como el de Perry y los Mbo que aclaren los orígenes de nuestra especie.

Fuente: http://esmateria.com

miércoles, 6 de marzo de 2013

Investigadores descubren restos fósiles de un camello en el Ártico superior


Un equipo de investigadores ha descubierto en el Ártico canadiense los restos fósiles de un camello que vivió en la región hace unos tres millones de años, cuando el planeta atravesaba por una fase de calentamiento.

La doctora Natalia Rybczynski, del Museo de la Naturaleza de Canadá que ha dirigido la investigación, dijo hoy a través de un comunicado que "este es un importante descubrimiento porque proporciona la primera evidencia de que camellos vivieron en la región ártica".

El descubrimiento de 30 fragmentos fósiles de una tibia de camello de la era del Plioceno medio en la isla Ellesmere, situada en el océano Ártico, fue publicado hoy en la revista online Nature Communications.

Los huesos de camellos fueron encontrados en una ladera situada cerca del fiordo Strathcona de la isla Ellesmere donde en el pasado se han localizado fósiles de hojas, madera y otras plantas.
En otro depósito de fósiles cercano, los investigadores han hallado en el pasado restos de otros mamíferos del mismo periodo como tejones, castores y caballos de tres dedos.

Los investigadores digitalizaron los 30 fragmentos fósiles descubiertos con un láser 3D lo que permitió recomponer digitalmente el hueso y comprobar que la tibia pertenecía a un mamífero de grandes dimensiones de la familia de los arteriodáctilos, a la que pertenecen animales como las vacas, cerdos y camellos.

"La primera vez que cogí una pieza, pensé que era madera. Sólo cuando regresó al campamento me di cuenta no sólo de que era un hueso pero que era de un mamífero más grande que cualquier otro que habíamos visto en los depósitos", relató Rybczynski.

Los investigadores confirmaron que los fragmentos fosilizados pertenecían a un camello utilizando un nueva técnica llamada "impresiones digitales de colágeno" y que utiliza minúsculas cantidades de colágeno, una proteína de los huesos, para determinar el animal.

El colágeno extraído de los restos fósiles indicaron que los animales modernos que más se aproximan a los camellos del Ártico canadiense son dromedarios.

Los camellos del Ártico también se asemejan al llamado camello gigante de Yukon, que se cree es el Paracamelus, el antecesor de los camellos modernos.

"Ahora tenemos un nuevo registro fósil que explica mejor la evolución de los camellos, ya que nuestra investigación muestra que el linaje del Paracamelus habitó el norte de Norteamérica durante millones de años", explicó Rybczynski.

"La explicación más simple de esta pauta sería que el Paracamelus se originó aquí. Así que quizás algunas especializaciones vistas en los camellos modernos, como pies planos y amplios, grandes ojos y las jorobas de grasa pueden ser adaptaciones derivadas de vivir en el medio ambiente ártico", añadió.

En la época en que los camellos vivían en el Ártico canadiense, la Tierra era entre 2 y 3 grados más caliente que hoy en día y la temperatura del Ártico era entre 14 y 22 grados superior.

Fuente: EFE