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martes, 30 de junio de 2009

Más informacion del Mastodonte de Ecuador que descubre huellas del pasado

INFOGRAFÍA: Freddy Fiallos

Continuando con el seguimiento de la investigacion de Mastodontes o Mamuts de San Vicente, Manabí, que publicamos el 15 y 21 de Junio.

El hallazgo sería el tercer fósil intacto encontrado en subsuelo nacional. Este yace en San Vicente, Manabí. El INPC junto a otros entes promueven su análisis.

A Galo Rivadeneira, agricultor del sector La Unión, en San Vicente de Manabí, la construcción de un pozo le dio un giro a la historia de los terrenos de su hacienda. Allá por octubre de 2008 él, con el apoyo de jornaleros, excavó. A una profundidad de 10 metros halló restos óseos de lo que ahora se conoce como mastodonte. Su nombre propio es Stegomastodon, de la especie waringi y su procedencia data de alrededor de 20.000 años.

Inquieto, recuerda Manuel Andrade que Rivadeneira fue hasta su domicilio en busca de respuestas. Ante el categórico hallazgo, dudaron qué era, pero por su tamaño supieron que no existía animal en la actualidad que se asemejaría a lo que veían en el fondo del pozo. Los molares de lo que en principio se presumió un megaterio (especie tropical de perezoso gigante) eran del tamaño de una toronja grande.

Andrade, director de Cultura de la saliente administración municipal de San Vicente, es uno de los gestores para que el Instituto Nacional de Patrimonio Cultural (INPC) ponga su eje de acción en este sitio, hoy acordonado y protegido.

FOTOS: AMAURY MARTÍNEZ /para El Telégrafo

José Luis Román (d), paleontólogo quiteño, estuvo a cargo de recoger muestras del fósil y determinar su especie y sus años.

Al sector de La Unión se ingresa en vehículo propio. Aunque no hay señalización, la gente de los poblados vecinos conoce bien del reciente hallazgo arqueológico en estas tierras.

Para ver de cerca el fósil de mastodonte, si se viene de Guayas, Santa Elena o la Sierra central, hay que pasar por Bahía de Caráquez para tomar una gabarra y cruzar la entrada del océano Pacífico. Luego de un sinuoso y polvoriento camino se llega a una especie de valle repleto de árboles grandes, sonidos de aves y abundante vegetación.

Allí, ahora hay maquinarias que, según dice Andrade, son de la Prefectura de Manabí. Estas apoyaron a realizar una excavación en forma de pirámide invertida. Son 30 metros cúbicos los que fueron removidos y, ocho meses después, hay dos arqueólogos y un ayudante que remueven lentamente la tierra para extraer la osamenta del mamífero milenario. “Tratamos de mantener en reserva este trabajo, pues enseguida se empieza a especular”, sostiene Daysi León, a cargo de la obra de ingeniería para la remoción del terreno de parte del INPC.

Precisamente para tener certezas sobre el hallazgo, el pasado 18 de junio el geólogo José Luis Sánchez y el biólogo especializado en paleontología José Luis Román acudieron al sitio para determinar datos técnicos del fósil.

En una jornada de medio día tomaron muestras. Recogieron los primeros huesos, extrajeron el agua de alrededor y removieron la tierra. Ya en la tarde, con los resultados previos, los datos arrojaron que, al contrario de lo que se anunció, se trataba de un mastodonte, una ejemplar antecesor del elefante moderno.
Para ponerlo en palabras científicas era un Stegomastodon waringi. Sobre la superficie del sitio de excavación, hasta la semana anterior, se observaba solo la mandíbula del animal de 3 m de alto.

La investigación de los restos está a cargo del INPC Regional 5, aunque le corresponde a la Regional 4.

Esto sucedió porque el hallazgo se hizo cuando el INPC antes se dividía por 4 regiones (Costa, Sierra, Oriente y Galápagos); ahora esto corresponde a la sección que se maneja desde Manabí (Regional 4), ente que controla también Santo Domingo de los Tsáchilas y la región Insular.

Alfredo Moreira, director del INPC Regional 4, dice que los restos, una vez que se hagan los análisis pertinentes, se quedarán a cargo de la oficina patrimonial de Manabí. Al momento ya están bajo el control de INPC matriz y la Regional 5 que dirige Jean Paul Demera.

Román, quien labora para la Escuela Politécnica Nacional de la capital, continúa estos análisis sobre los restos del animal. La primera recomendación fue colocar consolidante (adhesivo usado para la restauración ósea) sobre los huesos una vez que se extrajeran del sitio donde están incrustados. “Con ello se evitará la degradación, porque en el sitio hay filtración de agua y los vuelve (los huesos) sensibles”, dice el experto.

FOTOS: AMAURY MARTÍNEZ /para El Telégrafo

La mandíbula fue el elemento que encontró Galo Rivadeneira cuando pretendía construir un pozo para los cultivos de su hacienda.

En el país, con el hallazgo de San Vicente, hay tres fósiles intactos. Uno en Quito, en el Museo de Ciencias Naturales (sitio en reciente remodelación); y el otro en la provincia de Santa Elena, en el museo de la Universidad Politécnica de Santa Elena (UPSE).

La siguiente precisión a la que llegó Román es la edad del los restos. El experto dice que se calcula entre los 20.000 años. Esto lo dice en basado en los estratos geológicos (capas de tierra).

No obstante, precisa que, “para conocer la edad más exacta, se deben realizar estudios de Radioisótopos (análisis químicos) en los fósiles”.

De este modo en la era cuaternaria el hallazgo correspondería al período del pleistoceno superior del Ecuador (entre 10.000 - 20.000 años antes del presente).

Durante las excavaciones en busca de los demás huesos, el geólogo Sánchez vio que la capa que circundaba al esqueleto es de arcilla arenosa. Esto, para el arqueólogo Eduardo Amén, permitió una buena conservación de los restos.

Tanto para Amén como para Román, el estado del fósil permitirá conocer el medio ambiente del animal.

Incluso, -dicen los expertos- es posible que los restos fecales del fósil puedan estar intactos.

“Encontrar un coprolito (heces fosilizadas) ayuda más que nada a conocer el tipo de alimentacion de las especies, además de algunos grupos de plantas y otros organismos presentes al mismo tiempo que esa especie”, dice Román.

FOTOS: AMAURY MARTÍNEZ /para El Telégrafo

Los técnicos y trabajadores removieron 30 metros cúbicos de tierra en forma piramidal para extraer el esqueleto del fósil.

Estos y posteriores estudios permitirán determinar otros aspectos “acerca de los organismos que vivieron en épocas pasadas en esta parte del planeta, su forma de vida y las condiciones climáticas de los lugares en los que vivieron, es decir los paleoambientes, y compararlos con los actuales”, agrega el biólogo quiteño.

Luego de retirar los huesos del subsuelo los procesos que se desarrollarán son análisis anatómicos, morfológicos, tafonómicos (todo el proceso desde la muerte del animal, hasta el día de su hallazgo), si es posible análisis químicos para conocer mejor la edad abosoluta del mastodonte.

Demera explica que, aunque están bajo su jurisdicción los trabajos, las demás regionales del INPC apoyan. Al momento está a la espera de los análisis que tienen que configurar Sánchez y Román.

En tanto, aunque hay una cierta protección del espacio de la hacienda de Galo Rivadeneira, los turistas y curiosos siguen frecuentando el lugar señala Demera. Pese a que la autoridad explica que la Policía hace lo posible por impedir el paso a la gente, en ratos la situación no se controla.

Moreira advierte que los restos que aún están por extraer del subsuelo no deben tener contacto más que con expertos, de lo contrario se pondrían en peligro las osamentas y, con ello, la veracidad de datos. Hasta entonces las investigaciones sobre el Stegomastodon waringi siguen.

Fuente: telegrafo.com.ec

domingo, 21 de junio de 2009

En Quito se estudia hallazgo paleontológico de San Vicente, Manabí, Ecuador.

Técnicos de la Escuela Politécnica Nacional y el INPC visitaron el lugar donde están los fósiles.

El 15 de junio habiamos publicadola noticia del hallazgo y hoy sobre el estado de la investigacion.

desde el viernes pasado se analizan en la Escuela Politécnica Nacional de Quito parte de los fósiles hallados en una hacienda del sitio La Unión, del cantón San Vicente, Manabí, para determinar qué especie extinguida es la que fue descubierta.

Lo que sí confirma José Luis Román, paleontólogo de dicho centro superior, es que el hallazgo es de gran importancia.

Román, junto a José Luis Sánchez y Deisy León, ambos del Instituto Nacional de Patrimonio Cultural (INPC), visitaron la hacienda de Galo Rivadeneira, en San Vicente (donde se produjo el hallazgo) y tras verificar el estado de los restos valoraron lo que efectuaron las personas que los antecedieron en las investigaciones, pues sectorizaron la zona y ampliaron el área de trabajo.

Dos medidas urgentes se han implementado como normas de precaución para que el área donde se hallaron los restos arqueológicos no se deteriore.

Una de ellas es la perforación en una área estratégica para retirar el agua acumulada cerca de los huesos encontrados, pues se divisa acumulación de líquido en el lugar; y la segunda, no se permitirá por el momento el acceso de curiosos con el afán de realizar turismo, ya que pondría en riesgo el sector.

“Es muy necesario que los huesos se sequen para poderlos consolidar, está aflorando el agua naturalmente y se está inundando la parte de los huesos.
Una vez consolidados se continuará con una excavación técnica que ayude a tomar datos para establecer la forma cómo murió el animal, qué le pasó en sí”, manifiesta Román.

Entre las primeras observaciones que detectó el paleontólogo está el hecho de que el animal fue arrastrado por el sedimento y se depositó sin sufrir mayores cambios. Por ello se requiere hacer excavaciones más técnicas para hacer una extracción lo más completa posible.

Se prevé que en estos días se conozcan los primeros informes acerca del hallazgo, “pues es necesario recuperar este bien patrimonial”, enfatizó.

En días pasados tras mediciones y excavaciones, Román determinó en un pronunciamiento preliminar que se trataría de un mega mamífero que data de unos 10.000 años y cuya masa corporal llegaba a las 4 toneladas, alcanzaba una altura de 3 metros y su cuerpo sobrepasaba los 5 metros de largo.

Según el grupo de técnicos, los restos pertenecerían a un mastodonte del género stegomostodon de la especie waringi, parecido al extinto Mamut y el actual elefante.

Trabajos

Mientras tanto, en la finca de Rivadeneira, el movimiento es intenso. Nunca pensó que al tratar de hacer un pozo en su propiedad, de 9 hectáreas, para extraer agua para su ganado iba a encontrar los restos fósiles.

Rivadeneira confiesa que luego del hallazgo se ha autoeducado sobre paleontología para explicar a sus allegados y visitantes sobre el hallazgo.

El agricultor reseña que en la zona de San Isidro, hace varios años personas del sector encontraron huevos de especies gigantes (del tamaño de un balón de indorfútbol) pero no le dieron importancia, por lo que los vendieron a cinco dólares.

Para llegar al sitio de las excavaciones hay que caminar unas lomas hasta que se llega a un valle, al que ahora se lo denomina ‘Valle de los dinosaurios’ por su parecido a la película Jurasic Park, señala Rivadeneira, quien en los últimos días recibe a muchas personas, entre curiosos, periodistas y científicos.

En el valle actualmente laboran dos volquetes y una retroexcavadora, que retiran la tierra en un área de 30 x 30 metros y a una profundidad de 10 metros, donde está lo que sería la mandíbula del fósil.

Fósil

Megaterio

Hace dos semanas los paleontólogos y arqueólogos que trabajan en la zona indicaron que los restos pertenecían a un megaterio (perezoso gigante), pero a medida que encontraron más vestigios y por la forma de los fósiles descaron que se trataba de esa especie.

Turismo

Luego que concluyan las excavaciones, el Consejo Provincial de Manabí prometió lastrar la vía de dos kilómetros, para que posteriormente los turistas y pobladores puedan acceder y salir con facilidad del lugar del hallazgo en el sitio La Unión, de San Vicente.

Fuente: eluniverso.com

lunes, 15 de junio de 2009

‘El fósil de La Unión sería del Pleistoceno’, Manabí, Ecuador.

El agricultor Galo Rivadeneira descubrió, hace seis meses, una osamenta de un animal gigantesco. Este puede pertenecer a la era del Pleistoceno.


Al interior del valle de San Isidro, en el norte de Manabí, 21 kilómetros al sureste de San Vicente, en el recinto La Unión, la vida de las 30 familias que habitan en el lugar ya no es la misma desde la semana pasada.

En lo profundo de la tierra, en la finca de nueve hectáreas del agricultor Galo Rivadeneira, yacen las osamentas casi intactas de lo que habría sido un herbívoro de la época de la megafauna del Pleistoceno. El hallazgo desencadenó el arribo de visitantes de todos los sitios de la provincia y del país.

El extenso valle está rodeado de altas paredes de granito, cubiertas de vegetación de bosque húmedo y seco tropical. El paradisíaco paisaje asemeja el perfecto lugar, el cual pudo haber sido el hogar de animales de grandes proporciones.

La propiedad de Rivadeneira se expande entre amplias lomas de mediana y baja pendiente, propias de estos parajes manabitas. En la parte baja están los raquíticos pastizales. El candente sol ha desteñido el verde del forraje y lo ha convertido en un manto amarillento. La necesidad de buscar agua para dar de beber a sus cinco reses obligó al temperamental agricultor a cavar desde fines de 2008 un pozo en busca del preciado líquido. A pico y pala, con la ayuda de dos adolescentes y su esposa, empezaron la dura tarea.

Era diciembre. No hubo fiestas de fin de año, la búsqueda de agua era más importante. Jornadas de 10 horas diarias eran la constante. Después de un mes de trabajo, el pozo de 1 metro y 60 centímetros en forma de un cuadrado estaba listo. El hueco le permitió llegar a los 10 metros de profundidad.

Rivadeneira enviaba la tierra en un balde plástico, su esposa jalaba una cuerda y subía el recipiente. Ella se dio cuenta de que no era tierra lo que había en el tacho, “son huesos lo que picas”, le dijo y hasta allí llegó el trabajo, recuerda el afanoso agricultor.

Cual un paleontólogo, el tosco Rivadeneira comenta sobre su hallazgo. “Se trataría de un megaterio, de más 12 000 años, estos animales creo que habitaban las zonas verdosas cercanas al mar”. Galo había leído documentación que le entregaron, el personal de la Subsecretaria de Patrimonio Cultural, el Municipio de

San Vicente y el Consejo Provincial. Estas entidades trabajan conjuntamente para desenterrar el esqueleto.

Una parte de lo que sería el maxilar superior, junto a huesos que conectarían con el cráneo, son visibles. Un trabajador acciona la retroexcavadora del Consejo Provincial. Abrió un boquete cuadrangular que termina en una especie de pirámide invertida. En el fondo está parte del esqueleto.

Manuel Andrade, un historiador de la zona y funcionario del Cabildo de San Vicente, cree que los huesos del animal corresponderían a la época del Pleistoceno, de unos 13 000 años antes de nuestra era la glacial.

Andrade dice que van al rescate de las osamentas, “el trabajo es arduo. Lo primero fue solicitar el apoyo del Consejo Provincial, sin la maquinaria adecuada no hubiésemos llegado a tener el área para desarrollar la tarea de quitar lentamente las capas de tierra donde quedó atrapado el mamífero milenario”. El sitio al parecer habría sido un bebedero de agua, las huellas de humedad a 12 metros son evidentes.

El historiador instó a la ciudadanía a que no visite la zona. Los huesos no tienen valor económico, pero sí histórico. “Está es una de tres osamentas que han
sido identificadas en la zona. Preferimos trabajar en esta, pues al parecer la estructura esquelética estaría completa”. La segunda y la tercera -explica Andrade- están a dos metros bajo tierra.

Hace 10 años, en la zona de río Mariano, residentes de San Isidro encontraron seis elementos que podrían ser huevos petrificados de dinosaurios.

Las investigaciones en el sitio

El tamaño de las osamentas dio la pauta a las autoridades de que se trataba de un animal prehistórico. En el futuro se harán más pruebas.

Una vez desenterrado el esqueleto se realizará el test de Carbono 14 para determinar una aproximación de los años en los cuales vivió en esta región de la Costa.

Actualmente, se realizan, en Estados Unidos, pruebas de los supuestos seis huevos petrificados de dinosaurios que se encontraron en río Mariano.

Ayer en el recinto La Unión hubo grupos de curiosos que querían ver la excavación. En esta semana se espera la visita de expertos de Quito y Guayaquil en la zona.


Fuente: elcomercio.com

lunes, 4 de mayo de 2009

En una cañada hallan fósiles prehistóricos

A unos 45 kilómetros de Melo, en el lecho de una cañada que está sin agua debido a la sequía, encontraron los restos fósiles de un toxodonte y parte del caparazón de un gliptodonte.

Del toxodonte -un antecesor del rinoceronte-, además del cráneo de unos 70 centímetros y mandíbulas en forma de "pala", se logró hallar intactas costillas y vértebras del prehistórico animal. También fueron descubriendo grandes dientes, que se presumen son los incisivos superiores, arqueados y todavía sumamente fuertes, que incluso mantienen el brillo y la capa de esmalte. La parte anterior de la mandíbula tiene el aspecto de una gigante espátula.

El arqueólogo Marcos Sosa, que aún trabaja con mucho sacrificio en el lugar, sostuvo que "la extinción de estos animales sucedió hace aproximadamente 8.500 años. Los toxodontes eran animales muy similares a los actuales rinocerontes, se alimentaban de plantas y vivían normalmente en manadas". Y agregó que "son los fósiles de vertebrados más abundantes en esta zona de América y en la provincia de Buenos Aires"


Según explico Sosa: "Charles Darwin adquirió un cráneo en Colonia del Sacramento en el año 1833 a lugareños".

El miércoles de nochecita un empleado de Alecir Mello, propietario del campo donde se encontraron los fósiles, recorría la zona de Sarandí de Aceguá, cerca de Villa Noblía, en la frontera con Brasil. Buscaba la forma de aumentar el caudal de aguada para la hacienda y palear así la sequía. Primero encontró un largo fémur, luego la mandíbula del animal y por último un diente, que le llamó la atención por sus dimensiones.

Jaime Gómez, vecino del lugar, tomó contacto con autoridades departamentales para llevar un paleontólogo a la zona con las herramientas apropiadas para extraer las piezas.

Ayer, ni el Día de los Trabajadores detuvo las tareas que avanzaron de forma positiva, ya que hallaron un trozo de caparazón de gliptodonte de unos 20 centímetros de largo por 30 de ancho. Este animal es similar al actual tatú, aunque más grande. Tras más de 48 horas de trabajo quedan aún algunas piezas enterradas a unos 4 metros del nivel del suelo, en el lecho de la cañada. Es por eso que la Intendencia de Cerro Largo destinará una retroexacadora para que trabaje hoy en la zona, sobre todo en un barranco cercano al hallazgo. Se estima que la totalidad de las tareas demorarán 7 u 8 días.

Fuente: elpais.com.uy