domingo, 19 de mayo de 2013
Como "Kooteninchela deppi" Nombran un fósil marino de hace 500 millones de años , en honor al actor Johnny Depp.
Un fósil marino de hace 500 millones de años de antigüedad y dotado de unas pinzas en forma de tijeras ha sido bautizado con el nombre del actor estadounidense Johnny Depp, en honor al personaje de "Eduardo Manostijeras".
"Kooteninchela deppi", un lejano antepasado de las langostas y los escorpiones que vivía en aguas poco profundas frente a las costas de la actual Columbia Británica (Canadá), fue identificado por David Legg, un científico británico del Imperial College de Londres admirador de Depp.
David Legg considera que "Kooteninchela deppi" era probablemente un animal cazador o carroñero, aunque de pequeño tamaño, de unos 4 centímetros de largo. Las pinzas podrían haber sido utilizadas para capturar a sus presas o para sondear el fondo del mar en busca de comida escondida en los sedimentos marinos. Además, poseía unos grandes ojos compuestos por muchas lentes, parecidos a los de las moscas, que le ayudaban a buscar comida y estar atentos a los depredadores.
"Kooteninchela deppi" pertenece a un grupo de artrópodos denominado Megacheira ("grandes manos" en griego antiguo) que dió origen a los escorpiones, ciempiés, insectos y cangrejos actuales.
La investigación ha sido publicada en "Journal of Palaeontology".
Fuente: colectivosalas.blogspot.com
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Una nueva especie de ictiosaurio contradice teorías anteriores de la extinción de estos reptiles marinos.
Un equipo internacional de científicos ha analizado fósiles de una nueva especie de ictiosaurio, un reptil marino similar a los delfines de la era de los dinosaurios, que han revolucionado la comprensión de la evolución y la extinción de estos antiguos reptiles marinos. Los resultados contradicen las teorías anteriores de que los ictiosaurios del Cretácito (hace entre 145 y 66 millones de años) fueron los últimos supervivientes de un grupo en declive.
Hasta hace poco, se pensaba que los ictiosaurios se redujeron gradualmente en la diversidad a través de múltiples eventos de extinción durante el período Jurásico y se cree que estos eventos sucesivos han matado a todos los ictiosaurios, excepto los muy adecuados para la vida que son capaces de nadar rápidamente en mar abierto.
Debido a este patrón, se ha asumido que los ictiosaurios estaban en constante y rápida evolución para ser cada vez más rápidos nadadores en aguas abiertas, al parecer, sin "estancamiento" en su larga historia evolutiva, pero los fósiles del ictiosaurio localizado en 1950 en la región iraquí del Kurdistán alteran sustancialmente este punto de vista.
El estudio del esqueleto parcial muy bien conservado se inició durante la década de 1970 con el experto en ictiosaurios Robert Appleby que reconoció que el espécimen era significativo, pero que murió antes de resolver la edad exacta de los fósiles. Así que la continuación del estudio se realizó por una nueva generación de investigadores.
En el nuevo análisis, realizado por investigadores de universidades y museos de Bélgica y Reino Unido, publicado este miércoles en 'Biology Letters', los científicos lo bautizan como Malawania anachronus ("nadador a tiempo"). A pesar de ser del Cretácico, Malawania representa el último miembro conocido de un tipo de ictiosaurio que se creyó durante mucho tiempo que se había extinguido durante el Jurásico temprano, más de 66 millones de años antes.
Cabe destacar que este tipo de ictiosaurio arcaico se caracteriza por un estancamiento evolutivo: no parece haber cambiado mucho entre el Jurásico y el Cretácico, algo muy raro en la evolución de los reptiles marinos.
Gracias a su estudio de las esporas microscópicas y polen conservado en la misma losa de Malawania y a los diversos análisis del árbol genealógico del ictiosaurio, los paleontólogos volvieron sobre la historia evolutiva de los ictiosaurios del Cretácico. De hecho, el equipo fue capaz de demostrar que los numerosos grupos de ictiosaurios que aparecieron durante el Triásico y Jurásico sobrevivieron hasta el Cretácico, lo que significa que la supuesta extinción del Jurásico no se produjo con los ictiosaurios, un hecho que hace que su registro fósil sea muy diferente al de otros grupos de reptiles marinos.
Cuando se ve junto con el descubrimiento de otro ictiosaurio por el mismo equipo en 2012 y nombrado Acamptonectes densus, el descubrimiento de Malawania constituye una "revolución" en la forma en que se había imaginado la evolución del ictiosaurio y su extinción. Ahora parece que los ictiosaurios eran todavía importantes y diversos durante la primera parte del Cretácico y que la extinción definitiva de los ictiosaurios, un evento que ocurrió hace unos 95 millones de años (mucho antes del gran evento de extinción meteorito orientado que terminó el Cretácico), es ahora más confusa que lo previsto anteriormente.
Fuente: colectivosalas.blogspot.com
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Encuentran en Canadá fósiles de una nueva especie de dinosaurios
Los paleontólogos descubrieron en Canadá fósiles de dinosaurio con cráneo grueso que habitaba hace 85 millones de años. Se trata de una nueva especie de dinosaurios herbívoros de la familia de los Pachycephalosauria, aseguran los científicos.
David Evans, del Museo Real Ontario, en Toronto (Canadá), y sus colegas lo descubrieron tras realizar excavaciones en la provincia canadiense de Alberta, en un terreno propiedad del granjero Roy Audet. Precisamente en ese lugar se depositaron las rocas que se formaron en el segundo tercio del período Cretácico, hace 85-83 millones de años, durante la denominada Etapa Santoniano, aseguran los científicos.
Los paleontólogos encontraron en este terreno algunos fragmentos de hueso, incluyendo fragmentos del cráneo del dinosaurio Acrotholus audeti. Estos descubrimientos arrojan luz sobre la evolución de esta familia de dinosaurios, escriben los paleontólogos en el artículo publicado en la revista 'Nature Communications'.
El dinosaurio tiene un cráneo muy grueso, cuyo grosor llega a los 11 centímetros. Por su tamaño era relativamente pequeño, pesaba menos de 40 kilos aunque tenía una longitud de dos metros. Los parientes más cercanos de estos dinosaurios habitaban en el territorio de la actual Mongolia, hace 83 millones de años.
El hallazgo de los paleontólogos canadienses indica que todavía se sabe poco sobre cómo funcionaban los ecosistemas del Cretácico. Anteriormente se pensaba que los pequeños dinosaurios con cráneo grueso eran escasos, ya que tenían que competir con las crías de los grandes dinosaurios. Los científicos estiman que en realidad el número de especies de estos dinosaurios es mucho mayor de lo que se pensaba antes
Fuente: http://actualidad.rt.com
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jueves, 25 de abril de 2013
Caracoles fósiles dan pistas sobre cambio climático hace 34 millones de años
Un equipo internacional de científicos, que utilizó una nueva técnica en el análisis de las conchas fósiles de caracoles, encontró pistas de un cambio climático ocurrido hace casi 34 millones de años.
Esto es según un artículo que publica Proceedings of the National Academy of Sciences.
Esto es según un artículo que publica Proceedings of the National Academy of Sciences.
En ese período, la Tierra pasó de un estado de “invernadero” cálido y con elevado contenido de dióxido de carbono al clima moderno, variable, con bajo nivel de dióxido de carbono y de “heladera”. A través del continente antártico crecieron enormes capas de hielo, los grupos mayores de animales cambiaron y las temperaturas oceánicas bajaron en unos 5 grados Celsius.
Pero los estudios de cómo este cambio drástico afectó a las temperaturas en tierra han tenido, hasta ahora, resultados ambiguos.
Algunos muestran que no hubo cambios apreciables en el clima de tierra, otros encuentran un enfriamiento de hasta 8 grados Celsius y grandes cambios en las estaciones. Ahora, un grupo de científicos estadounidenses y británicos ha usado una nueva técnica geoquímica para analizar los isótopos pesados de carbono y oxígeno en las conchas fósiles de caracol.
Sus resultados indican una disminución de hasta 10 grados Celsius en las aguas dulces durante la temporada cálida y de 6 Celsius para la atmósfera en el Atlántico norte, lo cual proporciona más pruebas de que la concentración atmosférica de dióxido de carbono y la temperatura en la superficie de la Tierra están enlazadas.
El autor principal del artículo es Michael Hren, profesor asistente de química y geociencias en la Universidad de Connecticut. Entre los colaboradores se cuentan Nathan Sheldon y Coger Lohmann, del Departamento de Ciencias de la Tierra y Ambientales, de la Universidad de Michigan.
La transición entre el eoceno tardío y las épocas del oligoceno (entre 34 y 33,5 millones de años atrás) fue causada en parte por los cambios en la concentración atmosférica de dióxido de carbono que permitió la acumulación de hielo en el continente antártico.
El crecimiento del manto de hielo acoplado con cambios favorables en la órbita de la Tierra llevó al planeta a un punto de vuelco climático y condujo a la acumulación rápida de una capa permanente de hielo en la Antártica y a cambios mucho más amplios en el clima global, escribieron los autores.
Pero gran parte de lo que se conoce acerca del clima de este período proviene de muestras extraídas de perforaciones profundas en el fondo del océano. Allí, los restos orgánicos e inorgánicos de antiguas criaturas marinas retienen las marcas químicas de las temperaturas oceánicas cuando estaban vivas.
Ahora los investigadores usaron la técnica recientemente desarrollada del “termómetro de isótopos agrumados” para examinar las conchas de fósiles terrestres de ese período.
El equipo recolectó caracoles fosilizados de la Isla de Wight, en Gran Bretaña y observó no sólo el tipo y número de isótopos de carbono y oxígeno presentes, sino también cómo estaban enlazados. La abundancia de enlaces que contienen isótopos pesados de oxígeno y carbono depende de la temperatura, de manera que esos enlaces pueden dar una imagen confiable del clima de los ambientes terrestres.
Los resultados son significativos en parte porque proveen más pruebas de que el dióxido de carbono está vinculado con el clima, no sólo por la vía de los vastos océanos y su temperatura, sino también por las temperaturas terrestres, dijo Hren.
Los estudios han mostrado que, antes de este enfriamiento drástico, la atmósfera de la Tierra contenía 1.000 partes por millón de dióxido de carbono o más. Hacia el final de la transición contenía probablemente menos de 600 a 700 partes por millón.
Hren dijo que algunos pronósticos señalan que las concentraciones actuales de dióxido de carbono en la atmósfera de la Tierra, cercanas a 400 partes por millón y en aumento, podrían incrementarse hasta casi 1.000 partes por millón en los próximos cien años.
Fuente: abc.com.py
domingo, 21 de abril de 2013
Descubren nueva especie de dinosaurio carnívoro en Madagascar
Estos dinosaurios "Dahalokely tokana" pertenecen a un grupo llamado Abelisauridae, y hasta este momento, no hay restos de esos animales entre 165 y 70 millones de años atrás que se hayan podido identificar a nivel de especie en Madagascar.
Esto significa una brecha de 95 millones de años en el registro fósil, que ahora se acorta 20 millones de años con la identificación de Dahalokely, según publica El Mundo, mediante un estudio difundido por Plos One.
Los fósiles de Dahalokely fueron descubiertos en una excavación en 2007 y 2010, cerca de la ciudad de Antsiranana (Diego-Suarez), al norte de Madagascar, recuperando huevos que incluyen vértebras y costillas.
Debido a que esta zona del esqueleto es muy distinta en algunos dinosaurios, el equipo de investigación pudo identificar definitivamente la muestra como una nueva especie.
Así, se detectaron varias características únicas, como la forma de algunas cavidades en el lado en el que estaban las vértebras, a diferencia de las de cualquier otro dinosaurio. Otras especificidades de las vértebras identificadas en Dahalokely le encuadran como un dinosaurio "abelisauridae".
Cuando este género de dinosaurio extinto, llamado Dahalokely, vivía Madagascar estaba conectado a India y las dos masas de tierra fueron aisladas en medio del océano Índico.
La evidencia geológica indica que India y Madagascar se separaron hace de alrededor de 88 millones de años, justo después de que viviera Dahalokely, por lo que esta especie de dinosuario podría potencialmente haber sido ancestral a los animales que vivieron después en Madagascar e India, pero no hay suficiente información todavía para resolver este problema.
Fuentes:ultimahora.com
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revista PLoS One
martes, 16 de abril de 2013
¿Habrá un cambio radical en la historia evolutiva?
Los esqueletos de una pequeña hembra de ‘Homo sapiens’ (izquierda), de un ‘A.Sediba’ (centro) y de un chimpancé (‘Pan troglodytes’). Foto: Lee R. Berger.
Dos esqueletos fosilizados, bastante completos y bien conservados, de unos extraños australopitecos que vivieron en África hace casi dos millones de años desconciertan al batallón de investigadores de 16 instituciones de todo el mundo que los han estudiado a fondo. Los Australopithecus sediba, que así se llaman, eran capaces de caminar erguidos, aunque no con tanta soltura como la especie humana, dado su talón simiesco; pero, a la vez, treparían por los árboles y las rocas con destreza. Por sus dientes, columna vertebral y mandíbula eran parecidos a los humanos primitivos, pero sus hombros y brazos eran más bien de mono, y la caja torácica superior se parece a la de los grandes simios.
La extraña criatura tenía el cerebro pequeño. Entonces, ¿está en la línea ancestral de la especie humana o no? ¿Dónde encaja en el árbol de familia de los homínidos? Los paleontólogos siguen sin tenerlo claro. Ya apuntaban a esa indefinición hace dos años, cuando presentaron oficialmente los fósiles de A.sediba, descubiertos dos años antes en Sudáfrica. Desde entonces, los científicos, divididos en seis equipos de especialistas que se han repartido los fósiles (dientes unos, brazos otros, extremidades inferiores otros, etcétera) han analizado exhaustivamente los esqueletos descubiertos de aquellos dos misteriosos individuos (más un tercero representado solo por un fragmento de tibia). Han comparado los huesos con restos de otras especies de australopitecos y de humanos y escrito seis artículos en la revista Science con sus conclusiones.
Este exhaustivo examen “nos da una idea de una especie de homínido que parece un mosaico en su anatomía y que presenta un conjunto de complejos funcionales que son diferentes tanto de lo predicho para otros australopitecos como los del Homo primitivo”, resume Lee R.Berger, descubridor de A.sediba y líder de la investigación, en la revista Science. “La clara visión de la anatomía de esta especie de homínido primitivo tendrá claramente implicaciones a la hora de interpretar el proceso evolutivo que afecta al modo y al tiempo de la evolución de los homínidos y la interpretación de la anatomía de las especies no tan bien conocidas”.
Berger, o más bien su hijo Mathieu, de nueve años, descubrió el primer fósil de lo que luego se denominó A.sediba, en agosto de 2008, en los alrededores de Johanesburgo, en concreto en un lugar llamado Malapa. Fue el pistoletazo de salida y Berger (investigador de la Universidad de Witwateersrand, Suráfrica) inició con su equipo científico una exploración intensa. En total han salido ya a la luz los restos esqueléticos de dos individuos, una mujer y un hombre joven, más un hueso de un tercero. Medirían 1,27 metros de altura, ella pesaría unos 33 kilos y él, 27, y su cerebro rondaría los 420 o 450 centímetros cúbicos, frente a los 1.200 a 1.600 del nuestro.
En la antigua visión de la evolución, el A.sediba sería el perfecto eslabón perdido, el ejemplar oportuno que tiene unos rasgos del precedente en antigüedad y otros del siguiente. Pero los científicos saben que la cosa no funciona así, que la evolución no es una cadena, sino una intrincada ramificación de especies con ancestros comunes y parentescos más o menos próximos. La cuestión es situar este homínido con un mosaico de características en ese árbol de familia. Además, la antigüedad es clave en este caso porque hace dos millones de años existía ya en África el Homo erectus, antepasado del Homo sapiens y, seguramente, el primero que salió del continente ancestral y se expandió por el viejo mundo. A.sediba se ha datado en 1.980.000 años.
Los investigadores, en sus estudios comparativos, se han centrado sobre todo en los rasgos de aquel H.erectus y en un australopiteco anterior al A.sediba, el A.africanus. Pero entra en el debate una especie más de australopiteco, A.afarensis, a la que pertenece el célebre esqueleto Lucy, adoptado como abuela ancestral de la humanidad, aunque hay ya importantes paleoantropólogos que se inclinan por sacar a la familia de Lucy de la línea evolutiva humana. Berger sugiere “la posibilidad de que A.sediba y tal vez A.africanus no descienden del linaje de A.afarensis” y él no llega a afirmar que los fósiles de Malapa se sitúen en la línea humana, pero Science destaca que “el conjunto de análisis ahora presentado parece apuntar hacia un probable ancestro del género Homo”. El hecho de que Lucy y su familia fuesen bípedos parece complicar las cosas para los A.sediba, si estos no descienden de los A.afarensis. Pero “múltiples formas de bipedalismo fueron practicadas por nuestros ancestros primitivos homínidos”, señala el científico de Johanesburgo.
Las grandes preguntas acerca de la extraña criatura de Malapa siguen abiertas, y los científicos aspiran a contestarlas, sobre todo cuando tengan más fósiles de esta especie. El próximo verano Berger y su equipo retomarán la excavación en el yacimiento. Tal vez el A.sediba sea un antepasado remoto del Homo sapiens, o tal vez fuera un especie de homínido que acabó en un callejón sin salida de la evolución, es decir, extinguiéndose.
Fuente: cubadebate.cu
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Descubren una nueva especie de primate que vivió hace 35 millones de años en Lleida
Una nueva especie de primate de la tribu de los ancomominis, un grupo de primates del Eoceno de tamaño muy pequeño, ha sido descubierta por investigadores del Insituto Catalán de Paleontología (ICP) en el Pallars Jussà, en Lleida. Se trata de un pequeño estrepsirrino -una suborden de primates cuya principal característica es su nariz húmeda- de hace 35 millones de años y que cuenta con una dentición muy particular.
Nievesia sossisensis es el nombre con el que se ha bautizado a la nueva especie, cuyo estudio se ha publicado en la revista Journal of Human Evolution. Conjuntamente con otros hallazgos ha permitido determinar las implicaciones de las relaciones de parentesco (filogenéticas) de varios primates del Eoceno de la Península Ibérica, ha informado el ICP en una nota.
El primate pertenece a la tribu de los ancomominis, de los cuales se estima que pesaban entre 100 y 150 gramos. Nievesia sossiensis vivió hace unos 35 millones de años y es el primer representante de esta tribu que se encuentra el yacimiento de Sossís.
Una dentición que marca la diferencia
Los ancomominis forman parte de los adapiformes, un grupo que comprende varias familias de primates extintos que ocupó gran parte del hemisferio Norte, el Norte de África y Asia tropical desde el Eoceno hasta el Mioceno, hace entre 55 y cinco millones de años. Se caracterizan por una dentición bastante primitiva, con unos premolares alargados, que presentan una cúspide muy grande, con los extremos de delante y detrás cortantes y unos laterales planos.
Nievesia sossisensis, a diferencia de otros ancomominis, no presenta el esmalte arrugado y destaca por la presencia de un mesostilo (una pequeña cúspide) en los molares superiores. También se caracteriza por tener unos molares inferiores más grandes que la mayoría de ancomominis y por no presentar paracónido (una cúspide que corona el diente por la parte de delante).
Estudio de los primates del Eoceno
Los primates del Eoceno han sido un grupo tradicionalmente poco estudiado. El paleontólogo Miquel Crusafont y sus colaboradores describieron su presencia en los años 60 en yacimientos como el de Sant Jaume de Frontanyà o Sossís (en Lleida). Durante la década de los 90, los investigadores del ICP Salvador Moyà-Solà, Meike Köhler y otros colaboradores recuperaron y estudiaron grandes volúmenes de sedimento que han permitido obtener una de las mayores colecciones de Europa determinados grupos de primates fósiles.
Los últimos años han sido los investigadores del ICP Judit Marigó y Raef MinWin-Barakat, dirigidos por Salvador Moyà-Solà, los que han tomado el relevo y han descrito nuevos géneros y especies como Anchomomys frontanyensis el yacimiento de Sant Jaume de Frontanyà o la misma Nievessia sossisensis, en Sossís.
El nombre del nuevo primate ha sido elegido en honor a Nieves López Martínez, paleontóloga destacada por sus estudios en mamíferos del Cretácico y del Cenozoico de los Pirineos y que desarrolló una gran labor en el yacimiento de Sossís. Filogenéticamente, los resultados sitúan esta especie cercana a Mazateronodon y, en segunda instancia a Anchomomys, dos géneros de ancomominis presentes en otros yacimientos de la Península Ibérica.
Fuente: rtve.es
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lunes, 11 de marzo de 2013
El verdadero Adán vivió hace 338.000 años
Un afroamericano de Carolina del Sur llevaba sin saberlo el cromosoma Y más antiguo del mundo. Su origen se remonta al primer ancestro masculino de todos los humanos de hoy, que vivió en África unos 150.000 años antes de lo que se pensaba y pudo ser el hijo de un cruce con homínidos arcaicos
El paleoantropólogo británico Chris Stringer muestra el cráneo de un homínido / NHM
Hace algún tiempo, Albert Perry, un afroamericano de Carolina del Sur, se convirtió en una de las miles de personas que se hacen una prueba de ADN para dilucidar sus raíces familiares. Una compañía de EEUU se encargó de secuenciar su cromosoma Y para recuperar su linaje paterno e indicar dónde vivieron sus primeros ancestros. La familia de Perry había sido la que envió las muestras a la empresa, tal vez para darle una sorpresa. Los resultados del análisis no han podido ser más impactantes, no sólo para la familia de Perry, sino para todo el género humano. Muestran que el cromosoma Y de Perry es el más antiguo que se ha visto hasta el momento y que viene del hombre del que descienden todos los humanos actuales. Unos lo llaman el padre de todos los hombres, otros el Adán genético y su antigüedad es apabullante, pues parece que vivió antes de la aparición de nuestra especie, los Homo sapiens.
El análisis se ha centrado en el cromosoma Y porque este pasa de padres a hijos y permite remontar cientos de generaciones por el linaje paterno. Según los cálculos del equipo de científicos que ha analizado en detalle el ADN de Perry, este afroamericano desciende de un hombre que vivió en África hace 338.000 años, según explican en un estudio publicado en American Journal of Human Genetics. Esto obliga a repensar cómo y cuándo se originó nuestra especie.
El análisis se ha centrado en el cromosoma Y porque este pasa de padres a hijos y permite remontar cientos de generaciones por el linaje paterno. Según los cálculos del equipo de científicos que ha analizado en detalle el ADN de Perry, este afroamericano desciende de un hombre que vivió en África hace 338.000 años, según explican en un estudio publicado en American Journal of Human Genetics. Esto obliga a repensar cómo y cuándo se originó nuestra especie.
Hasta ahora, los restos más antiguos de sapiens que se han hallado tienen unos 195.000 años. Estudios anteriores del cromosoma Y de poblaciones actuales de todo el mundo indicaban que el llamado Adán genético, el ancestro masculino común de todos los humanos actuales, vivió hace entre 60.000 y 140.000 años. Otros trabajos basados en el genoma mitocondrial, parte del ADN que legan sólo las madres, indicaba que la llamada Eva mitocondrial de la que son parientes todos los humanos modernos vivió hace unos 200.000 años.
La nueva fecha en base al cromosoma Y de Perry, obtenida por el equipo del genetista de la Universidad de Arizona Mike Hammer, pone patas arriba este escenario, ya que sitúa el origen paterno de los humanos modernos en un tiempo en el que en teoría no había humanos modernos. ¿Cómo puede explicarse esta contradicción? Los autores del estudio apuntan una posibilidad: los humanos modernos se cruzaron con homínidos arcaicos, tuvieron hijos y de ellos surgió el origen de la gran familia humana. En otras palabras, el Homo sapiens actual sería el fruto de un mestizaje entre especies sucedido en África hace miles de años y del que apenas se conocen detalles.
Un sapiens híbrido
Esta posibilidad hubiera sonado como un disparate hace no mucho tiempo, pero hoy es totalmente plausible. Estudios anteriores han demostrado que en Europa hubo cruces entre tres especies de homínidos bien conocidas: sapiens, neandertales y denisovanos, un nuevo linaje humano descubierto en 2010. Como testimonio de aquel sexo prehistórico muchos humanos modernos de hoy llevan ADN neandertal y denisovano. Ahora, el estudio de Hammer apuntaría a un cruce adicional con un homínido africano que habría contribuido parte de su ADN a conformar lo que hoy es el Homo sapiens.
“El estudio ha pasado un poco desapercibido, pero es muy interesante”, opina Carles Lalueza-Fox, genetista español y uno de los autores del primer borrador del genoma neandertal, publicado en 2010. Para Lalueza-Fox hay dos formas de explicar los sorprendentes resultados obtenidos por Hammer. “O bien la filogenia del cromosoma Y, y por tanto el origen de nuestra especie, es más antiguo de lo que pensábamos, más antiguo que los fósiles más antiguos como los de Omo, o bien esto viene de alguna hibridación con algún hominino más arcaico en África, del cual desconocemos todo”.
Estas dos posibilidades no son excluyentes, es decir, el origen de los humanos actuales podría ser más antiguo de lo que se pensaba y además haberse cruzado con homínidos más primitivos. Lo que queda claro es que “todos descendemos de él”, dice Lalueza-Fox, en referencia a aquel hombre de hace 338.000 años.
Buscando a Adán en África
De todos los fósiles encontrados hasta ahora que podrían apoyar sus resultados, Hammer destaca en su estudio un extraño cráneo revisado en 2011. Perteneció al homínido de Iwo Eleru, que vivió hace sólo 13.000 años en lo que hoy es Nigeria. Tenía una mezcla de rasgos primitivos y modernos nunca vistos y un equipo dirigido por el paleoantropólogo británico Chris Stringer cree que este homínido era un superviviente híbrido de un cruce entre homínidos primitivos y humanos modernos.
Hammer ha intentado encontrar el origen geográfico del cromosoma Y de Perry, recientemente fallecido, y lo ha conseguido en parte. Tras buscar en una base de datos de ADN con muestras de casi 6.000 personas de 10 países africanos, ha encontrado cromosomas casi idénticos al de Perry en siete personas de la etnia Mbo, que viven al oeste de Camerún. Ellos también llevan la marca paterna de aquel humano que vivió hace 338.000 años. Sus hogares están “a 800 kilómetros de Iwo Eleru”, donde se halló el supuesto híbrido, destaca el estudio.
Ahora, Hammer afronta un abismo. En un estudio anterior basado en ADN de poblaciones actuales de África había apuntando que, hace unos 30.000 años, humanos modernos y homínidos arcaicos se cruzaron. Su nuevo hallazgo apoya esta hipótesis, pero para convencer del todo debería encontrar fósiles de humanos arcaicos, extraer su ADN y demostrar que se cruzaron con los sapiens. Es algo parecido a lo que hizo el equipo de Lalueza-Fox con el genoma neandertal, pero que tal vez nunca se pueda repetir en África, opina el genetista español, dada la gran ausencia de restos que hay justo en las épocas más interesantes, hace unos 300.000 y 400.000 años, y la mala conservación del ADN antiguo en lugares cálidos. Hasta entonces Hammer propone otra opción: seguir secuenciando el genoma de africanos actuales para encontrar más ejemplos como el de Perry y los Mbo que aclaren los orígenes de nuestra especie.
Fuente: http://esmateria.com
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miércoles, 6 de marzo de 2013
Investigadores descubren restos fósiles de un camello en el Ártico superior
Un equipo de investigadores ha descubierto en el Ártico canadiense los restos fósiles de un camello que vivió en la región hace unos tres millones de años, cuando el planeta atravesaba por una fase de calentamiento.
La doctora Natalia Rybczynski, del Museo de la Naturaleza de Canadá que ha dirigido la investigación, dijo hoy a través de un comunicado que "este es un importante descubrimiento porque proporciona la primera evidencia de que camellos vivieron en la región ártica".
El descubrimiento de 30 fragmentos fósiles de una tibia de camello de la era del Plioceno medio en la isla Ellesmere, situada en el océano Ártico, fue publicado hoy en la revista online Nature Communications.
Los huesos de camellos fueron encontrados en una ladera situada cerca del fiordo Strathcona de la isla Ellesmere donde en el pasado se han localizado fósiles de hojas, madera y otras plantas.
En otro depósito de fósiles cercano, los investigadores han hallado en el pasado restos de otros mamíferos del mismo periodo como tejones, castores y caballos de tres dedos.
Los investigadores digitalizaron los 30 fragmentos fósiles descubiertos con un láser 3D lo que permitió recomponer digitalmente el hueso y comprobar que la tibia pertenecía a un mamífero de grandes dimensiones de la familia de los arteriodáctilos, a la que pertenecen animales como las vacas, cerdos y camellos.
"La primera vez que cogí una pieza, pensé que era madera. Sólo cuando regresó al campamento me di cuenta no sólo de que era un hueso pero que era de un mamífero más grande que cualquier otro que habíamos visto en los depósitos", relató Rybczynski.
Los investigadores confirmaron que los fragmentos fosilizados pertenecían a un camello utilizando un nueva técnica llamada "impresiones digitales de colágeno" y que utiliza minúsculas cantidades de colágeno, una proteína de los huesos, para determinar el animal.
El colágeno extraído de los restos fósiles indicaron que los animales modernos que más se aproximan a los camellos del Ártico canadiense son dromedarios.
Los camellos del Ártico también se asemejan al llamado camello gigante de Yukon, que se cree es el Paracamelus, el antecesor de los camellos modernos.
"Ahora tenemos un nuevo registro fósil que explica mejor la evolución de los camellos, ya que nuestra investigación muestra que el linaje del Paracamelus habitó el norte de Norteamérica durante millones de años", explicó Rybczynski.
"La explicación más simple de esta pauta sería que el Paracamelus se originó aquí. Así que quizás algunas especializaciones vistas en los camellos modernos, como pies planos y amplios, grandes ojos y las jorobas de grasa pueden ser adaptaciones derivadas de vivir en el medio ambiente ártico", añadió.
En la época en que los camellos vivían en el Ártico canadiense, la Tierra era entre 2 y 3 grados más caliente que hoy en día y la temperatura del Ártico era entre 14 y 22 grados superior.
Fuente: EFE
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